Somos la Cuarta Ola; el feminismo estratégico

Hace unos años, no demasiados, eran muchos los que daban al feminismo por muerto. Los medios, si hablaban de ello, era siempre con connotaciones negativas, como algo desfasado, innecesario y moribundo. No perdían la ocasión de recordarnos que los jóvenes, sobre todo las jóvenes, no tenían ningún interés por el feminismo.

En la actualidad, el feminismo puede morir de éxito. Todo el mundo es feminista, hasta las banqueras. El feminismo corre el peligro de ser absorbido por el mercado, colonizado por el liberalismo, convertido en algo inofensivo para el patriarcado y el capitalismo.

Sin embargo, somos muchas las que vemos, además de todos estos peligros, y peligros aún mayores, una realidad innegable: la revolución feminista ya ha comenzado. Hay cambios en el corazón y la mente de la mayoría de mujeres de todo el mundo que son irreversibles. Nuestra conciencia ha cambiado, o está cambiando para siempre. Por mucho que nos cueste -este año han sido asesinadas varias compañeras feministas como Marielle Franco o María Caicedo-, no habrá vuelta atrás, porque millones de mujeres preferimos morir de pie que vivir arrodilladas.

Las mujeres ya no aceptamos que el abuso y el acoso sean ineludibles, como si formaran parte de un orden natural. La violación o el asesinato machista no es un fenómeno inevitable: sabemos que los varones nos matan y sabemos que si no dejan de hacerlo es porque no están dispuesto a poner fin a esta lacra. Nos indigna que nos digan que no todos los hombres son iguales, cuando, por dar un ejemplo, nunca ha habido una manifestación de varones contra la violación o los asesinatos machistas (solo se movilizan si la violada o la muerta es su hija, su pariente o una vecina del pueblo). La prostitución, la esclavitud sexual y la trata nos avergüenzan, pero siguen estando muy cerca: en nuestras calles, en nuestros polígonos, en nuestros pisos, en nuestros puticlubs. Sabemos que sin puteros no existiría, y sin embargo, no hay una rotunda condena contra ellos porque está aceptado socialmente, sobre todo entre los varones, la violación de las mujeres que ejercen la prostitución en contra de su voluntad. 

Todavía hoy seguimos descubriendo multitud de injusticias, agresiones y discriminaciones que hasta ahora no percibíamos, o que aceptábamos con resignación, pero que se vuelven intolerables cuando escapas de la mentalidad patriarcal. Un ejemplo muy común es asumir que has sido violada por tu pareja en numerosas ocasiones, cada vez que tú no querías y él te forzó, de un modo u otro. Es muy duro de aceptar, y solo ahora, que cada vez somos más las mujeres que encontramos la fuerza para hacerlo, se empieza hablar de ello abiertamente, gracias al apoyo incondicional de muchas compañeras que nos escuchan y a las que escuchamos. Estamos recuperando los lazos que el sistema patriarcal había destruido y estamos creando una comunidad de mujeres a nivel mundial; el dolor de las demás no es ajeno y sentirnos que empezamos a estar unidas. Este inesperado auge del feminismo ha provocado una furibunda reacción del patriarcado, de la que ya hablé en un artículo anterior

¿El feminismo conseguirá sus objetivos tan solo surfeando la ola de millones de mujeres que están despertando y se han puesto en movimiento? No, rotundamente no.

Andrea Dworkin concedió varias entrevistas en el año 2000, en un momento en el que el feminismo estaba en un callejón sin salida debido a la infiltración liberal y posmoderna. Sus palabras continúan teniendo vigencia en la actualidad: “En el feminismo no parece haber ningún plan, ninguna organización política. Esa ha sido la mayor brecha entre otras feministas y yo. Creo que el movimiento feminista es un movimiento político, y un movimiento político tiene objetivos y estrategia, y avanza, y a veces sufre derrotas, pero luego continúa. Un gran número de mujeres se sintieron muy bien al descubrir cosas que no habían conocido antes sobre la historia y las vidas de las mujeres, pero no estaban preparadas para decidir estratégicamente qué tenemos que hacer, qué queremos y cómo lo conseguimos”.

