La ola feminista que se convirtió en tsunami: Cómo las chilenas han llegado hasta aquí en busca de sus derechos

“Tan linda que se ve y tan dura que es”, dijo el Presidente de Chile, Sebastián Piñera, a la presidenta de la Cámara de Diputados, Maya Fernández, a la salida de la Cuenta Pública del Gobierno el pasado 1 de junio. Minutos antes, al dirigirse al país, aseguró que era momento de “marcar un antes y un después en la forma en que tratamos a nuestras mujeres”. 

El espacio de la mujer en la sociedad chilena fue algo que tuvo que incluir y abordar en su discurso luego de que el tema lo instalara en la discusión pública la llamada ola feminista.  En menos de dos meses, el movimiento convocó cinco marchas y concentraciones, y se desarrollaron más de 20 tomas universitarias exigiendo en particular una educación no sexista y en general un nuevo sistema que terminase con la discriminación.

Esta oleada reivindicativa surge de manera transversal, más allá de la política y las clases sociales, por algo que todas tienen en común: el cansancio y el descontento tras casos de abuso, acoso y desigualdad. Pero no sólo nace de la indignación, sino que, de la mano de la opinión pública y el contexto internacional, se levanta y exige cambios concretos y radicales. Busca remecer la manera en que se relacionan los géneros en los espacios laborales, en la educación y en la vida cotidiana. Es así como algo que se tomaba como una vivencia personal, se visibilizó y se transformó en un problema de todos.  

En su alocución para los más de 17 millones de chilenos y chilenas, Piñera no utilizó la palabra "feminista" ni anunció medidas en educación. Esa misma tarde, miles de mujeres protestaron en todo Chile por considerar que la respuesta del Gobierno fue insuficiente. También lo hicieron para pedir que se removiera al ministro de Educación, Gerardo Varela, quien dio su respaldo al movimiento diciendo que había que combatir “esas pequeñas humillaciones”. 

La frase del Presidente a la diputada fue rechazada categóricamente. Para enfrentar los cuestionamientos, volvió a referirse al tema. "A esta altura yo no sé (...) qué se puede o no se puede decir, casi no vamos a poder hablar con este verdadero péndulo. Nos pasamos de un extremo en que le podíamos decir las barbaridades más grandes a las mujeres al otro extremo donde no se le puede decir a una mujer que es linda", afirmó el Mandatario a la radio ADN.

“No quiero tu piropo, quiero tu respeto” es, de hecho, una de las consignas que suele leerse en los letreros que las mujeres del movimiento llevan a las marchas. Según cifras del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC), cuatro de cada cinco mujeres ha sufrido acoso sexual en la vía pública en los últimos 12 meses.

colage
José Manuel Vilches

No son las únicas cifras: en 2017 hubo 16.336 denuncias por delitos de abuso sexual, lo que representa un aumento del 8,1% respecto al año anterior. En el 84,4% de los casos, las víctimas fueron mujeres y en el 75,8% eran menores de 18 años. Según cifras del Servicio Médico Legal, una mujer es violada cada 25 minutos. Además, en Chile, país que se enorgullece de ser el primer sudamericano en formar parte de la OCDE, las mujeres reciben un 15% menos de salario mensual, según cifras de la misma organización. Del total de la población, el 51% es femenina.

Por eso las marchas recientes han congregado, de acuerdo a la información de sus organizadoras, a más de 100 mil manifestantes. Una de ellas tuvo lugar el 17 de mayo, cuando un grupo de estudiantes de Teatro de la Pontificia Universidad Católica de Chile realizó una performance que tuvo fuerte repercusión en el país: decenas de mujeres se cubrieron el rostro con pasamontañas y salieron a marchar a torso desnudo. Fueron ellas mismas las que dispersaron a quienes buscaban usar la marcha para generar disturbios.

Se trata de un movimiento que ha desorientado a la opinión pública por alejarse completamente de la organización social que se conocía hasta entonces. "Es un ente inorgánico", explica la académica de la Universidad de Valparaíso y autora del libro “El Estado y las mujeres”, Javiera Arce. "Ellas no están jerarquizadas e incluso sus vocerías son rotativas". 

