Irene Moray: "¿Cuántas mujeres directoras nos hemos perdido?"

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Irene Moray tiene la frescura que otorgan sus 26 años, rebosante de juventud, alegría y vitalidad. Tras esta corta vida se esconde una mujer fuerte, sensible y con una gran trayectoria artística a sus espaldas. La fotografía le cambió la vida y le hizo descubrir su otra pasión: el cine. En su palmarés personal, numerosos trabajos como fotógrafa y el corto 'Bad lesbian'. Ayer estrenó en la Berlinale su último cortometraje, 'Suc de síndria', la historia de una agresión sexual contada por la mujer que fue víctima de ese violento episodio. 

  ¿Como fue el proceso de creación de 'Suc de síndria'?

Realmente el guión lo escribí un dia sentada en casa en Barcelona, en una tarde. Yo estaba en contacto con muchas mujeres que habían tenido experiencias parecidas, porque soy terapeuta de reiki. Solo ver las noticias y ver que cada dos semanas conocemos una violación, a mi me duele en el alma. Te estremece aunque no me haya pasado. Lo maravilloso de este proyecto es que me están viniendo muchas chicas a decirme: oye, a mi también me ha pasado. La OMS dice que 1 de cada 3 mujeres ha sufrido algún tipo de violencia sexual. Creo que aunque no te haya pasado, la herida es colectiva y mi corto nace un poco de la idea de aportar un poco de luz, o al menos, de dar permiso a estas mujeres para que sanen y lo cuenten. 

Supongo que a las mujeres les resultó cada vez más necesario tematizar la violación, hacerla pública para que no fuese un motivo de vergüenza o mofa, ni tampoco de rechazo social. 

Creo que hay un dolor, la herida está ahí, pero también está todo lo demás. Es mostrar un tipo de mujer a la que le ha pasado esto, pero que también es muchas más cosas y no sólo el estigma. Lejos del drama. Me molesta que, por ejemplo, la víctima de 'la manada' haya publicado una foto en Instagram y se piense que no le ha pasado nada. ¿Qué pasa, no se puede reír y disfrutar? 

Tu trabajo como terapeuta de reiki te ayudó a contar esta historia.

Sí, a mi me venían mujeres de entre 20 y 45 años que tenían problemas para expresar su sexualidad y detrás siempre había esto. Violaciones, abusos y traspaso de límites. Esto tenía consecuencias graves en la persona. Se lo mandé a Elena Martín (la protagonista del corto) y, aunque a ella no le había pasado, se echó a llorar al leer el guión. Aunque no te haya pasado, está dentro de todas, por desgracia. 

En el corto, Bárbara (Elena Martín) tiene un episodio sexual, ella cree que fallido, y se enfada. ¿Nos han educado a las mujeres para inhibir el disfrute sexual?

A todas nos educan mal en el sexo, porque no nos enseñan a respirar ni a mirar a los ojos a la persona con la que estamos haciendo el amor. Hace falta una educación sexual y afectiva. Qué es el consentimiento, aprender qué es lo que te gusta, cuándo te estás sintiendo bien y cuándo no. Hay muchos abusos que ocurren porque las mujeres no se dan cuenta de que están accediendo a algo que realmente no es su placer y no es su deseo. Está muy normalizado que las mujeres permitan ciertas cosas de los hombres. Hemos aprendido la sexualidad desde una visión muy patriarcal. Mucha gente se ha sentido impactada por esta imagen, que a mi me parece tan natural, que es decirle a la otra persona: "ey, por fa, paramos, ¿vale?" 
Esto lo trabajé con Elena, porque hablábamos de que cuando llega al clímax le da como miedo, porque es abrirse a la otra persona. Lo trabajamos desde ahí. El sexo no tiene por qué acabar siempre con la eyaculación masculina. 

suc de sindria
'Suc de síndria'-Irene Moray

El tema de la desnudez femenina es una imagen muy poderosa del cortometraje. ¿Hemos llegado a una normalización del desnudo femenino o todavía se ve como una imagen, en cierto sentido, violenta a ojos de la sociedad?

