El amor entre seres libres es otra cosa

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¿Alguna vez has sentido que estabas viviendo en el momento equivocado? ¿Alguna vez has tenido una disonancia al asumir como te habían enseñado que la esclavitud había sido abolida, y más tarde descubrir que la esclavitud sexual sigue existiendo a unos pocos kilómetros?

¿Has pensado que vives en una era donde se mantiene la situación de subordinación de las mujeres, como en el pasado, al tiempo que existe una tecnología futurista? ¿Has pensado que vives en una sociedad que es considerada avanzada por los varones, pero donde las mujeres ni siquiera son tratadas como seres humanos?

¿No entiendes que haya tanta gente haciendo las cosas de la misma manera que siempre se han hecho sin plantearse siquiera cambios radicales, cambios que vayan a la raíz de los problemas que todas sufrimos? ¿Te has preguntado quién se beneficia de mantener el statu quo?

¿Por qué hay tantos varones (y algunas mujeres) contrarios a cualquier propuesta que plantee el feminismo? ¿Por qué presentan una feroz resistencia de una manera inmediata y visceral si se cuestiona por ejemplo el mito del amor romántico? ¿Te has encontrado alguna vez con un varón que parece perder repentinamente toda su inteligencia si empezáis a hablar de feminismo? ¿Has tenido alguna vez una discusión con varones en la que tuvieras la sensación de hablar con robots con las respuestas pre-programadas?

  • Lucha de clases, lucha de amores

La conciencia feminista que está llevando a cada vez más mujeres a hacerse estas preguntas, y también a cuestionarse a sí mismas, no es en absoluto conocida ni compartida por los varones. La gran mayoría se encuentran en un estado de ceguera, sordera y negación, sea su respuesta a las mujeres que se ponen en pie violenta, o sea su respuesta la falta de respuesta, su estruendoso silencio, un silencio cómplice, cada vez más sonoro y vergonzoso.

Esta diferencia de conciencia de sí está llevando a nuestra sociedad a una brecha -hoy por hoy más bien subterránea- de consecuencias imprevisibles. Una brecha que empieza a estar basada, como era de esperar, además de en un sexo diferente, también en una diferente posición social, acentuando el carácter de clase del conflicto dentro y fuera del movimiento feminista.

Estos últimos meses esa alianza interburguesa puede observarse al intensificarse la presencia conjunta de mujeres burguesas y "aliados feministas" en los medios, en encuentros "por la igualdad" y en las redes sociales, como si una vez más se repitiera la historia, los varones entraran en pánico y hubiesen decidido que "el feminismo ha llegado demasiado lejos".

De nuevo, como ocurre desde el siglo XX, tratan de presentarnos un feminismo "bueno", que integra gentilemente a los varones, que casi pide perdón por existir, porque "solo busca la igualdad"; un feminismo amable, tan inclusivo que incluye hasta a nuestros opresores varones, y que aprueba y aplaude a los que llaman ‘aliados’ cuando dan lecciones a las feministas "malas".

Al comenzar a aparecer los conflictos de clase y raza dentro del feminismo, al recrudecerse la lucha de clases, al agudizarse las contradicciones, hay mujeres que ya no pueden permitirse llevar más tiempo la careta feminista, mucho menos el disfraz de feminista radical, sin entrar en apuros constantes. Estas mujeres, sanas hijas de la burguesía, aunque pretendan seguir llevando disfraces y máscaras violetas, muestran ya a quien tenga instinto de clase y sepa ver más allá de la apariencia, su verdadero rostro patriarcal y clasista, un rostro nunca exento de una buena dosis de misoginia camuflada, de lesbofobia negada, de racismo mal disimulado. Todo ello para finalmente mostrar que su verdadera lealtad no es a las mujeres explotadas, a las oprimidas, sino a los varones, a los opresores, a la visión y la lógica del mundo patriarcal.

No deja de llamar la atención que feministas (o personas de izquierdas en general) que conviven sin mayor problema con su piel blanca en una sociedad racista se indignen, saquen en un instante a relucir todo el racismo que han tratado con tanto esfuerzo de ocultar, y se muestren tan ofendidas y ofendidos de que las compañeras racializadas usen conceptos como "izquierda blanca" o "feminismo blanco".

