Pérez Tapias: "Que todos seamos sujetos morales no nos exime de la reflexión ética"

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La mayoría de la gente conoce a José Antonio Pérez Tapias (Sevilla, 1955) como el verso suelto que se presentó a la secretaría general del PSOE "poszapaterorubalcaba", entre el favorito Eduardo Madina y el triunfante Pedro Sánchez. 25 años de militancia socialista que tocaron a su fin 4 años después de aquel julio de 2014, cuando decidió darse de baja del partido para "buscar un espacio más amplio".

Pero Pérez Tapias es sobre todo un docente, y se notan las hechuras de educador cuando articula un discurso que en su desarrollo está más cercano al tono dialogante de un profesor que al soberbio del argumentario dogmático de un partido. Hablamos de filosofía, materia de la cual es decano de la Facultad de Granada, de ética y de religión. De conversar con Sócrates en la Antigua Grecia, de lidiar con la extrema derecha en el presente y del futuro incierto de la reflexión en las sociedades líquidas de la instantaneidad. 

Comienzo con una pregunta tópica, ¿para qué sirve la filosofía?

Para reflexionar y para activar el pensamiento crítico. Es una cuestión que va más allá de cualquier respuesta utilitaria, no es un manual de aplicación inmediata ni un libro de instrucciones. La filosofía lleva miles de años reflexionando sobre cuestiones que nos afectan a todos, acerca del por qué y del para qué en múltiples dimensiones. 

La nueva Ley Educativa no va a recuperar la asignatura de Ética, rompiendo así el consenso parlamentario que se logró hace 5 años.

Es chocante porque ha sido el único acuerdo unánime de la cámara en muchísimo tiempo. Se han aducido distintas razones, ninguna de peso. La ética tiene muy buenos motivos para estar en 4º de ESO. A la ley le queda un trámite parlamentario en el Senado, donde puede haber cambios. No está todo perdido, aunque la situación es complicada.

¿Qué puede aportar la asignatura de Ética en el desarrollo de un adolescente?

Reflexión, crítica y argumentos en torno a nuestra condición moral y a todas las cuestiones que tienen que ver con ella. Hay una analogía muy clarificadora: todos somos hablantes de nuestra lengua materna y a nadie se le ocurre suspender la asignatura de Lengua Española, porque tiene la función de aumentar nuestra competencia lingüística para tener una acción comunicativa exitosa; para hablar bien, construir bien o mejorar la comprensión lectora. Pues algo parecido debería suceder con la asignatura de Ética: que todos seamos sujetos morales no nos exime de una reflexión ética, que además en esa edad, entre 15 y 16 años, es especialmente oportuna, máxime cuando algunos alumnos y alumnas no van a tener la oportunidad de obtener una enseñanza similar.

La educación moral tiene que ser transversal y no restringirse a una solo asignatura. Debe comenzar mucho antes, en nuestro núcleo familiar, pero es necesario ese momento reflexivo expreso en el marco de una asignatura.

¿Cree que la reflexión filosófica o la ética pueden ayudar a enfrentar problemas que son habituales en las aulas, como la discriminación o el acoso escolar?

Por supuesto, aunque insisto que una asignatura no es un manual que opere mecánicamente, pero puede ayudar a que chicos y chicas en esas edades encuentren un momento para la reflexión sobre cuestiones que implican un posicionamiento ético. ¿Por qué debemos obedecer las leyes en un estado democrático? ¿Por qué en algunos casos es lícita la desobediencia civil? ¿Por qué estamos obligados al respeto recíproco? ¿Por qué el maltrato nos deshumaniza a nosotros mismos? Es un largo recorrido en muchas cuestiones de derechos humanos, de convivencia, de exigencias de igualdad, tanto sociales como de género, y un planteamiento enriquecedor para la formación de cualquier persona. Además, lo que se plantea como alternativa a la ética es una asignatura de valores constituciones y cívicos que resulta un cajón de sastre, y que suele acabar en un planteamiento bastante indefinido y de tintes conservadores. 

Hablando del acoso escolar, Sócrates decía que la maldad es fruto de la ignorancia.

Bueno, es una posición intelectualista que plantea que el conocimiento repercute en la bondad del ser humano. Pero lo que Sócrates entendía como conocimiento es muy diferente a lo que barajamos hoy. Sócrates defendía que la sabiduría tenía unas connotaciones éticas y si no eras consecuente con ello es porque en realidad no tenías esa sabiduría. Nuestra visión es más compleja, porque tenemos saberes más diversos y más saberes que sabiduría, también hay que decirlo. 

Que todos seamos sujetos morales no nos exime de una reflexión ética, que además en esa edad, entre 15 y 16 años, es especialmente oportuna

El PSOE esgrime que recuperar la asignatura de Ética aumentaría la carga lectiva de los alumnos. Sin embargo, continúan impartiéndose clases de religión. ¿El PSOE es un partido laico? 

