Costa Rica puede ser el primer país libre de combustibles fósiles, si los coches lo permiten

"Queremos que Costa Rica sea el laboratorio mundial de la descarbonización". Con estas palabras, el presidente Carlos Alvarado Quesada anunció "la titánica y hermosa tarea" para convertir al país centroamericano en la primera sociedad del mundo en abolir los combustibles fósiles. La fecha fijada es el año 2021, coincidiendo con el 200 aniversario de la independencia del país, y aunque pueda parecer una labor imposible, Costa Rica presume de importantes credenciales medioambientales que le permiten ser optimistas.  

En los años 2015 y 2016, esta pequeña nación de apenas cinco millones de habitantes consiguió pasar 271 días sin utilizar combustibles fósiles, es decir, obtuvo toda la energía necesaria de fuentes renovables. Además, por segundo año consecutivo, las datos oficiales revelan que alcanzaron el objetivo de producir el 98% de la electricidad a través de energías limpias, fundamentalmente la hidroeléctrica y la geotermia, que coparon el 86,82% del total.

Las metas completadas son fruto de una estrategia calculada que arrancó hace más de cinco décadas, cuando el discurso contra el cambio climático no era prioritario en la agenda política internacional. Los pilares de lo que hoy se disfruta comenzaron a colocarse en 1949 con la fundación del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), el organismo que desde entonces se ha colocado al frente de las políticas medioambientales. En palabras de su presidente, Carlos Obregón, la construcción de la Planta Hidroeléctrica Reventazón, la más grande de Centroamérica, inaugurada en septiembre del año pasado, supuso un punto de inflexión que ha permitido al país cumplir los objetivos parciales en el camino hacia desechar por completo el uso de combustibles fósiles. Localizada en la población de Siquirres, en el Caribe costarricense, cuenta con un embalse de 700 hectáreas y una represa de 130 metros de agua, capaces de abastecer de energía a más de medio millón de hogares. Gracias a sus 305 megavatios de potencia, Costa Rica ya produce el 99% de su energía con las llamadas fuentes limpias.

La consecución de un país sin combustibles fósiles parece, por tanto, marchar a buen rumbo, sin embargo todavía quedan piedras en el camino que podrían dar al traste con el objetivo final. El mayor obstáculo está localizado en el sector de los transportes, responsable del 54% de las emisiones contaminantes. Tanto los públicos, cuyo desarrollo permanece estancado, como el privado, con una demanda que ha crecido exponencialmente en los últimos años. Para intentar revertir esta situación, desde el Gobierno se han puesto en marcha una serie de medidas con las que pretenden incentivar la compra de vehículos eléctricos. Los consumidores que optan por este tipo de automóviles resultan beneficiados con una rebaja de precios, gracias a la eliminación de impuestos a la venta, la importación y la circulación. Además, pueden utilizar los estacionamientos municipales de forma gratuita.

Por contra, las redes de recarga son prácticamente inexistentes, y aunque el Ejecutivo ya estudia un plan para estimular a empresas y fabricantes, a día de hoy realizar un viaje de largo recorrido en coche eléctrico es una misión casi imposible. A este inconveniente hay que sumar la delicada situación de las finanzas públicas del país, dependientes en un 22% de la industria automotriz. Los expertos advierten que forzar la alteración de un sector tan importante puede resultar contraproducente, aunque Hyundai, la firma favorita de los costarricenses, ya presume de una flota de vehículos limpios a disposición de los consumidores.

Los combustibles fósiles son hoy en día la mecha que prende las devastadoras consecuencias del cambio climático. Apostar por su erradicación es una tarea que más temprano que tarde cualquier sociedad responsable deberá asumir, y aunque toda gran transformación conlleva sus riesgos, de su consecución dependerá la viabilidad misma del planeta. 

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