El Salvador; hasta 50 años de cárcel por un aborto natural

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El 6 de abril de 2016, Evelyn Hernández, una joven salvadoreña de 21 años, se desmayó en el baño de su casa tras sufrir dolores abdominales que derivaron en una hemorragia. Cuando su madre la trasladó al hospital, los médicos determinaron que había abortado y pusieron su caso a disposición de las autoridades judiciales. Fue entonces cuando comenzó un auténtico calvario en un país que tiene una de las legislaciones más severas contra el aborto.  

El embarazo fue fruto de una serie de abusos sexuales continuados que Evelyn nunca denunció porque el agresor, un pandillero de la zona, la había amenazado con matar a su madre. Además, no sabía que estaba embarazada, motivo por el cual sus abogados alegaron una gestación asintomática. La autopsia determinó que una “neumonía aspirativa” había sido la causa del fallecimiento del embrión de 32 semanas, y aunque esto respalda la hipótesis de un aborto natural, no impidió que fuera condenada a 30 años de cárcel. 

Evelyn Hernández pasó 33 meses en prisión tras haberse quedado embarazada por una violación y sufrir un aborto natural

La presión de diferentes organizaciones feministas y de la comunidad internacional logró que la Corte Suprema de El Salvador ordenase la repetición del juicio, donde Evelyn resultó absuelta y pudo salir en libertad tras 33 meses de reclusión penitenciaria. Sin embargo, la sentencia estaba sujeta recurso, una situación de incertidumbre que ha perpetuado la angustia de la joven durante todo el proceso. El pasado mes de junio, cuando estaba a punto de terminar el plazo para la presentación del recurso, la fiscalía anunció que no interpondría más acciones legales. "Se reconoció, definitivamente, que Evelyn es inocente, tras haberse agotado los tiempos que habilita la ley para que la Fiscalía General de la República pudiera impugnar la resolución absolutoria", señaló en un comunicado la Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho (Fespad), que se encarga de la defensa legal de la salvadoreña. Al fin, tras de más de 4 años de batalla judicial, Evelyn Hernández es una mujer completamente libre.

Su caso, sin embargo, no es una excepción. En 1998, El Salvador cambió su legislación sobre el aborto, que hasta la fecha estaba permitido en los supuestos de violación, peligro para la madre o si la vida del feto era inviable. Desde entonces, incluso las interrupciones del embarazo que se producen por causas naturales están consideradas como un homicidio. No importa si la concepción es fruto de una violación o si la vida de la gestante corre peligro; la mujer siempre es culpable y tendrá que enfrentar penas de entre 30 y 50 años, de las más elevadas del mundo para estos casos.

En El Salvador, el aborto es un delito penado con penas de cárcel de entre 30 y 50 años

En estas dos décadas, 17 mujeres han sido encarceladas acusadas de delitos relacionados con el aborto. La mayoría cumple condena en el penal de Izalco, donde comparten espacio con las pandilleras de las maras que se han adueñado de la organización del presidio.

La ONU alertó en varias ocasiones que la legislación salvadoreña afecta especialmente a las mujeres pobres y recuerda que los países más restrictivos con la interrupción del embarazo, lejos de reducir el número de abortos, solo han conseguido aumentar el riesgo para las mujeres que no pueden permitirse el coste de una clínica abortista en el extranjero.

En El Salvador abundan los centros clandestinos donde personal sin ningún tipo de cualificación lleva a cabo prácticas aberrantes, utilizando perchas, agujas de tejer e incluso tallos de perejil. En el mejor de los casos provocarán una infección. En el peor, escribirán un número más en la larga lista de mujeres que acaban muertas en un aborto clandestino.

El caso de Evelyn ha servicio para poner el foco en el país centroamericano, que rara vez acapara la atención de los medios, y para agitar la lucha de las feministas latinoamericanas en un tiempo donde los gobiernos ultraconservadores que dominan el continente se afanan en restringir las libertades individuales de las mujeres.

Centenares de ellas se congregaron en un ambiente festivo a las puertas del juzgado para recibir a Evelyn, convertida en un símbolo para miles de salvadoreñas. “Le agradezco a todos los países que estuvieron pendientes. Le agradezco a mi madre por acompañarme siempre, porque sé que este tiempo ha sido duro, que tenía que ver cómo me acusaban de algo de lo que soy inocente”, asegura Evelyn, quien anunció que seguirá luchando para que mujeres en su misma situación sean puesta en libertad y para que algún día América Latina “sea libre y feminista”.

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