Antonio Manuel: "El andalucismo tiene que servir para abrazar al que siente más frío, no para poner concertinas"

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Conocí a Antonio Manuel Rodríguez (Almodóvar del Río, Córdoba, 1968) gracias a una colega periodista. Ella, una empedernida de la literatura, había leído 'Flamenco: arqueología de lo jondo', el libro donde este jurista y profesor de derecho arroja luz sobre algunos de los enigmas que todavía esconde la expresión cultural más importante de Andalucía. 

Antonio Manuel habla despacio, sereno y con armonía. Escoge cuidadosamente las palabras para construir un relato que pronto consigue embaucar a su interlocutor. Se notan sus hechuras docentes y logra transmitir en cada frase la pasión que siente por este rincón de Europa, al sur del sur, que tanto necesita de relatores que desempolven su memoria. "En la memoria habita el tesoro de la historia", insiste.

Además de escritor y profesor de derecho, Antonio Manuel es un proselitista del andalucismo de Blas Infante, ese "nacionalismo antinacionalista" donde todo queda por hacer, pero nadie sobra. Y que se afana en recordarle a sus paisanos el legado milenario de la tierra que pisan bajo sus pies. Charlamos por teléfono horas antes de que participe en la presentación del libro póstumo de Julio Anguita, otro de esos vigías de los que Antonio Manuel quiere hacer faro de Andalucía. 

Has escrito el prólogo de 'Vivo como hablo', el último libro de Julio Anguita que acaba de publicarse. ¿Qué ha significado para ti la figura de Julio?

Demasiadas veces la izquierda busca faros que seguir y se olvida de que lo verdaderamente importante son los vigías. Porque, aunque tengas la luz delante, si no tienes a quien lleve la nave acabarás estrellándote. Y eso fue Julio Anguita, un vigía que condujo a la izquierda hacia buen puerto con un enorme respaldo electoral en Córdoba, en Andalucía y en las Cortes Generales. Ahora se ha convertido en un faro, pero su pérdida nos deja huérfanos de vigías y necesitamos más como Julio Anguita.

También eres patrono de la Fundación Blas Infante. 102 años después de la Asamblea  de Ronda, ¿continúa estando vigente el mensaje infantiano?

Más que nunca, porque continúan estando vigentes los males estructurales de Andalucía: la desigualdad, la distribución de la riqueza y la colonización cultural. Blas Infante planteó una serie de postulados que no se corresponden con la estructuras inflexibles de muchas ideologías. Fue capaz de matizar el anarquismo incluyendo la diversidad cultural, fue capaz de ver los efectos devastadores de la globalización y su visión no se circunscribe a una Andalucía pequeña, sino a una cultura con capacidad humanista. Tuvo una visión política tan vanguardista que hace que su legado se mantenga vigente. 

Supongo que eres partidario de un nacionalismo andaluz.

El problema del nacionalismo o del anarquismo o del comunismo es que otros se han encargado de enfermar las palabras. Es muy difícil que dos personas se entiendan si no están de acuerdo en el significado de una palabra. Eso le pasó a Blas Infante en dos términos: nacionalismo y federalismo. El nacionalismo se ha asociado a dos grandes movimientos políticos. El primero, el romántico, inmediatamente posterior a la Revolución Francesa, que provocó la fragmentación de aquellos imperios artificiales construidos sobre la opresión de los pueblos. El otro movimiento nacional es justamente lo contrario, porque pretende expulsar a los que no participan de una señas de identidad, y es el que conduce al nacionalismo más excluyente y despreciable. Blas Infante defiende que Andalucía es una nación porque el pueblo se postula políticamente como tal, porque existe una conciencia de clase elevada a una conciencia de pueblo, pero su nacionalismo no es excluyente. Sus ideas están más cercanas a los postulados libertarios y anarquistas, y ni siquiera exige la reivindicación necesaria de un estado. Incluso llega a expresar una verdadera repulsión por el término nacionalismo. De ahí que se haya dicho que es un nacionalismo antinacionalista y que se haya recurrido a fórmulas casi de mecánica cuántica para tratar de explicar algo muy sencillo: Blas Infante fue un soberanista andaluz que defendió la diversidad cultural, la capacidad decisoria del pueblo y la necesidad de un proceso de descolonización, tanto política como culturalmente. El grito de "¡Viva Andalucía libre!" no es tanto desde una perspectiva separatista como desde una perspectiva liberalista y libertaria, para que cada ciudadano pueda adoptar sus decisiones a través de la adscripción voluntaria a una identidad que en este caso se llama Andalucía. 

