CervantesFAQs: "No concibo el feminismo sin marxismo ni el marxismo sin feminismo"

Como otras muchas activistas, CervantesFAQs ha encontrado en las redes sociales un espacio para la reivindicación feminista y antifascista. Desde una cuenta de Twitter con más de 40.000 seguidores, lleva desde 2012 azotando conciencias en un momento de efervescencia social donde los ciudadanos y la clase política se encuentran cada vez más alejados.

Hablamos con su “alma feminista”, a propósito del lanzamiento de '#Acción, #Contradicción, #Revolución' (Copelia), un ensayo sobre la sublevación de las mujeres, en clave marxista, con el que han dado el salto al papel.


Kamchatka: ¿Qué hay detrás de CervantesFAQs?

CervantesFaqs: Somos una cuenta que llevamos desde 2012 haciendo activismo en Twitter y tenemos dos almas, una de las cuales es feminista y se encarga de escribir artículos más densos, o este primer ensayo que hemos sacado con Copelia. Intentamos que la cuenta tenga siempre un tono político y antifascista.

¿El anonimato es elegido o impuesto?

El anonimato es algo que tenemos que llevar a cuestas porque hay gente en las redes sociales que no sigue las normas de conducta apropiada, pero también lo hemos elegido porque creemos que así, sin estar asociado a un nombre y a un apellido, podemos representar a más gente. Parece que siempre hay que colgarse una medallita y eso no nos gusta.

Te defines como marxista y feminista, dos batallas, a priori, difíciles de ganar. ¿Cómo afrontas esta dualidad?

Son dos identidades que deberían ir ligadas. No concibo el feminismo sin marxismo ni el marxismo sin feminismo. Creo que hay que concienciar a la gente de que los bandos no existen por azar, sino que el opresor existe a costa del oprimido y cada uno tenemos que aportar nuestro granito de arena para que esto cambie. Es complicado, porque los opresores tienen infinidad de mecanismos, pero debemos combatirlos con nuestras propias armas. En mi caso son la palabra y las redes sociales. La cultura tiene una gran capacidad de transformación que llega a todos los ámbitos de la sociedad, pero deberíamos elevarla de mero entretenimiento a herramienta para cambiar el rumbo de la historia.

En tu libro mencionas a Ana Botín, ¿se puede ser neoliberal y feminista?

Desde mi punto de vista, no. Lo de Ana Botín es la manera que tiene el neoliberalismo de intentar sumarse a la causa feminista, pero, como en cualquier otro ámbito de la vida, en el feminismo no todo vale. Ana Botín se dice feminista mientras contribuye a la normalización de las desigualdades sociales, económicas y de género.

¿Y rica o rico y feminista?

Diría que sí, porque no se trata de una cuestión de posesiones materiales, sino de conciencia de clase y de no contribuir a perpetuar las desigualdades.

¿El capitalismo se está apropiando del movimiento feminista?

Sí, y además con figuras tan poco feministas como Hillary Clinton, una mujer cuyas políticas no están dirigidas a acabar con las desigualdades. Parece que por ser mujer y del Partido Demócrata ya tiene derecho a llamarse feminista. El capitalismo quiere aprovecharse de nuestra lucha para sacar un rédito electoral.

Hillary Clinton es una de las protagonistas del apartado 'Contradicción'. ¿Cuál es tu mayor contradicción como feminista?

He tenido muchas a lo largo de mi vida y cuesta deconstruirse. Por ejemplo, me cuesta mucho tener sororidad con todas las mujeres. Por eso hablo en mi libro de las mujeres burguesas que colaboran con el patriarcado y que, desde mi punto de vista, no pueden considerarse feministas. Por un lado pienso, ¿por qué tengo que tener sororidad con ellas? Por otro lado, creo que esa mujer no se merece que le suceda nada malo por el mero hecho de ser mujer. Pero no podemos ser ingenuas. En el feminismo no cabe todo y hay mujeres neoliberales y burguesas, puede que en algún caso estén alienadas, pero no me gusta que se apropien de una lucha que nos pertenece a las mujeres que realmente estamos oprimidas.