En las tomas, las mujeres establecen reglas: en todos los planteles rige una "ley seca", que prohíbe el consumo de alcohol, y se han propuesto no destruir la infraestructura, por lo que generaron comisiones de limpieza y orden. La dinámica, además, ha permitido "el resurgimiento de la democracia universitaria", dice Arce. Ahora dialogan en un mismo espacio académicas, estudiantes y funcionarias.


La lucha de siempre

Pero el descontento, aunque tomó un nuevo impulso, viene desde mucho antes. “Las feministas chilenas somos diversas, tenemos una historia, desde las sufragistas hasta el movimiento feminista y de mujeres por la vida que luchamos en la dictadura. Sin duda esta es una nueva ola que pone de manifiesto algo central: el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, cambiar un paradigma de relaciones humanas que pone en cuestión el orden existente”, dice Claudia Dides, directora ejecutiva de Miles Chile . 

En 2010 surgió la organización desde un grupo de académicas, investigadoras y activistas en Derechos Humanos de las Mujeres, que comenzaron a poner sobre la mesa el tema del aborto dando argumentos sólidos para el avance en materia de políticas públicas a favor de las mujeres. Hoy aseguran que “hemos avanzado muchísimo”.

granada
Granada Colectivo

En Chile, el Congreso Nacional aprobó hace menos de un año la despenalización del aborto terapéutico para tres causales específicas: peligro para la vida de la madre, inviabilidad fetal de carácter letal y embarazo por violación, motivos que siguen siendo cuestionados por diversos sectores conservadores -hoy en el Gobierno- y prestadores de salud privada. En el país, un 59% de la población se declara católica y un 17%, evangélica. El divorcio, por ejemplo, se aprobó apenas en 2004.

Por lo mismo, la ley que despenaliza el aborto en tres causales, aprobada durante el segundo mandato de Michelle Bachelet, llegó al Tribunal Constitucional, institución que tiene la capacidad de revisar y hasta impugnar las decisiones del Congreso. También fue ajustada por la instancia la distribución de la “píldora del día después” en abril de 2008.

En esa ocasión, más de 10.000 ciudadanas y ciudadanos marcharon por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, manifestando su rechazo al fallo que prohibió la distribución del anticonceptivo de emergencia. El dictamen declaró como “inconstitucional” la entrega a mujeres mayores de 14 años, pese a que estaba permitida desde 2005. Esta movilización marcó un hito en Chile por ser una de las primeras convocatorias masivas realizadas a través de Facebook. 

Tras esto, el Estado chileno ideó un protocolo para su entrega y hoy todas las chilenas pueden acceder al anticonceptivo de emergencia. 

“Ha habido iniciativas legislativas y políticas públicas que han colaborado en la difusión de la existencia del término de derechos sexuales y reproductivos, la misma ley de aborto produjo un debate ciudadano que pone en primer lugar el derecho a decidir y que se ha visto reflejado en la ola feminista que hoy tenemos en Chile”, argumenta Dides.


Mujeres contra la violencia

Fue con la llave de un auto. Con ella, Mauricio Ortega le sacó los ojos a su entonces pareja, Nabila Rifo, después de pegarle tres veces en la cabeza con un bloque de cemento y antes de dejarla tendida en el piso de una calle en Coyhaique, una de las ciudades más australes de Chile, cuando la temperatura no superaba los 0ºC. Todavía no eran las 6 de la mañana de un sábado de mayo de 2016.

Este fue uno de los casos más icónicos de violencia contra la mujer que ha ocurrido en el país en los últimos años, y que generó que cientos de ellas se congregaran afuera del recinto de salud donde Nabila se encontraba luchando por su vida con carteles negros y amarillos con frases como "¡Cuidado! El machismo mata" y "Justicia para Nabila".

La historia de Nabila estuvo marcada por los prejuicios que tuvo que enfrentar, como que hablaran sobre su sexualidad, su forma de celebrar y sus hijos. "¿Qué tiene que ver mi vida sexual con lo que ahora me ha pasado?", dijo en el tribunal, habiéndose quitado los lentes de sol que cubrían las prótesis que son solo una solución estética, porque ella nunca más podrá volver a ver.