Si solo hablas de racismo para protestar de que las compañeras denuncien justamente el "feminismo blanco" les estás dando la razón. Les estás dando la razón cuando protestas y desprecias a las mujeres racializadas al tiempo que eludes hablar de racismo institucional. Les estás dando la razón cuando te callas ante las quitas de custodia a familias migrantes, ante las crueles separaciones de madres e hijas, ante las deportaciones en caliente o en frío, ante los ataques racistas, ante las violaciones a mujeres migrantes en las comisarías, ante el encarcelamiento de mujeres racializadas y prostituidas por defenderse y no dejarse matar, ante los asesinatos en las zonas fronterizas. Les estás dando la razón cuando solo hablas (si es que hablas) sobre los más de 500 años de violencia colonialista y sus consecuencias una vez al año, el 12 de octubre, o cuando tu feminismo es tan blanco que deslumbra… de tanta blanquitud.

Hay hechos innegables como el feminicidio, la violación, la esclavitud sexual, la humillación, el maltrato, el acoso, que ninguna mujer puede negar, por burguesa que sea, porque todas lo hemos vivido en carne propia

Sin embargo, por mucho que haya mujeres que de facto atacan al feminismo, porque atacan sus bases teóricas y prácticas, no habrá muchas feministas burguesas, ni sus aliados burgueses, que se atrevan a decir que a las mujeres nos ha ido bien a lo largo de la historia, o que nos van bien en la actualidad.

Hay hechos innegables como el feminicidio, la violación, la esclavitud sexual, la humillación, el maltrato, el acoso, que ninguna mujer puede negar, por burguesa que sea, porque todas las mujeres los hemos vivido en carne propia, o en el mejor de los casos, han temido que les ocurra a ellas. Por eso en un principio estas mujeres burguesas dicen ser feministas sin ningún problema.

¿Qué ocurre con realidades como la lesbofobia, el clasismo o el racismo? ¿No existen porque parte del feminismo no hable nunca de ellas? Sucede que hay feministas que solo hablan de estas realidades para protestar... de que alguna compañera les diga que nunca hablan de ellas. No les preocupan porque no las han vivido nunca en carne propia, y no escuchan a las que sí las hemos sufrido y sufrimos. Sin embargo, lo acepten o no, el feminismo tiene unas bases teóricas sólidas, que no dejan de existir porque a unas feministas de porcelana no les gusten.

De entrada resulta realmente extraño que todavía haya una parte del feminismo actual a la que les molestan tanto partes esenciales del feminismo: la crítica al amor romántico, a la heterosexualidad y la maternidad obligatorias, el anticapitalismo, el antirracismo, o el separatismo feminista.

Andrea Dworkin escribió: "Ninguna porción de la lucha feminista es abstracta; ha tocado cada parte de nuestras vidas. Pero en ninguna otra parte nos ha tocado de forma más dolorosa y vívida que en aquellas áreas que llamamos "amor" y "sexo". El modelo sexual y 'amoroso' del macho se basa en la dominación. El verdadero núcleo de la visión feminista, su semilla revolucionaria, si se quiere, tiene que ver con la abolición de todos los roles de sexo, esto es, con una transformación absoluta de la sexualidad humana y de las instituciones que derivan de ella".

En los años 70 las feministas, lesbianas o no, empezaron a estudiar la heterosexualidad obligatoria como una institución política opresiva y socialmente construida que nos afecta a todas, como uno de los pilares principales sobre los que se erige y perpetúa el patriarcado. ¿Qué feminista puede ignorar los análisis de autoras como Kate Millet, Audre Lorde, Andrea Dworkin o Adrienne Rich, entre otras muchas, o de autoras vivas como Andrea Franulic, bell hooks o Catherine MacKinnon?

Adrienne Rich escribió en 1984: "La dominación de las mujeres es la más naturalizada de todas y es fundante, originaria, primaria. Se naturaliza a través del amor romántico y la heterosexualidad obligatoria".

Sintamos o no deseo sexual y afecto amoroso hacia otras mujeres, la crítica a la heterosexualidad como institución política es un ejercicio activo imprescindible para las mujeres heterosexuales y lesbianas, no digamos para las feministas. Porque la destrucción de la heterosexualidad obligatoria está estrechamente relacionada con la destrucción misma del patriarcado como cultura, sistema de control, dominio, opresión y explotación.