Otro de los temas del libro es el lenguaje inclusivo, ¿es machista el masculino genérico?

Sí, porque lo que no se nombra no existe. El masculino genérico invisibiliza otras identidades. Se utiliza, incluso, cuando estás en un grupo donde todas son mujeres y solo hay un hombre. También hay que cambiar las jerarquías del lenguaje, porque en la cima de la pirámide siempre están los mismos.

¿Y la fórmula que utilizan los políticos de nombrar a ambos géneros?

Hasta ahora ha funcionado, pero deja fuera a otras muchas identidades. Yo apuesto por la diversidad, no solo identitaria sino también sexual y afectiva. Si hay muchas formas de pensarse o sentirse, ¿por qué limitarnos solo a lo binario? También creo que la teoría queer y los postulados de Judith Butler no están completos, porque no se trata exclusivamente de una cuestión de género, hay otros muchos factores que operan entre sí.

Hablando de la teoría queer, ¿cómo se compagina la abolición del género con la tradicional reivindicación feminista que exige una mayor presencia en el espacio público por parte de las mujeres?

Si el objetivo es acabar con las desigualdades hay que tener en cuenta quiénes han sido las que más han sufrido las opresiones; las mujeres racializadas, las mujeres obreras y también las mujeres trans, o las que tienen otro tipo de identidades. La interseccionalidad es muy importante, porque nos enseña que las diferentes opresiones se articulan entre sí. Tenemos que ser capaces de encontrar alianzas entre todas.

Para que el feminismo alcance sus objetivos es necesario que las mujeres, llamémoslas biológicas, sean más protagonistas del espacio público.

Por supuesto, y entiendo toda esta polémica de la cuestión biológica, pero no soy nadie, ni yo ni ninguna otra feminista, para decirle a una mujer trans cómo debe sentirse. Por tanto, creo que ellas también deben tener su representación.

¿Estamos viviendo una cuarta ola feminista?

Si, desde los años 60, gracias a los movimientos más contemporáneos, y ahora, a través de internet. La revolución está en las calles y también en las redes sociales.

cervantesfaqs
#Acción.#Contradicción.#Revolución

Sin embargo, la ultraderecha, abiertamente misógina, también está viviendo su propia revolución en todo el mundo.

Cada vez que las mujeres intentamos levantarnos, el sistema patriarcal se vuelve más reaccionario, así que es normal que surjan este tipo de movimientos y frente a ellos debemos reaccionar de forma frontal y con conciencia antifascista. Ni un paso atrás.

¿Está fallando el feminismo a la hora de introducirse en determinados estratos de la sociedad?

No, no creo que el feminismo esté fallando. Creo que es una cuestión de a qué apela cada uno de los movimientos. La ultraderecha apela al miedo, y si la gente cree que tiene algo que perder, suele agachar la cabeza. El feminismo, por contra, apuesta por la valentía, la solidaridad y la lucha contra las opresiones. Somos un movimiento combativo.

Voy a decirte dos frases, a ver qué te parecen. “Tenemos que arriesgar el sujeto del feminismo y arriesgarlo con un para qué, que es el anclaje, eso es lo que va a hacer que no nos perdamos, si tenemos claro cuál es nuestra apuesta política desde el feminismo para la transformación social; no seguir anclándonos al cuerpo de las mujeres entendido como entidad biológica". Sam Fernández.

Al principio me llamó la atención que la gente no distinguiera entre el partido y la persona. Sam Fernández no pertenece a Podemos, y sin embargo, en las redes sociales se creó el hashtag #PodemosOdiaALasMujeres y eso no es así. La conferencia llevaba por título 'Abriendo melones' y cumplió con lo que se pretendía; abrir el melón del transfeminismo o el activismo trans. Las personas trans y todas las del espectro LGTBIQ+ sufren opresiones diferentes a las de las mujeres biológicas, lo que no significa que sean menos importantes. Insisto en la importancia de la interseccionalidad y de construir alianzas entre nosotras. Creo que era Simone de Beauvoir la que dijo que el feminismo es una manera de vivir individualmente y de actuar colectivamente. Es cierto que el sujeto político del feminismo somos las mujeres, pero una mujer trans también es una mujer. Sam Fernández planteó un debate con el que se puede estar de acuerdo o no, pero fueron innecesarias las palabras tan duras que le dedicaron en las redes sociales. Me molestó, porque mientras esto sucede, el patriarcado se frota las manos.