Sí, y en último congreso hubo enmiendas que abogaban por dar pasos de mayor envergadura en el terreno de la laicidad. El PSOE mantiene ese discurso sobre el papel, pero en muchas ocasiones los hechos quedan por detrás. También hay que reconocer los pasos importantes en la dirección con esta nueva Ley Educativa, como quitarle el valor académico que la reforma de Wert le había otorgado a la religión. El desacierto en este asunto viene de muy atrás, cuando se plantea la dualidad entre ética y religión, porque una enseñanza de ética es pertinente para todo el alumnado. La ética no es ajena a las religiones y las religiones no pueden quedar fuera de una reflexión ética. 

¿La filosofía y la religión no son en cierto modo incompatibles?

Es un debate complejo que lleva siglos produciéndose. La filosofía se mueve desde una razón autónoma, mientras que la religión se emite, vamos a llamarlo así, desde fuentes trascendentales. La filosofía en algunas ocasiones ha planteado cierto absolutismo en sus planteamientos, hasta el punto de tener que retractarse y reconocer los límites de la razón. Y la religión también ha hecho un mal planteamiento de la idea de la revelación, lo que se entiende como la verdad revelada, que se vertebra en un lenguaje simbólico heredado de una tradición con una fuerte carga mística. Pretender colocar esa verdad al lado de la otra es un desatino que ha provocado contradicciones insalvables en el discurso teológico. Una religión que no sea ajena a las críticas y a los procesos de ilustración puede ser compatible con la filosofía

¿No es contradictorio que en centros del pensamiento crítico como los colegios se estén inculcando dogmas de fe?

Eso sucede porque se imparte la religión desde un punto de vista confesional. Cuestión diferente sería si hubiera una materia de religión con otras perspectivas académicas. Desde la Ilustración sabemos que la tradición religiosa se devalúa a sí misma si no deja espacio para la crítica ni contribuye al desarrollo humanizador. Esa religiosidad produce planteamientos integristas y autoritarios, derivas fundamentalistas y confesiones morales muy estrechas. La religión necesita de la crítica, porque el problema no es que se enseñe, sino cómo se enseña.

El problema no es que se enseñe religión, sino cómo se enseña

En estos tiempos de hiperconectividad y consumo instantáneo, ¿hay espacio para la reflexión?

Es cierto que es complicado encontrarlos, pero debemos educarnos en eso. Estamos acostumbrados a pasar de un asunto a otro, como bien sabéis en el periodismo. Todo está cada vez más constreñido y diseñado para un consumo inmediato, pero hay que luchar por los espacios de reflexión.

¿La reflexión filosófica puede servirnos como un escudo de defensa contra los populismos de extrema derecha?

Sirve para todo tipo de populismos. Fenómenos como Trump o Bolsonaro están relacionados con lo que llamamos la dinámica de la posverdad, una dinámica perversa que se instala en la sociedad, alentada mediáticamente por soportes informativos fuertes y rentabilizada en el ámbito político. Se produce un abandono de la verdad, y los mismos que la rechazan pretenden construir una verdad alternativa. La verdad no está siempre presente en los discursos políticos, de eso ya nos advirtió Maquiavelo, pero una democracia tiene los días contados si se consagra a la mentira. 

¿Faltó reflexión y ética cuando el PSOE echó a Pedro Sánchez de la secretaría general?

En muchos casos, y no voy a señalar a nadie, no hubo juego limpio. Es lícito tener una posición diferente a la del secretario general, pero se podría haber expresado de otra manera. Sánchez no acertó en todo, pero se debería haber optado por procedimientos democráticos y dignos. 

Gramsci decía: "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos". ¿Tiene la sensación de que está pasando algo similar entre el PSOE felipista y el actual?

Hay mucha resistencia para abrir nuevos caminos, pero no se puede seguir haciendo lo mismo porque la crisis económica y sanitaria, con las tremendas consecuencias sociales que acarrea, nos ha puesto en un escenario diferente. Cuesta trabajo asumir nuevos enfoques, pero es ineludible. En el caso del PSOE, las fuerzas que descabalgaron a Pedro Sánchez habían estado contenidas una vez que volvió a ser elegido secretario general, pero parece que de nuevo pretenden hacer valer su peso. Y además con unas declaraciones… Alfonso Guerra, Rodríguez Ibarra o Emiliano García-Page. Son posicionamientos muy conservadores que reflejan las inercias internas de un partido que necesita de otro enfoque y que tiene un déficit en el debate interno.

Por ejemplo, cuando se pacta con Bildu y las derechas montan una escandalera. Parece que el PSOE se repliega y no es capaz de ofrecer un discurso sólido para fundamentar esos acuerdos, pero si los términos son defendibles pueden contribuir a enriquecer el debate democrático en aspectos de participación, de inclusión en las instituciones y de una política territorial de largo recorrido, en lugar de la miopía españolista de las derechas.  Aquí se evidencia una actitud tibia que el PSOE tiene que vencer si quiere ser una alternativa de izquierdas de largo recorrido, frente a las derechas y los planteamientos neoliberales. O puede pasar lo que ha sucedido en Andalucía, donde una izquierda disgregada y sumergida en una serie de luchas sin sentido, ha provocado que las derechas se consoliden en el poder. 

