Bután, un país contra el cambio climático

Situado entre India y China se encuentra el terreno montañoso de Bután, un pequeño reino de 800.000 habitantes que puede presumir de ser el único país del mundo que hace retroceder el cambio climático. Gracias a sus bosques, que ocupan el 72% de un territorio de tamaño similar al de Suiza, Bután absorbe tres veces más de dióxido de carbono del que produce.

El respeto al medioambiente es un tema de estado refrendado en su ordenamiento jurídico donde las leyes dictan que al menos un 60% de la superficie del país debe estar ocupada por la vegetación. De esta forma se limitan los excesos en las explotaciones agrícolas, y sobre todo, el comercio de madera, que podría ser muy lucrativo para las arcas públicas pero letal para el ecosistema. "La tentación de echar mano a nuestra riqueza forestal era grande pero hemos pensado más a largo plazo", asegura Dasho Paljor Dorji, miembro de la Comisión Nacional para el Medioambiente en declaraciones a la agencia AFP.

El turismo es otro de los factores perniciosos para la llamada huella de carbono, pero mientras en otros lugares se ha convertido en una industria masiva sin ningún tipo de regulación, en Bután está grabado con un impuesto de 250 dólares por persona y día, una cifra nada desdeñable que disuade la tentación de muchos viajeros.

El transporte, la gran asignatura pendiente de la administración, es su principal fuente de contaminación, y por ello, el Gobierno ha puesto en marcha un plan quinquenal con el que pretende reducir la importación de combustibles fósiles y multiplicar el apenas centenar de vehículos eléctricos que circulan por sus tranquilas carreteras.

A pesar de los significativos esfuerzos para mantener la sostenibilidad medioambiental, el clima es una cuestión global y ni siquiera aquí están a salvo de las consecuencias del cambio. En 2018, la temperatura ha superado los 30 °C, una cifra insólita por estos lares que provoca el deshielo de los glaciares, cambios en la agricultura o enfermedades transmitidas por los mosquitos, un insecto que hasta no hace mucho tan solo era un visitante ocasional en Timbu, la capital del país.  

A unos 80 kilómetros de allí, en el distrito de Punakha, los trabajadores se afanan en la construcción de una de las diez centrales hidroeléctricas que el estado planifica levantar en los próximos años para afianzar la gran industria nacional. La venta de este tipo de energía, principalmente a la India, representa el 32,4% de sus exportaciones y el 8% del PIB, pero la construcción de grandes represas se ha convertido en un enemigo de peso para la biodiversidad, evitable si la comunidad internacional respetara sus compromisos.

En 2016, las naciones más ricas del Foro Verde para el Clima de las Naciones Unidas se comprometieron a destinar 100.000 millones de dólares para apoyar las medidas de adaptación y mitigación del cambo climático en los países en desarrollo. Por entonces, la fecha límite fijada fue el 2020, pero la dependencia de los fondos privados está poniendo en serio riesgo el cumplimiento de los acuerdos. "Creo que la contribución de Bután a la comunidad internacional, manteniendo intacta su huella de carbono y su naturaleza lo más virgen posible es formidable. Vale la pena apoyar nuestra causa y deberíamos ser recompensados por ello", concluye Dasho Paljor Dorji.

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