Blas Infante defiende que Andalucía es una nación porque existe una conciencia de clase elevada a una conciencia de pueblo

¿Hay algún partido que represente el legado de Blas Infante?

Blas Infante llegó a abominar de los partidos políticos cuando se transforman en un comité electolero donde la defensa de la marca es más importante que la ideología. Eso hace que guarde la distancia con los partidos que sobrevivieron al antiguo régimen y que al final solamente supuso un cambio de collar para los mismos perros. Creo que es un grave error pensar que el andalucismo tiene que estar concentrado en una sola marca. Nadie se plantea lo mismo con el ecologismo o con el feminismo. El andalucismo infantiano debe impregnar a todas aquellas formaciones que tengan en común la defensa de la justicia social y la reivindicación de la capacidad de Andalucía para gobernarse. Y ahí no están ni las derechas ni el PSOE, que durante 40 años de gobierno ha cogido lo que más podía beneficarle del legado de Blas Infante. Los que más se aproximan a las ideas infantianas continúan tomando las decisiones en Madrid, como si Andalucía fuera una sucursal del centralismo, pero creo que estamos en una transición hacia el resurgir de una herramienta política que sea capaz de fundir la conciencia de clase con la conciencia de pueblo.

Blas Infante decía que en Andalucía no hay extranjeros. ¿Cómo se explica el ascenso de la ultraderecha en una tierra tan diversa y multicultural?

Cuando se produce la conquista del Al-Ándalus, probablemente el hecho identitario más traumático y más importante para entender la personalidad de Andalucía, la población toma dos caminos: o se rebela y se enfrenta a los conquistadores, o se asimila y se convierte en el ser más sumiso. La identidad andaluza actual es la de un buey y la de un lobo, las dos a la vez. Los que van con los estandartes en la toma de Granada se comportan como los más sumisos, los que más se asimilaron para que no pudieran ser acusados de ser ciudadanos andalusíes. Y seguirán actuando así hasta que sean capaces de entender que ellos también son hijos de moriscos y de conversos.
Lo que más me preocupa del ascenso de la ultraderecha es que el mensaje está calando entre la gente más humilde. La pérdida de la conciencia de clase y la aceptación del discurso xenófobo y fascista es una evidencia del enorme fracaso de la izquierda y del andalucismo. 

¿La transición y la democracia han sido un sedante para el andalucismo? 

Andalucía es protagonista de una de las fisuras más importantes en el diseño de la segunda Restauración borbónica, que se realiza sobre tres elementos: el mantenimiento de la confesionalidad del estado, aunque encubierta, el mantenimiento de la corona, aunque disfrazada de constitucionalidad, y el diseño del estado con una asimetría en relación a Cataluña, Euskadi, y de forma accidentada, a Galicia. Nadie impugna la cruz ni la corona, pero Andalucía sí impugna el modelo territorial y consigue para sí misma el rango de nacionalidad histórica. Lo que sucede es que a partir de ese momento el PSOE fagocita los conceptos de Andalucía y de izquierda, hasta el punto de que el pueblo acaba atribuyéndole la consecución de la autonomía, especialmente después de que Rafael Escudero ejerciera de andaluz socialista y de que no se entendiera la jugada del Partido Socialista Andaluz, el antiguo PSA, de apoyar a la UCD para que Andalucía pudiera reformar la ley de referéndum. Estos dos episodios provocan que la izquierda del PSOE abandone Andalucía y que el andalucismo abandone a la izquierda. Durante 40 años se le ha regalado ese espacio simbólico al PSOE, un espacio que Susana Díaz ha terminado por reventar cuando apoyó el 155 y a Rajoy y cuando pactó con Ciudadanos. La gente ya no asocia al PSOE ni con la izquierda ni con Andalucía y espero que esto, unido a la entrada de las tres derechas, sea un punto de inflexión para la reacción del pueblo andaluz.    

¿Los andaluces somos un pueblo analfabeto de nuestra historia?