El Ministerio Público pedía más de 12 años de cárcel para su ex pareja por el delito de femicidio frustrado, 15 años por el de mutilación reiterada, 300 días por amenaza de muerte y 540 por violación de morada. Entonces, Ortega era el sospechoso principal. 

La Justicia lo condenó en calidad de autor por el femicidio frustrado y la violación de morada, pero cambió el delito de “mutilación reiterada” por “lesiones graves gravísimas”. La defensa apeló a la Corte Suprema y consiguió la anulación parcial del caso, debido a que "no quedó demostrada la intención de matar". Se retiró el cargo por femicidio frustrado y de 12 años de cárcel, la pena bajó a 4 de presidio como autor de lesiones graves. En las calles, las mujeres repetían juntas: “Esto marca un precedente de impunidad”.

Nabila denunció a su ex pareja porque logró sobrevivir. Muchas otras, antes y después de ella, no pudieron. Sólo en 2017, el Ministerio de la Mujer registró 44 femicidios consumados y 115 frustrados, aunque la Red Chilena contra la Violencia a las Mujeres —organización que lleva hace años un conteo paralelo que incluye, por ejemplo, el asesinato por parte de un novio, no tipificado en la ley— contabilizó 65 femicidios.

puta
Javiera Lynch

El 28 de abril falleció de manera brutal Ámbar, una menor de un año y ocho meses, tras ser violada y golpeada por Miguel Espinoza (30). Él era la pareja de una tía de Ámbar, que se encontraba a cargo de su cuidado en Rinconada de Los Andes, una localidad que se ubica a 80 kilómetros de Santiago. El pediatra que la atendió dijo al diario La Tercera que jamás había visto un abuso de ese nivel. 

En medio de manifestaciones de vecinos y familiares que exigían que se repusiera la pena de muerte para este caso, Espinoza fue formalizado y hoy está en prisión preventiva a la espera del informe que dará a conocer la causa oficial del fallecimiento de Ámbar. 

Dos días después, y justo cuando en España explotaba el caso “La Manada”, una mujer de 28 años denunció haber sido violada por tres hombres en las cercanías del Estadio Nacional después de un partido de fútbol, a quienes recuerda portando camisetas del club deportivo de la Universidad de Chile, uno de los que jugaron. Cuando iba saliendo de una estación del Metro de Santiago, los sujetos la amenazaron con un cuchillo y la obligaron a ir hacia un parque cercano al lugar, le quitaron su teléfono celular y abusaron sexualmente de ella.

El caso está siendo investigado, pero las seguidoras del club, que cuentan con su propia organización llamada “Las Bulla”, condenaron el hecho de manera tajante. “Saber que una compañera, que podría haber sido cualquiera de nosotras, ha sido violentada sexualmente por hombres cobardes y bestiales vistiendo nuestra camiseta azul, es algo que nos sacude a todas y nos empuja a gritar aún más fuerte contra todo tipo de violencia hacia la mujer”, manifestaron a través de Facebook. 

Como ellas, las mujeres que siguen al equipo de la Universidad Católica se reunieron en torno a “Nuestra Cruzada”, otra plataforma que busca combatir el machismo también en el fútbol. Una de las metas que se proponen es que se deje de referir a los rivales con sobrenombres femeninos a modo despectivo. 

Con el auge del movimiento, las cifras no han mejorado: a junio de 2018 ha habido 25 femicidios, cinco de los cuales ocurrieron en la última semana en menos de tres días, incluyendo el de una joven de 17 años y su madre. Ambas fueron asesinadas por el ex novio de la menor, quien confesó que la violó antes de cometer el crimen y aseguró que lo hizo porque “no soportaba el quiebre que le estaba dando” a la relación.

Ante esto, la Coordinadora Transversal de Mujeres Organizadas convocó para el jueves 14 de junio a una velatón frente al Palacio de La Moneda. Bajo la consigna “¡Contra la sociedad patriarcal: igualdad en el estudio, en el trabajo, en la calle, en la casa y en la cama!”, mujeres de todas las edades se manifestaron de manera pacífica frente a la casa de Gobierno y en distintos puntos del país. 


