Carecas do Brasil, los nazis brasileños afrodescendientes

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Su lista de odio es larga: punks, anarquistas, comunistas y drogadictos no son del agrado de los llamados Carecas, grupos de extrema derecha, de ideología nazi, que en los últimos años han experimentado un importante crecimiento en algunos territorios de Brasil. Sucedió durante los gobiernos izquierdistas de Lula da Silva y Dilma Rousseff, cuando encontraron el caldo de cultivo idóneo para difundir su doctrina y captar nuevos miembros.

Aunque parezca imposible que el dogmatismo supremacista pueda llegar a germinar en un país con tan amplia diversidad étnica, los Carecas han conseguido sortear el obstáculo admitiendo entre sus filas a personas negras. Aquí radica la única diferencia con otros grupos de extrema derecha brasileños que sí hacen proselitismo sobre la dominancia de la “raza blanca”, posicionándose frontalmente contra los afrodescendientes, una comunidad que ha ido aumentando su presencia en grandes ciudades como Río de Janeiro o São Paulo debido al flujo migratorio desde las urbes más empobrecidas. En todo lo demás, los nazis racializados y los nazis blancos son igual de violentos y peligrosos.  

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Carecas do Brasil

La expansión del nazismo en Brasil es incluso anterior al ascenso al poder de Adolf Hitler. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, casi 90.000 inmigrantes alemanes encontraron acomodo en el gigante suramericano, entre los cuales unos 3.000 se afiliaron al por aquél entonces incipiente Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes. En paralelo, el periodista y filosofo Plínio Salgado fundó la Acción Integralista Brasileña (AIB), para atraer a los ultras de otras procedencias, debido a que los nacionalsocialistas solo aceptaban a germanos de nacimiento. La AIB llegó a contar con entre 600.000 y un millón de simpatizantes, y aunque su presencia en el espacio público fue diluyéndose durante la dictadura de Getúlio Vargas, encontraron un salvoconducto con su refundación, primero en el Partido de Representação Popular y más tarde en ARENA, manteniendo intactos los principios fundamentalistas cristianos y una aversión recalcitrante por el comunismo y el liberalismo.

Durante las décadas de los 50, 60 y 70 estuvieron vagando por la cuerda floja de la desaparición hasta que en los años 80 surgieron los Carecas, para recuperar un ideario del odio que se extiende ahora por todo el país; los Carecas do Subúrbio en los barrios periféricos de São Paulo, los Carecas do ABC en el cinturón industrial de Santo André, São Bernardo do Campo y São Caetano do Sul, y los Carecas do Brasil en el estado de Río de Janeiro.

Carecas se puede traducir como “cabeza rapada” y además de todo el espectro de la izquierda también mantienen un conflicto permanente con otras organizaciones ultras que defienden el supremacismo blanco, como Blood & Honour, Kombat Rac, Front 88 e Impacto Hooligan, todas ellas de procedencia extranjera, pero con importantes filiales en Brasil.

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Carecas do Subúrbio

Los Carecas han protagonizado diferentes episodios violentos que le han granjeado cierta popularidad entre los sectores más exacerbados del país. Especialmente recordado es el asesinato el 6 de febrero del año 2000 de Edson Neris da Silva, que fue linchado hasta la muerte en la Plaza de la República de São Paulo. Edson tuvo la malo fortuna de toparse con 18 de estos nazis cuando iba paseando de la mano con su pareja Darío Pereira, por una zona muy frecuentada por la comunidad LGTBI de la ciudad.

La irrupción de Lula da Silva sirvió para aumentar la presión policial sobre estos grupos, pero a su vez supieron utilizar la presencia de un izquierdista en la jefatura de país para diseminar aún más el miedo apocalíptico a una supuesta deriva comunista, en una época donde el socialismo había alcanzado el poder en varias naciones de América Latina.

Ahora, tras el ascenso del ultraderechista Jair Bolsonaro, las organizaciones en defensa de los derechos humanos alertan de un fortalecimiento de los Carecas, que han encontrado en el actual presidente a su mejor y más importante aliado. Aunque Bolsonaro ha mostrado en más de una ocasión un intenso rechazo hacia la comunidad afrodescendiente, sus ideas homófobas, machistas y ligadas profundamente a la interpretación más conservadora de la religión, han sido los puentes que le han valido el apoyo de los nazis brasileños.  

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