Yo creo que sí. De su historia, pero no de su memoria. Andalucía es un pueblo culto que ha sabido mantener su memoria a pesar de las muchas persecuciones que ha sufrido. En la memoria habita el tesoro de la historia, es decir, puede sentirlo pero no sabe porqué. Esto se debe a que nos han contado la historia como si fuéramos el resultado de una conquista anómala; somos hijos de castellanos, pero no hablamos como los castellanos ni rezamos como los castellanos, a pesar de esa obsesión de algunos por cambiar su forma de hablar y por estar rezando mañana, tarde y noche. Sin embargo, somos un pueblo con una enorme capacidad de resistencia, al que cada vez que intentan asfixiar busca el aire en el mediterráneo y vuelve a enarbolar la bandera de Andalucía, porque aunque desconozca su historia, la memoria sigue estando latente. 

Andalucía es un pueblo culto que ha sabido mantener su memoria a pesar de las muchas persecuciones que ha sufrido

¿Y somos un pueblo acomplejado?

Porque no conocemos nuestro legado. Antes te decía que uno de los hechos más importantes de la historia reciente de Andalucía fue alcanzar la autonomía plena y el rango de nacionalidad histórica, después de las manifestaciones del 4 de diciembre y del 28 de febrero, y sin embargo, yo tengo alumnos en derecho que desconocen todo esto. ¿Cómo van a sentirse orgullosos de su pueblo si ni siquiera saben que uno de los hitos más importantes de la democracia española fue protagonizado por Andalucía? ¿Cómo no van a sentirse acomplejados si les dicen continuamente que hablan un mal castellano? Porque no saben que en su garganta habitan sonidos milenarios, porque ni siquiera saben el origen de los nombres de sus pueblos o de los palos que están cantando. Y cuando se atreven a reivindicarse hay un mecanismo de resistencia que les vuelve a recordar todos las mentiras que nos han contado. Claro que somos un pueblo acomplejado, porque además somos un pueblo pobre al que le han robado su fortaleza. En el mismo instante que seamos capaces de colocar nuestra historia y nuestra dignidad sobre la mesa temblarán los cimientos del estado español.

"Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos", dice el himno de Andalucía. El poeta gaditano Juan Carlos Aragón remata con pluma afilada: "Siervos de terratenientes y de chulos a caballo". ¿Crees que una parte de los andaluces añoran aquellos tiempos de señorito y vasallos?

Lo añora porque se siente protegido sabiéndose siervo. Le teme a la opresión y al castigo porque guarda en su memoria el dolor de las persecuciones y prefiere acomodarse en el servilismo que acometer la rebeldía. Pero yo siempre digo que los andaluces queremos volver a ser lo que somos, no lo que fuimos. No hay que volver a la Andalucía del pasado como si fuera una Arcadia, sino colocarnos frente a un espejo para conocer la verdad de nuestra historia. Si lo hiciéramos ya no querríamos volver a pasar por el "vivan las caenas" ni tragarnos el yugo de un pueblo servil, porque no lo hemos sido nunca, todo lo contrario, hemos sido un pueblo resiliente. 

Imaginemos a un chico o una chica que acaba de terminar sus estudios. ¿Le aconsejarías marcharse de Andalucía?

(Resopla). No es una cuestión de consejos. Las economías más débiles son las que más sufren las consecuencias de las crisis y ahora mismo las estructuras económicas de Andalucía no difieren mucho de las que existían hace 100 años. Lo que sucede es que antes los jornaleros eran andaluces y ahora son migrantes. Los parias de la tierra hoy se encuentran en los campos de Almería y de Huelva y los andaluces están abocados a ser jornaleros del turismo, de los hoteles y de la construcción. Muchos estarán condenados a salir mientras no haya una verdadera revolución jurídica, económica y política que cambie las estructuras. Les pido que no pierdan la conciencia de clase y la conciencia de pueblo, porque puede que así encuentren alternativas dentro. Voy a ponerte un ejemplo muy clarificador. Yo soy profesor de derecho agrario y uno de mis alumnos estaba encantado tras hacer unas prácticas en una cooperativa muy importante, pero me dijo que lo más probable es que buscara trabajo fuera. El chaval es de Nueva Carteya (Córdoba), un municipio que está rodeado de olivos, pero ni siquiera se había planteado especializarse en derecho agrario para hacer certificaciones ecológicas o asesorar a jóvenes agricultores.  ¡Es que ni lo ven! Así que mi consejo no es que se vayan, sino que sean capaces de encontrar las oportunidades de futuro que pueden tener arraigándose en su tierra.

Hablabas antes de la importancia de la memoria.

