Las dos entrevistas de Arnaldo Otegi

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Hay que ver la que se montó el pasado martes cuando se supo que Arnaldo Otegi iba a ser entrevistado en el canal 24 horas de TVE. La polémica, por llamar de alguna forma al pataleo ultra, no pertenece al ámbito del periodismo sino de la guerra política. Ningún periodista que aprecie su oficio pondría objeción a que el portavoz de una fuerza parlamentaria sea sometido al escrutinio de la prensa. Al fin y al cabo, Otegi concede declaraciones con asiduidad a los medios vascos sin que nadie haya puesto nunca el grito en el cielo.

El escándalo mayor, de todos modos, es que los espectadores españoles no tengan la oportunidad de escuchar determinadas voces sobre las que pesa un veto de facto. Los mismos medios que han lanzado al estrellato a los voceros de Vox, a los cavernícolas de Hazte Oír o a las momias embalsamadas de la Fundación Francisco Franco se cuidan mucho de abrir sus micrófonos a testimonios incómodos. Un caso digno de estudio es el semanal de La Sexta Noche, donde el soberanismo vasco es motivo habitual de debate sin que sus portavoces hayan tenido jamás en seis años la oportunidad de acudir a defenderse.

Los mismos medios que han lanzado al estrellato a los voceros de Vox, a los cavernícolas de Hazte Oír o a las momias embalsamadas de la Fundación Francisco Franco se cuidan mucho de abrir sus micrófonos a testimonios incómodos

El affaire Otegi solo puede comprenderse a partir del nuevo tablero de juego que resulta de la moción de censura contra Rajoy en 2018. Aquel manotazo de Sánchez divide la pugna electoral en dos bloques bien diferenciados. Por un lado, el rechazo a la moción reconcilia al Partido Popular y a un Albert Rivera entregado ya sin escrúpulos a la derecha. Muy pronto se une al jolgorio el apéndice extremoderechista de Abascal para completar el bloque trifachito. Al otro lado quedan todas las fuerzas que desalojan a Rajoy. No solo el PSOE y Unidas Podemos, sino también los votos proscritos del independentismo vasco y catalán.

En un contexto polarizado donde los berridos de Vox marcan la agenda, tanto Casado como Rivera han afrontado las elecciones generales de 2019 con el mismo estribillo. La estrategia pasa por cortocircuitar las alianzas del PSOE. Repetir que Sánchez quiere ser presidente de la mano de los enemigos de España. Que Sánchez es una marioneta de Junqueras y Puigdemont. Que Sánchez compadrea con Otegi. Alguien podrá objetar que esta clase de ladridos resultan inofensivos, pero la realidad es que el PSOE ha asumido las precauciones que le dicta la derechona. Tras los comicios de abril, Ábalos anuncia que su partido está reuniéndose con todos los grupos excepto con Vox y con los independentistas vascos y catalanes. Poco después, el PSN veta cualquier diálogo con EH Bildu y entrega a PP, C’s y UPN las alcaldías de Iruñea, Lizarra, Barañain, Burlata y Eguesibar. Está por ver si hará lo propio con el Gobierno de Navarra.

En esta encrucijada, y a las puertas de una nueva investidura presidencial, la maquinaria trifachita recurre a la entrevista de la discordia para arremeter contra Sánchez. El PP de Casado propone un apagón del canal público y denuncia que "la TVE de Pedro Sánchez blanqueará a Otegi". Ciudadanos, por su parte, reclama la dimisión de Rosa María Mateo con el lema "blanqueo a Batasuna, burla a España". Y por último, Vox dice #NoQueremosVerAOtegi y aprovecha que el Nervión pasa por Bilbao para presentar una querella criminal contra Zapatero. Sin embargo, las llamadas al boicot terminan por alimentar la expectación y el efecto Streisand remata la faena. Al final, la entrevista duplica la audiencia habitual del programa y congrega a 230.000 espectadores frente a la pantalla.

Al final, la entrevista duplica la audiencia habitual del programa y congrega a 230.000 espectadores frente a la pantalla

En apenas cuarenta minutos de conversación con Marc Salas, el equipo de realización acompaña las respuestas de Otegi con imágenes de atentados, cadáveres y anagramas de ETA. El montaje asociativo es tan burdo que haría palidecer a cualquier experimentado propagandista de guerra. Después, en el charloteo de sobremesa, los periodistas no solo no repudian la manipulación sino que incluso José María Brunet, redactor de La Vanguardia, se lanza a aplaudirla. No es difícil imaginar el escándalo si TVE deslizara imágenes de cal viva durante una entrevista con Felipe González o estampas de la masacre iraquí durante una entrevista con José María Aznar.