La destrucción de la heterosexualidad obligatoria está estrechamente relacionada con la destrucción misma del patriarcado como cultura, sistema de control, dominio, opresión y explotación

La institución nuclear del patriarcado es la heterosexualidad obligatoria, y esta es la raíz de la que nacen el amor romántico, la maternidad obligatoria, la necesidad de que las mujeres sirvamos a los varones, el sentimiento de culpa si no lo hacemos, la necesidad de la aprobación y validación de los varones, la sensación de inferioridad o incapacidad si sentimos que no estamos a la altura que nos exige la sociedad patriarcal, y especialmente nuestro entorno más próximo. De esta manera, debido a la imposición de la institución de la heterosexualidad obligatoria, varones poderosos han conseguido la subordinación de las mujeres a los varones, o viceversa, la dominación de las mujeres por los varones.

Y no solo eso, como escribió Kate Millet, logran que aceptemos sumisamente nuestra situación. "Muchas mujeres no se reconocen como discriminadas: no se puede encontrar una prueba mejor de la totalidad de su condicionamiento". ('Política sexual', 1970). 

Espeluzna pensar que a los 10 años las niñas y niños ya han adoptado los roles de género adjudicados por su sexo, como muestran muchos estudios. Uno reciente (2017) es 'It Begins at 10: How Gender Expectations Shape Early Adolescence Around the World'. Las entrevistas realizadas en todo el mundo para esta investigación revelaron que las niñas están atadas ya a restricciones por su sexo a muy temprana edad, algo que las autoras del estudio aseguran tendrá graves consecuencias en su vidas. "Los estereotipos femeninos basados en "protegerlas" las hacen más vulnerables, enfatizando el afán de vigilarlas, sancionándolas físicamente cuando rompen las normas. Lo que les lleva a padecer más el abandono escolar, casarse de niñas, embarazos tempranos, infectarse por VIH u otras enfermedades de transmisión sexual".

Notemos como en el estudio se ignora la hetersosexualidad obligatoria, aunque Kristin Mmari, profesora asociada y autora principal de la investigación, afirma: "Los riesgos en la salud de los adolescentes están influidos muchas veces por roles de género establecidos ya a los 11 años"

¿Esos roles no se han establecido partiendo de la base de la heterosexualidad servil como una obligación para todas? Kate Millett escribía en 1970: "El sexo reviste un carácter político que, las mayoría de las veces, suele pasar inadvertido. El dominio sexual es tal vez la ideología más profundamente arraigada en nuestra cultura, por cristalizar en ella el concepto más elemental de poder. La revolución feminista ha de trascender a la reestructuración política o económica mediante una verdadera "reeducación y maduración de la personalidad". Somos mujeres. Somos un pueblo sometido que ha heredado una cultura ajena".

En la escuela desde niñas y niños nos imponen como naturales la subordinación de la mujer y las leyes patriarcales. "El patriarcado se apoya sobre dos principios fundamentales: el macho ha de dominar a la hembra, y el macho de más edad ha de dominar al más joven. Quizá la mayor arma psicológica del patriarcado es, sencillamente, su universalidad y longevidad. El patriarcado tiene un poder tan tenaz y poderoso gracias a su exitoso hábito de hacerse pasar por naturaleza", escribió Kate Millett, autora que estudió a fondo el amor romántico.

"Hemos hallado que los niños y niñas a muy corta edad -desde en las sociedades más liberales hasta en las conservadoras- interiorizan muy pronto el mito de que las niñas son vulnerables y los chicos son fuertes e independientes", aseguran las autoras del estudio antes mencionado: este es el mensaje que se ha ido reforzando por cada persona, compañero, profesor, cuidador que vive en el entorno del pequeño o la pequeña".

Las investigadoras observaron que sus conclusiones coincidían con las de trabajos anteriores que aseguran que "durante la adolescencia, el mundo se expande para los niños y se contrae para las niñas". Una de las causas es que estas niñas ya han sido sumergidas en los mitos del amor romántico. A los 14 años, tanto los niños como las niñas del estudio ya tenían claro de que era el niño el que debía tomar la iniciativa en cualquier relación. Y en todos los casos, las jóvenes señalaron de forma constante que la apariencia física y sus cuerpos eran su activo clave, y que sufrían por ello.

Si el amor romántico y burgués es persistente, generación tras generación, es porque ni a la clase dominante ni a los varones les interesa dañarlo en lo más mínimo

Con esta educación que, como vemos, permanece realmente inalterable, se reproduce y perpetúa un constructo "amoroso" burgués creado como herencia del amor cortés y victoriano. Supuestamente el amor romántico ha ido cediendo terreno ante relaciones más liberadoras como el poliamor. Todas sabemos que no es así. Si el amor romántico y burgués es persistente, generación tras generación, es porque ni a la clase dominante ni a los varones les interesa dañarlo en lo más mínimo.