No es “piropo”, es acoso: “Tu opinión es válida cuando yo lo permito”

“Mi cuerpo no quiere tu opinión” fue una de las frases que difundió en 2013 el recién creado Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC), con el fin de visibilizar los comentarios o tocaciones en la vía pública como una forma de violencia de género. Se trata de hechos que han sido y son parte de la vida de la mayoría de las chilenas por generaciones, quienes con miedo, inseguridad, vergüenza e impotencia sufren este tipo de acoso en la vía pública. 

La creación de este observatorio ciudadano, surgido de un grupo de estudiantes de Sociología de la Universidad de Chile, que comenzó compartiendo experiencias de acoso a través de una página de Facebook, fue una de las piedras angulares de lo que ha alcanzado el movimiento feminista hoy. 

“Hemos tenido un rol importante en el sentido de considerar al cuerpo como un arma política y decir ‘tú entras hasta donde yo lo permito y tu opinión es válida cuando yo lo permito’. Hemos tenido un rol importante como OCAC en definir los límites”, asegura Natalia Muñoz, directora de Vinculación de la organización. 

Para Muñoz, “significó un triunfo súper grande para el feminismo que el acoso sexual callejero ya sea nombrado así, que sea fácilmente reconocible y que si tú conversas con cualquier persona medianamente informada sobre temas feministas ya sabe que no es piropo, es acoso”. 

Lo saben, ahora, en Recoleta, una comuna de clase media de la capital chilena, donde el alcalde, miembro del Partido Comunista, aprobó una ordenanza que previene, prohíbe y sanciona el acoso callejero con multas de hasta 236 mil pesos chilenos (alrededor de 320 euros) el pasado 17 de abril. Esto toma en cuenta actos no verbales como gestos obscenos, silbidos, bocinazos, palabras, comentarios o expresiones de tipo sexual. Dos días después, la medida fue replicada en Las Condes, una comuna que se ubica en la zona acomodada de Santiago y es liderada por un miembro de la UDI, el partido más conservador de Chile. 

nueva
Granada Colectivo

Para llevar las políticas sobre género, el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género se creó recién el 20 de marzo de 2015. Antes de esto, la lucha contra la violencia a la mujer estaba a cargo del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam) que se creó en 1990, junto con el retorno a la democracia durante el Gobierno de Patricio Aylwin, quien le dio a la directora de la entidad rango de ministra de Estado.  

Tras el fin del segundo Gobierno de Michelle Bachelet, en marzo de 2018, se dio inicio a un segundo mandato del ex Presidente de derecha Sebastián Piñera, quien designó a Isabel Plá como ministra de la Mujer y la Equidad de Género. "Espero que no se confunda acoso con piropo. A la mayoría de las mujeres nos gustan los piropos y no tenemos complejos con la femineidad", tuiteó Plá en 2015, tres años antes de estar en el Gobierno.

Y cuando se discutía en el Congreso la ley que despenaliza la interrupción del embarazo en tres causales, la ahora líder de la cartera femenina opinó: "¿Por qué debe reconocerse a la libertad y los derechos de quien puede sostener sobre sus pies, un estatus superior al de quien se prepara silenciosamente para comenzar a respirar con sus propios pulmones?". 

La ahora ministra Plá asegura que su visión sobre el acoso callejero ha cambiado y dice estar de acuerdo con que es una actitud incorrecta. “Las he escuchado y entendí que para ellas es agresivo que un desconocido les diga cualquier cosa", afirmó en Canal 13. 

Respecto a las movilizaciones feministas, Plá dijo al diario La Tercera que “por supuesto que es un momento histórico que están empujando las mujeres. Es importante admitir que hay un sector de la sociedad que se resiste a entender con plena claridad que las mujeres tienen igualdad de derechos”.


