Ruben (no verificado) , Vie, 09/11/2018
El artículo es interesante pero creo que debo dar mi opinión respecto al titular de la noticia y algún otro detalle más. Cuando se afirman conceptos como estos estamos dando fuerza a un imaginario perpetuado por las élites, sean religiosas o políticas. Esta imagen construida, a partir del modernismo, quiere domesticar y racionalizar argumentos como "eran pobres viejas", "hacían el mal", "esto ahora lo explica la Ciencia", “ eran curanderas, no brujas” es una muestra más del miedo que el patriarcado tiene aún asociado a la brujería. No es un movimiento social feminista, es más bien una rebelión al orden simbólico imperante y la oposición que representa. Convertir a las brujas y brujos en mártires no deja de ser una manera de negar su poder. La imagen de la bruja y el brujo está construida a lo largo del tiempo sobre un portal en el que la sociedad proyecta su temor y su deseo. La bruja o brujo había sido siempre aquella persona que vivía sola, que sabía maldecir y también sabía curar. La gente cuando tenía una enfermedad, o problemas con los rebaños acudían a estas personas. Es cuando empiezan a aparecer las figuras de los médicos y cada vez se hacía más fuerte la doctrina católica, que perseguía a todo aquel o aquella que no seguía lo impuesto: era acusado de herejía y pacto con el diablo, “renegaban del dios cristiano y hacían maldades como asesinar niños entrando a las noches por las rendijas de las puertas.”
La iglesia quería atesorar todo el poder posible y quiso quemar todo el conocimiento antiguo que tenía que ver con estos cultos mistéricos que muchas veces estaban ligados al ámbito femenino, aunque esto no quiere decir que los hombres no les persiguieran. El cristianismo cuando podía asimilaba y cuando no, aniquilaba.

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