Las anónimas que se hicieron un nombre

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Escribir es un acto de rebeldía y una declaración de intenciones constante. Hacerlo opinando y significándose en el espacio público, desnudando nuestra perspectiva ante el mundo, es, además, una profesión de cierto riesgo. Si a la ecuación le sumamos la variable de que la pluma sea una mujer, el escrutinio, la lupa y el listón escalan con la rapidez con la que el agua se retrotrae antes de un tsunami, para después golpear a todas aquellas escritoras que han hecho de su trinchera periodística un altavoz para la militancia feminista.

Cuando Carmen Magdaleno se abrió una cuenta de Twitter y Barack Obama, en aquel momento enfrascado en la campaña electoral para ganar las primarias de su partido, comenzó a seguirla, nunca imaginó a dónde llegaría su capacidad de influencia en la esfera virtual. Ella, que se define como "partisana en prácticas contra el sistema patriarcal", encontró en Twitter el lugar en el que expresarse y en el que crecer como referente de pensamiento crítico y como feminista.

"Escribimos para ser", dijo Magdaleno nada más sentarse en el sillón de piel blanca colocado en el Teatro Principal de Pontevedra en el marco de la segunda edición del foro As Mulleres Que Opinan Son Perigosas. Pero para ser, y para escribir, es necesario sentir y cuestionarse los discursos que nos han venido dados. Chocarse con la realidad y reconocer en ella que no todo es lo que parece fue la chispa que llevó a Carmen a empezar a jugar con las palabras, el teclado y la opinión.

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Carmen Magdaleno-Foto: Diputación de Pontevedra

"Yo nunca contemplé las redes sociales como algo más allá del entretenimiento hasta que caí en el abismo laboral". Las expectativas de encontrar un trabajo estable, remunerado y digno después del esfuerzo de una formación que incluye una carrera universitaria y un máster, se convirtieron en la utopía propia de la generación de la crisis. "Fue entonces cuando sentí una necesidad casi física de participar en la esfera pública, criticarla y opinar sobre ella". Hoy, la cuenta de Twitter de Carmen Magdaleno cuenta con cerca de 20,000 seguidores.

Para una feminista convencida como Carmen Magdaleno, hacer un desmenuce analítico de la actualidad y de la sociedad, pasa por poner blanco sobre negro todo aquello que atañe al sistema patriarcal, que está adherido a las paredes de todas las habitaciones en las que duermen la política, la economía, la cultura y las relaciones sociales. Y es ahí donde el discurso de Carmen y el de otras tantas feministas que opinan parece tornarse peligroso para según qué sectores. "En Twitter, el feminismo encontró un universo paralelo propio en el que los hombres no tienen espacio, que está fuera del sistema patriarcal". Un desahucio digital que frustró (y frustra) a aquellos que todavía creen que sus privilegios están por encima de los de la mujer.

En Twitter, el feminismo encontró un universo paralelo propio en el que los hombres no tienen espacio, que está fuera del sistema patriarcal

Durante su exposición, la escritora afirmó que, a la vista de lo conseguido, las redes sociales han demostrado ser algo más que una herramienta para ver memes y seguir shows televisivos. Tienen un poder empoderador y de creación de espacios que tradicionalmente han sido negados a las mujeres, "en los que podemos exponer nuestras reflexiones críticas" e incluso visibilizar y denunciar experiencias de acoso, que pasaron de ser testimonios individuales a grandes olas, convertidas en movimientos como el #MeToo. "Las anónimas, de repente, nos habíamos hecho un nombre" y así el ‘derecho al yo’ dejó de ser una cuestión de pelotas.

El miedo al movimiento feminista y a la capacidad de las mujeres de convertirse en personajes públicos "y además con éxito de audiencia" levanta picores y saca a la superficie trolls que se esconden entre las filas de la masculinidad tóxica. Carmen Magdaleno también sabe lo que es tener que lidiar con las consecuencias de ser opinadora en un ágora que recoge tanto lo mejor como lo peor de la sociedad. Una mujer que opina en redes se enfrenta al acoso, sí, como en la vida real, pero también a la crítica exacerbada y mordaz, "porque se nos exige ser excelentes", una reflexión que ya el año pasado había expuesto en As Mulleres Que Opinan la periodista gallega Fernanda Tabarés.

Con su artículo 'Machismo alfa en fase beta', Carmen Magdaleno consiguió viralizar su visión del mundo y decidió que ya era hora de convertirse en esa partisana que hoy es y se animó a centrar buena parte de sus opiniones en cuestiones de género. Y frente al paternalismo de los medios convencionales, "que repiten el discurso dominante" y no suelen ser ejemplo de paridad en sus firmas de Opinión, Magdaleno se reafirma en el poder de Twitter y de las nuevas esferas públicas digitales, en las que el feminismo y las mujeres tienen mucho que decir y muchos espacios que ocupar. "Más que hacer arder las redes, lo que estamos haciendo es bajarle los humos a muchos". Y eso es una carrera de fondo.

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