PP, Ciudadanos y Vox hablan de falta de ética y moral al referirse a los acuerdos con Bildu.

En este caso hay un abuso de lo ético y un discurso moralista, cuando lo que necesitamos, como decía Kant, es una política moralmente orientada, que es algo muy distinto de la ideología tramposo del moralismo político. Pactar con Bildu no es inmoral y no va en contra de ningún planteamiento ético. Es un partido legal que ha hecho declaraciones en contra del uso de la violencia. Es cierto que algunos de sus miembros tuvieron vínculos en el pasado con Sortu o Herri Batasuna, pero son páginas que quedaron atrás. Otegi tuvo su recorrido, pero cualquier analista serio reconoce el papel que jugó para que ETA abandonase la violencia. 

Pactar con Bildu no es inmoral y no va en contra de ningún planteamiento ético

Jürgen Habermas dice que no quiere gobernantes filósofos. Usted fue candidato a secretario general del PSOE, así que supongo que tuvo aspiraciones a la presidencia del gobierno.

Más vale que los gobernantes sepan de filosofía y no que los filósofos se metan a gobernantes. Cuando yo me presenté a secretario general sabía hasta dónde podía llegar, y además, yo era partidario de la bicefalia, es decir, que el candidato a la presidencia del gobierno no tuviera que ser el secretario general, porque la división de poderes en un partido es tan beneficiosa como lo es para el estado. Llevo toda la vida dedicado a la filosofía y 25 años de militancia en el PSOE, y ha sido, en ocasiones, una relación tensa. Hay que tener una lealtad al partido, pero no una fidelidad perruna, como dicen los castizos, ni planteamientos tribales. Cuando uno hace un discurso público sin más aval que la autoridad de sus palabras debe intentar que sea compartido por una gran mayoría, más allá de sus compañeros. Y eso, en algún momento, te lleva a hacer críticas a tu propio partido. Hay que conjugar la lealtad con la exposición de planteamientos críticos, aunque no sea fácil y haya que dar pasos hacia un lado, como hice yo al darme de baja del PSOE en 2018 porque necesitaba un espacio más amplio.

Hablando de políticos filósofos, ¿qué le parece la estrategia Macron contra lo que ha llamado el separatismo islamista? 

Que uno sea filósofo no garantiza el éxito político, porque en política no bastan las buenas razones. Hay que convencer y tener la fuerza de los votos. Macron lleva razón en defender el principio de laicidad, que es una de las esencias de la República francesa, y en fijar bien los términos de la convivencia en una sociedad democrática, con el principio de la libertad de expresión como irrenunciable. Pero hay afirmaciones en el mundo intelectual francés que son muy peligrosas. Por ejemplo, cuando se dice que los ataques terroristas son una declaración de guerra. Puedo entenderlo desde el punto de vista de quienes los perpetran, pero creo que el estado se equivoca si plantea la seguridad y la defensa como una guerra. Hay que tener mucho cuidado con el lenguaje, porque cuando se habla de separatismo puede provocar que todos los musulmanes se sientan extranjeros en Francia, y en consecuencia, que interpreten los ataques terroristas desde el punto el punto de vista de la exclusión. 

Habermas defiende la necesidad de impulsar en Europa lo que él llama un islam ilustrado.

De eso se lleva hablando mucho tiempo. Yo mismo he realizado trabajos donde recojo las teorías de autores franceses que hablan de esa idea de un islam europeo. No un islam eurocéntrico, sino un islam que se vea enraizado en las propias tradiciones europeas, integrado en la sociedad y en las dinámicas políticas. Pero eso no se va a conseguir con imposiciones, sino promoviendo que el islam recupere su propia tradición. En el libro 'Islam y libertad: el malentendido histórico', Mohamed Charfi habla claramente de esto, de cuando el islam dejó atrás el camino de Averroes.

Si tuviera una máquina del tiempo, ¿a qué época viajaría y con quién le gustaría hablar de filosofía?

Sería un lujo andar por las calles de Atenas y encontrarme con Sócrates. Otro autor por el que siento gran admiración es Spinoza, del siglo XVII, antecedente de la ilustración, racionalista y que aportó nuevas claves para la defensa de la laicidad política en aquella época. También disfrutaría con autores más coetáneos, como algunos de la escuela de Frankfurt. Y con pensadores latinoamericanos, como Luis Villoro, fallecido en 2014, o el nonagenario argentino Enrique Dussel. En el pensamiento hispano, aunque esté en el lado de la teología, pero con un impacto muy importante en la filosofía, me gustaría haber conversado con Bartolomé de las Casas. Y del exilio español, María Zambrano debería tener mayor reconocimiento. A Paul Ricoeur tuve la suerte de conocerle y conversar con él. 

Dígame algún autor que recomendaría a una persona que comienza a interesarse por la filosofía.

Los Diálogos de Platón, sin duda. Para engancharse a la filosofía de una forma amena, jugosa y que nunca decae. Todos sabemos que entre los alumnos de bachillerato causa furor Nietzsche. Y según qué intereses tengan les animaría con las Tesis sobre Feuerbach de Marx, para que se inicien en el pensamiento de izquierdas. 

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