Espíritu garífuna: identidad y supervivencia

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Paisaje caribeño, aroma a coco y una diversa población debido a la gran cantidad de culturas que han convivido a orillas del Río Dulce en Guatemala. Livingston es río y mar, color y calle. Una ciudad multicultural donde conviven, entre otros, garífunas, q'eqchies y mestizos, 3 de las 25 etnias que reconoce el país.

En las dos principales calles de Livingston se encuentran gran parte de los negocios, la mayoría regentados por q'eqchies, de origen maya. En ellas se desarrolla la actividad comercial del pueblo; en el resto reina la tranquilidad.

Una vez que el sol ha caído y la temperatura se vuelve más agradable, los vecinos salen con sus sillas de plástico a sentarse en las puertas de sus casas. En una de las pequeñas calles del barrio garífuna, de fondo, se escucha a varias mujeres charlar, gritar, reír… sentadas en el suelo. Una mujer lleva la batuta y saca papeletas de una pequeña bolsa, todas la miran con ansia y curiosidad: "¡Jaguar, jaguar!", dice en voz alta. Algunas se lamentan, otras ríen de alegría. "¡Iguana, iguana!", "¡Bingo!" grita y baila una de las más ancianas del grupo. El juego vuelve a empezar. Reparten cartones con imágenes de animales que pueden encontrarse en selvas y bosques caribeños y apuestan algún quetzal.

La cultura garífuna fue declarada Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO en 2001 y en 2008 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

Cerca del muelle municipal se encuentran las canchas de fútbol, baloncesto y voleibol donde al anochecer se juntan los jóvenes para echar un partido. La cultura garífuna fue declarada Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO en 2001 y en 2008 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Algo de lo que Tomas Sánchez, historiador y activista garífuna, se enorgullece.

Sánchez afirma que la cultura garífuna tenía una historia antes de la conquista de América. Y es que los garífunas, añade, son una mezcla con influencias de los originarios de las Antillas Menores, los arahuacos, los caribes rojos y de los africanos -mayormente de Costa de Marfil- que llegaron durante la colonización para ser utilizados como esclavos.

  • Baile y música: comunicadores de historias

Para los garífunas, la danza y la música son herramientas fundamentales a la hora de comunicarse y transmitir información. Una recopilación de la sabiduría procedente de sus antepasados que ha ido pasando de generación en generación, una seña de identidad que no debe perderse porque "si las personas no conocen los cantos, no conocen su historia". Quien habla es Juan Carlos Sánchez, un importante autor garífuna que ha llevados los sonidos de su comunidad por Estados Unidos y Europa. A Juan Carlos le gustaría crear una escuela de música en Livingston, pero el gobierno no apoya este tipo de iniciativas: "No les conviene que una cultura conozca sus raíces", lamenta.

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Vecinos de Livingston - Antonio Rivera / Verónica Satrustegi

Las mujeres garífunas tienen un papel muy relevante en la música. Ellas cantan, pero en Guatemala no pueden tocar los emblemáticos tambores ya que están considerados elementos sagrados y "no está bien visto que las mujeres se lo pongan entre las piernas". Ocelia Flores, mujer garífuna y miembro de la asociación de mujeres Ammudis, se pregunta: "¿Por qué en Honduras sí y en Guatemala no?". Recuerda como las mujeres, abuelas y madres, utilizaban los tambores para enseñar a los más pequeños de la casa. "No se puede escribir la historia como cada uno quiera. Tenemos que escuchar, hacer memoria y admitir que, aunque sea un elemento sagrado, no por eso las mujeres estamos vetadas para usarlo", afirma rotunda.

  •  Dügü y Chügü, rituales religiosos 

Con la colonización llegó la imposición espiritual, que provocó una mezcolanza entre las creencias locales y la tradición católica. En Livingston, durante la primera mitad del año se celebran ceremonias cristianas, mientras que los 6 meses restantes, principalmente en agosto y septiembre, el protagonismo es para los rituales garífunas, consagrados a la comunicación con los antepasados.

Ocelia Flores habla de la influencia de la religión católica en sus ceremonias: "Los ritos empiezan con un Padre Nuestro o con un Ave María, y para mí no tendría que ser así porque no tienen nada que ver con nuestras creencias". La mayoría de garífunas buscan un equilibrio entre el catolicismo y las creencias locales, que tienen raíces africanas del vudú. La religión cristiana ha llegado a calificarlos como "diabólicos" por el hecho de utilizar la posesión como medio de comunicación con los ya fallecidos.

