El Senado de Argentina condena a las mujeres pobres a morir en abortos clandestinos

El rayo de esperanza que se encendió en el Congreso de Argentina el pasado mes de junio se apagó en la madrugada de anoche en el Senado. El país latinoamericano no será, al menos de momento, el tercero de la región es despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo.

Tras una maratoniana jornada de debates cruzados, por 38 votos en contra y 31 a favor, los senadores se inclinaron por revocar la aprobación que la Cámara Baja había otorgado a la legalización del aborto hasta la semana 14.

Así las cosas, las mujeres del país austral tendrán que sobrevivir con una normativa que data de 1921 y que solo permite el aborto en caso de violación o de riesgo de vida para la madre. Cualquier otro supuesto está penado con hasta cuatro años de cárcel.

Más allá de las repercusiones legales, la decisión supone mantener en vigor el peligroso status quo que condena a las mujeres con bajos recursos a poner en riesgo su vida. Según datos de las asociaciones feministas, entre 350.000 y 450.000 mujeres abortan cada año en Argentina. Lo hacen en las sombras de la clandestinidad, donde personas sin ningún tipo de cualificación proceden a la interrupción del embarazo utilizando perchas, agujas de tejer e incluso tallos de perejil.

Ayer mismo, mientras los senadores se hacían eternos en una sesión de 16 horas, una mujer de 35 años luchaba por su vida tras ser sometida a una de estas operaciones en la provincia de Mendoza. Esta semana, una joven de 22 años y madre de dos hijos falleció por la misma causa tras sufrir una infección generalizada.

Las cifras sobre este tipo de prácticas varían ampliamente entre los datos oficiales y los aportados por las organizaciones de defensa de los derechos humanos. Ambos extremos coinciden en que los abortos son la principal causa de mortalidad entre las embarazadas, pero mientras que el Ministerio de Salud fija en 43 el número de fallecidas en 2016 -último dato disponible-, las asociaciones recurren habitualmente a una cifra que oscila en torno a las 500, y que según Amnistía Internacional es el resultado de un estudio llevado a cabo en 2005 por dos demógrafos especializados. Más de una década después no existen nuevos datos sobre el total de abortos clandestinos que se practican en el país, debido a que las administraciones públicas no destinan recursos para este tipo de estudios. "Falta voluntad política y recursos", denuncia Mariana Romero, portavoz del Centro de Estudios de Estado y Sociedad.

Por su parte, el presidente Mauricio Macri, que se ha posicionado públicamente en contra del aborto, prevé incluir la despenalización del mismo en la reforma del Código Penal que enviará al Congreso este mismo mes. Así lo aseguran distintos medios argentinos que hacen hincapié en que la decisión liberará a las mujeres del riesgo de la judicialización, pero no solucionará la problemática de la mortalidad entre las embarazadas. Mientras las mujeres adineradas continuarán viajando al extranjero para interrumpir el embarazo en condiciones de salubridad, las menos potentadas seguirán condenadas a hacerlo en la trastienda de la clandestinidad.  

Si bien es cierto que la decisión del Senado ha sido un importante revés para los colectivos y organizaciones civiles, solo es una batalla perdida en medio de una guerra donde el tiempo, tarde o temprano, se inclinará en favor de los derechos de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y sobre sus vidas. Es un doloroso paso atrás, pero tras haber dado dos pasos hacia adelante. En un país donde las presiones de la iglesia católica se han hecho notar con especial virulencia en los días previos a la votación en el Senado, el mero hecho de que la despenalización del aborto se haya debatido en las más altas instituciones del estado es una gigantesca victoria impensable hace tan solo unos meses.  

Todavía retumban las palabras del veterano cineasta argentino Pino Solanas, que hizo verbo el sentimiento de millones de mujeres, inasequibles al desaliento:  "Esto se lo digo a las que están afuera ; que nadie se deje llevar por la cultura de la derrota. ¡Bravo chicas! Ustedes han levantado alto el honor y la dignidad de las mujeres argentinas. Esta causa, tiene un pequeño descanso, pero en poquitas semanas todas de vuelta de pie, porque si no sale hoy, el año que viene vamos a insistir y si no sale el año que viene, insistiremos el otro. Nadie podrá parar la oleada de la nueva generación. Será ley, habrá ley, contra viento y marea". 

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