La barbarie de la ablación narrada desde las vísceras

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Beryl Magoko es una joven promesa del cine keniano que se propone llevar a cabo dos acciones tan valientes como complementarias. Por un lado, someterse una intervención quirúrgica para  la reconstrucción de su clítoris al haber sufrido la Mutilación Genital Femenina (MGF) a la edad de 10 años, y por otro, ponerse detrás de la cámara para contar y compartir un proceso que no fue fácil desde su planteamiento hasta la toma de decisión final. El resultado es In search, un documental que se proyectó ayer en la Sección Oficial - Panorama del Docs Barcelona, donde compite con otras 16 cintas para alzarse con el Premio Nuevo Talento.

Nos encontramos ante un relato que nos acerca de lleno a la masacre de la MGF con una ingeniosa perspectiva. Desde su experiencia íntima y personal, la cineasta acierta en enfocar una tragedia de alcance global sin demasiadas estridencias melodramáticas, aplicando un tratamiento irónico e inteligente, mediante el cual se permite usar el humor hasta en los pasajes más duros. El documental de Beryl Magoko logra con destreza transformar una película, cuyo tema central es un drama humanitario universal, en una herramienta pedagógica efectiva que cumple una triple finalidad: disuadir a las chicas y sus familias de que opten por los Ritos de Paso Alternativos (ARP), que ya se están llevando a cabo en muchas comunidades para evitar el momento de la ablación; convencer a aquellas mujeres adultas que se encuentran en su misma situación de que anclen su sentimiento de culpabilidad y viren hacia la reconstrucción de sus clítoris, pues es el fanatismo de un sistema retrógrado-patriarcal y no ellas lo que les arrebató sádicamente su inocencia a edad muy temprana, sus cuerpos y su derecho a sentir placer sexual; y por último, dar a conocer las graves secuelas que provoca esta barbarie a miles de mujeres en todo el mundo.

La directora expone su anhelo de hallarse a sí misma que se refleja como un espejo en las chicas a las que entrevista, donde encuentra la motivación para superar el muro de sus miedos más profundos a fin de conseguir esa plenitud que ansía interiormente, pero a la vez proyecta una autoculpa asociada al dolor visceral que palpita en las charlas con su madre y en la vuelta a sus raíces, donde se topa con el freno que menoscaba cada paso que da en el tránsito hacia su bienestar. 

Esta doble búsqueda resulta una puesta en escena interesante, pues la investigación que la documentalista pretende llevar a cabo en el filme contrasta eficazmente con la disyuntiva emocional que autodescubre a medida que progresa y que se ve incrementada por la aparición de unos sentimientos tan encontrados como imprevisibles para ella. Dichas sensaciones confrontadas conforman el leitmotiv de este filme, que consigue exitosamente cautivar con su historia al espectador, convirtiéndolo en testigo y cómplice de sus inquietudes durante todo el metraje.

Cuando Beryl era una niña, esta práctica estaba generalizada y a la mayoría de niñas de 5 a 10 años las hacían pasar por un doloroso trance que las estigmatizaría de por vida. En la actualidad, entre el 20% y el 50% de las mujeres son sometidas a la MGF en Kenia. El porcentaje ha disminuido considerablemente gracias a la presión ejercida durante años por ONG's, médicos y juristas en el territorio, y a que se aprobara la ley (2011) que condena esta violación de los Derechos Humanos hasta con cadena perpetua. 

Pero queda mucho por hacer. Según datos de Plan Internacional, el mismo intervalo porcentual de Kenia, que sigue siendo catastrófico por mucho se haya avanzado, lo encontramos en Senegal, Guinea Bissau, Liberia, Costa de Marfil, Nigeria, Chad y República Centroafricana. Aunque lo más duro de aceptar es que todavía en países como Egipto, Sudán, Somalia, Eritrea, Mali y Sierra Leona, el 80 por ciento de las mujeres son sometidas a la práctica de la ablación, territorios donde lamentablemente parece no confluir en exceso la intervención de organizaciones humanitarias. 

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