Asaari Bibang: "Si no hay sitio para mí, lo dejaré"

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Asaari Bibang habla con calma. Pausada y reflexiva se toma su tiempo para contestar, pero tengo la sensación de que se trata de un discurso que ha tenido que repetir en demasiadas ocasiones. Por necesidad. O quizá sea por culpa de gente como yo, de los periodistas, y de nuestra incapacidad para afrontar una entrevista con una persona negra sin recurrir constantemente al tema del racismo. 

Actriz con dos décadas de carrera, lamenta que las intérpretes negras todavía estén abocadas a los mismos personajes, de puta o de criada, que le provocaron un desencanto con la profesión. Y cómica pugilística con un derechazo para abrir conciencias, pero que en ocasiones se ha tropezado con alguna mandíbula de cristal, de las que se abren para reír a carcajadas y de las que se cierran para no decir nada. De los silencios hablamos mucho durante casi dos horas de conversación: de los cómplices, de los equidistantes y de los indiferentes, porque entre todos han creado un vacío atronador en el que se siente atrapada: "Me encanta la comedia, pero no voy a convertirme en alguien que no soy. Si no hay sitio para mí, lo dejaré".

¿Cómo has vivido el confinamiento?

Me ha servido para crear, para escribir y para mentalizarme de que las cosas iban a cambiar. 

Estabas con un monólogo en marcha: ‘Amén, hermana’.

E iba bien de público, pero con todo este tema ha quedado un poco en el aire. Cuesta mucho producir un espectáculo, así que hemos decidido parar y ver cómo evolucionan las cosas.

Desde el mundo de la cultura, ¿habéis sentido el apoyo de las instituciones?

En absoluto, se ha gestionado muy mal. A pesar de que ha quedado demostrado que la cultura es segura. Si en condiciones normales es un sector muy inestable para los profesionales, la pandemia ha empeorado mucho la situación. Las instituciones siempre recurren a personajes del mundo de la cultura para hacer cualquier tipo de campaña, pero ahora somos nosotras quienes necesitamos su ayuda y no hemos obtenido respuesta. 

Dicen que la comedia es tragedia más tiempo. ¿La gestión de Díaz Ayuso en Madrid será buen material para un monólogo?

Ya lo es. Yo vivo en Madrid y me parece surrealista. Una de las zonas más afectadas, pero donde menos medidas se toman. Creo que Ayuso juega a eso. Ahora en la política no importan los discursos bien fundamentados para encontrar respuestas a los problemas de la gente. Ahora viven en la confrontación y en la búsqueda permanente del zasca que se haga viral. Para mí, como cómica, es maravilloso, pero le pediría a la clase política que no se comportase como youtubers de 15 años

¿Se puede hacer comedia con cualquier cosa?

Sí, pero la comedia tiene que ser justa, transversal y de abajo hacia arriba. Escucho muchos chistes sobre personas negras. Algunos están bien ejecutados, con una técnica trabajada, pero estoy segura de que la persona que lo cuenta no se ha parado a pensar la magnitud que pueden tener sus palabras.

La comedia tiene que ser justa, transversal y de abajo hacia arriba

¿Qué falló en el gag de ‘La Resistencia’ sobre George Floyd?

El soporte visual. La crítica estaba ahí y el chiste me pareció bueno, pero no entendieron lo que significaba mostrar a Floyd pisoteado por un perro. Porque a Floyd no le mataron por ser un hombre de 1,90. Le mataron por ser negro, y por tanto, todas las personas negras nos vimos representadas en él. En España se abusa de la violencia visual con las personas racializadas. Nunca verás en televisión a niños blancos y europeos ahogados en una playa, pero las personas racializadas tenemos que soportarlo cada día. Hay una gran insensibilidad al respecto porque los medios han creado un imaginario colectivo, que consiste en ver cuerpos negros sufriendo continuamente. Por ejemplo; el bebé negro, desnudo, con la tripla inflada por el hambre y lleno de moscas. No entienden el abuso psicológico que eso supone para nosotros.

¿Y qué pasó en la gala de los Premios Feroz? ¿Notaste la incomodidad del público con tu monólogo?

Por supuesto. Y no hace falta que lo diga yo. Se vio y se comentó. 