Creo que vemos más desnudos de mujeres, pero desde la visión masculina casi siempre. Para mi el desnudo en el corto era cuerpo igual a paisaje, cuerpo igual a naturaleza. Era muy importante para mi que ella donde se siente libre y confortable sea en la naturaleza. Conectar con el placer a través de la naturaleza es lo que luego le hace sanar, entender que el sexo es algo natural. A veces a la gente le impactan más las imágenes de desnudos femeninos hechos por mujeres, porque de repente tienen esa fuerza. La mujer deja de ser objeto y se convierte en sujeto. 

Está rodado en Berga (Cataluña). Háblame de ese sitio tan especial en el que filmastéis 'Suc de síndria'. 

Pues está rodado en una residencia de artistas okupada, llamada Konvent, con k, que viene de convento. Era una antigua fábrica textil. Es un sitio al que yo había ido el verano anterior y los paisajes que salen en el corto están a cinco o diez minutos en coche. Me hizo mucha ilusión poder rodar allí. Dormíamos allí todo el equipo y la gente de la residencia de artistas nos trató muy bien, nos cuidaron mucho. Ellos viven allí y durante tres meses en invierno están cerrados programando y descansando. El resto de meses trabajan casi sin ánimo de lucro, sin subvención alguna, sólo para poderse mantener. Permiten que vayan allí artistas a crear. Tú presentas tu propuesta y ellos la aceptan o no. 

¿Cómo elegiste al personaje de Pol (Max Grosse), el otro protagonista del cortometraje? 

Pol es medio alemán, medio español. Su padre es alemán y su madre catalana, así que es bilingüe. Él creció en Barcelona y lo conocí en Berlín. Era amigo de un amigo y tocaba en un grupo, nos hicimos muy colegas. A Elena la conocí a través de Max, porque vino a hacer su película Julia ist y yo hice la foto fija. Me parece muy simbólico haber presentado el corto aquí, porque realmente nosotros nos conocimos en Berlín. Me habían dicho que en la Berlinale los cortos eran super experimentales y que Cannes era más importante, pero yo deseaba con toda mi alma venir aquí, porque viví aquí cuatro años y es el festival al que más he ido en toda mi vida. Ayer en el estreno estábamos los tres cogidos de la mano y llorando, muy emocionados. 

¿Ha sido importante presentar el corto ante un festival (Berlinale) que no es sólo un circuito cerrado para la gente del sector, sino que también está abierto a muchas proyecciones al público de la propia ciudad? 

Sin duda. Al final el cine lo haces para la gente, no para los críticos y la prensa. Ha venido gente a decirme cosas geniales. Una chica me dijo que mi corto le había abrazado el alma y otro chico que para él había sido como un golpe a mano abierta. Es lo que quería, que provoque diversas sensaciones. 

¿Por qué es difícil vivir en una ciudad como Berlín, que al mismo tiempo te ofrece tanto y tanto te “quita”? 

Yo vine sola porque quería aprender una lengua nueva, no conocía a nadie. Llegas y te sientes apabullada. No tienes a nadie a quien llamar, no hablas el idioma, etc. Lo que hacía era irme a un bar hasta que alguien me hablaba. Al final alguien te habla, pero las tres horas sola te las comes con patatas. El primer año fue duro. Se ha resaltado mucho que estuve limpiando casas al principio. Pues de hecho, fue de los mejores curros que tuve, porque me pagaban bastante bien y me ponía mi música. Trabajando en los restaurantes lo pasé peor porque tenía que ir más rápido. A la vez que hacía eso también hacía performances en un colectivo llamado The Family. Me encantaba porque había mucha diversidad de edades, procedencias, etc. En Berlín no está mal visto que tú seas artista y trabajes en un bar. Echo de menos las apuestas atrevidas de Berlín, aunque ahora empiezan a llegar a Barcelona. 

