Raúl G. Tendero: "Sin Montesquieu, Rousseau o Kant no se puede entender la concepción política de la Edad Contemporánea"

Kamchatka es un espacio colectivo para una forma de hacer periodismo: feminista, de clase, contestatario e independiente. No tenemos grandes inversores que interfieran en nuestra ética profesional y para que esto pueda seguir así necesitamos más que nunca vuestra colaboración. Ayúdanos a seguir siendo libres. Ayúdanos a resistir.

Raúl G. Tendero es profesor de filosofía en un instituto de la Comunidad de Madrid donde trabaja con alumnos y alumnas que se mueven en una horquilla de entre los 12 y 20 años, en el caso de los estudiantes que han repetido algún curso. Defiende con pasión la necesidad de fortalecer la reflexión filosófica y la ética en las aulas, porque "sin filosofía la capacidad imprescindible para el ejercicio responsable de la ciudadanía se ve francamente mermada". 

Aunque reconoce la sobrecarga de materias en la educación secundaria obligatoria, Tendero reclama la importancia de un espacio propio para la enseñanza de la ética "como aprendizaje fundamental para el desarrollo personal, las relaciones interpersonales, el buen ejercicio profesional y la buena convivencia en sociedad".

Una pregunta tópica para empezar. ¿Para qué sirve la filosofía?

Precisamente con esa pregunta empezamos las clases en 1º de bachillerato. Parece que la lógica de nuestro tiempo exige plantearlo todo en términos de utilidad. Si algo es útil, tiene valor y si algo tiene valor, es porque es útil. Es preferible aquello que sirva para algo. El alumnado suele venir ya con el mantra aprendido de que la filosofía no sirve para nada. Es posible que sea así y más teniendo en cuenta que la utilidad actualmente se mide por la rentabilidad económica. Lo rentable es útil y por eso vale la pena. Yo no dejo de oír continuamente en los pasillos de los institutos eso de “me renta”.

A mí me gusta empezar los cursos de filosofía contando la historia de Tales de Mileto (según se suele decir, padre de la filosofía) y cómo se cayó en un pozo por prestar más atención a los cielos que al suelo que pisaba. Tales cumplía a la perfección con el tópico del sabio distraído y solía ser objeto de burlas, incluso de la esclava que presenció su caída en el pozo, quizá por la aparente inutilidad de sus conocimientos. Por lo visto, ya desde esos primeros pasos nos precipitamos al pozo de la inutilidad.

Leí en algún sitio que la filosofía no es útil ni inútil, sino inevitable. A lo mejor por eso todavía tenemos un hueco en los planes de estudio. A mi modo de ver, es importante que enseñemos al alumnado a apreciar el valor de lo inútil, o de lo que parece inútil a corto plazo, porque lo que empezó con burlas a Tales acabó derivando con los años en el nacimiento del pensamiento racional o científico y el surgimiento de la democracia ateniense (con todas sus fortalezas y carencias).

En la actualidad, ¿qué presencia específica tiene la filosofía en el currículo académico de la enseñanza obligatoria?

Tenemos Historia de la Filosofía en 2º de Bachillerato, pero como troncal optativa de modalidad. Ojo al galimatías burocrático. El alumnado de 2º de bachillerato puede cursar Historia de la Filosofía si está en la modalidad de Humanidades y en la de Ciencias Sociales. Luego cada instituto tiene autonomía para blindarla más o menos, pero siempre para esas modalidades. En algunos institutos puedes cursar Humanidades o Ciencias Sociales sin cursar Historia de la Filosofía, porque siendo troncal no deja de ser optativa. A mi juicio, un completo despropósito. Al parecer, esto con la nueva ley educativa va a cambiar y va a recuperar el estatus de troncal obligatoria para todas las modalidades.

Luego en 1º de bachillerato tenemos Filosofía en todas las modalidades y el mismo nombre recibe una asignatura optativa ofertada en 4º de ESO, pero no se ofrece en todos los institutos. Y hasta aquí lo que son las asignaturas específicas de Filosofía.

A nuestros departamentos les corresponde hacerse cargo de la asignatura de Valores Éticos, que se puede elegir si no se quiere cursar Religión (católica). Esta materia se da en todos los cursos de la ESO con distinta carga horaria, pero no siempre la impartimos profesorado de Filosofía porque los centros la utilizan para completar horarios de otros departamentos, lo que no permite o hace muy difícil evitar la categoría de “maría”.

La nueva ley educativa no cumplirá con la promesa de recuperar la asignatura de Ética. ¿Qué implicaciones tiene esto para el profesorado y los alumnos?