Resulta trágica ésta tradicional falta de estrategia porque, cualquiera que conozca la historia del feminismo, sabrá que en anteriores olas, si bien consiguieron algunos objetivos parciales muy valiosos, no lograron dañar decisivamente al patriarcado capitalista. En otros casos, algunos sectores autodenominados feministas, no solo prescindieron de la táctica, sino que contribuyeron a reforzar la asquerosa y sangrienta cara del sistema patriarcal. Mientras tanto, desde la academia se afanan en desposeer al feminismo de su esencia anticapitalista y antipatriarcal, eliminando así todo su carga revolucionaria y subversiva.

Académicas como Judith Butler, y el resto de autores de la teoría queer, iniciaron en los años 90 una operación de borrado del sujeto político de un movimiento que durante los 60, los 70 y los 80 se llamó Movimiento de Liberación de la Mujer. Comenzó así la tarea de ocultación de la mujer: ya no se hacían estudios de la mujer sino estudios de género; la violencia machista se disimulaba con la expresión “violencia de género”, ocultando a los agresores y exculpando al macho; las mujeres lesbianas, bisexuales, transexuales o asexuales desaparecieron entre una multitud de sujetos oprimidos, creando una lista grotesca e interminable de géneros. La palabra mujer y sus órganos sexuales y reproductivos pasaban a ser, de nuevo, un tema tabú.  Para esta teoría individualista, sin ninguna base material, el género no era una imposición del patriarcado -tal y como afirman las feministas marxistas y radicales-, sino que se trata de una elección personal, que además puede cambiar a la largo de la vida.

En la primera década del siglo XXI comienza a surgir la cuarta ola feminista. Las autoras intentan definirla pero su evolución dependerá de nosotras, de lo que hagamos y también de lo que no hagamos. Sin embargo, nadie habla de las estrategias, y no es culpa de ninguna de estas autoras; nadie habla de las estrategias porque el feminismo no tiene objetivos planificados a medio y largo plazo.

Nadie habla de estrategias porque el feminismo no tiene objetivos planificados a medio y largo plazo

En 2005, la feminista chilena Andrea Franulic escribía: “La historia oficial del feminismo es, fundamentalmente, un relato que perpetúa el silencio de la capacidad de pensamiento autónomo en la historia de las mujeres, y del feminismo como proyecto civilizador; es decir, silencia la posibilidad de una civilización distinta a la vigente".

Las autoras refuerzan un ‘feminismo masculinista-femenil’. Este concepto, acuñado por Margarita Pisano, da cuenta de lo sumergido que está el feminismo en el sistema vigente. Pisano cuestiona las estrategias políticas de las feministas, que empoderan o buscan la legitimidad del mismo sistema que las oprime. La pensadora profundiza en el concepto de ‘feminidad’, que explicaría la esclavitud mental de las mujeres y de las feministas, y postula la teoría del monomio: “La masculinidad inventa y contiene la feminidad; de ahí la imposibilidad de conseguir igualdades o diferencias pensadas desde un cuerpo varón, basadas en su lógica”.