Como decía Kundera, la memoria es la herramienta que tienen los débiles frente a los poderosos. Ellos van a intentar que olvidemos y nosotros vamos a luchar para no olvidar jamás. La memoria es la prueba de que somos una micropieza en una cadena infinita entre los que estuvieron y los que vendrán. La gran lucha de mi vida es que Andalucía sea consciente de que su mayor logro es haber conservado en su forma de ser, en su forma de actuar, en su forma de vivir y en su forma de hablar todo el legado de cuando fuimos faro del universo. No puede ser que Córdoba, capital de la Bética, de la Spania bizantina y del Al-Ándalus, es decir, más de un milenio, de repente se apague como una vela. Nos han hecho creer que somos un pueblo sin memoria y de ahí mi dogma de que Andalucía no es una frontera sin memoria, sino una memoria sin frontera. Reivindiquemos nuestro legado para hacerlo universalista, para abrazar al que sienta más frío, no para poner concertinas.

Otra de tus grandes batallas son las inmatriculaciones de la iglesia. ¿De quién es la Giralda de Sevilla o la Mezquita de Córdoba? 

Del pueblo, sin duda. Son bienes de dominio público, no son de nadie porque son de todos y de todas. El que estén inscritos por la iglesia se debe a una anomalía que solo pasa en España, como consecuencia de una legislación franquista que equiparaba a los notarios con los obispos y a la iglesia con la administración. Es inconstitucional a partir de 1978 y esperpéntico desde 1998, cuando Aznar permitió el acceso de los templos a los registros de la propiedad. Hasta entonces los templos habían pertenecido al pueblo y este cambio no tiene precedentes, no ha ocurrido jamás en la historia, ni durante los gobiernos confesionales ni durante la Segunda República, que supo regular los bienes de dominio público de carácter religioso como se hizo en Francia o en Portugal. Se trata del mayor escándalo inmobiliario de la historia. Se estudiará en los colegios y sentiremos bochorno de los políticos que lo permitieron. Como bien dices es uno de los temas capitales de mi vida. Hemos conseguido devolverle el nombre a la Mezquita de Córdoba y se ha creado una coordinadora a nivel estatal que ha sido capaz de levantar el escándalo y de poner contra las cuerdas, primero al gobierno de Rajoy, y ahora al gobierno de coalición. Sabemos que hay 35.000 bienes inmatriculados desde 1998 y cada vez tenemos más datos. En Cataluña son casi 3.800 y me encantaría saber cuántos hay en Andalucía, pero el PSOE lo impidió con su abstención. 

Las inmatriculaciones de la iglesia son una anomalía que solo sucede en España como consecuencia de una legislación franquista

¿Dice más de nosotros como andaluces la Mezquita de Córdoba que una catedral católica? 

Sin duda. Una catedral católica refleja una parte de nuestra historia, importantísima e innegable, pero la Mezquita de Córdoba es grandiosa, porque no solo representa el Al-Ándalus sino también el periodo pre andalusí. Es una prueba descomunal de que somos un pueblo milenario. Fíjate que cosa más hermosa; el mihrab de la Mezquita de Córdoba no apunta a La Meca y el pueblo se rebeló cuando los ulemas, en tiempos de Alhakén II, quisieron cambiarlo. La gente dijo que no, que tenía que seguir como estaba y la gente volvió a decir que no en el siglo XXI, cuando quisieron llamarle catedral. Así que cuidado con decir que el pueblo andaluz es sumiso, porque es capaz de revelarse cuando le hurgan en los más profundo de su memoria.

¿Eres anticlerical? 

En absoluto, y quiero que lo pongas con mayúsculas. Yo no soy anticlerical, soy laico en el sentido más radical de la palabra. Yo quiero un estado laico que garantice que sobre el mar naveguen todos los barcos en calma, es decir, las creencias y las no creencias. Reconozco la importancia de la confesión católica, pero creo que se trata de una institución por regularizar. Pedir que se conozcan sus ingresos y su patrimonio es una reivindicación democrática, porque exijo lo mismo para la corona, los partidos y los sindicatos. Lo que no puede ser es que actúen como un paraíso fiscal con la connivencia de todos los gobiernos hasta la fecha.

Defiendes a ultranza el legado del Al-Ándalus en el flamenco. ¿Acaso no viene de Holanda?