El gobierno no pretende eliminar la asignatura de Religión (católica), como están sosteniendo desde algunos sectores, pero sí que deje de ser evaluable, y por tanto, eso implica acabar con su asignatura espejo, esto es, Valores Éticos. Proponen en su lugar una asignatura denominada “Valores Cívicos y Constitucionales” no en todos sino en algunos cursos de la ESO (los cuales dependerán de lo que decidan las administraciones educativas autonómicas) y que podrá impartir profesorado de cualquier departamento. Insisto en el nombre: “Valores cívicos y constitucionales”. No es “Ética” sino “Valores cívicos y constitucionales”. De este modo, el alumnado que concluya la ESO y decida no hacer bachillerato no habrá recibido ninguna materia de contenido filosófico en toda su vida académica. Habrá cursado en su lugar una suerte de catecismo laico, una lista de valores incuestionables sin ningún tipo de perspectiva crítica, lo que es diametralmente opuesto a lo que entendemos como filosofía. A mí personalmente me parece un auténtico drama que se opte por esta formación para las futuras generaciones.

Respecto al profesorado, la implicación es también bastante negativa. En primer lugar, para el profesorado de Filosofía, que vemos recortado el número de horas en los grupos de la ESO. Además, el nivel de profundización en los contenidos y la capacidad de pensamiento abstracto en el alumnado que llega a bachillerato, siendo ya pobre, lo será aún más, lo que nos supone el esfuerzo de hacer solo en el primer curso de bachillerato lo que podríamos haber empezado a hacer ya en el último curso de la ESO. Y por otro lado, para el resto del profesorado tampoco es plato de buen gusto: suele mostrarse bastante reacio a impartir las asignaturas de Valores Éticos que los centros les asignan para completar sus horarios ya que no saben muy bien cómo afrontarlas. Lo mismo ocurrirá con este nuevo experimento.

Quieren sustituir la ética por un suerte de catecismo laico

Algunas voces defienden que se puede enseñar filosofía a través de otras materias, como historia o ciencias sociales. ¿Por qué es necesario una asignatura específica relacionada con la reflexión filosófica?

¿Qué voces son esas? Y no es que me haya vuelto loco, es que de verdad que no he oído ni leído nada semejante. Desde Historia se pueden enseñar muchas cosas y muy importantes, pero no filosofía. La Historia como disciplina de estudio no debería ser una mera acumulación de datos sino que el alumnado debería aprovechar esa materia para interpretar toda esa información y dar un sentido a lo que estudia. Para eso es imprescindible la filosofía y muy posiblemente por eso la mayoría de los profesores de Historia con los que he compartido centro educativo me han manifestado la importancia de una buena formación filosófica. Se puede explicar la Ilustración como época histórica, se pueden analizar los acontecimientos del siglo XVIII, pero sin Montesquieu, Rousseau o Kant no se puede entender el sentido de tales acontecimientos que determinaron la concepción política de la Edad Contemporánea. Y eso no se da en Historia. La historia sin filosofía es ciega, del mismo modo que la filosofía sin acontecimientos históricos está vacía.

Ciertamente, no creo que en filosofía tengamos el monopolio del espíritu crítico, pero sin filosofía esta capacidad imprescindible para el ejercicio responsable de la ciudadanía se ve francamente mermada.

¿Pude ser útil la enseñanza de Ética para tratar problemáticas habituales en los colegios? Discriminación, acoso…

Por supuesto. Y además lo podemos hacer desde diferentes perspectivas teóricas, como el intelectualismo, el utilitarismo, la ética de fines aristotélica, la ética del deber kantiana, la ética dialógica de Habermas… De hecho, muy posiblemente es la única manera de hacer entender al alumnado estas posturas éticas tan dispares y tan lejanas en el tiempo y en el lenguaje. 
Los casos prácticos y cercanos a la realidad del adolescente que trabajamos en las clases de Ética y los debates surgidos en torno a estos casos son fundamentales para una reflexión del propio comportamiento y suelen ser el motor del cambio para una mejora de las relaciones interpersonales. Y no se trata de una modificación de la conducta mediante la amenaza o la recompensa (pura heteronomía), sino desde el reconocimiento de que, siendo todos diferentes, en algún sentido somos todos iguales. Es el valor de la autonomía en la autodeterminación del carácter.

Cuando yo era un adolescente, la ética era una asignatura que se elegía si no querías cursar religión y que consistía en hacer unos pocos ejercicios que se repetían durante el curso. ¿Cree que la enseñanza de esta materia ha estado mal planificada?

Muy posiblemente. Los contenidos curriculares de las asignaturas están diseñados por profesionales no sé de qué, pero no parece que conozcan bien la realidad de las aulas de secundaria. Al final el profesorado tiene que hacer encaje de bolillos para hacer accesibles temas que requieren una gran preparación intelectual y que, como es obvio, no todo el alumnado dispone. Luego, por otro lado, hay que reconocer que dentro del profesorado ocurre como en todos los trabajos: los hay que son profesionales implicados que se preocupan por hacerse entender y los hay que se desentienden del alumnado y se convierten en meros transmisores de un saber al que el alumnado no es capaz de encontrar el sentido. Debemos ser autocríticos en eso, por supuesto que sí, pero sinceramente la mayoría de los compañeros y compañeras con los que he trabajado son más del primer tipo que del segundo. Solo así se puede disfrutar esta labor tan maravillosa que es la docencia y que tanto se empeñan en destrozar desde algunas instancias políticas.