  • El amor romántico

Desde niñas, se nos marca, de fábrica, como heterosexuales, y se nos adiestra y prepara para el modelo heterosexual de servilismo sexual y emocional hacia los varones, modelo de hetero-realidad donde el amor romántico juega un papel fundamental. La imposición, desde niñas y durante la adolescencia, de la idealización del amor romántico, también nos ha afectado o afecta a todas las mujeres.

Esta idea patriarcal cumple además otra función: mantenernos divididas a las mujeres, porque está sustentada en la misoginia entre nosotras y hacia nosotras mismas. Esta idea interesada del amor implica que el resto de mujeres son nuestra competencia. Desde pequeñas nos enseñan a odiar a otras mujeres, y a odiarnos a nosotras mismas por no alcanzar nunca el ideal romántico de mujer. 

Lidia Falcón entrevistó en 1984 a Kate Millett en Nueva York. La entrevista salió publicada en el diario El País el 21 de mayo de 1984 con este rotundo titular, que parafraseaba a Marx: "Kate Millet: "El amor ha sido el opio de las mujeres".

 Lidia preguntaba a Kate: "¿Qué significa para ti el amor?" Kate Millett respondía: "Significa gran parte de mi vida. Conozco el amor heterosexual y el homosexual, y como lesbiana he conocido la persecución, la maledicencia y el maltrato. El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos. Entre seres libres es otra cosa".

En otras muchas ocasiones Kate Millett no dejó de denunciar la idea patriarcal del amor romántico: "El concepto del amor romántico es un instrumento de manipulación emocional que el macho puede explorar libremente, ya que el amor es la única condición bajo la que se autoriza -ideológicamente- la actividad sexual de la hembra".

La unión entre patriarcado y capitalismo se muestra en otro hecho innegable: el mito del amor romántico es un gran negocio. Aparte de los beneficios del cine, las series o la música, cada año las estadounidenses gastan más de mil millones de dólares en novelas románticas, el doble de los beneficios de la ficción literaria en ese mismo periodo de tiempo.

Resulta muy revelador analizar cómo la novela romántica ha ido cambiando desde los 90, para realmente no cambiar nada en el fondo. Estas novelas comenzaron a evolucionar hasta su forma actual, pretendiendo inculcar la idea de que el feminismo ya no es necesario, de que ya se ha logrado o está cerca la igualdad entre hombres y mujeres. Estos libros "románticos, feministas y empoderantes" nos presentan heroínas más complejas emocionalmente que las protagonistas de la novela romántica clásica. Y no dudan en representar a la mujer de hoy como una "heroína con experiencia sexual".

La violación ha ido siendo reemplazada por la "seducción forzada", donde el amor de la heroína por el héroe deriva de un encuentro inicial en el que el consentimiento es ambiguo en lugar de ausente

La violación ha ido siendo reemplazada por la "seducción forzada", donde el amor de la heroína por el héroe deriva de un encuentro inicial en el que el consentimiento es ambiguo en lugar de ausente. En el caso de novelas "eróticas": la mujer consiente… en ser maltratada y torturada, normalizando la humillación y la violencia sexual contra la mujer.

La novela romántica de hoy tiene mucha variedad, tratando de llegar a toda clase de mujeres. Hay subgéneros para todos los gustos: novela romántica histórica, contemporánea, inspiradora, adulta, joven, suspense romántico, y hasta novelas románticas paranormales. Entre sus protagonistas se encuentran, entre toda clase de "triunfadoras", mujeres ricas, jóvenes o mayores, mujeres ejecutivas, mujeres políticas, mujeres líderes. Por supuesto, en su inmensa mayoría, mujeres blancas, burguesas y hetersoexuales.La mayoría del feminismo ha descuidado estudiar y contrarrestar el enorme poder de la ficción romántica en millones de mujeres. No basta limitarte a decir que estas mujeres están alienadas.

Con la idea del amor romántico se nos enseña a odiar a la otra, la distinta, la diferente. Se nos adiestra para odiarnos. Nunca hay que olvidar lo que nos recordaba Kate Millett: "La imagen de la mujer tal y como la conocemos es una imagen creada por hombres y cosida a la medida de sus necesidades", ni hay que olvidar algo que las mujeres haríamos bien en recordar siempre: "Las mujeres ponen mayor empeño en mejorar sus relaciones con los hombres. Pero lo más importante es cambiar las relaciones entre mujeres".

