Azrael El Mata: "Quiero que se sepa que hubo un rapero que recuperó el idioma caló"

Kamchatka es un espacio colectivo para una forma de hacer periodismo: feminista, de clase, contestatario e independiente. No tenemos grandes inversores que interfieran en nuestra ética profesional y para que esto pueda seguir así necesitamos más que nunca vuestra colaboración. Ayúdanos a seguir siendo libres. Ayúdanos a resistir.

El idioma caló o calé o zincaló es una lengua variante del romaní desarrollada por los gitanos entre los siglos XV y XVIII que se nutre principalmente de un vocabulario indio-ario, pero cuya estructura y sintaxis están imbuidas en el castellano, con influencias del catalán, el euskera o el portugués. La mayoría de lingüistas coinciden en señalar una comunidad de hablantes que oscila entre las 65.000 y las 170.000 personas, repartidas en España, Portugal, Francia y Brasil, pero resulta imposible calcular una cifra exacta, porque el caló es un idioma abandonado por las instituciones. En España no tiene reconocimiento oficial en ninguna de las 19 comunidades y ciudades autónomas, a pesar de que más de 200 palabras del caló son de uso común en el castellano (chaval, currar, camelar, menda...) y tampoco se encuentra protegida por la Carta Europea de las Lenguas Minoritarias o Regionales. El futuro es más que incierto y de llegar a consumarse su desaparición, la pérdida cultural, identitaria y de memoria colectiva sería irremplazable.

Para intentar evitarlo han surgido en los últimos años diferentes iniciativas culturales que trabajan en la transmisión del lenguaje a las generaciones más jóvenes. "Los chavales apenas lo hablan, salvo las tres o cuatro palabras que conoce todo el mundo". Azrael El Mata utiliza el rap para propiciar el acercamiento de los gitanos y las gitanas a la semilla de su propia idiosincrasia. Consciente de la capacidad performativa que tiene la música, este conquense de solo 26 años lleva desde los 12 componiendo versos para dejar constancia de que en tiempos de incertidumbre hubo alguien que rebuscó entre los surcos de la memoria para rescatar del olvido la palabra y el verbo de los antiguos. "Le pregunto a los abuelos del barrio y les escucho. Muchas de las palabras que ellos utilizan se están perdiendo", asegura Azrael.

Azrael El Mata utiliza el rap para recuperar el idioma caló, la lengua de los gitanos

Cuando apenas era un adolescente barbilampiño comenzó a escupir tinta para hacer versos de una infancia complicada que se hizo mayor demasiado pronto. Con 15 años tuvo que abandonar su casa por diferencias familiares, circunstancia que le obligó a sobrevivir en la calle y "a pasar mucho frió", sin luz ni agua, en una cueva donde los huesos y los grados se hacían añicos en mitad de una montaña.

Como casi todo en su vida, el éxito y la popularidad aparecieron de forma prematura y sin avisar, gracias a ‘Mírame a la cara’, un tema que alcanzó cientos de miles de reproducciones en las plataformas digitales y que le propició su primer encuentro con la fama. "La gente se paraba para pedirme fotos", recuerda Azrael entre risas. "Y yo estoy encantado de hablar con todo el mundo y de que me reconozcan, pero no es lo que más me preocupa".

Azrael El Mata es el artista que encontró en la música una herramienta para canalizar la rebeldía, y Francisco José, su nombre real, es un tipo cercano y afable que durante una hora de conversación telefónica me habla constantemente de sus 3 hijos y de la responsabilidad que carga sobre sus hombros para que no repitan los errores que él cometió. "La verdad es que les riño demasiado, pero porque son lo más importante para mí y no quiero que lo pasen mal. El mayor quiere ser maestro de ciencias naturales y el mediano…¿qué dijo el otro día?", le pregunta a su mujer. "Bombero, quiere ser bombero. Y les digo que tienen que estudiar mucho. Yo gano 1.000 euros, pero si el día de mañana tengo que pedir un préstamo para que puedan seguir estudiando lo haré. Por ellos lo que sea".

Charlo con Azrael cerca de las 12 de la noche. "Ceno algo rápido y te llamo", me dice. Acaba de llegar a casa tras una jornada de 8 horas en una fábrica de faros de coche, como Eminem, el rapero estadounidense que antes de vender millones de discos en todo el mundo se ganaba la vida trabajando la chapa en la industria de la automoción. "Ojalá fuera yo Eminem", ríe Azrael, quien se ha pasado la vida de ciudad en ciudad a la sombra de un tajo para poner un plato encima de la mesa. En Cuenca, en Novelda, en Madrid, en Segovia y en Jaén, donde reside en la actualidad. "Para que luego digan que los gitanos somos unos delincuentes y no trabajamos, pero somos nosotros los que estamos en el mercadillo a las 7 de la mañana para que tú puedas ir a comprar".

Dicen que los gitanos no trabajamos, pero somos nosotros los que estamos a las 7 de la mañana en el mercadillo

A pesar del trabajo, los niños y la casa, Azrael consigue sacar tiempo para dedicarse a la música. Unas horas por las mañanas y otras tantas por las noches. "Con mucho café y mucho tabaco", así logró sacar en 2019  al álbum ‘Flow Caló’, un disco y un nuevo género musical que también es un contrato con el que este joven artista sella su compromiso con el idioma milenario del pueblo gitano. "Quiero que la gente sepa que hubo un rapero que recuperó el idioma caló".

Comenzaba entonces su mejor momento en el mundo de la música, con actuaciones cerradas por todo el país que se vieron abruptamente interrumpidas por la pandemia. Su último concierto tuvo lugar en San Fernando, Cádiz, la tierra natal de Camarón de la Isla, uno de sus grandes referentes. El Príncipe Gitano fue un revolucionario que mezcló el flamenco con el rock, el jazz y los ritmos africanos, una herejía en aquella época que le valió las críticas de los sectores más inmovilistas. "Si fuera por los puristas siempre estaríamos en el mismo sitio", dijo Camarón en una entrevista.

Azrael también aspira a dejar su huella, pero sabe que el camino es largo y el riesgo de tropezar con los reacios a los cambios es un escollo que tendrá que aprender a sortear. De momento cuenta con la bendición de uno de los grandes de la escena del rap nacional, el gitano Antón de ‘La Excepción’, pionero en la musicalización del caló y con quien ha grabado un tema que el sábado estrena videoclip. Hoy lanza su nuevo sencillo, ‘Qué chanelas tanto’, mientras que en el futuro llegarán más colaboraciones con artistas de la talla de Arianna Puello y fantasea con la idea de compartir estudio con Fernando Costa, Diego el Cigala, Natos y Waor o El Barrio.

Le pregunto cómo se ve dentro de 10 años. "Yo he estado en el campo cortando ajos todo el día. Ojalá en el futuro pueda vivir de la música y ahorrarle a mis hijos media vida de trabajo". Oropatialá.

Suscríbete a nuestra newsletter