Sin Montesquieu, Rousseau o Kant no se puede entender el sentido de los acontecimientos que determinaron la concepción política de la Edad Contemporánea

Desde la administración se justifican argumentando que recuperar la asignatura de Ética implicaría aumentar la carga lectiva. ¿Está sobrecargada la enseñanza obligatoria?

Sin lugar a dudas. El alumnado de 3º de la ESO, por ejemplo, tiene hasta 11 asignaturas en un curso, eso si no arrastra alguna materia pendiente de los cursos anteriores y que tiene que superar para pasar al segundo ciclo de la ESO, es decir, a 4º. Eso no hay cabeza con 14, 15 o 16 años que lo aguante. Ahora bien, y sin que parezca que barro para casa, no por eso debemos cercenar la educación por donde más importa. A la formación ética hay que hacerle un hueco, y un hueco específico, no solamente como algo transversal: es un aprendizaje fundamental para el desarrollo personal, las relaciones interpersonales, el buen ejercicio profesional y la buena convivencia en sociedad. Hay muchas materias que enseñar, pero la ética es imprescindible.

Sin embargo, se continúan impartiendo clases de religión. ¿Tiene alguna utilidad desde el punto de vista formativo? Desde su experiencia como educador, ¿por qué cree que se mantiene la educación religiosa?

A mi juicio, no existe justificación alguna para que se siga impartiendo una confesión religiosa en los centros públicos, más allá de concordatos y relaciones de poder entre la Conferencia Episcopal, el Vaticano y el estado español. No entiendo por qué se da catequesis en centros públicos habiendo parroquias. Entendería (y defendería) una asignatura de Historia y Cultura de las Religiones, como había hace tiempo. La religión es un fenómeno humano y estudiarla y comprenderla tiene mucho valor. Pero no catequesis.

Mi experiencia es que el alumnado que está en Religión (católica) obtiene buenas calificaciones casi por defecto. Suspender Religión es una anomalía en cualquier junta de evaluación. Esa es la razón que la mayoría del alumnado esgrime cuando explica su elección. Supongo que también hay algo de presión familiar, pero eso no suele reconocerse abiertamente. Y aún así, sabiendo que se hace más bien poco y se obtiene mucho, muchos alumnos y alumnas escogen Valores Éticos. Les interesa una perspectiva racional o razonable mucho más que un dogma. El otro día me llegó un meme que decía: 
“A: ¿Qué has aprendido en religión?
B: A pedir perdón por liarla.
A: ¿Y en ética?
B: A no liarla”.
Pues eso.

¿Existe alguna relación entre el desarrollo moral de una persona y el éxito profesional que pueda alcanzar en el futuro?

Depende de lo que entendamos por éxito profesional. Se puede ser un exitoso hombre de negocios y a la vez un ser humano repugnante. Se puede ser un gran especialista en cualquier disciplina de estudio o sector laboral y un absoluto idiota (de idiotés, aquel que desprecia los asuntos públicos en favor exclusivamente de sus intereses privados). Es más, parece que en el mundo en que vivimos, para alcanzar el éxito hay que haber cometido algunas inmoralidades, si es que no exige ser un auténtico indigente moral.

Ahora bien, también podemos entender el éxito profesional desde la psicología humanista y plantearlo en términos de autorrealización. Y solo se puede sentir realizado el que se encuentra bien con los demás y consigo mismo. O también podemos tener en cuenta los códigos deontológicos de cada una de las profesiones: tener éxito profesional es ser un buen profesional, es decir, hacer bien tu trabajo, lo cual exige cumplir con determinados deberes inexcusables que el trabajador comprende y practica. No se trata de una imposición, sino de una elección. Como puedes ver, todo esto es reflexión ética, no valores cívicos y constitucionales. Filosofía, no doctrina.

En estos tiempos tan convulsos, ¿pueden ser la filosofía y la ética herramientas útiles para formar a ciudadanos que sepan identificar y defenderse de los populismos de extrema derecha que recorren el mundo?

No por sí mismas. La filosofía puede ser utilizada para amparar pensamientos muy peligrosos que deriven en acciones muy poco morales. La historia está llena de ejemplos de esto. 
Ahora bien, en las clases de filosofía cuestionamos el pensamiento único y no lo hacemos para fortalecer nuestras convicciones sino para ponerlas en entredicho. Ahora mismo, por ejemplo, en clase estamos trabajando una unidad didáctica de lógica informal y argumentación. Intentamos reconocer tipos de argumentos, estructuras argumentativas y, fundamentalmente, detectar falacias. Estamos aprendiendo que, cuando alguien intenta convencer a otro, cualquiera puede apelar a las emociones del interlocutor y también puede apelar a la razonabilidad de lo que sostiene. Son preferibles los argumentos razonables por encima de los que se basan en el miedo, en el chantaje emocional, en el engaño, en el halago, en la opinión de la mayoría… A mi juicio, no hay mejor antídoto contra la posverdad que caracteriza a este fascismo 2.0.

Suscríbete a nuestra newsletter