American Son; el racismo institucionalizado

"Race is the child of racism, not the father", frase de Ta-Nehisi Coates

El racismo en América es como una bacteria agarrada a una roca en las profundidades marinas, que permanece sin alteración o evolución posible. Por mucho que avance su democracia, está tan incrustado en las visceras de sus pueblos que nos impide muchas veces separar este aspecto de la cultura o idiosincrasia estadounidense.

 

La película 'American Son', que ha pasado prácticamente inadvertida para la crítica española, es una adaptación de la obra de teatro de Christopher Demos-Brown. El director del filme, Kenny Leon, ha elegido una pieza tan emocionante en su discurso como quisquillosa de ajustar al formato cinematográfico.

Refiriéndonos primero a sus virtudes, estamos ante un argumento brillante que ofrece una frescura inusitada en el tratamiento del racismo. El gran acierto del texto radica en enfocar el tema desde el conflicto de un matrimonio interracial que viene de un proceso de separación difícil cuyo hijo negro ha sido detenido por la policía. El planteamiento contiene un buen caldo de cultivo para desgranar una historia llena de complejidad digna de ser contada y analizada, cuya gracia reside en mostrar el problema del racismo en América como algo estructural, un mal inveterado que permea por todas las capas de la sociedad americana, desde los ciudadanos hasta las instituciones. El autor de la obra y guionista en el filme, ofrece argumentos muy trabajados para entender la opresión social. Hay que otorgar un triple punto para los diálogos que, sin anestesia ni edulcorantes, destilan verdad y emoción, arrojando mensajes como flechas a la velocidad de la luz. Todos ellos con seso y la suficiente dinamita para hacer reflexionar hasta al mismo Donald Trump. A través de ellos, el autor se enfanga para trasladar verdades incómodas.

Los personajes están sabiamente elegidos, posicionados en el rol que deben tomar: la mujer negra en el papel de madre sufridora, que ha tenido que luchar mucho para ascender en la escala social y darle a su hijo la educación académica y en reivindicación de derechos que ella no recibió, pues se tuvo que hacer a sí misma. Es el personaje crucial, pues le sirve de vehículo al autor para explicar que hay que vivir en carne propia la opresión racial para poder entenderla. Esto lo contrapone a su marido, un hombre blanco y agente del FBI, quien en el papel de padre protector, no solo pretende apoderarse de esa opresión y hacerla suya con una actitud de falsa empatía, sino que tiene conductas censurables hacia ella, aunque sean inconscientes. Está muy bien traído porque es justo lo que le pasa a la raza blanca, que siempre tendremos prejuicios involuntarios hacia los negros por mucho que creamos en la igualdad. Y esto es simplemente porque hemos nacido blancos y nos hemos educado como blancos. Así lo demuestra este personaje con una gran carga de credibilidad, pues el conflicto aparece cuando "tu hijo es negro pero ha sido educado como un blanco". Tarde o temprano van a surgir las contradicciones que el sistema nos impone: por mucho que te críes en un entorno de blancos, aquél no te va a tratar como tal y te va a discriminar. Es igual que los hombres que nos autoproclamamos feministas. Por mucho que defendamos la igualdad de género y sintamos el movimiento como nuestra lucha, nunca podremos entender del todo lo que es ser víctima del patriarcado, porque no lo hemos vivido. Luego tenemos al agente de policía negro, que representa al yerno perfecto que todo sistema pretende, la figura de la víctima sometida, que siendo un cómplice en desventaja estructural, se resigna a serlo y además tira piedras sobre el tejado de su propia lucha y contra aquellos que, siendo de su propia condición, se rebelan de alguna forma contra el sistema que los subyuga. 

Entrando en los aspectos más pantanosos, fundir literatura, teatro y cine siempre puede resultar o una fórmula maestra de alquimia o el agua y aceite si no se sabe mezclar en su justa medida. Todo el mérito otorgado al los diálogos conforme a lo que aportan como guion, hay que restárselo en cuanto al efecto que producen en la escena cinematográfica. Tanto diálogo con enjundia a ritmo endiablado actúa como una caja de resonancia que te aturde en un único set empleado para la película, la sala de espera de Comisaría. En este caso, hay que tener maestría para elegir bien los planos a la hora de volcar una pieza de teatro sobre el celuloide y que resulte convincente, pues si nos costreñimos a un solo espacio, que además es un interior, y no aprovechamos la libertad creativa que te permite una adaptación para generar alternativas, tienes que hacerlo muy dinámico para no dejar al espectador con jaqueca y salir airoso del experimento. Se salva la iluminación, que consigue generar la atmósfera de agonía que el guion demanda,

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