No hay heterosexualidad obligatoria sin la idea metida en vena del amor romántico. Víctimas del amor romántico hemos sido o somos todas las mujeres, seamos heterosexuales o lesbianas. Cuánto sufrimiento se evitaría acabando con la heterosexualidad obligatoria de la que deriva el amor romántico.

  • La heterosexualidad obligatoria

La principal institución del patriarcado, como escribió Adrienne Rich, es la heterosexualidad obligatoria: una institución patriarcal que nos convence a todas las mujeres de que somos heterosexuales, y así se nos trata y considera desde niñas. Y además nos impone una forma muy concreta de ser mujer heterosexual.

A las mujeres se nos dice que tenemos que lograr que los hombres sean felices, que seamos algo deseable para ellos y que eso sea una prioridad en nuestras vidas. Rich analiza las consecuencias y constata que todas somos afectadas por la imposición de la heterosexualidad obligatoria.

Esta presión nos enseña que la heterosexualidad es la única opción que nos permitirá ser miembros exitosos de la sociedad. "Uno de muchos mecanismos de imposición es, evidentemente, el hacer invisible la posibilidad y existencias lesbianas, un continente sumergido que se asoma fragmentado de vez en cuando a la vista para ser hundido de nuevo".

Otro de los mecanismos de imposición es, obviamente, castigar a la mujer lesbiana de todas las maneras posibles, como nos recuerda Rich. "La lesbiana que no se disfrace se encuentra con la discriminación laboral y el acoso y la violencia en la calle. lncluso en instituciones de inspiración feminista, a las abiertamente lesbianas se las despide, y a las otras se les aconseja que se mantengan en la sombra". Al final el sistema patriarcal busca la asimilación de la mujer lesbiana imponiendo a todas la pasividad y la sumisión: "Refugiarse en la igualdad, en la asimilación para quien pueda con ella, es la respuesta más pasiva y debilitante a la represión política, a la inseguridad económica y a un nuevo levantar la veda contra la diferencia".

La crítica a la heterosexualidad obligatoria es una parte esencial del feminismo, porque afecta a todas las mujeres, seas lesbiana o no. Adrienne Rich escribió en 1980 su artículo 'Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana', tanto para las mujeres heterosexuales como para las mujeres lesbianas.

La heterosexualidad obligatoria no trata de si la heterosexualidad es innata o no, ni propone una lesbianidad obligatoria, sino que va mucho más allá. Rich sostiene que la heterosexualidad obligatoria es una institución política, una construcción social que nos obliga a todas a servir a los varones. Se adoctrina a las niñas en la primacía del "incontrolable impulso sexual masculino", y en que ese impulso irrefrenable es de la mayor importancia. Esto crea un clima donde los propios sentimientos sexuales de la mujer pasan a convertirse en secundarios para ella, dejando de ser importantes en su vida. "El impulso sexual masculino que todo lo puede y todo lo conquista, del pene-con-vida-propia, se enraíza en la ley del derecho sexual masculino sobre las mujeres que justifica la prostitución, como presupuesto cultural universal y defiende la esclavitud sexual dentro de la familia".

Adrienne Rich afirma que estamos socializadas para elegir la heterosexualidad debido a las estructuras que aseguran que los hombres dominen a las mujeres. Las mujeres no saben cuál es su verdadera sexualidad sin la influencia de las presiones de la heterosexualidad obligatoria. Si te gusta otra chica, otra mujer, y se lo confías a alguien, siempre alguien te dará una explicación ("Solo es amistad". "Es solo admiración"...), excepto que seas lesbiana.

Adrienne Rich escribió su artículo, según sus propias palabras "para contrarrestar la cancelación de la existencia lesbiana en tanta bibliografía feminista, cancelación que sentía (y siento) que tiene consecuencias no solo antilesbianas sino tambien antifeministas, además de distorsionar también la experiencia de las mujeres heterosexuales".