En 2010, Sonia Sánchez, autora de 'Ninguna Mujer Nace para Puta', superviviente de la prostitución y la trata, hizo una advertencia que fue despreciada, como de costumbre, por no proceder del mundo académico: "El feminismo es un espacio rabiosamente desobediente, o debería serlo. Un laboratorio donde poner en práctica mi lenguaje, mi identidad, mis pensamientos y reflexiones, desde un lugar no legitimado por el patriarcado ni tampoco por el movimiento feminista oficial. Un laboratorio donde pongo en cuestión la práctica y el lenguaje del movimiento feminista institucional: un movimiento sin movimiento, conducido mayoritariamente por la academia, alejado del feminismo popular, autónomo, negro, pobre, activista...El feminismo académico hoy es un movimiento estancado en un currículo y pleitesía, es decir, un feminismo útil para este sistema proxeneta. Mi objetivo fue, es y será profundizar en las complicidades y alianzas insólitas, en las rupturas, en los silencios, convirtiendo mi fragilidad en grito, y mi grito en una invitación: a mirarnos en un mismo espejo, a una práctica y un nuevo pensamiento feminista. Hace un año había una nueva práctica y pensamiento feminista, este nuevo feminismo rompió con las jerarquías, silencios, e inacción. Esta es mi cotidianidad, nombrar las cosas por su verdadero nombre, tener un lenguaje y práctica propia, parida desde la desobediencia y el dolor. Apropiándome de mi cuerpo y mi saber, convirtiéndolos en poder, y este en una práctica política cotidiana". 

El movimiento feminista solo despierta cuando hay una escandalosa sentencia judicial. Se mueve más por la indignación que por una conciencia feminista individual y un compromiso colectivo

Mientras las voces silenciadas del feminismo nos dicen verdades como puños, el movimiento solo despierta cuando hay una escandalosa sentencia judicial. Se mueve más por la indignación que por una conciencia feminista individual y un compromiso colectivo. Se gana y se cede terreno. Las feministas más expuestas y los espacios centrados en las mujeres están amenazados por la alianza, cada vez menos oculta, entre fascistas y elementos que se autodenominan feministas, comunistas, anarquistas, trans o queer. Las redes feministas son más virtuales que reales y están divididas por luchas internas, luchas de los años 70, que en el siglo XXI, muchas de ellas, resultan anacrónicas. Los supremacistas masculinos de todas las tendencias dirigen su furia hacia cualquier feminista que hable libremente, y hacia el feminismo como Movimiento de Liberación de la Mujer. El fascismo aparece de nuevo con un rostro diferente; más presentable, pero con el mismo afán liquidador de toda disidencia real, y por supuesto de las mujeres libres. Esta ofensiva misógina tan solo sorprenderá a quienes ignoran la historia y la reacción contraria que ha desencadenado siempre todo movimiento revolucionario.

Decisiones estratégicas

"Protesta es cuando digo esto es inaceptable.
Resistencia es cuando pongo fin a lo inaceptable.
Protesta es cuando digo que me niego a aceptar esto nunca más.
Resistencia es cuando me aseguro de que todos los demás dejen de aceptarlo también".

Algo parecido -no textual- escribió Ulrike Meinhof tras escuchar a un miembro del movimiento Black Power, durante una conferencia sobre Vietnam celebrada en Berlín en 1968.

Es hora de que el feminismo tome decisiones estratégicas sobre qué batallas luchar, contra quién, y en qué territorios. Las estrategias son los caminos hacia una meta y las tácticas son los medios para llevarlas a cabo. Parte de una estrategia para sostener un movimiento social y político femenino son las redes de apoyo entre iguales, la ayuda mutua y la solidaridad. Si somos feministas, comencemos por reunirnos con nuestras pares, con mujeres que comparten los mismos objetivos y principios, y estén dispuestas a comprometerse.

El feminismo, como movimiento de liberación, no debe descuidar ninguno de sus tres frentes principales: formación, organización y lucha

El feminismo, como movimiento de liberación, no debe descuidar ninguno de sus tres frentes principales: formación, organización y lucha. Y no debe descuidarlos porque son imprescindibles y se se refuerzan entre sí.

