Antifascismo para salir del laberinto

“Estaría dispuesta a hacer de mujer fascista en una película antifascista, pero no de una mujer antifascista en una película fascista.”
Simone Signoret


Abramos de negro con un flashback:

Son los años 2000, quizá en algún momento circa 2003, el año en que la gala de los Goya sirvió de plataforma para un ‘No a la guerra’ dicho bien alto y claro por artistas que trasladaban a la televisada fiesta del cine español el clamor de todo un país echado a las calles para oponerse a la guerra de Irak, una guerra apoyada por el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar.

Frente a quienes apostábamos por la paz y nos alegrábamos de que nuestros representantes culturales lanzaran el alegato, estaban el Partido Popular y todos sus simpatizantes, que odiaron lo que allí pasó desde el comienzo y empezaron su particular guerra sucia contra cineastas, actrices y actores o productoras de nuestro país. Fue el nacimiento de un mito que llegó para quedarse y que ahora solo ha mutado de nombre: los ‘cuñadismos’, una ristra de pseudo-argumentos creados para desprestigiar a los miembros del cine español, a quienes se acusó, entre otras lindezas, de ‘subvencionados’ o ‘pelmazos de la Guerra  Civil’. Ya sabéis, las fosas de no sé quién, que diría Pablo Casado.

Un manido ‘Solo se hacen películas sobre la guerra’ fue de boca en boca y se disfrazó de chiste, contado hasta en las sobremesas más progresistas. Pero, sorpresa, era un bulo, porque en el período 2000-2010 solo un 1,4% de las 996 películas producidas se dedicaban a esa temática.

Una de ellas, en el año 2006, fue El laberinto del Fauno, donde el director Guillermo del Toro introduce con maestría la metáfora de la equidistancia ideológica, ese mantra de los cuñados. Lo hizo en la figura del Fauno, una criatura mitológica que representa una figura ambigua, que no es ni buena ni mala. La peli acaba bien, con Ofelia enfrentándose al Fauno, dándose cuenta de sus engaños y salvando a su hermano recién nacido con ayuda de los maquis. Fuera de la gran pantalla esa criatura equidistante aún no ha sido derrotada, sino que ha logrado el apoyo de otros monstruos. Por suerte, nosotras podemos ser Ofelia y combatir al Fauno con una poderosa arma: la cultura.

INT. PALACIO DE VISTALEGRE –DÍA (7 DE OCTUBRE DE 2018)

Santiago Abascal, 42 años, menos bajito que otros fascistas pero con la misma mirada totalitaria que el Capitán Vidal (el antagonista franquista de El laberinto...), escupe su discurso racista, machista y, en general, de odio, ante 10000 fanáticos nostálgicos, seguidores de las consignas ultraderechistas de Vox, un partido que hasta ahora nos había dado inolvidables memes, pero que ahora empieza a preocupar.

VOX
VOX / @Santi_ABASCAL

Tertulias en medios de comunicación, mentideros en redes sociales y charlas en bares esa misma noche y lugares de trabajo al día siguiente. Cualquiera que rechazara a Abascal y los suyos abordó el tema de conversación con preguntas sobre el tratamiento que la sociedad ha de dar a un político fascista, con el objetivo de evitar otra victoria del club de los Trump, los Le Pen, los Salvini y los Bolsonaro. Y entiéndase por sociedad no solo esos bares y esos lugares de trabajo, que también, sino todas las capas y las instituciones que conocemos. Eso incluye la cultura, a la que tristemente debemos suspender en la materia de Antifascismo, materia que nunca debió abandonar por un puñado de dólares.

Episodios Nacionales

Una mattina mi son' svegliato... Los fans de la serie La casa de papel son ahora capaces de reconocer la canción partisana Bella Ciao solo con su primer verso. En la ficción televisiva la entonan los personajes de Berlín y el Profesor, dos ladrones con los que el público ha empatizado, quizá porque el público es muy sabio y reconoce la crítica al capitalismo que esconde el atraco a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. La metáfora, pero también la introducción de elementos combativos es muy necesaria en las pantallas españolas, y llevaba tiempo sin ejercerse porque, de nuevo ya sabéis, “los extremos se tocan.”

Sacha Baron Cohen se ríe de esta misma frase en su nueva serie de no ficción, Who is America? En un episodio, ante las palabras de un ex sheriff de Milwaukee que opina que el antifascismo es malo, Baron Cohen le replica con el sarcasmo que le caracteriza: “Es una pena que no existieran sheriffs valientes como tú que defendieran a los fascistas en la Alemania de los años 30.” Y es que esta es otra de las grandes armas de la creación, el humor. Reírse del fascismo es sano e imprescindible, y si no que se lo digan a los presentadores de La Vida Moderna, el programa de la Cadena SER que ha conectado con nuestra juventud a base de retratar lo ridículos que son los fascistas patrios.

