Miedo a caminar sola, otra violencia machista

El pasado mes de mayo un vídeo se hizo viral en las redes sociales. Una mujer en Murcia sufrió una agresión sexual cuando caminaba por la calle tras salir de trabajo. En lugar de huir "porque no quiero perpetuar el estigma de que una mujer no debe caminar sola por la calle" sacó el móvil y comenzó a grabar a su agresor: "Este tío al que no conozco de nada me acaba de tocar las tetas y el culo", grita. Segundos después, rompe a llorar tras ser asistida por unos vecinos. Su caso no es una excepción.

Según un estudio de la Agencia Europea de los Derechos Fundamentales, una de cada dos mujeres que residen en España reconocen evitar determinados lugares por temor a sufrir algún tipo de agresión. Caminar sola, especialmente de noche, supone para muchas una situación de riesgo que ha provocado cambios en sus rutinas diarias que serían impensables para los hombres. Las mujeres evitan cada vez más caminar sin acompañante en espacios públicos, así como por lugares pocos iluminados o de baja transitoriedad. Además, tampoco se sienten seguras en los transportes públicos, donde son frecuentes las agresiones verbales y en las grandes aglomeraciones, a causa de los roces y los tocamientos.

Por si fuera poco, en lugar de poner el foco en el agresor han sido frecuentes las campañas que desde las administraciones públicas enfatizan en las llamadas "medidas de prevención", que no es más que cargar la responsabilidad de un hecho delictivo sobre la víctima. Así lo hizo la Policía de Lugo en 2016, cuando recomendó a las mujeres no entrar en un ascensor con "varones desconocidos" o más recientemente el Ministerio de Sanidad, en una campaña contra la ingesta de alcohol en menores de edad en la que hace una doble interpelación a las mujeres: a las madres, por permitir que sus hijas se emborraches, y a las menores, por ponerse en una situación en la que podrían ser víctimas de un abuso. No es casualidad, tampoco es una desafortunada concatenación de malentendidos ni una interpretación torticera. Se trata de una estrategia para la estigmatización de género: sea lo que sea, casi seguro que es culpa de ella.

Campaña del Ministerio de Sanidad
Campaña del Ministerio de Sanidad

Un estudio de la Universidad de Stanford, publicado hace escasamente unas semanas, revela que en casi todos los países del mundo las mujeres caminan menos que los hombres. Para llegar a esta conclusión se han analizado los datos de 717.527 personas durante 68 millones de días, y aunque existen factores relacionados con los hábitos de vida saludable, también hay variables directamente enraizadas en la violencia contra las mujeres. "Si una persona no camina mucho, quizás sea por pereza. Pero si cientos de miles de mujeres no caminan mucho no es un problema de pereza individual, sino una cuestión social", asegura Tim Althoff, de la Universidad de Stanford.

Los investigadores señalan diferentes causas: tradiciones culturales, planificación de los núcleos urbanos, condiciones climatológicas o diferencias económicas. Pero si buscamos respuestas fuera de la academia, la gran mayoría de las mujeres, en diferentes partes del planeta, coinciden en apuntar una razón principal: el miedo y la falta de seguridad personal.

En Euskadi, un informe del Observatorio Vasco de la Juventud revela que 1 de cada 3 mujeres, de entre 15 a 29 años, sienten miedo a caminar solas por la calle cuando es de noche, una cifra que en los últimos 15 años ha aumentado en un 10%. Si preguntamos en nuestro entorno, serán pocos las mujeres que no recuerden haber sufrido algún episodio de acoso callejero.

Un hábito tan inocuo para los hombres que en el caso de las mujeres se transforma en un problema de seguridad personal. Un eslabón, otro más, en la larga cadena de la violencia contra las mujeres.