El turismo obliga a cerrar la playa tailandesa de Maya Bay

Tres años después del taquillero éxito de 'Titanic', Leonardo DiCaprio, convertido para entonces en una superestrella internacional, fue elegido para protagonizar 'La playa' ('The beach'), una película sobre un joven mochilero que viaja a una playa de Tailandia donde reside una comunidad de hippies alejados del mundanal ruido del turismo.

La cinta fue dirigida por Danny Boyle, que solo cuatro años antes se había consagrado como uno de los directores más importantes del cine británico gracias a 'Trainspotting', el relato de cinco jóvenes británicos de verborrea disipada y su apasionada relación con las drogas.

A pesar de que todos los elementos profetizaban buenos augurios, 'La playa' fue machacada por la crítica y a la decepción de no ganar el Oscar por salvar a Kate Winslet de las frías aguas del Atlántico Norte, DiCaprio tuvo que sumar el mal trago de ser nominado a peor actor en los premios Razzies. Su travesía por la taquilla fue, sin embargo, bien distinta, y es que el angelino atraía a millones de adolescentes a las salas como si fueran mosquitos enamorados de la luz.

Aquella playa que deslumbraba por su belleza en la gran pantalla se llama Maya Bay, está situada en la isla tailandesa de Koh Phi Phi, en el paradisíaco mar de Andamán, y tras el estreno de la cinta fue forzada a soportar un flujo turístico que llegó a alcanzar picos de 6.000 personas cada día. Lo que en la ficción se mostraba como un reducto a salvo de las grandes aglomeraciones se convirtió en la vida real en un parque de atracciones colonizado por la huella destructora del ser humano.

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La playa-20th Century Fox

El pasado mes de junio, las autoridades del país anunciaron la clausura de la misma, en un intento por regenerar el ecosistema natural, pero los cuatro meses de cierre anunciados en un primer momento no han sido suficientes. "Necesitamos un año, dos o puede que más" asegura Songtham Sukswang, director de la Oficina de Parques Nacionales en declaraciones a la agencia Reuters.

La presencia constante de embarcaciones y su efecto pernicioso sobre los arrecifes de coral, y la proliferación de comercios para abastecer la demanda creciente del turismo son los causantes que han propiciado la degradación de la zona hasta límites cercanos a un punto irreversible. "Si me preguntas si es tarde para salvar la isla, la respuesta es no. Pero si no hacemos algo hoy, será demasiado tarde", concluye Sukswang.

Para los expertos conservacionistas, la decisión del cierre indefinido debería haberse tomado mucho antes, pero el turismo supone el 12% de la economía nacional y las autoridades tailandesas no querían poner en riesgo los 72.000 millones de euros que los visitantes dejan cada año en las arcas de este país asiático.

El turismo se ha convertido en el principal motor de la economía, pero la masificación  resulta contraproducente a largo plazo. En 2016, también en Tailandia, tuvieron que clausurar la isla de Koh Tachai, dejando abiertos únicamente dos puntos de buceo de acceso controlado.

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