Judit Polgár, la "auténtica" gambito de dama

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El participante que juega con blancas hace un primer movimiento de apertura. Desplaza el peón de la dama dos casillas hacia adelante con la intención de que sea capturado por su oponente y obtener una ventaja posterior en el desarrollo de la partida. Esto es, explicado a vuela pluma y para profanos en la materia, el gambito de dama, una de las jugadas más antiguas del ajedrez moderno, que a buen seguro Judit Polgár conoce a la perfección. La serie de Netflix, convertida en uno de los grandes éxitos internacionales de la temporada, es un relato de ficción, pero resulta sencillo encontrar ciertos paralelismos entre el personaje protagonizado por Anya Taylor-Joy y la trayectoria de la mejor jugadora de ajedrez de la historia.

Judit Polgár (Budapest, 1976) es la menor de tres hijas fruto de un matrimonio húngáro de clase media. Ella y él, ambos educadores, acordaron poner en práctica un experimento pedagógico con el objetivo de demostrar que se puede fabricar a un genio utilizando las técnicas adecuadas. "Se necesitan entre 20.000 y 30.000 horas de estudio para que una persona pueda dominar cualquier materia de forma extraordinaria", asegura László, el padre de Zsuzsa, Zsófia y Judit. Las niñas fueron educadas en casa y el ajedrez fue el vehículo de trasmisión, no solo de los fundamentos teóricos de un aprendizaje tradicional, sino también de una forma de entender la vida, con coraje y resistencia, que sería determinante para el desarrollo de la personalidad de tres jóvenes muchachas que iban a tambalear los cimientos de un mundo tradicionalmente dominado por los hombres.

A los 8 años, Judit ganaba partidas a ciegas en las plazas de Budapest

A los 8 años, Judit ganaba partidas a ciegas en las plazas de Budapest. Se colocaba de espaldas al tablero, y uno a uno, iba derrotando a sus oponentes, hombres adultos que creían fácil la victoria ante una contrincante que apenas levantaba unos cuantos palmos del suelo.

En 1988, en las olimpiadas de ajedrez femeninas de Tesalónica, las por entonces adolescentes hermanas Polgár comenzaron a llamar la atención del circuito profesional tras derrotar a la todopoderosa Unión Soviética, que hasta la fecha había dominado el juego, tanto en hombres como en mujeres, con una superioridad aplastante. Repitieron éxito dos años después, en la extinta Yugoslavia, y fue entonces cuando Judit, con solo 14 años, decidió empezar a blandir armas con los hombres. "Crecí en un ambiente donde no se respetaba a las mujeres en competiciones masculinas, pero yo fui educada para vivir en un mundo donde hombres y mujeres tienen las mismas capacidades".

  • "Una de las historias más apasionantes que he tenido la oportunidad de cubrir"

Leontxo García es una leyenda del periodismo español. Desde 1983 se dedica a la cobertura de la actualidad ajedrecista y ha sido testigo de primera mano de algunos de los momentos más destacados de la historia de este deporte. "Judit acudía a torneos con jugadores de élite donde ella era la única mujer. Parte de su gran éxito fue ser capaz de enfrentar y superar un ambiente enormemente opresivo", recuerda García en declaraciones a Movistar+.

Los jugadores, los clubes de ajedrez e incluso las federaciones miraban con recelo a aquella joven que había irrumpido en un entorno testosterónico y que amenazaba la dominancia de una masculinidad que se demostraría frágil frente al tablero. Judit competía con el pelo recogido, pantalones y blusas sin apertura, para evitar las acusaciones de distracción que solía escuchar entre dientes cuando sus rivales comenzaban a paladear el sabor de la derrota, de un amargor especialmente hiriente si el rey era destronado ante el juego agresivo de una dama. Klara, la madre de Judit, rememora aquellos días. "Ellos decían que había sido un accidente, que no volvería a pasar, pero luego Judit les volvía a ganar, una y otra vez. Era fantástico".

A los 15 años, Judit se convirtió en la jugadora más joven, hombre o mujer, en obtener el título de Gran Maestro Internacional

Pero las excusas se agotaron muy pronto, en 1991, después de que Judit se convirtiera a los 15 años y cuatro meses en la jugadora más joven, hombre o mujer, en obtener el título de Gran Maestro Internacional, un récord que hasta ese instante presumía de ostentar un tal Bobby Fischer. Desde entonces, en una carrera que se prolongó durante 20 años, alcanzó el octavo puesto en el ranking mundial con más de 700 victorias, y entre sus víctimas, ha derrotada al menos en una ocasión a todos los campeones del mundo que han habido desde su nacimiento: Kárpov, Spasky, Anand, ShÍrov, Carlsen y… Garii Kaspárov. 

  • "La obligación de las mujeres es apoyar a sus maridos"

"Entre las muchas virtudes que tenía Kaspárov no estaba la prudencia a la hora de hacer declaraciones". Leonxto García señala las luces y sombras del ajedrecista ruso, que entre mediados de los años 80 y el 2000 impuso una dominancia absoluta en el juego.

En 1989 concedió una entrevista para la revista Playboy en la que afirmó que las mujeres eran débiles, intelectualmente insuficientes para el ajedrez y que su lugar debía circunscribirse al ostracismo de los segundos planos, ofreciendo apoyo a sus maridos. Poco tiempo después, la historia le demostraría que estaba equivocada.

Fue en el torneo de Linares, el más importante del mundo, donde el peso de la razón empezó a robarle argumentos a su sin razón. El campeón del mundo se enfrentaba por primera vez a Judit en una partida que resultó frenética desde el inicio. En los últimos compases, con el reloj apremiando los minutos, Kaspárov cometió una irregularidad: movió su caballo para instantes después retroceder a la posición inicial. Las imágenes demuestran que sus dedos se habían separado de la pieza y la normativa dice claramente que en tal caso no se puede variar la situación. "Carta en la mesa, pesa", como bien dice el acervo popular. Judit miró atónita al árbitro y al público, pero nadie dijo nada. La partida continuó y Kaspárov se alzó con la victoria. "Para ser sincera, incluso hoy no sé cómo debería haber actuado. Porque si las imágenes no hubieran captado ese momento y con 17 años acuso a Kaspárov de hacer trampas, mucha gente habría pensado que lo hacía con mala intención. Sería más fácil si yo hubiera sido un hombre".

Haber servido de inspiración a tantas niñas es una de mis mayores satisfacciones

En 2002 llegó la revancha y con una partida limpia, el gran campeón del mundo cayó derrotada ante una mujer. Judit rompió las barreras del juego y los marcos mentales de muchos jugadores. Kaspárov se ha mostrado arrepentido en multitud de ocasiones por sus declaraciones machistas y actualmente mantiene una buena relación con aquella chica, ahora ya una mujer adulta, a la que en su día no le concedió el grado de una rival a la altura de los más grandes.

La mejor jugadora de la historia se retiró profesionalmente el 14 de agosto de 2014, pero nunca ha querido separarse de la actividad que la consagró genuinamente. Ahora es una estrella en su país, ofrece conferencias por todo el mundo y dirige una fundación que utiliza el ajedrez como herramienta de integración para jóvenes con discapacidad. "Ganar estuvo bien, ganar a todos aquellos hombres que no creían en mí fue aún mejor, pero haber servido de inspiración a tantas niñas es una de mis mayores satisfacciones".

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