Aullidos

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He visto a las mejores mujeres de su generación destruidas por la locura,
golpeadas, maltratadas, castradas, castigadas,
arrastrándose por las calles al amanecer en busca de un hombre inexistente,
yonkis de un amor brutal y miserable,
mujeres con corazones de ángel ardiendo por una antigua conexión,
con su energía disipada por la maquinaria cruel del capital,
qué pobres y ojerosas y humilladas y explotadas y jodidas, llenas de ansiedad,
pasaron la noche solas, madres solteras en la oscuridad sobrecogida
de pisos de agua fría, 
flotando sobre la culpabilidad inyectada, en su tierna y dolorida infancia,
abusos sexuales, vestidos, ridículas a la fuerza, palizas por decir no,
que desnudaron sus almas ante el varón y vieron ángeles demoníacos
abalanzándose sobre ellas, para tirarlas al suelo, patearlas, violarlas,
que fueron expulsadas de colegios de monjas y cirios y orinales,
institutos con bandera y guardias para que no entraran 'las gitanillas',
que pasaron por las universidades temblando por dentro, indómitas por fuera,
sus mentes formidables mancilladas, despreciadas, postergadas,
sorteando maestros y mentores perfumados de olor a libros y poetas,
enamorándolas para follárselas en mesas rebosantes de exámenes, 
despachos polvorientos de aventuras, solo coño y tetas y secretos,
frustración profesional política amorosa sexual,
que se fueron en busca de la vida, llenas de luz amor sombra y soledad
que adoraron resplandecientes coños de la resistencia lésbica, 
soñaron ser San Francisco, The Furies y la tragedia francesa de Beauvoir,
y entre las maestras de la guerra, las Panteras Negras,
lucharon en primera línea, en la lucha de clases, en la lucha de sexos,
en la lucha de amantes,
que un día regresaron y fueron expulsadas de la academia por locas, por publicar
obras feministas, marxistas, vivas, denunciando a gritos la traición,
la cobardía, el machismo atroz
de los destacamentos de vanguardia de la clase obrera,
que obscenas, desnudas en las ventanas de la vida y sus suburbios,
susurraron palabras de amor a otras mujeres, y se acurrucaron follándose, 
en habitaciones de pisos compartidos y comunas separatistas,
recitando versos de Adrienne Rich, Audre Lorde, Ulrike Meinhof,
francotiradoras disparando a quemarropa a sus sostenes, su dinero, su carrera, 
y escuchando los gritos de terror,
a través del muro de la celda abarrotada de su prisión,
que fueron detenidas, encarceladas, torturadas, violadas 
por policías con medallas al mérito policial,
y sufrieron acoso, boicot, ostracismo por no callar, no ser sumisas, no ser buenas,
que comieron con asco pollas en pensiones de mala muerte, autos de cuarta mano,
o bebieron lejía aguada,
porque no se decidían a ser Sylvia Plath, Virginia Woolf, Alfonsina Storni,
o Ulrike Meinhof, periodismo político militancia lucha armada,
que cayó aislada paredes blancas, techo blanco, suelo blanco, tortura blanca,
colgada, suicidada por el estado en su celda
de una cárcel de alta seguridad, muerte, tortura,
muerte en vida, muerte, crímenes, asesinato humillación,
que sometieron sus coños a la ley seca, noche tras noche
de soledad por no ceder, no rendirse nunca, sueños rotos, pastillas,
alcohol, hachís, pollas violadoras, manos violadoras, lenguas violadoras
pesadillas que despiertan y danzas en torno al fuego,
incomparables coños, orgasmos, relámpagos en el clítoris,
en tren y ferry hacia las islas de Grecia, Lesbos iluminando todos los viajes posibles,
que conocieron otras realidades comiendo y lamiendo coños como si no hubiera mañana, manjares de las diosas, amaneceres desde los tejados de Xauen,
barrios de escaparates con putas, Amsterdam, la ciudad libre de Christiania,
barrios chinos del mundo hundíos,