¿Eras consciente de que podías generar esa sensación?

Ese texto está probadísimo y la gente siempre se ríe. No creí que fueran a tener esa reacción. Presupuse que tendrían una sensibilidad especial al dedicarse al mundo de la cultura. No reírse a carcajadas, pero al menos mostrar una aceptación positiva. La actitud de escucha es muy importante y ellos, como actores y actrices, deberían saberlo. Salí decepcionada, porque se me cayó un mito, porque son mis compañeros, el espejo en el que me miro y a los que admiro. Que no supieran empatizar con el mensaje me dolió. Y el silencio posterior también. 

Además, hablé de otras cosas. De la falta de oportunidades para las mujeres cuando cumplen una cierta edad, por ejemplo. Un discurso muy aplaudido cuando han sido otras personas y otros perfiles los que han hecho la reivindicación. Tenemos que borrar la idea de la necesidad de tutelaje. Tenemos nuestra propia voz. 

¿El cine es una puerta que has dejado atrás?

No. Me encantaría hacer ficción, pero es cierto que cuando empecé, hace 20 años, pensaba que las cosas estarían un poco mejor en la actualidad. Sigo viendo a las actrices negras haciendo papeles de prostitutas o de criadas. O cuando son el hilo conductor de una historia en la que al final no tienen ningún protagonismo, porque el hombre blanco llega para salvarlas. En el cine español es frecuente esa figura, la del salvador blanco, pero en la vida real las personas negras nos salvamos a nosotras mismas constantemente. Ojalá algún día veamos personajes negros, fuertes y empoderados, donde el color de su piel no sea trascendental en la historia, porque eso nos aboca a tener muy pocas oportunidades. 

Ojalá algún día veamos personajes negros, fuertes y empoderados, donde el color de su piel no sea trascendental en la historia

En el cine español, los personajes negros casi siempre tienen acento extranjero.

Pues casi todas mis amigas negras son españolas. ¿Se pueden hacer ese tipo de personajes? Claro que sí, pero ¿por qué siempre es lo mismo? Existe un imaginario colectivo mediante el cual le ponemos acento extranjero a los actores y actrices negras. Y no me vale eso de que la industria representa el pensamiento de la gente, porque el cine tiene la capacidad de transformar la realidad. Y es más fácil en este caso, porque no es una realidad que haya que inventar. Las personas negras y españolas existimos. Y no hablamos con acento ni vamos en taparrabos.

También los espectadores tenemos nuestra parte de responsabilidad en la construcción de ese imaginario.

La industria audiovisual es un negocio y creen que van a vender más si el personaje interpretado por una actriz negra baja de una patera. ¿Por qué lo creen? Porque el espectador también consume más ese relato.

Algo similar sucede en los medios de comunicación. Parece que los periodistas negros solo pueden opinar de temas relacionados con el racismo.

Yo le llamo la "black week". Solo les dan voz cuando ocurre un suceso dramático, porque parece que no sabemos de economía ni de política ni de cultura ni de asuntos sociales.

Has dicho que ni siquiera cuando eras una niña y recibías insultos directos habías sentido tanto miedo como ahora. ¿Ese temor se ha acentuado desde que eres madre?

Por supuesto, pero también es algo que ocurre cuando maduras y eres más consciente de la realidad que te rodea. Me he dado cuenta de que en el tema del racismo nadie tiene un compromiso firme. Obviamente no equiparo las posturas de derechas y de izquierdas, pero no basta con no ser racistas. Hay que posicionarse de forma clara y contundente en el antirracismo. Y con hechos, no solo de palabra. Lo que sucede es que para que unos estén arriba otros tienen que estar abajo. Y nadie quiere reconocer que sus privilegios joden a otros, aunque sea con su silencio. Hay muchos silencios y se legitima a políticos racistas y sus discursos, que son muy peligrosos, porque nos señalan y nos ponen en peligro. Imagina cómo serían tus relaciones sociales si la gente pensara de ti que eres un violador, un ladrón o un asesino. Pues a esa caricatura nos enfrentamos las personas racializadas. Lo que estoy viendo ahora no lo he vivido en 30 años. ¿Cómo se puede tolerar que vayan a centros de menores para señalar a un grupo de niños y niñas? Si esto sucede con un gobierno que se supone de izquierdas, ¿qué nos espera en el futuro? Yo sé que al final voy a sobrevivir, pero tengo miedo por mi hijo. 