En el turno de preguntas queda en evidencia la mala salud del periodismo oficial. De cinco opinadores, cuatro insisten en la misma pregunta como si la repetición sirviera para cosechar una respuesta diferente. Por lo visto, la pluralidad mediática en la televisión publica española pasa por el derecho a reiterar las mismas consignas con diferentes palabras. El festival de falsificación mediática llega a su éxtasis en cuanto aparecen los primeros titulares en el entorno digital. A pesar de que Otegi verbaliza en directo una petición de disculpas a las víctimas de ETA, a pesar de que esa petición ya había sido formulada en 2012, la prensa seria se permite el lujo de reflejar exactamente lo contrario. "Otegi evita pedir perdón a las víctimas", dice El Confidencial. "Otegi elude pedir perdón", dice la Cope. Nos mean y dicen que llueve.

Risto Mejide y Eduardo Inda, adversarios en el sainete televisivo, tardaron muy poco en ponerse de acuerdo a la hora de difundir las mismas patrañas. Dicen que Arnaldo Otegi ha sido dirigente de ETA. Mejide apela incluso a una sentencia de la Audiencia Nacional. Si la información fuera más determinante que las consignas de saldo, Mejide sabría que el Tribunal Supremo anuló esa acusación en 2012. En la misma sentencia, el magistrado Barreiro reclama la absolución de los encausados de Bateragune porque las pruebas son insuficientes. En 2015, Baltasar Garzón se pregunta por qué Otegi sigue preso. En 2018, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo determina que el líder de la izquierda abertzale no disfrutó de un juicio justo. El reconocimiento llegó tarde, cuando Otegi ya había permanecido seis años encarcelado.

Debido a un sospechoso azar, el día después de la entrevista se celebraba en el Congreso de los Diputados el Día de Homenaje a las Víctimas del Terrorismo. En 2010, la Cámara Baja determinó mediante una solemne declaración que cada 27 de junio deberá celebrarse un homenaje a los damnificados. La fecha coincide con el cincuenta aniversario de la muerte de la niña Begoña Urroz a causa de un explosivo. "Todo el mundo debe saber y nadie debe ignorar ni en España ni fuera de España que la primera víctima de ETA fue una niña de 22 meses". El problema, no obstante, es que esta afirmación es un bulo. Que desde hace nueve años, el homenaje a las víctimas se celebra alrededor de una afirmación infundada que Ernest Lluch lanza en el año 2000 y que el relato oficial ha dado por buena hasta hace apenas unos días.

Esta semana pasada, el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo ha admitido la autoría del DRIL en aquel crimen haciéndola pasar por una revelación inédita. Historiadores como Iñaki Egaña han explicado decenas de veces que fue el DRIL y no ETA quien colocó el artefacto que mató a la niña Urroz en la estación donostiarra de Amara. El propio DRIL reivindicó los hechos e incluso existen informes policiales que lo corroboran. El líder del DRIL, el general Humberto Delgado, propugnaba la liberación de los pueblos ibéricos frente al salazarismo y el franquismo. En 1965 fue asesinado por la policía portuguesa y sepultado en cal viva en una cuneta de Badajoz donde se ha levantado un obelisco en su honor y donde se honra su memoria. Por una curiosa paradoja, o tal vez por una moral elástica, las autoridades españolas rinden homenaje cada año al líder del grupo antifranquista que acabó con la vida de Begoña Urroz mientras en el Congreso denuncian "la vileza y la inmoralidad" de aquel atentado.

Las autoridades españolas rinden homenaje cada año al líder del grupo antifranquista que acabó con la vida de Begoña Urroz mientras en el Congreso denuncian "la vileza y la inmoralidad" de aquel atentado

Dice también la declaración del Día de las Víctimas que el 27 de junio "este Hemiciclo no va a ser campo de confrontación, ese día todos los años nos reuniremos no para competir, sino para compartir el recuerdo, el dolor y el respeto". Sin embargo, el acto del pasado jueves queda muy alejado de este propósito. La presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Mari Mar Blanco, aprovechó su paso por la tribuna para cargar contra TVE por haberle concedido una entrevista a Arnaldo Otegi. El discurso oportunista de Blanco, que también es diputada del Partido Popular, solo entusiasmó a la derecha de Casado y Rivera. Al contrario que EH Bildu, Vox ni siquiera asistió al acto.

Hay quienes cambian de chaqueta con más facilidad que Albert Rivera. Y ya es decir. El PSOE no se reúne con EH Bildu por "una cuestión ética" pero en la cumbre del G-20 Pedro Sánchez se deshace en cordialidad con los sátrapas sauditas que decapitan y crucifican a disidentes. El PP denuncia el "blanqueo" de ETA pero no recuerda que entre 1996 y 1999 el gobierno de Aznar acercó a 190 presos, concedió 42 terceros grados y creó un plan de retorno para 304 exiliados perseguidos por la justicia. Eran otros tiempos. Por entonces, los populares llamaban a ETA "Movimiento Vasco de Liberación". Dice Otegi que tiene a buen recaudo las actas de sus negociaciones con el PP. Y que no va a tener mucho inconveniente en hacerlas públicas. No sé a qué espera TVE para la segunda entrevista.

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