El equipo que dijo no a las casas de apuestas

La televisión escupe una música estridente y un Carlos Sobera, ansioso e hiperventilado, contrae el gesto esperando que la suerte le sonría. “¡Entra, entra, entra!, ¡Mira, mira, mira!, ¡Piensa, piensa, piensa!, ¡Apuesta, apuesta, apuesta!, ¡Sube, sube, sube!, ¡Grita, grita, grita!, ¡Juega, juega, juega!", repite una voz en off que eleva el tono a medida que la sintonía se vuelve más agresiva.

El actor y presentador es una de las muchas caras conocidas que han prestado su imagen para promocionar las casas de apuestas, un negocio al alza en todo el mundo que ha alcanzado categoría de epidemia.

La proliferación del juego online no es inocua y cada vez son más los que caen en las garras de una adicción que arrastra consecuencias devastadoras. Los expertos advierten que jamás habían presenciado un repunte de la ludopatía como el que se está viviendo en la actualidad y es que tan solo en España, según datos del Informe Trimestral del Juego Online, más de 600.000 personas generan un volumen de negocio que en el segundo trimestre de 2018 superó los 4.000 millones de euros, un 27% más que en el mismo período del año pasado.

Bet365, Sportium, William Hill o Codere son algunas de las casas de apuestas que operan en todo el mundo mientras disfrutan de la generosa fiscalidad de territorios como Gibraltar o Malta, donde han radicado su estructura patrimonial.

Desde la opacidad de los paraísos fiscales han ido extendiendo su abanico comercial a través de la apertura de miles de locales que se han convertido en auténticos centros de reunión social, donde personas de todo tipo y condición, sobre todo los más jóvenes, se juegan hasta la última migaja que tienen en los bolsillos.

La proliferación de estos espacios se ha notado especialmente en los barrios obreros. Mientras en Madrid, en los distritos de La Latina, Usera y Puente de Vallecas aparecen como setas, Murcia, la quinta región más pobre del Estado, tiene el mayor ratio de casas de apuestas por número de habitantes de toda Europa. No es casualidad y es que los negocios de la usura encuentran en la extrema necesidad el mejor de los alimentos; céntimo a céntimo.

No queremos promover el juego excesivo a través de nuestro equipo y nuestros jugadores

El fútbol profesional es uno de los ganchos más recurrentes para pescar incautos, con patrocinios a estrellas del deporte como Cristiano Ronaldo, Neymar, Iker Casillas, Vicente del Bosque o Maradona, periodistas del sector como Juanma Castaño, Josep Pedrerol o Julio Maldonado, y en última instancia con la esponsorización de los equipos.

19 de los 20 clubes de la Primera División han vendido sus camisetas al juego online, e incluso La Liga cuenta con su propia casa de apuestas oficial. En Inglaterra, la otro gran competición del balompié europeo, las cifras son similares con 9 equipos de la Premier Legue y 17 de la Championship.

Los clubes necesitan ingresos para sostener una estructura que a lo largo de las años se ha vendido a los intereses más espurios del capital, y han encontrado en el negocio de la ludopatía un granero que puede proporcionarles los recursos necesarios para mantener los exigentes estándares de competitividad.

Aunque el fútbol está lejos de aquellos años donde el aficionado era la causa y la consecuencia, siempre hay un justo, un Sodoma y todavía quedan impávidos que resisten, como la Galia de Astérix, a los cantos de sirena que les susurran las casas de apuestas.

El Luton Town es un pequeño club del sur de Inglaterra que milita en la League One, el equivalente a la tercera división española. Su situación económica no es por tanto boyante, y sin embargo, esta misma semana se ha hecho público que el consejo de administración ha rechazado una oferta de patrocinio de una casa de apuestas por valor de 500.000 libras, unos 536.000 euros.

En declaraciones a la BBC, Gary Sweet, presidente del equipo, asegura que "no nos sentimos cómodos con este tipo de negocios" y es que en la ciudad de Luton, hogar de esta modesta institución, los perjuicios de las apuestas también se han hecho notar entre sus habitantes.

La decisión coincide con la que tomó tiempo atrás el St. Pauli, conocida escuadra del fútbol alemán, declarada antifascista, que condiciona cualquier oferta de patrocinio a sus ideales fundacionales.

Gary Sweet asegura que no es la primera vez que rechazan propuestas parecidas: "Cada año recibimos, al menos, una oferta de una casa de apuestas", y concluye; "No queremos promover el juego excesivo a través de nuestro equipo y nuestros jugadores. Juntos creemos en las mismas cosas como parte de nuestros principios".

Suscríbete a nuestra newsletter