A pesar de las diferencias, los primeros garífunas que llegaron a Livingston tuvieron que aceptar la religión cristiana porque "si no participaban en el cristianismo, no tenían opción de avanzar en la sociedad que ya estaba conformada". El historiador y activista Tomas Sánchez habla del Chügü y del Dügü, dos de las ceremonias más importantes para los garífunas de Guatemala. El ritual Chügü dura tres días, el Dügü, en cambio, una semana, ya que los familiares deben viajar hasta Belize para acumular una serie de alimentos que solo se encuentran allí.

La organización del Chügü o Dügü no está en manos de los vivos. Son los antepasados quienes, a través de los sueños, se comunican con sus familiares: "Los sueños en nuestra cultura son presagios. Éstos son el canal de comunicación con el más allá", afirma Tomás. Además de prepararse psicológicamente, también lo hacen de forma meticulosa con su indumentaria, la atmósfera del lugar y la ofrendas. "La sangre puede resultar un elemento peligroso al conectar con los que ya se fueron", puntualiza Flores, motivo por el cual no se permite la presencia de mujeres que estén con la menstruación.

Guiados por un chamán, el ritual los conecta con los espíritus para comunicarles algo, buscar la cura para la enfermedad de algún familiar o la sanación de personas poseídas. Son momentos muy íntimos, por lo que no admiten personas ajenas a la comunidad o a la familia.

  • Identidad garífuna

Al atardecer, grupos de vecinos se juntan para jugar al dominó en las calles del pueblo. Su identidad está construida, además de por su forma de vivir y de entender la vida, por la música y por el habla. El idioma garífuna, de raíces arahuacas y caribeñas, tiene influencias de la lengua criolla francesa, del inglés y del español. Tomás Sánchez enfatiza una de sus peculiaridades: los hombres utilizan términos con influencias del idioma caribe y las mujeres, en cambio, utilizan un vocabulario que proviene del arahuaco. En la actualidad, 4 de cada 10 garífunas hablan su lengua y en Livingston existe la posibilidad de acceder a un modelo bilingüe que ofrece un modelo educativo en garífuna o q'eqchi y en español.

Somos las mujeres las que nos ocupamos de la casa y de la economía, de la tierra y también de la educación de nuestros hijos. Somos nosotras las que transmitimos la cultura, la danza y el idioma

El activista e historiador subraya la importancia de las abuelas y las madres como "portadoras" del idioma, extremo que confirma Ocelia Flores, para quienes las mujeres "somos las que nos ocupamos de la casa y de la economía, de la tierra y también de la educación de nuestros hijos. Somos nosotras las que transmitimos la cultura, la danza y el idioma”.

Para Flores, preservar el idioma es algo esencial en la construcción identitaria. Señala que, además de su color de piel, la lengua es el otro elemento clave de su identidad. En los años 50, los garífunas empezaron a emigrar a Estados Unidos y tuvieron que adaptarse a otra cultura, en muchos casos, a cambio de perder la suya. 

  • La voz de las mujeres 

Ocelia Flores se sienta en la silla de la oficina que abrieron hace unos pocos meses. Está rodeada de libros, informes y material escolar sobre educación sexual y feminismo. Tras ella se observa un póster que preside la sala en el que se lee: "Por cada mujer que da un paso hacia la igualdad, la humanidad avanza hacia la libertad".

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Ocelia Flores en su oficina de Ammudis - Antonio Rivera / Verónica Satrustegi

Se muestra contenta y orgullosa. Junto a otras compañeras creó en 2018 la organización Ammudis, una asociación multicultural en la que trabajan mujeres garífunas, q'eqchi, mestizas y de descendencia hindú, las etnias mayoritarias en Livingston. "El propósito de nuestra organización es apoyar a las mujeres desde diferentes ámbitos", cuenta Flores.

Además de ofrecer ayuda integral para mujeres y niñas víctimas de violencia de género y de organizar talleres con madres, ahora están trabajando en un proyecto de seguridad alimentaria a través de huertos familiares. Su idea es enfocarlo hacia la independencia económica de las mujeres en el campo para que ellas generen sus propios ingresos.