Pablo Casado dijo que España no es un país racista.

Y lo sabe él, ¿no? ¡Venga ya! Que le pregunte a las gitanas.

¿Cómo fueron tus primeras experiencias profesionales en la comedia y la reacción del público?

Empecé con la comedia de forma profesional cuando me quedé embarazada, aunque ya había hecho algunas cosas antes. Tuve que hacer mucho trabajo interior y confiar en el público. Alguna vez me han mandado a fregar o me han insultado, pero la comedia es justa y la gente se ríe cuando algo es gracioso, aunque también influyen otras muchas cosas. 

‘Amén, Hermana’ está producida por la Riot Comedy, ¿qué ha supuesto para las cómicas la irrupción de una productora de comedia femenina?

Es una gran plataforma y una muy buena oportunidad para muchas cómicas. La Riot debería ser mucho más reconocida y valorada. 

Dime algunas cómicas que todo el mundo debería ver.

Patricia Sornosa, Bianca Kovacs, Coria Castillo, Dianela Padrón...Un cómico puso un post con una frase de Gloria Fuertes que decía: "El mundo está lleno de célebres hombres mediocres". Eso es imposible para las mujeres. Nosotras no podemos ser mediocres, se nos tiene que considerar unas "fuera de serie". Se nos critica mucho más que a ellos.

Hace unos meses, en una entrevista, dijiste que cuando empezaste a hacer comedia  supiste que no estabas amando a las mujeres. ¿Qué querías decir?

Muchos años antes de esa entrevista hice otra de la que me avergüenzo profundamente. Me preguntaron cómo llevaba ser la única cómica negra en España y contesté que tenía una parte positiva, porque cuando necesitan a una cómica negra solo pueden llamarme a mí. Cada vez que leo aquellas palabras pienso "menuda idiota". Pero la sororidad y amar a las mujeres me ha cambiado la vida. Ahora siento orgullo de todas ellas y de todos sus logros. Antes iba a un casting y las veía como rivales, ahora pienso que son mis hermanas y que cuantas más seamos mejor, porque sola no se llega a ningún sitio.

La sororidad y amar a las mujeres me ha cambiado la vida

Y en el mainstream, ¿hay espacio para ti?

Ahora mismo estoy un poco pesimista.

Pero ahora eres una persona muy conocida.

No quiero ser conocida ni famosa y no me apetece exponer más mis pensamientos u opiniones. Yo me entero de todo, no solo de lo que sale en las noticias. Me escribe mucha gente para contarme episodios que han sufrido y que les han provocado dolor. Me halaga que confíen en mí y estoy ahí cuando me lo piden, pero es una carga emocional pesada y muy dolorosa. 

¿Qué planes tiene para el futuro?

No lo sé. Igual me hago un Dave Chappelle

¿Hablas de retirarte?

En un vídeo de una de mis intervenciones se oye como alguien del público me grita "¡cállate, zorra!". Después de eso recibí muchos comentarios racistas. Me sorprende que los medios y la gente en general no levanten más la voz cuando sus compañeros sufren ataques que atentan contra sus derechos humanos, ya sea por racismo, machismo, discriminación hacia el colectivo LGTBIQ+... Me sorprende que no se adopten medidas ni se emitan comunicados ni haya una voz al unísono rechazando de pleno estos comportamientos. Como se exige en el fútbol, por ejemplo. A mí eso me causa cierta inseguridad, porque me planteo que si ocurre algo grave no voy a estar protegida. Creo sinceramente que tendría que haber más implicación por parte de todos. 

A mi me encanta la comedia, pero me gusta la comedia que hago y poder expresar algo que considero justo, una realidad que es visible para todo el que quiera verla. ¿Qué tengo que hacer, me hago blanca? Dímelo tú, ¿me hago blanca? Porque no puedo hacerlo. Sinceramente, he perdido bastante la fe. Yo quiero trabajar y esforzarme y que se me reconozca por mi trabajo, pero no voy a convertirme en alguien que no soy. Eso es lo único que jamás podrán arrebatarme. 

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