putas con abrigos de piel y lencería, y pintoras del Montmartre,
paseos por la arena de playas desiertas cogidas de la mano o abrazadas,
bajo la luz de neones parpadeantes,
que se hundieron toda la noche frente al espejo, y con suerte salían flotando
y se sentaban a lo largo de tardes de cerveza sin gas,
con lágrimas por la falta de autoestima, me quiero,
inseguridades escuchando el crujir de la misoginia en las esferas
de cristales sucios de poder,
que hablaron sin parar frente a un batallón perdido de odiosos machistas-leninistas,
comumachos, anarcomachos que monopolizaban todas las asambleas mixtas,
gritando, vomitando, susurrando hechos y sufrimientos y recuerdos
y deseos porque lo necesitaban, en Asambleas de Mujeres, separatistas al fin,
que escucharon y escucharon y escucharon y tuvieron que viajar a Londres, pedir prestado a quien no le sobraba, hacer caja común, cajas de resistencia,
porque finalmente las burguesas, sus jefas, dirigían hospitales, y cárceles, y guerras,
y todas se divorciaban, tomaban la píldora legalmente, abortaban a plazos,
inteligencias perdidas, expulsadas que se desvanecieron en la nada
o en todo exilio interior, belleza feminista, síndrome de abstinencia del amor,
amor sin pedir nada, o del amor casi todo, compañeras,
que fueron a las primeras manifestaciones de lesbianas, lo fueran o no,
por las muchas que no podían arriesgarse a que las reconocieran
y las pegaron, aullaron de rodillas por los porrazos
y fueron arrastradas por los grises, marrones, azules, detenidas
blandiendo pancartas, condones violetas contra el sida, dildos horribles,
puños cerrados, triángulos vaginas y manifiestos, tiradas por lo pelos,
que se dejaron follar por el culo por sus novios y gritaron de dolor mucho
y placer poco,
y finalmente no quisieron ser ni amas ni esclavas ni sádicas ni masoquistas,
que mientras llegaban nuevos siglos sin que las mujeres fueran libres
chuparon y fueron chupadas por políticos que supervisaban las nubes,
santas y putas y vírgenes y ninfómanas y feminazis y frígidas,
que follaron en la mañana, en las tardes, en las noches y en el patio de atrás,
caricias de amor lésbico en todos los malecones del mundo,
y en los parques públicos y en catedrales detrás de las columnas, en los altares,
y desayunaron con putas, las amaron, conocieron sus almas,
buscaron trabajo, cuidaron sus hijos, compañeras, amigas, queridas camaradas
que lucharon por abolir la prostitución y las llamaron putófobas y monjas,
y las llamaron puritanas cuando quisieron dinamitar
la industria de las violaciones filmadas, también el alquiler
de úteros en la esclavitud legalizada,
que empezaron a hablar de asesinatos machistas, feminicidios, violaciones,
que leyeron ávidamente, difundieron a todas las escritoras feministas
marxistas y radicales y lesbianas y separatistas y hasta SCUM,
que escucharon a las feministas buenas decirles desde sus tronos de cristal
que se callaran de una vez, que dañaban al feminismo,
que las insultaron por tener hijos, por no tenerlos,
por tenerlos solteras, por no formar familias burguesas, qué egoístas,
que siguieron saliendo a la calle año tras año,
que estuvieron muchas veces solas,
que estaban a punto de rendirse sin rendirse jamás, 
que casi se rinden sin saber que el baqueteo y las olas preceden a la mar brava,
que decían que habían perdido derrotadas burladas, ridiculizadas
que quisieron enterrarlas, sin saber que eran semilla,
que descubrieron atónitas, extáticas, insaciables,
que las mayores revoluciones son las más silenciosas,
que había llegado sin avisar la madre de todas las victorias,
que no, que no, que no tenemos miedo,
¡que no!

 

Nota: versión feminista del poema 'Aullido', de Allen Ginsberg. 

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