Ammudis es una asociación multicultural en la que trabajan mujeres garífunas, q'eqchi, mestizas y de descendencia hindú, las etnias mayoritarias en Livingston

Desde Ammudis también impulsan programas escolares sobre feminismo. Para la jornada del 8 de marzo organizaron dos semanas con diversas capacitaciones y actividades en las escuelas de Livingston; en las mixtas, pero también en las masculinas "¿Por qué estamos hablándole e insistiéndole a las niñas sobre su papel, sus derechos, si no educamos también a los niños?. Las niñas conocen sus derechos porque se los inculcamos y repetimos, pero los niños crecen con una idea y tenemos que romper con eso”, asegura Flores, que tiene dos hijas a las que intenta instruir en el feminismo y subraya la importancia, no solo de hacerlo desde las escuelas, sino también desde casa.

La política todavía es un ámbito inhóspito para las mujeres en Livingston: "Estamos pensando la manera de nombrar y apoyar a una mujer para dentro de cuatro años. Flores cree que una mujer puede ofrecer una perspectiva diferente e impulsar políticas que hasta ahora han "pasado desapercibidas".

Habla de feminismo, pero también de racismo: "Gran parte de la población en Livingston es negra, pero existe el racismo, aunque no sea tan visible", y añade: "Aquí todos nos conocemos y hacemos bromas, además es un lugar pequeño, nos hemos acostumbrado y puede que le restemos importancia". Cuando sale de Livingston es donde más percibe la discriminación racial. Recuerda una vivencia ocurrida en Ciudad de Guatemala: "Me subí al autobús y la señora que tenía al lado se levantó y dijo a su compañero: 'me voy, no me quiero volver negra'. Se sentó en otro asiento”.

Flores lamenta que en la capital no se les reconozca ni como garífunas ni tampoco como guatemaltecas. Al explicar que es de Livingston "automáticamente" le piden que les enseñe a bailar. "No nos ven como personas, parecemos marionetas, incluso objetos sexuales. Tenemos que luchar contra todos esos estigmas porque somos profesionales e inteligentes, mujeres, negras y guatemaltecas", reivindica.

  • Adaptación: de la pesca al tercer sector

Tradicionalmente, la economía garífuna ha estado sostenida en la pesca, los cultivos de yuca, maíz, plátano y arroz, y en un sistema de intercambio entre pescadores y agricultores que garantizaba el abastecimiento de toda la comunidad. La explosión del turismo ha supuesto un nuevo paradigma, debido a los miles de visitantes que llegan cada año atraídos por los encantos del caribe guatemalteco. Sin embargo, los que sacan más provecho son los inmigrantes que han llegado a la ciudad desde las grandes urbes del país. "La pesca era una industria muy fuerte aquí. El 90-95% de los pescadores eran garífunas. Ellos exportaban. Ahora no hay ningún garífuna que tenga barco o que esté vendiendo pescado en la calle. El tapado lo encuentras en los restaurantes y lo cocinan los q'eqchi. Todo lo que pertenece a los garífunas es lo que atrae al turismo, pero no somos nosotros los que sacamos el beneficio, lamenta Tomás Sánchez.  

La explosión del turismo ha supuesto un nuevo paradigma, debido a los miles de visitantes que llegan cada año atraídos por los encantos del caribe guatemalteco

Esta problemática es una de las grandes reivindicaciones de los garífunas, que además demandan a las instituciones del estado una mayor autonomía sobre la educación, la salud, la tierra y la cultura. La Declaración de los Derechos Humanos les garantiza la potestad de organizar su territorio, pero desde el fin de la Guerra Civil en 1996, ningún alcalde ha hecho propuestas en este sentido.

A los garífunas les toca sobrevivir y adaptarse a la oleada de cambios que vendrán en los próximos años, pero son optimistas y subrayan la importancia de conservar y transmitir su identidad y su cultura. Muchos emigrantes han formado comunidades en el extranjero, donde siguen manteniendo los lazos identitarios: “Puedo irme a Estados Unidos, pero sigo siendo garífuna: sigo conservando mi idioma, mi gastronomía, mi música. eso hace que la cultura siga viva, a pesar de que estemos en diferentes lugares”, concluye Flores.

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