Justicia violeta contra el supervillano naranja

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Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Hace muy pocos días que llenamos todas las calles de España con feminismo, reivindicando a punta de color violeta el fin de la violencia de género (y no "doméstica", como los iluminados de 'Hazte Oír' se empeñaron, el propio 8M, en insertar a golpe de talonario en los principales periódicos conservadores), la total liberación de las mujeres en cualquier terreno, y la destrucción del sistema patriarcal y todas sus consecuencias devastadoras.

También hace poco escribía un muy recomendable artículo en la competencia un admirado guionista y profesor de guion, Javier Meléndez, acerca de la relación entre el auge de la ultraderecha y el mundo de los superhéroes. Desde Superman, que nació como una respuesta al nazismo pero que fue virando hasta convertirse en un símbolo patriótico yanqui, hasta las series actuales protagonizadas por antihéroes que se enfrentan a poderosos hombres de negocios. Pasando por la disidencia, representada en las novelas gráficas de Frank Miller o Alan Moore. Pero falta hablar de un personaje que representa la actual sociedad, poliédrica, perturbada, nihilista y, en el fondo, dotada de fuerza, inteligencia e inquebrantable sentido de la justicia. Alguien que el pasado viernes habría salido a la calle con su chupa de cuero, sus botas y dos franjas moradas pintadas en sus mejillas con lápiz de labios. 

El feminismo liberal me aprieta el chocho igual

Jessica Jones, heroína del cómic creado por Brian Michael Bendis que ha sido llevado por Netflix a la pequeña pantalla, podría haber portado una pancarta con este lema en la manifestación del 8 de Marzo. En su lugar lo hicieron otras muchas Jessicas, mujeres que no han sido engañadas por el burdo intento de Ciudadanos de subirse, tarde y mal, al carro del feminismo. Mujeres que contestan con un “No cuela” a las señoras del partido naranja, que creen que el feminismo es algo que se puede manipular y modelar a su gusto, hasta obtener un engendro neoliberal producto del peor de los supervillanos: el capitalismo. El mismo 8M, Albert Rivera tuvo la desfachatez de dar un singular mítin en el que solo hablaba él, mientras era flanqueado por unas cuantas de sus esbirras. Esbirras que, días antes de la huelga, presentaron un decálogo/despropósito con su particular visión sobre el movimiento feminista, del que se quieren aprovechar para colar sus reformas laborales, sus privatizaciones, sus recortes en gasto social y su guerra de banderas y de excusas patrióticas. Sí, Ciudadanos bien podría ser ese Superman que terminó siendo un pelele de Reagan, como Miller u Ostrander lo retratan en sus tebeos de los 80. 

El mismo 8M, Albert Rivera tuvo la desfachatez de dar un singular mítin en el que solo hablaba él, mientras era flanqueado por unas cuantas de sus esbirras

Pero existe un supervillano aún peor que el binomio que formaban el Hombre de Acero y el actor de Hollywood aupado a la Casa Blanca. Es Killgrave, el peligrosísimo archienemigo de Jessica Jones. Tenía que ser el universo Marvel el que nos mostrara a un malvado al que temer por lo real que es. No es un científico loco, ni el dueño de una gran corporación. Es un hombre común que, tras un accidente, obtiene la habilidad de controlar las mentes de la gente, volviéndose un sociópata que utiliza su poder para conseguir todo lo que quiere a base de hacer el mal, en especial a Jessica, hacia la cual presenta una intensa obsesión. En los cómics originales incluso viola a su esposa antes de que esta lo abandone. En la serie de Netflix, su personaje es en parte modificado, haciendo que sean sus padres científicos quienes, por un experimento fallido, lo doten con el poder de dominar las mentes. El villano, cuyo nombre se escribe ahora con una sola L, no duda en provocar el caos allá donde va, reteniendo y esclavizando a mujeres y hombres, a base de ese control mental que parece tan invencible.

Kilgrave: cómo ocurre y cómo remediarlo

Albert Rivera también fue creado en un laboratorio, esta vez económico, y todos sus movimientos suceden por algo. Afortunadamente, su intento de apropiarse del feminismo ha sido tan disparatado y tan evidente que muy pocas han caído en sus redes. Aunque lo peligroso es eso, que tiene redes. Y es muy fácil que una red atrape hasta al más pintado, sobre todo si esta ofrece cantos de sirena. Los buques insignia de la economía siempre los ofertan, y por eso nos venden preferentes o un falso sueño de que con esfuerzo y constancia podremos triunfar como ellos. Olvidan, qué casualidad, el pequeño detalle de que a ellos se les ha dado todo hecho. Por eso, los únicos esfuerzo y constancia que tenemos que desempeñar son los de acabar con las desigualdades que siguen perpetuando. Eso es lo que intenta nuestra heroína, aunque no siempre le da el resultado que ella espera, unas veces porque se topa en su camino con más gente a la que Kilgrave maneja las mentes, pero otras porque es ella misma la que cae bajo el embrujo.

Y es que por eso parece tan invencible este villano a manos de Jones. Porque él la ha controlado antes y aún hoy lo sigue haciendo, aunque ella luche internamente contra ello. La superheroína es un fiel reflejo de la actual clase obrera: es manipulada por un ser que solo la quiere sumisa y débil, y en su desesperación por supuestamente no poder hacer nada contra él, se da a una vida nihilista y solitaria, regada con tragos de whisky y unos toques de ironía que la ayudan a sobrevivir. Por otro lado, sus cualidades y una voz que desde las entrañas la empuja a hacer lo correcto, la llevan a ganarse la vida como inspectora privada, resolviendo injusticias y ayudando a quienes la necesitan. Solidaridad y, en ciertas e indispensables ocasiones, sororidad, que nacen del corazón de una huérfana traumatizada que vio cómo se la despojaba de su familia y después, al ser lobotomizada por su enemigo, de su dignidad. Quizá Jessica añora una democracia real, pero muy probablemente no sepa cómo exigirla y conseguirla, menos aún con un villano suelto obsesionado con ella por no poder disciplinarla más, y que utiliza a otras personas para herirla.

Ciudadanos, por aquello de disfrazarse de respetable partido de centro cuando es evidente hacia qué lado de la balanza se inclina, ha encontrado en los medios de masas su superpoder perfecto

Utilizar, manipular y controlar las mentes son las palabras clave. Las formaciones de derechas, muy especialmente Ciudadanos por aquello de disfrazarse de respetable partido de centro cuando es evidente hacia qué lado de la balanza se inclina, ha encontrado en los medios de masas su superpoder perfecto, que bloquea las mentes e inserta en ellas pensamientos solo para lograr sus intereses, siendo el mayor de estos la cruzada contra la disidencia. Rivera opera como Kilgrave, pero de una forma incluso más escalofriante si cabe, ya que ni siquiera él es el dueño de sus poderes, sino que es un mero títere, un actor, cuyas funciones tienen compradas a la crítica pero que, cada vez más, pierden más espectadores. Sus trucos no engañan ya más, pero tengamos cuidado, pues los villanos se caracterizan por su desmedida ambición y su empeño por hacerse más y más poderosos. Eso puede llevarlos a dos finales: uno en el que logran su objetivo, y que en el caso de un controlador de mentes podría ser completamente letal, u otro en el que surgen heroínas indisciplinadas que abandonan su nihilismo para intentar por todos los medios pararles los pies, aprendiendo así, como a todos nos enseñó el maestro Stan Lee, que un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

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