Ecuador toma las calles

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Lenín Moreno pasará a la historia como el presidente de Ecuador que hizo todo lo contrario de lo que dijo que haría. El hombre que llegó al poder a la sombra de Rafael Correa, con un programa de medidas socialdemócratas y continuistas, se ha transformado en poco más de dos años en un ferviente defensor de las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI). Moreno, convertido ahora en un peón más del llamado "Comando Sur" de los Estados Unidos, ha devuelto al país a los años oscuros donde las políticas internas eran una herramienta al servicio de la pequeña oligarquía protegida por los intereses de Washington.

El pasado 2 de octubre, el presidente ecuatoriano se presentaba antes las cámaras de televisión para desgranar las medidas del rebautizado popularmente como "paquetazo", una combinación de las recetas austericidas que ya están desangrando las economías de Brasil y Argentina, junto con las reformas estructurales impuestas por la Troika en países como España o Grecia.

El "paquetazo" es una combinación de las recetas austericidas que ya están desangrando las economías de Brasil y Argentina, junto con las reformas estructurales impuestas por la Troika en países como España o Grecia

El enésimo envite neoliberal contra las economías de América Latina consiste en un paquete de imposiciones dictada por el FMI que suponen un ataque directo contra las clases trabajadoras: subida del precio de los combustibles, de un 29% para la gasolina y de un 123% para el diésel; eliminación o privatización de servicios públicos y aumento de sus tarifas; rebaja del 20% del sueldo para la renovación de los contratos temporales en la administración pública; despido de 20.000 funcionarios y confiscación de un día de salario al mes; exenciones fiscales y rebaja del impuesto de la renta para grandes capitales o la amnistía fiscal para las oligarquías que durante años han evadido sus obligaciones con el fisco.

Los trabajadores del sector privado tampoco se han librado de la golpiza. Con la nueva legislación, los empleadores podrán extender sine díe la temporalidad de los contratos. Además, se establecen las bautizadas como "jornadas especiales de trabajo", que en lenguaje corriente significa trabajar sin un salario a cambio, y la nueva regulación para el teletrabajo, donde el empresario podrá ejercer "labores de dirección y control remoto sobre el teletrabajador" durante 16 horas al día.

Henry Kissinger decía que América Latina era un pueblo "fácil de controlar". No en vano, los diferentes gobiernos de los Estados Unidos han impuesto su voluntad en la región con sangre y fuego, pero en esta ocasión, los halcones de la política exterior de la Casa Blanca han cometido el error de subestimar el hartazgo del pueblo ecuatoriano.

El día después de que Lenín Moreno vendiera la soberanía nacional a la injerencia de los poderes fácticos extranjeros, miles de personas tomaron las calles exigiendo la dimisión del presidente. Con los indígenas y las mujeres a la cabeza, las marchas han conseguido juntar en un mismo espacio de protesta al movimiento feminista, los trabajadores del transporte, estudiantes, organizaciones sociales e incluso a la izquierda política, que ha dejado a un lado las luchas fratricidas.  

El gobierno, por su parte, ha reaccionado de una forma desproporcionada con la decisión de decretar el estado de excepción, que le permite, entre otras cosas, controlar y censurar la información de los medios de comunicación. Miembros de la policía y las Fuerzas Armadas están empleando un nivel de represión propio de un estado totalitario, dejando tras de sí un rastro que oscila entre las 2 víctimas mortales reconocidas por el estado y las 8 que contabilizan los manifestantes, además de varios centenares de heridos y más de 500 detenidos.

Miembros de la policía y las Fuerzas Armadas están empleando un nivel de represión que ha dejado tras de sí un rastro que oscila entre las 2 víctimas mortales reconocidas por el estado y las 8 que contabilizan los manifestantes

La prensa oficialista, inmensa mayoría en el país, se ha erigido en un altavoz de propaganda que desdibuja a los participantes de las marchas como una suerte de terroristas con intenciones subversivas, arengados, como no, por la Venezuela de Nicolás Maduro.

La tensión a la que las autoridades están sometiendo a los ciudadanos ha provocado una reacción de sublevación masiva que está poniendo al ejecutivo contra las cuerdas. La terrible represión policial ha sido el fermento idóneo para que unas manifestaciones que se desarrollaban con total normalidad hayan germinando, en apenas unos días, en una revolución donde cientos de miles de personas están dispuestas a poner sus vidas en riesgo para tumbar el régimen despótico de Moreno.

De momento, el todavía presidente ha trasladado su gobierno de Quito a la ciudad costera de Guayaquil, mientras los indígenas conseguían romper el cordón policial y acceder a la Asamblea Nacional. Horas después de ser expulsados por las fuerzas antidisturbios, el ejecutivo dio un paso más con la imposición del toque de queda, lo que supone, a efectos prácticos, la detención de cualquier persona que se encuentre cerca de los edificios oficiales a partir de las 20:00 horas.

Las medidas coercitivas no parecen amilanar la voluntad de los líderes sociales, que ya han convocado nuevas manifestaciones con perspectivas de asistencias masivas. En las últimas horas, Moreno ha asegurado estar dispuesto a marcharse "si el pueblo así lo quiere", pero la palabra del mandatario cotiza a la baja después de haber sido el instigador de la campaña de descrédito contra los manifestantes.

Moreno ha justificado el "paquetazo" tirando de un clásico de la política; la herencia recibida de su predecesor en el cargo, el ex presidente Rafael Correa, del que paradójicamente fue vicepresidente durante 6 años hasta que accedió a la jefatura del estado, también de la mano de Correa. Desde la llegada al poder, sus políticas han estado dirigidas a allanar el terreno hacia un giro al liberalismo más radical, una situación similar a la que ocurre en la Argentina de Mauricio Macri, al borde de la quiebra, y al Brasil del ultraderechista Bolsonaro.

La culminación de sus planes llegó con la aceptación de un crédito de 10.000 millones de dólares del FMI, y con ello, el sí a las condiciones leoninas que exige el organismo dirigido por Kristalina Georgieva.

Desde entonces, Ecuador ha pasado de ser "el Jaguar de América Latina", como lo definió Angela Merkel, a un estado en depreciación constante de las condiciones de vida, con una pérdida de 1,2% del PIB, el permanente adelgazamiento del estado, traducido en un empeoramiento significativo de servicios fundamentales como la sanidad y la educación, además de un aumento de dos puntos en los niveles de pobreza extrema.  

Lo que suceda en los próximos días puede determinar, no solo el futuro inmediato de Ecuador, sino también el de toda la región

Lo que suceda en los próximos días puede determinar, no solo el futuro inmediato de Ecuador, sino también el de toda la región. Si los ecuatorianos consiguen frenar las injerencias de las potencias extranjeras en los asuntos de la política interna, habrán logrado abrir una espita en el hasta entonces impenetrable control imperialista sobre el continente latinoamericano. 

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