Formación

En la actualidad, el feminismo adolece de una pavorosa falta de formación, que los colectivos feministas intentan paliar con grupos de lectura, o compartiendo en redes sociales el material que las académicas y la industria editorial han desechado, como por ejemplo, las obras de Andrea Dworkin o Audre Lorde, fundamentos esenciales del feminismo que ni siquiera se han dignado a traducir. Por otro lado, es alentador el interés de las jóvenes que se inician en el feminismo por conocer nuestra genealogía, y todo el legado que nos dejaron las mujeres que nos precedieron. Mantener y potenciar la formación de todas ellas es un deber ineludible.

Tenemos que aprender a distinguir entre libros realmente feministas y esos otros que nos pretenden colar como tal, cuando en realidad son un ataque al núcleo duro del movimiento. Hay que estudiarlos para conocer al enemigo, pero nunca llamemos a eso literatura feminista. También hay que leer feminismo lésbico o el feminismo de la diferencia, para escuchar sus descubrimientos, a menudo silenciados; o feminismo escrito por mujeres que no sean blancas, como el feminismo negro, para escuchar en sus voces la opresión de raza; tampoco nos olvidemos de las autoras radicales anticapitalistas o lecturas marxistas y feministas que denuncian la opresión de clase y cómo el capitalismo agudiza y cronifica el patriarcado.

Hay que leer feminismo lésbico, para escuchar sus descubrimientos, y feminismo negro, para escuchar en sus voces la opresión de raza

Adrienne Rich dijo en 1979: “¿Qué necesita saber una mujer para convertirse en un ser humano consciente de sí mismo y con capacidad para definirse? Necesita conocer su propia historia, su cuerpo de mujer usado tantas veces con fines políticos, conocer el genio creativo de mujeres del pasado, Ia habilidad, las destrezas, las técnicas y las visiones que poseían las mujeres en otros tiempos y culturas, y cómo se las ha sumido en el anonimato y se las ha censurado, interrumpido, devaluado”

Organización y lucha

“Necesitamos imaginación como estrategia política, visualizar utopías para el cambio individual y colectivo, y la alegría y la esperanza como motores de movilización”, Bell Hooks.

La organización actual del movimiento feminista, donde conviven mujeres de diferentes tendencias políticas, lleva en demasiadas ocasiones a conflictos paralizantes. La lucha de clases se ha adentrado en el feminismo, entre la burguesía y la clase trabajadora, y esos conflictos son inevitables, pero también pueden resultar clarificadores si se saben tomar las decisiones correctas, una vez que los campos se han delimitado claramente.

El feminismo de clase y el abolicionismo han de valorar si no sería más efectivo desarrollar una lucha sin cuartel contra el patriarcado, sin tener que buscar falsos consensos con liberales y posmodernas, que objetivamente forman parte del enemigo. O si no sería más conveniente organizar un Movimiento de Liberación de la Mujer, decididamente anticapitalista y abolicionista, que teorice y actúe fuera de la lógica del varón y del patriarcado.

El feminismo tiene que marcarse objetivos claros que despierten en las feministas un sentimiento de organización y lucha. Por dar un ejemplo: para evitar que los hombres asesinen a más mujeres, además de exigir reformas legislativas y fondos económicos, debemos enseñar y aprender a defendernos, permaneciendo unidas y con ayuda mutua. Es sorprendente que solo unos pocos colectivos feministas organicen talleres de autodefensa, cuando debería ser una prioridad de carácter público, exigible a todos los ayuntamientos del país. El Estado está fallando a las mujeres mientras los varones nos siguen maltratando, violando y asesinando con casi total impunidad. ¿Acaso no pueden invertir una parte de los impuestos que pagamos las mujeres en talleres donde nos enseñen a defendernos? Por supuesto que la autodefensa es un parche, pero hacen falta medidas de urgencia, y hay parches que salvan vidas.

