¿Dónde está el estímulo económico para las mujeres en esta crisis mundial?

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La pandemia ha sido especialmente devastadora para las mujeres y, si no se toman medidas pronto, se perderán los avances logrados en los últimos veinticinco años hacia la igualdad de género

Solo uno de cada ocho países cuenta con medidas para proteger a las mujeres contra los impactos socioeconómicos del virus. Esto es irónico, porque aplicar una lente de género al estímulo no solo sería bueno para la igualdad de derechos. También haría que la recuperación económica fuera más rápida y fuerte para todos.

La pandemia ha sido especialmente devastadora para las mujeres y, si no se toman medidas pronto, se perderán los avances logrados en los últimos veinticinco años hacia la igualdad de género. Esta es la aleccionadora conclusión a la que llegaron las "Evaluaciones Rápidas de Género" realizadas recientemente por ONU Mujeres y sus socios institucionales en todo el mundo. Lamentablemente, era de esperar mucho de esto. Esta crisis ha afectado simultáneamente a las mujeres en las tres áreas donde las inequidades de género son más severas y persistentes: ingresos, salud y seguridad. Los sectores y empleos feminizados, desde el trabajo de hostelería y cuidados hasta el trabajo informal y a tiempo parcial, se han visto gravemente afectados. El gasto público en servicios ginecológicos y reproductivos está siendo desplazado o retrasado por la lucha contra el virus. Y la violencia contra las mujeres ha aumentado exponencialmente en medio de los encierros.

Los gobiernos han respondido a los efectos económicos del COVID-19 con estímulos fiscales y monetarios. Su respuesta ha sido rápida y masiva: más de diez billones de dólares y contando. Tenía que ser. Pero esa respuesta ha ignorado en gran medida las necesidades de las mujeres. Solo uno de cada ocho países cuenta con medidas para proteger a las mujeres contra los impactos socioeconómicos del virus. Esto es irónico, porque aplicar una lente de género al estímulo no solo sería bueno para la igualdad de derechos. También haría que la recuperación económica fuera más rápida y fuerte para todos.

Afortunadamente, no es demasiado tarde para aprovechar las sinergias entre reiniciar el crecimiento económico y avanzar en la igualdad de género. La semana que viene, los ministros de finanzas y los banqueros centrales del mundo asistirán, esta vez de manera virtual, a las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial. La realidad les está enviando un mensaje: los esfuerzos actuales y futuros para reactivar la economía, ya sea fiscal, monetaria, legal o regulatoria, pueden y deben decidirse teniendo en cuenta a las mujeres y en la sala. 

¿Qué se necesita hacer exactamente? A corto plazo, los estímulos fiscales, ya sean moratorias fiscales, transferencias de efectivo o préstamos blandos, deben dar prioridad a los sectores en los que las mujeres están sobrerrepresentadas, especialmente el trabajo de cuidados. Lo mismo ocurre con el tamaño de las empresas, sabiendo que las mujeres dominan el segmento de las micro y pequeñas empresas. Por el lado de los gastos, la prestación de servicios reproductivos y ginecológicos debe restablecerse sin demora. Si bien no es un gasto tan grande como tratar a los pacientes con COVID19, es igualmente crucial. Y, a pesar de toda la atención prestada a los ingresos y gastos, el financiamiento de los déficits fiscales también podría ser una forma importante de fomentar la igualdad de género: en los próximos años, los gobiernos se esforzarán por refinanciar la enorme deuda que acumularon durante la pandemia. Entonces será el momento de emitir "bonos de género", como una señal de compromiso con los derechos de las mujeres y como una forma de aprovechar la cohorte de administradores de activos interesados ​​en inversiones que promuevan causas ambientales, sociales y de gobernabilidad.

La agenda de políticas para la recuperación a medio plazo también necesita atención. Esta crisis es una oportunidad para avanzar en reformas pendientes desde hace mucho tiempo. Destacan cinco. Primero, ajustar las reglas de contratación pública a las necesidades y capacidades de las empresas dirigidas por mujeres. En segundo lugar, cerrar la brecha digital entre mujeres y hombres, a medida que más trabajos se muevan en línea. En tercer lugar, hacer que el cuidado infantil y la educación de la primera infancia sean asequibles para todos. Cuarto, garantizar que los sistemas y datos estadísticos estén al servicio de las mujeres. Y quinto, el flagelo de la violencia de género debe acabar de una vez por todas.

Naturalmente, ya sea a corto o medio plazo, la elección de políticas depende de los contextos nacionales. El punto de partida de un país es importante. Lo que parece factible en un lugar puede resultar imposible en otro. La política y la capacidad institucional juegan un papel importante. Para ayudar a los gobiernos a adaptar sus respuestas a las realidades locales, ONU Mujeres ha lanzado un conjunto de indicadores cuantitativos, regulatorios y de políticas para evaluar los efectos de género de los estímulos económicos. Estos indicadores, que cubren una variedad de temas, desde los medios de vida y la protección social hasta la vivienda y la banca central, constituyen una herramienta poderosa para orientar las decisiones. Varios países ya lo están utilizando. La esperanza es que, pronto, todos lo harán.

Es hora de que no solo los gobiernos, sino las instituciones internacionales, tomen acciones decisivas a favor de las mujeres, antes de que se pierdan los avances logrados en las últimas décadas.

 

Anita Bahtia es directora ejecutiva adjunta de ONU Mujeres

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