El proceso para conseguir fondos para un corto no es fácil…

Yo escribí a Distinto Films, porque no me había planteado que nadie quisiera producirme el corto. Ya había trabajado para ellos. Les gustó mucho el guión y me lo quisieron producir. Nos dieron la ayuda del ICEC y yo había ganado un premio de 12.000 euros con mi anterior corto, de los cuales 5.000 tenían que ser invertidos en un nuevo proyecto, así que los invertí en 'Suc de síndria'. Distinto Films también puso dinero y con un poco de aquí y un poco de allá, nos pusimos a rodar con unos 20.000 euros. Sólo rodamos tres días porque en el cine todo es carísimo y decidimos pagar a todo el equipo, aunque fuera algo simbólico. Remunerar al equipo y darles de alta era algo muy importante para nosotros. Es bastante presupuesto en comparación con mi primer corto, en el que me gasté unos 1.500 euros. 

Con 'Bad lesbian' el proceso fue muy diferente. 

Yo no tenía ni idea de cómo funcionaba el cine profesionalmente en el sentido de distribuir el corto. Lo presenté en un bar de Berlín para los amigos y luego en Barcelona, que Cinética me lo unió en un evento con cortos de otras chicas y vinieron 800 personas. Hicimos varios pases y yo estaba flipando. Luego lo moví por mi cuenta, pero no tenía ni idea de festivales. Me lo cogieron en el festival de Rostock de directores jóvenes y me dieron el premio de 12.000 euros. Fue una pasada poder pagar al equipo un par de años después de rodar el corto. Me sentí como Beyoncé. 

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'Suc de síndria'-Irene Moray

Es curioso que cuando las mujeres hacen cine, cuentan historias de otras mujeres y priman la sensibilidad y la expresión de sentimientos. ¿Cómo es hacer cine siendo mujer? El techo de cristal está en todas partes y supongo que también en el cine. 

Creo que es difícil, pero también es verdad que con este llamado boom de las directoras catalanas se me ponen los pelos de punta. Ayer pude conocer a Carla Simón, vino al estreno del corto y me hizo muchísima ilusión. Mi corto lo montó Ana Faz, que es la montadora de Verano 1993. Son referentes. Es muy importante decir: "yo también puedo, a la gente esto le interesa". Yo sólo piqué una puerta, pero pensaba en que con el otro corto no le pregunté a ninguna productora si me quería producir. Parte del problema es que no nos creemos que podemos, o que no nos han dicho que nuestra voz importa. No es que de repente salgan, como setas, directoras buenas. Es que, ¿cuántas nos hemos perdido? Vemos que hay cosas muy interesantes y muchas obras de arte a las que no hemos podido acceder porque no le dábamos voz a estas mujeres. Mi productora, Miriam Porté, montó una conferencia con una mujer sueca que había instaurado una cuota del 50 % de mujeres en el cine en las subvenciones. Y ella decía: "lo que hemos hecho no es darle voz a mujeres peores que hombres, sino que nos hemos cargado la mediocridad masculina. Ha subido el nivel". Yo he tenido que aguantar comentarios sobre que me habían seleccionado en Berlinale por ser mujer y porque querían paridad. 

¿Estás a favor de las cuotas en el cine? Este año compiten en la Berlinale un 41 % de mujeres, la cifra más alta hasta ahora. 

Sí, lo estoy. Pero también a favor de cuotas en cuestiones como racialización, que me parece muy importante, aunque me quede yo misma fuera. Hace poco fui a visualizar el corto y me llevé a un amigo. Él no había hecho nada, sólo vino para darme un feedback de qué le parecía. Y le hablaban a él siempre, como si él fuera el director. Y yo pensaba que eso me pasaba incluso siendo blanca. Si no lo hubiese sido, sería directamente transparente. Es importante la variedad de voces y la diversidad en el cine. El cine afecta mucho al imaginario colectivo y cambia mentalidades y conciencias. Si los señores mayores, blancos y heterosexuales se sienten amenazados, pues lo siento mucho. 

¿Cómo ayuda el feminismo en el proceso de crear y mostrar públicamente tus creaciones?

El feminismo me ha ayudado en general. De adolescente era muy insegura porque pensaba que no podría hacer cine. De repente me empoderé y el feminismo me ha ayudado a ello. Pero sobre todo me han ayudado mis amigas. Lo íntimo. Conversaciones, sororidad. Por ahora separo la fotografía, que es lo que me permite ganarme la vida, del cine. Pero me encantaría dirigir comedia en un futuro y contar más historias. 

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