En su artículo, Rich no deja de recordarnos que se dirige tanto a mujeres lesbianas como heterosexuales. "Las feministas heterosexuales sacarán fuerza política para cambiar si toman una postura crítica ante la ideología que exige la heterosexualidad, y las lesbianas no pueden dar por supuesto que no nos afectan esa ideología y las instituciones que en ella se fundan". Así una mujer heterosexual puede haber escapado de los mandatos patriarcales de la heterosexualidad obligatoria mientras una lesbiana no. Si no comprendes esta frase no has entendido qué es esta institución patriarcal: una estructura de poder que moldea y daña a todas las mujeres: heterosexuales y lesbianas.

Obviamente la heterosexualidad obligatoria no afecta igual a una mujer blanca heterosexual que a una mujer negra lesbiana, sin embargo no hay mujer que no haya sido marcada a fuego con la heterosexualidad obligatoria desde su nacimiento, porque es una construcción social jerárquica que pone a las mujeres en desventaja. Nos sitúa en desventaja a todas las mujeres a la hora de tomar nuestras propias decisiones, como determinar nuestra sexualidad sin la influencia de lo que supuestamente tenemos que "elegir libremente": la heterosexualidad, la maternidad, buscar la aprobación y validación del varón, servir y satisfacer a los varones, sentirnos culpable si no lo logramos, etc.

Adrienne Rich es muy clara: "No escribí el artículo para ahondar divisiones sino para animar a las feministas heterosexuales a analizar la heterosexualidad como institución política que debilita a las mujeres, y a cambiarla. Esperaba también que otras lesbianas percibieran el vínculo con las mujeres heterosexuales".

Adrienne Rich cuestiona y desafía también a lo largo de su texto al feminismo de su época, críticas válidas y vigentes para parte del feminismo actual. "La investigación y la teoría feministas que contribuyen a la invisibilidad o a la marginación del lesbianismo trabajan de hecho contra la liberación y la potenciación de las mujeres como grupo".

Rich quería que el artículo sugiriera nuevas clases de crítica, que suscitara preguntas nuevas en las mujeres y que, al menos, esbozara un puente sobre el espacio vacío entre lesbianas y feministas. "No ser capaces de analizar la heterosexualidad como institución es no ser capaces de admitir que el sistema económico llamado capitalismo o el sistema de castas del racismo son mantenidos por fuerzas, entre las que se incluyen tanto la violencia física como la falsa conciencia".

El feminismo no puede permitirse más limitarse a tolerar el lesbianismo como un estilo de vida alternativo, eludir o excluir de facto a las mujeres lesbianas o a aludir a ellas formal y ritualmente

Hace ya mucho que es necesario que la crítica feminista de la heterosexualidad obligatoria sea reconocida como una parte real y esencial del feminismo. El feminismo no puede permitirse más limitarse a tolerar el lesbianismo como un estilo de vida alternativo, eludir o excluir de facto a las mujeres lesbianas o a aludir a ellas formal y ritualmente. Continúa Rich: "Las feministas lo que tienen que plantearse no es la simple "desigualdad de género" o el dominio masculino de la cultura, sino la imposición sobre las mujeres de la heterosexualidad como medio de garantizar el derecho masculino de acceso físico, económico y emocional a la mujer".

Para Adrienne Rich, que la mayoría de la literatura feminista todavía funcione bajo el paradigma de la heterosexualidad obligatoria, hace que sea un impedimento para nuestra liberación. Esta institución, junto a su gemela, la maternidad obligatoria, es el techo de cristal del feminismo que no va a la raíz de nuestra opresión. Un feminismo que no integre honestamente la crítica y la denuncia de la heterosexualidad obligatoria, es un feminismo cuanto menos limitado en su alcance, y por tanto en sus  efectos. 

Como escribe la feminista chilena, Andrea Franulic, "la heterosexualidad obligatoria es una institución política para mantenernos divididas y romper nuestros vínculos y mantener el servilismo de las mujeres hacia los hombres". Las formas de control de las cuales se sirve esta institución son la "la violación como sistema de dominio, maltratos, femicidio, la publicidad, cosificación, pornografía…". 

Para Adrienne Rich merece un análisis más profundo la doblez de pensamiento en que caen muchas mujeres y de la que ninguna mujer está jamás libre del todo. Advierte de que a pesar de las redes femeninas de apoyo, el adoctrinamiento en la credibilidad masculina puede provocar "crear castillos en el aire".

A pesar de relacionarse más con mujeres y del aprecio que una mujer concreta pueda sentir por los valores feministas, el adoctrinamiento en el prestigio masculino puede aún provocar que se acomode en su lugar dentro del sistema patriarcal, que cancele sus sentimientos, y entre en una profunda confusión intelectual y sexual.

