"No te violo porque no te lo mereces". Así es Jair Bolsonaro, el ultraderechista que puede ser Presidente de Brasil

A Donald Trump le ha salido un imitador en el Cono Sur, al otro lado de su ansiado muro. El próximo año se celebran elecciones generales en Brasil y la sombra de la extrema derecha planea sobre uno de los países más poderosos de América Latina. Otros dicen que se parece más a Rodrigo Duterte, el sanguinario presidente de Filipinas que gobierna a plomo con semblante de dictador fascista.

Se llama Jair Bolsonaro y según los últimos sondeos es el segundo con más apoyos en la carrera electoral, solo por detrás de Lula da Silva. Nacido en el estado de São Paulo, al sureste del país, Bolsonaro es un confeso militar de vocación que sin embargo fue expulsado del ejército en 1987. Tan solo tenía 32 años cuando fue sorprendido colocando bombas en los vestuarios de su Academia, un episodio que precipitó su salto a la política. Ahora, con 62 años y tras pasar por cuatro partidos diferentes se ha hecho fuerte en el Partido Social Cristiano, organización de extrema derecha liderada por Everaldo Pereira, un predicador evangelista conocido por su recalcitrante homofobia.

Jair Bolsonaro
Jair Bolsonaro

La militancia contra el colectivo LGTBI es una de las fobias que comparte con Bolsonaro, quien en una ocasión afirmó que se puede evitar tener hijos homosexuales "si se les corrige a golpes". Los exabruptos son parte de su discurso político y generador en gran medida de su popularidad en las redes sociales: cuenta con 4.800.000 seguidores en Facebook y 750.000 en Twitter. Cree que los indígenas no tienen derecho a vivir en reservas, que los negros "no sirven ni para procrear" o que los analfabetos deben ser privados del derecho a voto. "No te violo porque no te lo mereces", le espetó en 2014 a la diputada Maria do Rosario, del Partido de los Trabajadores, por entonces liderado por Dilma Rousseff.

Contra la ex presidenta brasileña disparó con saña el pasado año, durante la sesión que precipitó su salida del poder, al dedicar su voto al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, gerifalte de la dictadura militar que practicó la tortura contra miles de personas, entre ellas la propia Rousseff, encarcelada en su juventud por su activismo guerrillero.

Bolsonaro es un político veterano (en el Congreso desde 1991) que en las últimas elecciones logró ser el diputado más votado de Río de Janeiro con 460.000 apoyos. La inestabilidad en la que está sumido el país se ha convertido en el caldo de cultivo idóneo sobre el que propaga su discurso, gracias a los escándalos de corrupción que salpican a sus opositores y a la creciente inseguridad que se apodera de las calles. En la ciudad de Río de Janeiro, donde se producen 20 homicidios al día, el Gobierno ha desplegado hasta en tres ocasiones a efectivos del ejército en un intento por frenar el tráfico de drogas y contener los altos índices de criminalidad.

Despliegue militar en Río de Janeiro
Despliegue militar en Río de Janeiro

El discurso del odio al que el candidato se ha entregado está envenenando a la sociedad brasileña hasta extremos hasta hace poco impensables. Grupos fundamentalistas de extrema derecha parecen decididos a acabar con todo lo que consideran moralmente reprobable y los intelectuales están siendo su diana favorita.

El pasado 10 de noviembre, una camarilla de manifestantes se concentró alrededor de la Universidad de São Paulo en protesta por una conferencia en la que participó la filósofa estadounidense Judith Butler. Al grito de "quemen a la bruja", unas 900 personas trataron de impedir el acto esgrimiendo que las ideas feministas de Butler suponen un riesgo para el modelo de familia tradicional. Algo similar le ocurrió a Gaudencio Fidelis, un veterano galerista brasileño al que las hordas acusan de pedofilia por organizar una exposición en la que varios artistas reflexionaban sobre el sexo y la sexualidad. Fidelis afronta ahora una orden para declarar en el Senado por maltrato infantil, que se ha hecho extensible al director del Museo de Arte Moderno de São Paulo y al artista Wagner Schwartz, este último porque durante una performance en la que aparecía desnudo, una niña de 4 años presente entre el público le tocó un pie. Todos han sido víctimas de la caza macartista liderada por el senador y pastor evangelista Magno Malta, que ha encontrado eco en las redes sociales gracias a la complicidad del Movimiento Brasil Livre (MBL), una organización de jóvenes beatos que comulgan con las posiciones más extremas del evangelismo y por ende con Bolsonaro.

Lula da Silva
Lula da Silva

A estas alturas, solo una persona parece ser capaz de frenar el impulso del líder ultraderechista. Lula da Silva lidera las encuestas con holgada diferencia (más de 20 puntos sobre Bolsonaro) pero su candidatura aún no ha sido confirmada por la justicia. Sobre el ex presidente pesa una condena de 9 años de prisión por delitos de corrupción y lavado de dinero, que de ser ratificada en segunda instancia podría acabar con su carrera por la presidencia. Podría porque en previsión de lo que está por venir, el Congreso de Brasil estudia una iniciativa que dotaría de inmunidad a los expresidentes.

Lo que hace tan solo unos meses era calificado por los analistas como una "excentricidad" se ha transformado ahora en una realidad tangible. La peligrosa tendencia que dispara a Bolsonaro en los sondeos es el reflejo de una sociedad hastiada de los malos hábitos del establishment político que podría estar tentada de entregarse a los brazos del fascismo.