La autodefensa feminista debería ser una prioridad de carácter público, exigible a todos los ayuntamientos del país

Ademas, la mayoría de nosotras estamos traumatizadas por una vida de desprecios, abusos y agresiones físicas, sexuales y psicológicas. Una parte de nuestra reconstrucción consiste en llegar al punto de responder a las amenazas de manera efectiva, y aún más importante, aprender a lidiar con el miedo, la culpa, la ira y la impotencia de una manera que nos fortalezca en lugar de debilitarnos. Hemos de recuperar nuestro poder, tanto a nivel individual como colectivo, para luchar contra el patriarcado y el capital como mujeres capaces des de entregarlo todo en esta guerra que nos ha sido impuesta.

Las feministas tenemos que ser conscientes de nuestra posición en este momento crítico para el futuro de la lucha feminista. Nos enfrentamos a una guerra que no es simétrica, contra un sistema patriarcal que ha ejercido una violencia feroz y a un sistema capitalista que ha reforzado su dominación. Debemos adoptar la estrategia de un movimiento de resistencia contra una fuerza de ocupación. El patriarcado y toda su maquinaria mediática nos han hecho creer que se trata de una batalla imposible, y por eso es esencial recuperar la moral de la victoria, recordando los importantes avances que la lucha feminista ha conquistado a lo largo de los años, para que las mujeres seamos conscientes de lo que somos capaces cuando actuamos juntas, con determinación y objetivos concretos.

El éxito en los conflictos asimétricos radica en asegurarnos de que estamos preparadas para una acción eficaz y sostenible. Las campañas que no llevan a ninguna parte agotan nuestra energía y nos exponen innecesariamente ante los enemigos. Hay compañeras que proponen acciones de valor simbólico, que en una sociedad posmoderna como la actual resultan imprescindibles. Las acciones simbólicas son excelentes para el crecimiento de la moral y para atraer a más mujeres, siempre y cuando no convirtamos la lucha feminista en un happening permanente.

El Movimiento de Liberación de la Mujer tiene que fabricar las condiciones necesarias para que la resistencia sea posible y finalista, como se hizo en el 8 de marzo o durante las protestas contra la liberación de 'la manada'. Sin embargo, también se hacen necesarias políticas sostenidas en el tiempo para que lucha no solo comience sino que continúe. Un ejemplo sería ocupar las plazas hasta conquistar un objetivo tangible. Solo cuando el Movimiento de Liberación de la Mujer sea suficientemente fuerte se podrán llevar a cabo acciones decisivas capaces de derribar las instituciones patriarcales. 

Crear una cultura de resistencia efectiva y visible es un objetivo a medio plazo que puede llevar a movilizaciones de grupos más grandes, y por ende, a victorias decisivas, como expulsar a los hombres violentos de nuestras comunidades. Acciones que ya han emprendido y logrado desarrollar nuestras compañeras indias de la Gulabi Gang: 400.000 mujeres que aplican la justicia a sus agresores, ante la inoperancia del Estado. Muchos cuestionan sus expeditivos métodos contra la violencia machista, pero ellas aseguran que da buenos resultados.

Empecemos por el principio

“Como Andrea Dworkin dijo hace bastante tiempo: la situación de las mujeres requiere nuevas formas de pensar, no solo pensar en cosas nuevas", Catharine A. MacKinnon.

En la actualidad, es una prioridad luchar contra el aislamiento y conectar con otras mujeres que tengan un espíritu de lucha decidido, creando una cultura de resistencia feminista y una amplia comunidad de mujeres desde donde plantear las batallas. Este será el modelo a seguir: decidir un objetivo y elaborar una estrategia para alcanzarlo. Por ejemplo: 

Objetivo: Crear grupos solo para mujeres donde organizar reuniones y discusiones sobre nuestra liberación. Desarrollar una red de grupal capaz de llevar a cabo acciones feministas efectivas.

Estrategia: encontrar aliadas y formar un colectivo feminista. Integrarlo en una red de grupos feministas.