"Estamos encantados de liderar el movimiento transversal feminista". Albert Rivera.

Ciudadanos es un partido neoliberal que está intentando sumarse a un carro que puede parecer una moda, pero nosotras, como decimos en el ensayo, no vamos a permitir que se nos trate como tal. No somos un lema bonito estampado en camisetas que fabrican niñas en la India a cambio de un cuenco de arroz. Albert Rivera y su partido defienden los vientres de alquiler y la legalización de la prostitución. Es ridículo que intente hacerse pasar por feminista y es aún más ridículo que los hombres pretendan liderar el feminismo. Es el típico mansplaining; “Vosotras, feministas, está muy bien que habléis, pero no os habéis enterado de nada, así que os lo voy a explicar”.

¿Cuál es el papel de los hombres en esta revolución feminista?

Cuando las mujeres nos manifestamos, muchos hombres salen con la consigna del “not all men”, una estrategia de gaslighting para que parezca que estamos exagerando, y eso no es así. Por ejemplo; nosotras no decimos que todos los hombres violen, sino que todos los hombres son potenciales violadores, porque el machismo y la cultura de la violación están presentes en todas las capas de la sociedad. Si un hombre quiere desmarcarse del machismo, en lugar de decir que exageramos, sería mejor que revisase sus prácticas individuales y afeara las actitudes machistas de los hombres que están a su alrededor.

Una de las partes del libro está dedicada a la acción, pero no hablas de violencia. ¿Es posible una revolución no violenta?

La historia nos dice que no, pero creo que las confrontaciones se pueden solucionar sin violencia. Dicho esto, el feminismo está luchando contra el machismo estructural, que es una imposición violenta en el ámbito social, laboral y económico, pero también en el sexual, llegando incluso al asesinato. Si esto continúa normalizándose, si los políticos no son capaces de legislar y la ultraderecha sigue creciendo, tendremos que organizarnos de formas menos pacíficas.

¿Por qué los hombres van a renunciar a sus privilegios voluntariamente? A lo largo de la historia, los derechos, tantos individuales como colectivos, han tenido que ser conquistados.

Porque el patriarcado también les afecta a ellos. Cuando intentan ridiculizar a un hombre siempre lo hacen apelando a características que se asocian a lo femenino. La acción violenta es una opción, pero creo que hay otros mecanismos. Primero de todo; legislando. Y segundo; hay que recordar a la gente que tiene en su poder el voto, que es el arma más poderosa. Si votas a los populismos de derechas, misóginos, homófobos y racistas, estás colaborando con el opresor. Debes revisarte a ti mismo y pensar en qué lado de la historia quieres estar.

Con el panorama político actual, ¿estamos mas cerca de 'El cuento de la criada' o de una revolución feminista?

Creo que estamos más cerca de una revolución feminista. El 8 de marzo fue una demostración masiva de sororidad. Hemos sabido decir basta y lo estamos demostrando todos los días en las calles, en las redes sociales y en los medios de comunicación que nos lo permiten. Estamos más cerca de la revolución feminista, pero tenemos en esa apelación al miedo de la que te hablaba a un enemigo brutal. ¿De qué se habla en España? De Cataluña, porque es la cortina de humo que los partidos de derechas utilizan para que no se hable de las cosas importantes; de la desigualdad, de las casas de apuestas o de los problemas habitacionales. Las banderas no dan de comer, son ridículas. Debemos articular el discurso alrededor de las problemáticas del día a día. Si lo conseguimos, estaremos más cerca de la revolución feminista que de 'El cuento de la criada'.

En el libro decidas una parte importante al sexo. ¿El deseo también es un constructo?