El acoso y la impunidad en las universidades 

Al OCAC se le abrió una nueva arista de apoyo ante el acoso: comenzaron a pedirle ayuda desde las universidades. “Se empezaron a destapar casos de acoso y a nosotras nos llamaron para que fuéramos a hacer charlas sobre el tema, para que generáramos conciencia sobre el hecho”, cuenta Muñoz. “Al principio era muy difuso el tema, porque el acoso escolar está muy claro: es un adulto versus un menor de edad, pero en este caso era entre dos adultos y se hacía muy confuso, sobre todo por el tema del consentimiento”.

El requerimiento era por la necesidad de establecer protocolos en las universidades, especialmente para precisar cuál era la situación de los profesores involucrados: ¿Cómo se sancionaba? ¿Había que desvincular al docente? La decisión, en ese momento, quedaba a criterio de las autoridades de cada universidad. “A partir de esto, el tema empezó a prender porque lo que antes era un secreto a voces se volvió más visible y se supo que pasaba en varias universidades”, dice Natalia Muñoz del OCAC.

Fue lo que pasó en la Universidad Austral, ubicada más de 800 kilómetros al sur de Santiago. Una funcionaria denunció acoso sexual por parte de un académico de la Facultad de Ciencias, y luego de una investigación interna, la rectoría resolvió sancionarlo con un traslado hasta un laboratorio de la misma casa de estudios en la costa. 

otra
Granada Colectivo

Una semana más tarde, un grupo de alumnas se tomó las dependencias de la universidad protestando contra la impunidad, y cinco días después se comunicó la desvinculación del profesor. Pero la toma continuó, y a ella se sumaron otras universidades y facultades, hasta completar más de una veintena a lo largo de todo Chile.

El viernes 27 de abril, la icónica Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, ubicada en el centro de Santiago, también comenzó una toma feminista. La razón era similar: una alumna denunció acoso sexual y laboral por parte de un histórico académico del plantel, quien además presidía el Tribunal Constitucional al momento de la discusión del aborto en tres causales. Tras pasar por el despacho del decano, Davor Harasic, el sumario cambió la figura del hecho por "vulnerabilidad a la probidad administrativa". A comienzos de la semana pasada, el decano renunció.

“En cuanto a las demandas concretas, pedimos por un lado educación no sexista, que hace referencia  a cambios en el currículum y en cómo se comprende la educación en Chile hoy día”, explica Amanda Mitrovich, vocera de la Coordinadora Feminista Universitaria, una organización que se desligó de la Federación de Estudiantes de Chile y que ha convocado a dos de las masivas marchas de 2018.

“Pero también queremos una ley con políticas públicas sobre violencia de género, que tipifique el acoso sexual, que se acabe la revictimización, que acorte los procesos de denuncia de la violencia de género. Hablamos de un cambio cultural que apunte a una sociedad diferente”, añade.

Internamente, evalúan de manera positiva la eficacia del movimiento al nivel de las universidades. “Estamos conformes”, dice, debido a que parte importante de los rectores han aceptado las demandas de sus planteles. Es el caso de la Universidad Católica, que fue tomada por primera vez después de 32 años y que terminó de manera pacífica luego de tres días. Gracias a la toma, se alcanzaron acuerdos como un rastreo de casos de abuso que fueron descartados para retomar las causas, y avances para la comunidad trans, como la aceptación del nombre social en instancias académicas oficiales.

“Pero a nivel nacional, creemos que todavía hay demandas que faltan”, explica. Entre las medidas anunciadas por el Presidente se incluye una mesa de diálogo en educación. “Se cree que es feminista porque solo hay mujeres integrándola, y nosotras pedimos un cambio estructural más profundo todavía”.

Al término de la marcha más reciente, las voceras se dirigían a una multitud haciendo un balance de lo que había pasado en los últimos meses. "Tenemos que seguir luchando por todas las mujeres de Chile", decían. "Nosotras somos la resistencia de nuestro país, fuimos ola y nos convertimos en un tsunami feminista".

 

AUTORAS
Consuelo Ferrer / Millaray Lezaeta
Collage: José Manuel Vilches
Fotos: Javiera Lynch / Granada Colectivo

Suscríbete a nuestra newsletter