El documental sobre la menstruación que ha conquistado los Oscar

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"No estoy llorando porque tenga la regla, estoy llorando porque no puedo creerme que un documental sobre la menstruación haya ganado un Oscar", dijo Rayka Zehtabchi, directora de 'Period. End of Sentence' tras recoger la estatuilla al mejor cortometraje documental otorgado por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas.

La cineasta estadounidense de origen iraní recuerda que sintió algo parecido cuando Netflix aceptó financiar una historia que en un principio parecía estar lejos de los intereses del gran público, pero lo cierto es que, desde su estreno, la cinta ha cosechado un notable éxito donde público y crítica han coincidido, no solo en la calidad técnica, sino también en la necesidad de poner el foco sobre una situación silenciada por el estigma.

'Period. End of Sentence' está rodada en un pequeño pueblo rural de las afueras de Delhi (India), donde un grupo de mujeres ha iniciado una revolución para acabar con los prejuicios que rodean a la menstruación.

Durante siglos, fruto de una mezcla de tradiciones y supercherías, las mujeres, cuando están con la regla, han sufrido y todavía sufren la discriminación de familiares y vecinos, algunos porque creen que se trata de algo impuro, mientras que otros reaccionan como si tuvieran que lidiar con un mal contagioso. En algunas regiones de la India tienen prohibida la entrada en centros religiosos, así como participar en eventos sociales. "Es una enfermedad que afecta a las mujeres. Sangre sucia que sale de sus cuerpos", asegura uno de los hombres entrevistado por Zehtabchi.

Sneh, de 22 años, es la protagonista de la cinta, una joven que durante los primeros minutos del metraje sonríe avergonzada cuando le preguntan por su menstruación. "Me asusté mucho la primera vez que sangré. Pensé que estaba enferma de algo muy grave y comencé a llorar", relata en declaraciones a la británica BBC.

Como otras muchas mujeres que residen en pequeñas comunidades alejadas de los enormes núcleos de población, Sneh tenía que hacer largos viajes de hasta cuatro horas para tener acceso a los productos de higiene femenina que venden en los grandes centros comerciales, siempre y cuando su precaria economía se pudiera permitir la adquisición de un bien que en el país asiático tiene gravamen de artículo de lujo.

La situación dio un giro radical gracias al trabajo de la organización Action India, dedicada a la divulgación de temas relacionados con la salud reproductiva y que instaló en el pueblo una unidad de producción de compresas. Esta pequeña fábrica emplea a siete mujeres de edades comprendidas entre los 18 y los 31 años, y tiene una capacidad de producción de 600 unidades diarias que se comercializan bajo la marca Fly, a un precio menor que el de sus competidoras.

Las “toallitas”, como las mujeres las llaman, no solo han supuesto un impulso para este grupo de trabajadoras en un país en el que la emancipación económica resulta prohibitiva para una gran mayoría de la población femenina, sino también una mejora significativa en los hábitos de salud donde las compresas han sustituido a los trazos de tela y a las sábanas viejas.

Para ellas, el triunfo en los Oscar ha sido un impulso para su trabajo y el reconocimiento entre los vecinos de la comunidad. "Ahora respetan y aprecian lo que hacemos", concluye Sneh.

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