Sin duda. La cultura, y no solo la literatura, la pintura o la música, sino también el cine, la televisión o la publicidad intentan dirigirnos hacía los lugares que el patriarcado tiene reservado para nosotras, haciéndonos creer que las personas que nos sentimos de manera diferente debemos ocultarnos. ¡Nunca más! Las feministas decimos que el ser humano tiene que disfrutar de su sexualidad, siempre que no haga daño a los demás ni se haga mercantilismo con los cuerpos.

¿Cualquier deseo sexual es legítimo para el feminismo? Por ejemplo, hay mujeres que disfrutan en un rol de sumisión.

Eso es una alienación. El patriarcado siempre ha intentado someter a las mujeres hasta el punto de convertirlo en una fantasía sexual. Una mujer no disfruta estando en una posición de inferioridad. Sucede que, el patriarcado, le ha dicho que tiene que ser sumisa, que tiene que cumplir con las fantasías y los deseos de los hombres porque así van a quererla más. El amor siempre ha sido el opio de las mujeres.

Pero, insisto, hay hombres y mujeres que disfrutan experimentando el dolor y la sumisión en una relación sexual.

Tenemos que educar a las personas en valores de igualdad, mas aún en el sexo. Sé que es un tema polémico y que existen prácticas como el sadomasoquismo, pero creo que esas prácticas son la consecuencia de la construcción social que siempre ha relegado a las mujeres a un rango de obediencia. La pornografía tiene gran parte de culpa, porque reproduce este tipo de patrones que chocan frontalmente con los preceptos de igualdad del feminismo. Es difícil educar a la gente en cuestiones de sexo, pero deberían ponerse las gafas moradas y revisarse, también en ese aspecto. En el sexo hay una estructura desigual que hay que abolir.

¿El porno puede ser feminista?

Desde mi punto de vista, no. El porno es una industria que pretende ahora mercantilizar el feminismo. Las actrices y realizadoras del cine porno que tienen un discurso feminista están reproduciendo los mismos patrones de placer y deseo de los hombres. Por ejemplo, Amarna Miller, una chica que intenta parecer una lolita, con un estilo aniñado. Es un contrasentido para el feminismo porque nos vuelve a situar en una posición de inferioridad jerárquica. La mayoría de la pornografía es violenta. Existe incluso una categoría que se llama “sexo no consentido”. Además, la pornografía es una industria multimillonaria que está ligada a la trata. No lo digo yo, lo dice, por ejemplo, Ismael López en su libro “Escúpelo”. Ismael, que trabajó en el cine porno, cuenta como Erika Lust, una de esas directoras feministas, no paga muy bien a sus actrices, reproduciendo así las mismas desigualdades del patriarcado. ¿Se puede hacer porno feminista? Puede, pero no a un nivel industrializado, porque eso conlleva la mercantilización de los cuerpos.

En el libro también hablas de la igualdad y la equidad, ¿cuál es la diferencia?

La igualdad es darle lo mismo a todos los grupos, pero si uno de ellos parte con la ventaja de haber sido históricamente beneficiado, al final crece al mismo ritmo que el grupo que empieza con desventaja. Con la equidad, sin embargo, le damos más a los colectivos tradicionalmente oprimidos para así conseguir una igualdad real.

¿Eso significa que los hombres tienen que renunciar a sus privilegios?

Los hombres disfrutan de privilegios que deben ser abolidos porque han sido conseguidos a costa de que las mujeres pierdan los suyos. Por lo tanto, sí, deberían deconstruirse y renunciar a esos privilegios para que las mujeres tengan los mismos derechos y las mismas oportunidades.

¿Algún día será posible la consecución de la revolución feminista?

Hay una frase de Eduardo Galeano que me gusta mucho: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos mas allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso, para caminar”. Las feministas luchamos por una sociedad plenamente igualitaria entre hombres, mujeres y cualquier otra identidad. Espero que no estemos muy lejos de conseguirla pero, desde luego, no podemos conformarnos con la inacción. Tenemos que revolvernos, actuar, cabalgar con nuestras contradicciones y luchar por una revolución que va desde lo individual hasta lo colectivo, para alcanzar los objetivos que nos proponemos.

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