Kate Millet escribió por su parte: "Dar el paso de cuestionar la heterosexualidad como "preferencia" u "opción" para las mujeres, y hacer el trabajo intelectual y emocional que viene después, requerirá una calidad especial de valentía en las feministas heterosexualmente identificadas. Pero creo que los beneficios serán grandes: una liberación del pensamiento, un explorar caminos nuevos, el desmoronarse de otro gran silencio y una claridad nueva en las relaciones personales".

Y Audre Lorde nos recordaba: "Se espera que las personas negras y del tercer mundo a los blancos para que reconozcan nuestra humanidad. Se espera de las mujeres que eduquen a los hombres. Se espera que las lesbianas y los hombres gay eduquen al mundo heterosexual. Los opresores mantienen su posición y eluden la responsabilidad de sus propias acciones. Hay un drenaje constante de energía que podría usarse mejor para redefinirnos e idear escenarios realistas para alterar el presente y construir el futuro".

Lidia Falcón preguntaba a Kate Millett en la entrevista citada anteriormente: "¿Es preferible el amor homosexual para las mujeres?" Kate Millett respondió: "Yo creo que para mí, como para otras muchas mujeres como yo en el movimiento, que amamos mujeres, fue algo tan natural como inevitable. La camaradería que fuimos forjando nos llevó a cruzar la barrera sexual simplemente. Pero sobre todo hay que pensar que el movimiento feminista debe mantenerse unido, y ello exige una redefinición del lesbianismo dentro del feminismo. Crear unanimidad y tolerancia entre homosexuales y heterosexuales y luchar por objetivos comunes. Vivimos una época en que no sólo el patriarcado, sino la heterosexualidad, están en vías de desaparición, por lo menos como los hemos conocido hasta ahora, que son verdaderas monstruosidades".

Catherine MacKinnon afirma que el trabajo de una mujer "depende de que pretenda no solo ser heterosexual, sino ser una mujer heterosexual que vista y desempeñe el papel femenino y complaciente que se requiere de las mujeres reales" ('Acoso sexual de mujeres trabajadoras: un caso de discriminación sexual', 1979).

Rich sostiene que el tratamiento a las mujeres en el lugar de trabajo es una influencia significativa de la heterosexualidad obligatoria en la sociedad, que las mujeres se sienten presionadas para ser heterosexuales prototípicas en el lugar de trabajo, y que esta presión también está presente en la sociedad en general.

Rich sostiene que el tratamiento a las mujeres en el lugar de trabajo es una influencia significativa de la heterosexualidad obligatoria en la sociedad

Radicalesbians escribieron en 1970 en 'La Mujer identificada Mujer' que para su autorrealización las mujeres han de elevarse mutuamente en lugar de ser complacientes con la opresión de los hombres. El propósito de las críticas de la heterosexualidad obligatoria no era ni es dividirnos a las mujeres en función de nuestra ‘orientación sexual’, sino todo lo contrario: unirnos en la causa común de valorarnos a nosotras mismas, en vez de permanecer desunidas al valorarnos por cómo somos definidas por los varones, o valorarnos por comparación o con respecto a ellos.

Kathleen Gough sostenía en 'El Origen de la Familia' (1973), que hay ocho características del "poder masculino en las sociedades arcaicas y contemporáneas: rechazar la sexualidad de las mujeres; forzar la sexualidad masculina sobre las mujeres; explotar el trabajo de las mujeres; controlar o robar sus hijos a las mujeres; confinar físicamente a las mujeres; usar a las mujeres como objetos para transacciones masculinas; negar a las mujeres su creatividad; y negar a las mujeres el conocimiento y los logros culturales".

45 años después, ¿podemos decir que ha desaparecido el poder masculino, o por el contrario siguen presentes estas manifestaciones de su poder en la sociedad actual?

El feminismo de la cuarta ola, si realmente quiere acabar con el patriarcado, tiene que tener seriamente en cuenta que la heterosexualidad obligatoria se utiliza para hacer que las mujeres dependan de los varones. No habrá liberación de las mujeres mientras se siga adoctrinando a las niñas para que cumplan los deseos y cubran las necesidades de los varones. No hay atajos: es imprescindible desmantelar las instituciones que perpetúan nuestra opresión para socavar definitivamente el sistema patriarcal y la supremacía masculina, y que las mujeres seamos, amemos y vivamos como seres libres.

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