Cateta con clase

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“Siempre he creído que todo aquello que no eliges es lo que te define: tu ciudad, tu barrio, tu familia... Son cosas de las que la gente de aquí se enorgullece” (Gone Baby Gone, Ben Affleck)

  • 41770

Cuando un cordero nace se le realiza lo que se llama la identificación de ganado. Le queman en el lomo un número identificativo a partir de fuego vivo.
Cuando un ser humano nace lo empadronan. Le queman (sin que se note) en el lomo con un número identificatico a partir de fuego vivo: el Código Postal.

El 41770 es el que me marcaron a mí, un pequeño pueblo perdido en la Sierra Sur de Sevilla donde no hay ni una sola librería y donde la biblioteca pública se utiliza para todo menos para lo que es. Por no hablar de cines y espacios destinados a la cultura.

Cuando en 2017 ingreso en la universidad y me traslado a vivir a la ciudad me doy cuenta de que no me parezco en nada a la mayoría de gente que está allí. Gente que ha viajado por Europa más que yo (y eso que he viajado bastante), con estudios en colegios bilingües, gente que entiende de cine y gente radicalizada de izquierdas hasta en la ropa que llevaban. Es el Código Postal. Me sentía una auténtica inútil. Es lo que pretende el sistema, que te auto culpes de tus no logros sin analizar las condiciones sociales que te rodean. Si al nacer me hubieran marcado con el 41011, el barrio más pijo de Sevilla, no me hubiera sentido así.

El sistema pretende que te auto culpes de tus no logros sin analizar las condiciones sociales que te rodean

En mi casa nadie leía. No recuerdo haber visto a mis padres con un libro en la mano. Aunque esto sea así, mis padres no son unos incultos. De hecho, no creo que exista nadie que sepa más datos curiosos del mundo que mi padre. O que me diera mejores clases particulares de matemáticas y lengua de la ESO que mi madre.
En la universidad me encontraba con hijos de médicos, profesores y demás profesiones cualificadas mientras que mis padres casi no habían terminado el instituto aun habiendo nacido en los 80’s. ¿Cómo se politiza una chavala corriente viviendo en este contexto? No se politiza. A no ser que tengas suerte, como me pasó a mí. Esa suerte se llama Justicia Social.

  • Cateta 

Un día, en 2014, me topé con un video de La Tuerka. No entendí nada de lo que decían, pero fue el primer contacto con la política que tuve en mi vida. Sentía que no hablaban el mismo idioma que yo. Analizaban libros y películas desde una óptica que no comprendía: la batalla cultural. A mi no me servía de nada eso que decían de que House of Cards era una serie a tomar nota (aunque ahora sí). Yo quería dejar de ser lo que mal llaman ser una cateta. Entonces lo comprendí; las condiciones materiales. Lo que impedía que yo progresara intelectualmente como otros jóvenes de otros puntos de España, o incluso de mi pueblo, eran las condiciones materiales. Era una cateta, pero una cateta con conciencia de clase, lo cual es mucho más poderoso que haber analizado cientos de series y películas del mundo intelectual. Desde ese momento nunca volví a percibir el mundo de la misma forma.

  • La clase

27 de octubre del 2020, el Gobierno sube el impuesto de sociedades, de patrimonio y el IRPF para grandes fortunas. Liberales y fascistas lloran por igual. Los programas televisivos mañaneros al servicio de las grandes multinacionales arden abriendo con lo mismos tópicos: impuestos a las clases medias. Yo nunca he visto a alguien de clase media ganando 200 mil euros al año, no sé ustedes.

Sin duda el triunfo del sistema es que gente a la que le cuesta llegar a fin de mes se asuste por estas medidas porque Susana Grito o Ana Rosa Quintana dicen que "la clase media bla bla bla”. El término clase media es un concepto ideológico, no estructural. Un invento dado desde la sociología americana porque no les quedaba otra que reconocer que las clases sociales y el antagonismo (lucha) de clases existe. Pero no pueden asumir la contradicción bipolar de burguesía y clase trabajadora. 
Tener Netflix y poder consumir las mismas series que Ana Patricia Botín no te hace clase media. Necesitas Netflix para creerte clase media. El discreto encanto de la burguesía.

Tras la noticia, decenas de twitteros con grandes rentas se quejaban de ello. Por ejemplo, el futbolista del Granada Club de Fútbol, Roberto Soldado. El futbolista no se quejó cuando el pasado 22 de octubre el Ayuntamiento de Madrid con Almeida al mando izaba una bandera de 25 metros de mástil, 75 metros cuadrados y 11 kilos de peso comprada con dinero público. 50 mil euros gastó Almeida en el año 2019 en banderas. Con dinero público, claro. Mientras, hospitales públicos colapsados porque no se contratan más sanitarios. Aquí los liberales no se quejan. Es otra cosa lo que les jode.

Lo que les jode a los liberales no es simplemente la subida de impuestos, lo que realmente les jode es que esos impuestos vayan destinados al bienestar de la clase trabajadora

Lo que les jode a los liberales no es simplemente la subida de impuestos, lo que realmente les jode es que esos impuestos vayan destinados al bienestar de la clase trabajadora. Cuando el Estado rescata empresas privadas con dinero público nadie se queja, pero si ese dinero va destinado a la educación del hijo del trabajador, sí.

Lo que les jode es que el hijo del trabajador vaya a la universidad pública y compita con sus hijos. Que gente como yo, o como tú, que estas leyendo esto, te formes. Que gente con conciencia de clase y posiblemente sindicalizada pueda llegar a competir en el mercado con los hijos de gente de bien y cambien las tornas. Así que a pagar, que mis becas para que pueda estudiar igual que el hijo del pijo de La Moraleja no se pagan solas. Porque sin becas posiblemente no estaría aquí, escribiendo esto ahora mismo. Sin becas, posiblemente, aun habiendo visto mil videos de La Tuerka o Fort Apache no podría haberme formado por mi cuenta y leer porque tendría que haber empezado a trabajar de lo que fuera y no tendría tiempo, como mis padres. Sin becas, el puto Código Postal habría decidido mi futuro. Y no nací en Hortaleza o el Barrio de Salamanca, nací en un sitio que no sale en los periódicos, pero del que una está orgullosa y del que solo se puede disfrutar si existe la Justicia Social. Así que callen y paguen.

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