La distopía de la sanidad en Estados Unidos

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“Enfermo-ayuda. Enfermo-ayuda”, repetía Denzel Washington en John Q, una icónica película de principios de los 2000 donde el actor neoyorkino interpreta a un padre desesperado en lucha contra el sistema sanitario que se niega a costear el tratamiento médico de su hijo.

El axioma enfermo-ayuda debería ser considerado de necesidad irrefutable, pero la realidad es que en un gran número de países, la salud de sus ciudadanos, muy lejos de ser asunto de estado, supone un negocio multimillonario para unos pocos bolsillos que hacen acopio de riqueza con el bienestar ajeno.

En los Estados Unidos, epicentro mundial de la vanguardia capitalista, la sanidad es una de las mayores industrias del país, con un volumen de negocio que supera los 3.000 millones de dólares al año.

El 42% de los enfermos de cáncer se dejan sus ahorros durante los dos primeros años de tratamiento y el 62% contraen deudas para el resto de sus vidas

Las facturas médicas son la primera causa de bancarrota en el país norteamericano con más de 500.000 personas que lo pierden todo por la mala suerte de enfermar. Por ejemplo: el 42% de los afectados por cáncer se dejan sus ahorros durante los dos primeros años de tratamiento y el 62% contraen deudas para el resto de sus vidas; el precio de la insulina se ha multiplicado por tres en los últimos 10 años, circunstancia que ha provocado el éxodo de muchos diabéticos hacia Canadá, o 45.000 personas mueren cada año por no tener seguro.

La sanidad pública es más barata y eficiente pero el multimillonario negocio de la salud es también un influyente grupo de presión capaz de marcar el paso de las políticas de Washington.

Sin embargo, en los ambientes de la capital estadounidense, cada vez son más las voces de renombre que exigen un cambio del statu quo que permita avanzar hacia un modelo donde las necesidades más esenciales de los ciudadanos no sean objeto de comercio especulativo.

El veterano senador Bernie Sanders, sempiterno candidato demócrata a la presidencia del país, se preguntaba en su cuenta de Twitter: “¿Cuál es la factura médica más absurda que has recibido?”. Las respuestas parecen sacadas de una novela de ciencia ficción sobre un futuro distópico, pero esto ocurre cada día en un país que presume de ser ejemplo de libertad, democracia e igualdad de oportunidades.  

@didderbops: Un año después del parto de mi hija recibí una factura de 10.000 dólares por los cuidados neonatales. Murió a los 30 minutos de nacer y el seguro no quiere pagarlo porque nunca la incluimos en nuestra póliza. 

@Dawn4amber: El día que pagué 800 dólares por el funeral de mi hija recibí una factura médica de 12.000 dólares. Murió porque no podíamos permitirnos su tratamiento tras ser dada de alta. 

@troyrudd: En 1991, con 21 años, me rompí el cuello en un accidente de buceo. 1,2 millones de dólares por pasar 8 meses en el hospital. Tras meses luchando con el seguro médico aún les debía 250.000 dólares. Tuve que declararme en bancarrota con 23 años. 

@vincenicholas: Hacía calor, no había comido y me desmayé. Vino una ambulancia, me metieron dentro con el aire acondicionado y me pusieron una intravenosa con fluidos. En 15 minutos estaba bien, pero me llevaron al hospital. 3 horas de pruebas. Factura: 12.000 dólares.

@conz: Por dónde empezar… Me facturaron 3.000 dólares un año después de nacer mi hijo porque el seguro médico decidió que la cesárea de urgencia fue innecesaria. 9.000 dólares (tuve que pagar 3.000 al momento) por un aborto espontáneo. 500 dólares por el ultrasonido que confirmó que mi bebé había muerto en el útero.

@RealMise97: 8.000 dólares por ir a urgencias después de que mi agresor prendiera fuego a mi casa.

@spookyslore: 800 dólares por una evaluación psicológica que consistió en preguntarme si me iba a suicidar. 

@AndreaMendes: 1.000 dólares porque un cirujano entró en la habitación, se quedó un minuto y dijo: “Sí, tiene la nariz rota”. 

@margaretcoucher: 11.500 dólares por una cesárea de emergencia para salvar mi vida y la de mi hijo. Por suerte tenemos un seguro excelente y solo tuvimos que pagar 10.000.

@Toxxed: 1.000 dólares por ponerme una compresa con agua fría en la frente durante 2 horas y un Ibuprofeno.

@amy4thepeople: 350.000 dólares para ver morir innecesariamente a mi hija. Salvarla hubiera costado 1.500 dólares, pero no pude probar que tenía seguro. 

@EveningSends: 3.000 dólares por llevar a mi bebé enfermo al hospital un domingo. Le hicieron un montón de pruebas, nos dijeron que era un virus y nos mandaron a casa.

@ASterling: 20.000 dólares porque mi bebé se atragantó, quedó inconsciente y luego murió.

@starstrickenSF: 21.731 dólares por una reducción de senos para preparar mi cuerpo para una mastectomía doble que reduce el riesgo de cáncer. Tengo 26 años y soy BRCA2, con un riesgo de 82% de tener cáncer de mama. 

@DrLearnALot: 100.000 dólares por cuatro días en el hospital. La compañía de seguros que me proporcionaba el trabajo me negó el tratamiento para mi enfermedad. 

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