Italia regularizará a los jornaleros inmigrantes

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La Ministra de Agricultura comparece antes los medios al borde la lágrima. "Los invisibles serán ahora menos invisibles". Teresa Bellanova es una histórica del sindicalismo italiano. Antes de pisar las lustrosas moquetas de un ministerio se forjó las manos en las plantaciones agrícolas del sur del país, donde trabajó como jornalera desde los 14 años. Quizá sea por eso que ayer, cuando comunicó que el Gobierno de Italia regularizará a 250.000 inmigrantes que trabajan en la agricultura y en el cuidado de los mayores, no pudo contener la emoción.

Decía Rosa Luxemburgo que "quién no se mueve no siente las cadenas", y Bellanova, una rara avis en el pomposo ecosistema de las élites políticas, ha sentido en la piel el desgarro de cada azada clavándose en la tierra.

La decisión es histórica para un país donde hace tan solo unos meses el veneno del fascismo se había colado en las más altas instituciones. De ahí, de los estercoleros de la ultraderecha, han venido los ataques más furibundos. El ex vicepresidente Matteo Salvini exigió "que se ocupe de los parados italianos en lugar de sustentar a los que no aportan nada" y su socio de coalición, el vicepresidente de la Cámara de los Diputados, Fabio Rampelli, calificó la iniciativa como "una cuchillada para los italianos que pierden sus trabajos estos días".

La cámara baja tendrá ahora que avalar la continuidad de una medida que la aritmética parlamentaria, salvo sorpresa de última hora, hará posible en un plazo máximo de 60 días desde su publicación en el boletín oficial italiano. De ser así, cientos de miles de personas que han sobrevivido hasta ahora despojados de cualquier derecho podrán acceder a un permiso de trabajo y residencia, efectivo durante 6 meses, prorrogable otros 6 más y con la promesa de ser permanente si cumplen los requisitos de mantener el puesto de trabajo y no cometer ningún delito. "La intención del gobierno es garantizar la dignidad de las personas, la protección de la legalidad y las necesidades del mercado laboral", declaró la Ministra del Interior, Luciana Lamorgese.

Según las encuestas, el 60% de los italianos apoyan la medida, sabedores de que en plena crisis sanitaria han sido las manos extranjeras las que se han jugado la salud para garantizar el correcto funcionamiento del suministro alimentario.

El gobierno espera que la medida sirva también para frenar la propagación de guetos donde los migrantes malviven en condiciones infrahumanas, lo que supondría un golpe para las finanzas de las mafias del tráfico de seres humanos que controlan estos asentamientos.

El trabajo en las las explotaciones agrícolas italianas fue calificado por las organizaciones de derechos humanos como "al límite de la esclavitud", con salarios que oscilan entre 1 y 3 euros la hora, aunque suele ser habitual que el jornal dependa de las cajas de fruta que sean capaces de llenar.

Al borde de la extenuación, con temperaturas superiores a los 40º, encontró la muerte Paola Clemente, una mujer de 49 años y 3 hijos a la que se le paró el corazón mientras recogía uvas. El caso impactó a la sociedad italiana porque Paola era una de ellos y es que, además de la mano de obra extranjera, los nacionales de los estratos más vulnerables son el otro engranaje que hace funcionar la maquinaria de la agricultura transalpina. Stefeno Arcur, su marido, relató la historia de su difunta esposa. "Salía de casa a las dos de la madrugada, en San Giorgio Jonico (sur de Italia). Cogía el autobús y llegaba a las cinco y media a las viñas de Andria (a 170 kilómetros). En casa volvíamos a verla no antes de las tres de la tarde, en algunos días incluso a las seis. Ganaba 27 euros al día".

Italia es el tercer país más afectado por la pandemia de la Covid-19, con casi 227.000 contagiados y 32.169 personas que han perdido la vida. A pesar de la situación, el trabajo de los jornaleros en las explotaciones agrarias nunca se ha detenido, evitando así un colapso del sector primario que habría sido de dramáticas consecuencias. "La comida sobre nuestras mesas procede de esos campos; ahora debemos reconocer los derechos que le han sido negados a quienes trabajan en ellos", señaló el Ministro para el Sur, Peppe Provenzano.

Unos días después de conocerse la aprobación de la reforma, Teresa Bellanova escribía en su cuenta de Facebook. "Es verdad. Lloré. Luché, luché, y al final lloré. Asociaron mis lágrimas con otras lágrimas. Les han dado un género, el femenino. Sin embargo, yo tuve la fuerza para llorar. Sí, la fuerza, porque luché por algo en lo que creía desde el principio, porque cerré el círculo de una vida que no es solo mía, sino de muchas mujeres y hombres, que como yo trabajaban en el campo".

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