Abel Aparicio: "Las mujeres mineras trabajaron tan duro como los hombres"

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El poeta Abel Aparicio se estrena en la novela con ‘¿Dónde está nuestro pan?’, tres relatos sobre el papel protagonista que tuvieron las mujeres mineras de El Bierzo en la Guerra Civil y en la posguerra. El bando de las derrotadas, que a la represión y al olvido sumaron la discriminación por ser mujeres. 

Aparicio escarba entre los surcos de la memoria para hacer justicia con nuestras abuelas, aquellas que lo dejaron todo en una lucha que sabían perdida para que las nuevas generaciones tuviéramos el privilegio que a ellas les fue arrebatado: alzar la voz para contar lo que durante tantos años ha permanecido oculto entre silencios. 

Tengo unos cuantos libros sobre la Guerra Civil y la posguerra, pero ninguno se centra en la figura de las mujeres. ¿Es fallo mío o de las editoriales?

Es un fallo de las editoriales, de los autores y de los lectores. Todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad. Se habla mucho de la figura histórica del varón minero y yo me pregunté dónde estaban las mujeres. Cuando rascas un poco te das cuenta de que hay un vacío enorme. 

¿Cuál fue el papel de las mujeres en aquellos años?

Durante la guerra actuaron como enlace, llevando mensajes, alimentos y suministros. Sin ellas, las guerrillas no habrían podido subsistir. Y después, con sus maridos presos o fusilados, tuvieron que hacerse cargo de la familia, de cuidar a los niños y a los ancianos y de trabajar la tierra y el ganado.

Y en la mina, como reivindicas en el libro.

Hubo mujeres que bajaron al pozo, aunque por ley no estuviese permitido. Libertad Aurora, la mujer en la que se centra buena parte de esta novela, era la encargada de la línea de baldes, una especie de teleférico que transporta el carbón desde la cuenca minera hasta la estación de tren. Ella y el resto de las mujeres ganaban 6 pesetas y media, la mitad que los hombres, a pesar de que también trabajaban muy duro y de sol a sol. De hecho, cuando los hombres tenían un accidente y les ponían a trabajar con las mujeres pedían voluntariamente regresar al pozo.

Las mujeres en la mina ganaban la mitad que los hombres, a pesar de que también trabajaban de sol a sol

Los tres relatos de esta novela son historias reales. ¿Cómo fue el proceso de documentación? ¿Quedan aún muchos silencios?

Tuve la suerte de encontrarme con Libertad, pero su caso es excepcional. A la gente aún le cuesta hablar de la represión que hubo en aquellos pueblos. En el proceso de documentación fue clave la ayuda del historiador Alejandro Rodríguez, que digitalizó la causa judicial de ‘¿Dónde está nuestro pan?’, el primer relato de la novela. 

abelaparicio
Abel Aparicio-'¿Dónde está nuestro pan?'

En ese primer relato narras las consecuencias que tuvo que enfrentar un grupo de mujeres que se organizó para exigir el pan que les correspondía en la cartilla de racionamiento. 

Esas mujeres se estaban jugando una buena paliza, la cárcel o incluso el fusilamiento. Puede que a la gente joven le cueste creerlo, pero ese era el verdadero nivel de represión. Les animo a que hablen con sus abuelas. Mi generación y las que han venido después tenemos que aprender a escuchar a nuestros mayores. 

¿Las desmemoria que sufrimos en España es una de las causas del ascenso de la extrema derecha?

Creo que es muy evidente. Manuel Fraga, uno de los padres de la Constitución, fue el responsable último del asesinato de Enrique Ruano. O Martín Villa, de la masacre de Vitoria y ahí sigue. En España no hubo un proceso de reflexión, de análisis y de renovación. Los jueces, la policía o el cuadro educativo continuaron en sus puestos. Los que se acostaron siendo fascistas, se despertaron de repente como demócratas. El régimen puso mucho empeño para que nada cambiase.

¿Por qué elegiste la zona de León y El Bierzo ?

Yo soy de León y por tanto es una zona que conozco bien. Además, la cuenca minera fue muy combativa. En el 33, en el pueblo de Fabero, se declaró durante 2 o 3 días el comunismo libertario y las revueltas mineras del 34 en Asturias llegaron a León y a Palencia. En El Bierzo hubo mucha resistencia durante la guerra y la posguerra, porque tenían muy presentes la conciencia de clase. Libertad siempre supo que era pobre y quiénes eran los suyos. Me contó que no entendía cómo ahora hay gente que gana el salario mínimo interprofesional y vota a los mismos que los del IBEX 35. Creo que hoy se ha perdido esa conciencia de clase que había en las cuencas mineras.

De la España represaliada a la España vaciada. ¿Se luchó mucho para tan poco?

Lucharon para no trabajar los sábados, para reducir la jornada laboral o para mejorar las condiciones de seguridad. Estuvieron 3 meses en huelga para conseguir que las lámparas con las que bajaban a la mina las recargarse la empresa. Es cierto que se peleó mucho y ahora esto es un erial. Yo comparo, salvando las distancias, a la cuenca minera con la América colonial. Esta zona ha sido una colonia energética. Arrasaron con todo y se fueron. 

La cuenca minera ha sido una colonia energética. Arrasaron con todo y se fueron

En el libro hablas de huelgas, de salarios y de lucha obrera. ¿Crees que la izquierda ha perdido parte de este discurso?

Creo que se ha desvirtuado mucho el concepto de clase social. El otro día escuché en la radio que todos somos clase media hasta que se estropea el coche, hasta que surge un imprevisto. Entonces volvemos a ser pobres. Ya no tenemos esa imagen del obrero con mono azul, pero también es obrero quien trabaja en un Zara o en un Telepizza. O de cartero, como yo.  

