La genealogía obrerista del 8 de marzo

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El 17 de agosto de 1907 tiene lugar en la ciudad alemana de Stuttgart la I Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas. 58 representantes delegadas procedentes de diferentes países de Europa y Asia eligen a la socialista revolucionaria alemana Clara Zetkin como Secretaria Internacional de la Mujer y aprueban una resolución en la que se exhorta a los partidos socialistas de todo el mundo a adoptar una postura común en favor del sufragio femenino.

Tres años más tarde, en 1910, la II Conferencia se traslada a Copenhague y Zetkin propone la celebración de un Día Internacional de la Mujer, que resulta fijado el último domingo del mes de febrero, a petición de las delegadas estadounidenses y en solidaridad con las más de 20.000 trabajadoras de las fábricas textiles de Nueva York.

La conocida como "Huelga de las Camiseras" fue uno de los primeros grandes hitos de la lucha por los derechos laborales de las mujeres. Durante tres meses, las trabajadoras de las empresas textiles de la ciudad neoyorquina, en su mayoría migrantes y en condiciones de extrema precariedad, paralizan la producción con una serie de protestas en los centros de trabajo y en las principales arterias de la ciudad.

La conocida como "Huelga de las Camiseras" fue uno de los primeros grandes hitos de la lucha por los derechos laborales de las mujeres

La patronal se posiciona frontalmente e inicia una campaña de hostigamiento con la complicidad de la policía y las autoridades judiciales. "Usted está en huelga contra Dios y la naturaleza", le espetó el juez a una de las 723 mujeres detenidas durante el periodo de huelga, que además, tuvieron que enfrentar multas superiores a las 2.000 dólares, una cifra prohibitiva para las clases populares.

Finalmente, a finales de febrero de 1910, se firmó el acuerdo entre trabajadoras y empresarios, bautizado como "Protocolo de Paz", que consiguió arrancarle a la patronal la reducción de la jornada laboral, mejoras salariales y el cese de las medidas de represión contra las trabajadoras sindicadas. Sin embargo, pese a las mejoras obtenidas, el empresariado se hizo valer de subterfugios legales para continuar sometiendo a las mujeres a un régimen laboral de explotación, miseria y muerte.

El 25 de marzo de 1911 se declaró un incendio en la fábrica de Triangle Waist Co, una de las compañías camiseras más importantes de la Gran Manzana. Los propietarios ordenaron bloquear las salidas para evitar, según dijeron, que las trabajadoras aprovechasen el desconcierto para llevarse ropa, circunstancia que provocó la muerte de 146 personas. Algunas de ellas, ante el acecho de las llamas, se precipitaron al vacío desde los pisos noveno y décimo del edificio.

Los sucesos ocurridos en Nueva York son parte de una serie de acontecimientos que conforman la memoria obrerista del 8 de marzo: desde la marcha sobre Versalles de 1789, la huelga de algodón de Manchester de 1853, los motines de las cigarreras españolas en el siglo XIX, la rebelión de las sufragistas a principios del siglo XX, las protestas del hambre en Rusia en 1917, la lucha por el derecho al divorcio y al aborto, o más recientemente, la creación del sindicato femenino de la industria textil en la India, las protestas obreras en Tanzania, el asociacionismo de las trabajadoras gitanas en todo el mundo o el 'Me Too', el movimiento que puso fin a décadas de abusos, silencios y complicidad.

La primera celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora se remonta al 19 de marzo de 1911, cuando más de un millar de mujeres tomaron las calles de Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza para exigir el derecho al voto y a ocupar cargos públicos, además de formación profesional e igualdad laboral y retributiva.

Para encontrar una relación directa con el 8 de marzo hay que viajar hasta los epílogos del imperio zarista

Para encontrar una relación directa con el 8 de marzo, fecha actual de la efeméride refrendada por Naciones Unidas, hay que viajar hasta los epílogos del imperio zarista. Ese día, en 1917, miles de trabajadoras del textil de la ciudad de Petrogrado, actual San Petersburgo, organizaron una marcha en protesta contra las condiciones de penuria a las que estaba sometida la población.

Los esfuerzos económicos del imperio se centraban en la guerra y en sostener la lujosa vida de la familia real, mientras que las clases populares rumiaban de hambre las tripas con productos básicos que escaseaban y salarios en constante depreciación.

Las mujeres acuden a las fábricas del metal y animan a los hombres a sumarse a la protesta. En aquel momento, ni unas ni otros podían imaginar que aquella movilización sería el germen de la Revolución Rusa y el principio del fin del régimen zarista.  

A lo largo de los años se ha intentado desposeer al Día Internacional de la Mujer Trabajadora de su genealogía socialista y obrerista. Tanto es así que se ha borrado la palabra trabajadora y se rebuscan pasajes en la historia que permitan asociar la efeméride con acontecimientos alejados de la órbita comunista.

Aunque bien es cierto que la celebración es el resultado de la suma de diferentes luchas que se extienden a lo largo de los tiempos, la emancipación de la mujer y su activación como sujeto político no sería posible sin la contribución de grandes pensadoras socialistas, como Aleksándra Kolontái, la propia Clara Zetkin o la también espartaquista Rosa Luxemburgo, y sin los acontecimientos vividos aquella mañana de 1917, cuando un grupo de mujeres se enfrentaron a dos de los mayores imperios de la historias: el zarista y el patriarcal. 

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