Pero si hace unos párrafos hablábamos de que nuestros productos culturales suspendían en Antifascismo era porque las cadenas y sus productoras dejan poco espacio a canciones de izquierdas como el Bella Ciao o a las críticas a la equidistancia ideológica. Usando el mando a distancia nos encontramos con demasiados cuñados y con muy pocos defensores de combatir al fascismo. ‘No puedes combatir lo que no existe’, debieron pensar los creadores de Velvet, la serie ambientada en la España de los años 50 y 60 en la que no se habla del franquismo. Una táctica de invisibilización que es desastrosa de todo punto y que responde a los deseos de la masa gris, que no se movilizaría ni aunque un Fraga resucitado volviera de entre los muertos como el zombie que siempre fue.

Suñer
'Lo que escondían sus ojos' / Mediaset

Otra técnica igual de terrible, o peor, es la romantización de los personajes de tan oscura época, como se hizo en Lo que escondían sus ojos, una miniserie en la que el ministro de Asuntos Exteriores franquista Serrano Suñer es retratado como todo un galán, apuesto e inteligente. Tal fue el glamour del que estaba dotada la serie que se les olvidó contarnos los encarcelamientos y sentencias de muerte que dictó el sanguinario ministro. Entre las reescrituras del guion también se debieron perder las vidas de miles de prisioneros españoles ejecutados por los nazis, en concreto por Hitler y Himmler, con los que Serrano Suñer se reunió para firmar dichos asesinatos. Ni una sola línea de diálogo, ni una sola secuencia para ilustrar los horrores cometidos por uno de los artífices de una dictadura que ya no podía escudarse en su excusa falaz del ‘todos pegaron tiros.’ No es lo mismo disparar un arma fascista que defenderse de ella.

Junto a estas dos técnicas, una tercera algo más sutil se cuela entre las rendijas de la pequeña pantalla, ya sea en telenovelas diarias, en comedias de situación o incluso en dramas de altísima calidad técnica y narrativa. Se trata de ridiculizar al militante de izquierdas, de presentarlo como un niño de papá, un progre cobarde, un fumeta fiestero o todas a la vez. Así lo hace la también miniserie El día de mañana, que por otro lado sí acierta en su visión cruel y sádica de la policía del régimen de Franco.

Un espía al servicio de Su Majestad Equidistancia

Si hablamos de cultura tenemos que hacer una mención especial a la literatura, que en algunas ocasiones es llevada al cine. Ocurrió con la obra de Javier Cercas Soldados de Salamina, en la que nos presenta ese mito de la guerra fratricida, con un falangista ‘bueno’ y una guerra que ‘estalla’ como si fuese un apagón de los plomos de tu casa, sin especificar que lo que se produjo para que ‘estallara’ esa guerra fue un golpe de estado contra el gobierno legítimo de la República.

reverte
Arturo-Pérez Reverte / Chidarta

Al carro equidistante tan útil para vender muchos libros más bien repetitivos y revistas con artículos más bien disparatados, se apunta también don Arturo Pérez Reverte, alguien que se ha descubierto como todo un señoro machista dueño y señor del lenguaje y de la visión revisionista de la historia. El escritor ha creado a Falcó, un personaje que tan pronto causa la admiración de las lectoras como tortura aquí y allá. No en vano, Reverte reconoció que él mismo quizá torturaría “depende de lo que tengas en juego, como todo en la vida.” Habría que explicarle que su protagonista, un espía franquista, ayudaba a llevar a cabo tareas del fascismo, que consistían en cargarse los principios de igualdad, libertad y fraternidad que son las bases de toda sociedad justa. No se puede presentar a un personaje malvado como alguien con su ‘corazoncito’. La cultura también tiene el deber de formar ciudadanas comprometidas que sepan distinguir a un ser humano de una escoria antidemocrática.

Fundido a negro y créditos finales

Necesitamos urgentemente creaciones que desbanquen a una industria plagada de hits comerciales que prefieren hablar de temas burgueses y problemas del primer mundo, o que en el peor de los casos son capaces de blanquear el fascismo con tal de que cierta parte de la audiencia también les aplauda. Atrás quedan grandes ejemplos de lucha valiente como Ay, Carmela, Libertarias, La voz dormida o El laberinto del fauno, con nuestra Ofelia descubriendo que el futuro es antifascista. Adelante queda todo lo que tienen por hacer las heroínas y los héroes a quienes nuestros enemigos denostaron durante todo este tiempo, como se hizo con el músico y ahora director Fermín Muguruza, que estos días estrena su película de animación Black is Beltza. Heroínas y héroes que escriben, que realizan o que musicalizan las banderas que sí se han de agitar: feminismo, antirracismo, antihomofobia, amor donde otros ponen odio. En resumen, antifascismo, la bandera más importante en la que se ha de envolver la cultura si quiere salir del laberinto en el que le ha metido el monstruo del Fauno equidistante.

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