La primera tarea de una militante estratégica es conectar con otras mujeres que compartan los mismos valores y espíritu de lucha, para mantener alta la moral y poner en práctica la teoría. Si nos resulta imposible podemos crear espacios feministas en las redes sociales con mujeres hartas de cháchara inútil y dispuestas a formarse y luchar. Las redes sociales pueden ser una una herramienta para conocer a otras mujeres de tu localidad dispuestas a aprender, trabajar y organizarse, creando así una comunidad.

La mayoría de los grupos comienzan con pocas personas. Habla con tus amigas, compañeras y conocidas para descubrir quiénes comparten los mismos objetivos. Si participas en espacios de debate enfatiza en la necesidad de pasar a la acción. Si convocas una reunión es importante que las compañeras que la presentan sean las organizadoras para futuros eventos y reuniones, mientras no haya una estructura más sólida elegida por todas los participantes. Antes de acabar asegúrate de fijar  una hora y un lugar para nuevos encuentros.

¿Qué acciones puede realizar un pequeño grupo de mujeres? 

Crear grupos de afinidad según los intereses y necesidades de las mujeres participantes como grupos de lectura o de escritura, pintura, música, danza, video, fotografía, grupos de madres, grupos antifascistas y antirracistas.

Organizar entrenamientos colectivos de autodefensa. 

Crear redes de ayuda y apoyo mutuo.

Organizar charlas públicas para difundir la teoría feminista o abordar cualquier cuestión relacionada con la mujer.

Crear cineclubs donde se puedan ver juntas películas feministas y hablar sobre ellas al terminar, en cineforums donde participen las asistentes.

Crear espacios presenciales o digitales para hablar en privado con nuestras hermanas necesitadas de escucha, cuidados o cualquier tipo de ayuda. No excluir a ninguna hermana por su orientación sexual, cultura o raza. 

Ayuda mutua para que las participantes permanezcan en el entorno propio de la mujer, fuera de la lógica masculina. El mundo mental patriarcal, al habernos sido inculcado desde pequeñas y vivir en una sociedad de dominación masculina, tiende a regresar.

Dar a conocer la cultura y experiencias de opresión de las mujeres más olvidadas: lesbianas, bisexuales, transexuales, asexuales, gitanas, negras, árabes, latinoamericanas, caribeñas, asiáticas, mujeres prostituidas, con diversidad funcional, mayores…

Recaudar dinero para proyectos y campañas colectiva. 

Crear una caja de resistencia para gastos y buscar un equipo legal.

Todas estas actividades son realmente posibles: bastan un pequeño grupo de mujeres comprometidas, reivindicar los locales y espacios públicos a los que tenemos derecho, y sobre todo, la voluntad de llevarlas a cabo.

Hay que recuperar la creatividad de las mujeres que el sistema patriarcal y del capital ha destruido, para volver a ser las que fuimos, o ser por primera vez mujeres en el sentido pleno de la palabra; mujeres reconstruidas.

Hay que recuperar la creatividad para ser mujeres en el sentido pleno de la palabra; mujeres reconstruidas

Hacer solo reuniones puede resultar aburrido. No dudes en organizar otra clase de eventos: la proyección de una película, la discusión de un libro, un debate público, una fiesta, bailes, una concentración o una manifestación, invitar a una oradora feminista o a compañeras de fuera de tu localidad. Algunos de estos eventos pueden servir también como forma de financiar los gastos del colectivo.

Formarse y discutir racionalmente y con respeto no es divisivo, al contrario, es una base para la unidad. Es importante establecer metas, planes y responsabilidades desde el principio. Asegúrate de que haya consenso sobre la dirección del grupo, cómo evaluar a las nuevas miembros y cómo expulsar a quienes estorban en el grupo, no aportan nada, o o comparten objetivos.