¡Qué disparate! No hay ninguna referencia a los Países Bajos, salvo en los villancicos cuando se dice "olé, olé, Holanda", que además proviene de la expresión sufí "la ilaha illa anta" (no hay dios sino tú). "Olé", el grito más popular de los flamencos, es Alá, el nombre en árabe de dios, pronunciado en andalusí. Pretenden hacernos creer que el flamenco se genera de forma espontánea en el siglo XIX, como si los primeros cantaores no hubieran aprendido la seguiriya por la tradición oral de aquellos que no dejaron documentación escrita porque eran perseguidos, pero que cantaban en las chozas y en las cuevas. Si hoy existe ese monumento al que llamamos flamenco se lo debemos a los moricos, a los gitanos y a los negros.

¿Hay un intento interesado de ocultar los vínculos con el Al-Ándalus? 

Creo que es una consecuencia más de hacernos creer que Andalucía sólo existe desde la conquista. También ocurre con otras muchas expresiones culturales e incluso con las palabras. Cuando no son capaces de encontrar el origen etimológico lo buscan en cualquier otro lugar menos en nuestro pasado, porque no pueden entender que una gran mayoría de la gente no se marchó. Claro que hubo una expulsión de moriscos, y antes un exilio de andalusíes, pero la mayoría de la población se quedó y siguió guardando los sonidos en la garganta, aunque fuera en la clandestinidad. Todo eso se mantiene vivo en nuestra memoria, pero si no lo ponemos en valor, si seguimos utilizando los mecanismos academicistas, al final acabas creyendo las mentiras tan repetidas en los libros, en lugar de las verdades escritas en el aire. Para entender lo que somos hace falta tener una visión holística de Andalucía, y para saber cómo viven las huellas en la memoria, sean del flamenco o de cualquier otra cosa, hay que tener una mirada transversal e interdisciplinar y darnos cuenta de que ahí hay historia, recuerdos y antropología. Andalucía no es consecuencia de la repoblación de un solar. El flamenco es un gran río intercultural que no existiría sin los afluentes andalusíes, negros, gitanos, moriscos y americanos. 

¿Cómo ves Andalucía dentro de 10 años?

Dentro de 10 años no me atrevo, pero vamos a sufrir la crisis con mayor crudeza porque tenemos las estructuras económicas más débiles. Somos los que más paro hemos sufrido con el impacto de la pandemia, los que más personas tenemos en el umbral de la pobreza, la mayoría mujeres, y todo eso bajo el gobierno de la derecha, que no cree en la redistribución de la riqueza y ni se le pasa por la cabeza el cambio del modelo productivo. Temo que haya un adelanto electoral que pueda beneficiar a la derecha, que intentará gobernar sin el parasitismo de la ultraderecha, o a Susana Díaz, que podría tratar de sumar fuerzas con Ciudadanos. A la izquierda la pillaría desarmada, demasiado pendiente de lo que sucede en Madrid. Ojalá existieran formaciones políticas con conciencia de clase y de pueblo y lo suficientemente fortalecidas para desalojar a la derecha.

¿En cuántas luchas estás presentando batalla?

La verdad es que en muchas, para qué te voy a engañar. Trabajo desde la universidad para buscar soluciones que garanticen el acceso a la vivienda con un laboratorio jurídico sobre los desahucios, sigo tejiendo una unión cultural andaluza a través de los ateneos y también participio en causas concretas, como la defensa del escudo de Andalucía o la constitución de una cátedra de memoria democrática. Doy conferencias en las que intento transmitir nuestra memoria y estoy escribiendo un libro sobre la primera república que existió en el estado, que fue la república de Al-Ándalus en el siglo XI. En definitiva trato de poner mi grano de arena para que Andalucía se reconozca en el espejo.

¿Nunca se cansa uno de luchar?

No, porque perder es dejar de luchar, porque para que triunfe el mal basta con que los hombres de bien no hagan nada y porque nos equivocamos en el concepto de éxito y fracaso. Yo luché para que en Andalucía no coincidieran las elecciones generales con las autonómicas y pusimos en marcha una iniciativa legislativa popular. ¿Se ganó aquella iniciativa? No. ¿Se ganó el debate? Sí. En el tema de las inmatriculaciones, ¿hemos recuperado los bienes usurpados por la iglesia católica? No. ¿La gente sabe qué son las inmatriculaciones? Sí, y también saben que es un escándalo. Las causas se pierden cuando se deja de luchar, pero cuando se luchan ya están ganadas. 

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