En el relato del asalto al tren, las mujeres también sufren el machismo. La discriminación no era exclusiva del fascismo. 

En el año 1996, una mujer asturiana llamada Concepción fue la primera minera en ser reconocida como tal. Me contó que el sindicato fue quien más le había presionado para abandonar su lucha. El machismo estaba en ambos bandos y lo sigue estando ahora. 

Y hablando del asalto al tren, parece una película de John Ford.

En España es el segundo asalto a tren más importante de la historia en lo referido a cuantía económica. El primero fue el de Cuadé, en Teruel, con 400.0000 pesetas. En este se llevaron 127.000. Ojalá lo lea algún director porque creo que es muy cinematográfico.

Tendría que enfrentarse al boicot de las derechas.

Recuerdo a Cayetana Álvarez de Toledo cuando llamó terrorista al padre de Pablo Iglesias. Eso solo pasa aquí. Nadie se atrevería a decir que los aliados en la Segunda Guerra Mundial eran unos asesinos. Claro que los rojos mataron gente, pero estaban luchando en una guerra para defenderse de un golpe de estado. Y también es cierto que hubo grupos que aprovecharon la situación para robar y violar, y fueron reprendidos por la guerrilla. Los que asaltaron el tren eran represaliados que estaban escondidos en el monte. Lo hicieron para comer. Estaban luchando por su supervivencia.

Los que lucharon contra el fascismo son reconocidos como héroes en otros países, pero en España...

En la estación de tren de Bruselas están escritos los nombres de todos los que lucharon contra el nazismo, en Francia se hacen homenajes a los republicanos de La Nueve y en Irlanda a los combatientes de las Brigadas Internacionales. Esto en España es impensable. Al alcalde de Torre le dije que tendrían que poner una placa con los nombres de las 39 mujeres que participaron en la revuelta del pan en el año 1941. Deberían estar muy orgullosos de ellas.

En el tercer relato, Libertad participa en un homenaje a los trabajadores del ferrocarril. ¿Crees que este tipo de gestos son reconfortantes para los que sufrieron la represión?

Sí, seguro. Hace poco, Libertad participó en un acto online celebrado por el Instituto Geológico y Minero de España. Su hija me dijo que no cabía en sí de gozo. Todos los reconocimientos que se hagan son pocos. 

En el libro hay un nexo de unión entre Libertad y su nieta. Entre el pasado y el presente.

Yo creo que nada es causal, que todo tiene su raíz. Cuando una abuela ha sido muy combativa lo normal es que sus descendientes hereden esa característica. Y también sucede con el miedo. En Alemania hicieron un estudio sobre la transmisión no verbal del miedo, desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días. Las personas mayores que hablan bajo, no se atreven a levantar la cabeza y siempre están retraídas tienen un comportamiento aprendido que se puede transmitir a las siguientes generaciones. Y la transmisión también sucede en el otro bando. Mira a ese partido innombrable, con los abuelos de 3 apellidos y sus nietos que militan ahora en un partido fascista.

Otro nexo de unión es la música.

Sí. En el libro hay canciones de Barricada, de Gatillazo o de Los Chikos del Maíz. Creo que es una buena herramienta para meter al lector en la historia. 

Y las generaciones del presente, ¿hemos perdido ese espíritu de lucha que tenían nuestras abuelas? ¿La llegada de la democracia fue un anestésico?

La gente que luchó en la posguerra no tenía nada. Y ahora, en la democracia, te aseguran unos mínimos muy mínimos que tenemos miedo a perder. Yo antes trabajaba de informático. Dos compañeros y yo fuimos los únicos de 50 personas en hacer huelga en el año 2012. Y todos cobrábamos en torno a los 1.000 euros. Ese miedo a perder lo poco que tenemos nos ha paralizado. Yo soy hijo de los agricultores y los ganaderos que cortaron la nacional 6 con tractores. Dormían fuera de casa para que la Guardia Civil no les pillasen. Sin embargo, el año pasado hubo una manifestación en Astorga en defensa de la sanidad pública rural y acudimos muy pocos.

La gente que luchó en la posguerra no tenía nada. Y ahora, en la democracia, te aseguran unos mínimos muy mínimos que tenemos miedo a perder

¿Dónde está nuestro pan ahora?

Nuestro pan lo tienen los mismos. Lo que deberíamos hacer es fabricarlo nosotros. El pan o la electricidad, y así evitaríamos los abusos de las grandes compañías. Decían que era imposible que los ayuntamientos pudiesen remunicipalizar servicios como el agua o las basuras, pero algunos lo han hecho. Pues tampoco debe ser tan difícil crear una empresa pública de electricidad, por ejemplo. Porque el pan tiene que ser de gestión pública. 

Recomienda a los lectores un disco y un libro.

‘La tierra está sorda’ de Barricada y ‘Extrechinato y tú’, que es un canto a la libertad y al medio rural. ¿Y un libro? Puede sonar muy comercial, pero ‘El señor de los anillos’ me enganchó a la lectura. 

¿Seguirás escarbando en los surcos de la memoria?

Yo vengo de la poesía, pero me ha gustado la experiencia de la novela, aunque creo que es más difícil por lo complejo que resulta mantener la atención del lector durante 200 páginas. Le he cogido el gusto a escarbar y el libro ha sido bien recibido. Imaginé que podría tener éxito en la zona de León, de Asturias o de Palencia, pero me llegan peticiones de Córdoba, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Soria o Cáceres. Estoy muy contento. 

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'¿Dónde está nuestro pan?'

 

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