¿Cómo decidimos sobre un proyecto, campaña, acción o estrategia en particular? Estas son algunas de las preguntan que tendría que hacerse la asamblea o el colectivo: ¿Es efectivo? ¿Qué logrará? ¿Cuáles son nuestras metas (inmediatas y a largo plazo)? ¿Cómo conduce esta acción a esos objetivos? ¿Quiénes están trabajando con nosotras? ¿Tenemos apoyo de la comunidad feminista? ¿De qué colectivos? ¿A quiénes nos dirigimos; ayuntamiento, legisladores, juristas, medios de comunicación? ¿Cuáles son nuestras estrategias y tácticas?: ¿Legales, bordeando la legalidad, revolucionarias? ¿Tenemos los recursos necesarios? ¿Cómo podemos obtener los recursos? ¿Cuáles son los posibles resultados negativos y cómo mitigarlos?

Algunas acciones y proyectos no pretenden llevar a resultados concretos, son de naturaleza simbólica, pero aún así son útiles para elevar la moral, captar la atención de los medios y reclutar nuevas luchadoras. Recordad siempre que el feminismo estratégico tiene ese nombre porque está orientado a los resultados y enfocado en crear un movimiento realmente transformador que aborde las condiciones materiales que afectan a la vida de las mujeres. El objetivo de nuestros enemigos es aislar y aterrorizar a las mujeres para neutralizarnos, pero si millones de nosotras nos ponemos en pie, el impacto sería incalculable.

Reescribir el guión que nos han enseñado desde pequeñas incluye afirmar nuestra verdad como mujeres, compartir nuestras experiencias de abuso, maltrato o violación, comprometernos a no tolerarlas nunca más y a luchar juntas hasta la victoria. Incluye descubrir o redescubrir la amistad feminista, que podamos confiar la una en la otra, en lugar de confiar en los varones que nos han traicionado, por acción o por omisión. Es reunir el coraje para luchar sin tregua, descansando cada vez que sea necesario, siempre que una compañera nos reemplace.

En el acto final del capitalismo, las contradicciones entre clases se agudizan, por tanto, la lucha de clases se intensifica y la situación de las mujeres como casta doble o triplemente oprimida en todo el mundo se está deteriorando a un ritmo temible. Depende de nosotras estar preparadas para defendernos y contraatacar. En la actualidad, esta reacción antifeminista se está intensificando. La planificación y la estrategia ahora es crucial y se acerca el día en que la necesidad de redes de confianza será urgente, si no lo es ya.

La violencia machista se ha cobrado la vida de miles de mujeres mientras aterroriza a millones más. Tenemos varias opciones; podemos mantener la cabeza baja y esperar que la violencia del patriarcado y el capitalismo acabe con nosotras, creando una Gilead distópica; podemos gastar tiempo y energía en tácticas ineficaces o contraproducentes o podemos conectar nuestras redes y hacer crecer una coalición de fuerzas revolucionarias con suficiente poder para enfrentar a los violadores, a los proxenetas, a los asesinos, al patriarcado, al capitalismo, y lograr una victoria decisiva.

Recuerda: la solidaridad entre las mujeres ha resistido a la represión durante siglos, a pesar de la intensa dominación de los supremacistas masculinos. Nuestra realidad, nuestra cultura y nuestra sabiduría sobrevivirán a los delirios de la cultura patriarcal dominante.

“También hay un feminismo de base en cada rincón de este gran y diverso país con su compleja geografía física y étnica. Este feminismo de base es fuerte, valiente, militante, duradero, creativo, económicamente empobrecido y socialmente desposeído. En este momento, este es el feminismo de importancia moral y política de la cual proviene la acción, la verdad y la esperanza. No sé si este feminismo de base será aplastado o si prevalecerá en el futuro. En este momento, es un movimiento de resistencia real. Aquí tenemos un movimiento revolucionario, no reformista; tenemos una resistencia organizada, a veces por encima del suelo, a veces bajo tierra, a la dominación masculina. Creo que duraremos mucho tiempo, a un gran costo. En un momento así, la resistencia lo es todo”, Andrea Dworkin.

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