La revolución silenciosa del periodismo

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"Cuando escribí el libro ‘Slow News’ hace muchos años, era solo un deseo, pero ahora está sucediendo. Lo alucinante es la manera en que está sucediendo por todo el mundo con gente distinta en lugares distintos, en medios distintos. Todos se están dando cuenta sin hablar entre ellos, sin saber sobre el trabajo de los demás. Y están haciendo Slow News. Este movimiento se está formando, nos estamos encontrando y se está fortaleciendo, porque podemos aprender unos de otros y compartir información, técnicas, ideas, personal. El ruido siempre existirá, pero se verá compensado con un periodismo de calidad. Y ya no es un deseo"

Con estas palabras termina la película documental 'Slow News'. El autor de dicho testimonio es el laureado periodista norteamericano Peter Laufer, cátedra James Wallace en la Universidad de Oregón y creador del concepto "periodismo lento", acuñado hace seis años en un libro de su autoría que propone un movimiento enfocado a otra forma de hacer periodismo, de una manera reposada y reflexiva, alejada del trending topic, donde el clickbait y los retuits no es lo que prima.

El periodista italiano Alberto Puliafito, se hizo eco de la concepción del movimiento y, junto con cuatro compañeros hastiados por su situación como profesionales y desalentados por un horizonte nada prometedor en el sector, decidieron embarcarse en un proyecto periodístico digital bajo el mismo nombre que el movimiento creado por Laufer. 

Pero a Puliafito le corroía la curiosidad por testear el mapa mediático en la misma línea que ellos estaban emprendiendo. Se puso en contacto con Laufer para conocer al precursor y descubrir si había otros proyectos similares al suyo en esencia. Esta investigación, al final, sin pretenderlo, se convirtió en un documental dirigido por el propio periodista, que se estrenó en el festival de cine sostenible 'Antoher Way'. Escribo estas líneas haciendo honor al espíritu del movimiento, cuando han pasado dos semanas del estreno de la película.

Con ese propósito inicial, el director, se embarca en un periplo audiovisual donde va calibrando dos asuntos principales: la deriva que ha tomado el periodismo en la era Internet y hacia dónde nos ha arrastrado, y cuál debe ser el horizonte a perseguir por los profesionales y las grandes corporaciones mediáticas. Con el afán de recopilar información para esclarecer su inquietud, se reúne con figuras del periodismo contemporáneo, académicas, expertos de las ciencias sociales, y se entrevista con periodistas emprendedores que están haciendo Slow News con cierto éxito, en una suerte de road movie documental.

Es sumamente interesante el resultado de un filme que trata sobre el periodismo y, a su vez, irónicamente, contiene un alto valor periodístico sobre el tema. Se aportan valiosos testimonios materializados en interesantes opiniones de voces autorizadas, que coinciden en que existe un exceso de información, una devaluación del periodismo como oficio y una explotación laboral generalizada en el sector. Hay dos mensajes claros. Uno apunta a la preocupación de que las nuevas generaciones criadas en YouTube, Facebook, Tik Tok, etc., y las que están por venir no distingan lo que es el periodismo y cuán relevante es para la sociedad a nivel social y cultural. El otro mensaje conlleva la esperanza que nos transmiten periodistas inquietos, convencidos de la filosofía slow news, que están retando a sus jefes a cambiar las cosas en sus medios, o emprendiendo proyectos con la ética del ‘do it yourself’ para recuperar tanto el pulso como la orientación correcta de la actividad. 

A Helen Boaden, ex directora de BBC News, le preguntaron si creía que las grandes cadenas intentaban cambiar algo. La periodista reveló que John Birt, uno de los directores más importantes de la BBC hacía hincapié en que había que ofrecer hechos concretos contextualizados con su debida importancia, hacer las preguntas adecuadas al mundo y cuestionar tanto los prejuicios del periodista como del espectador. Boaden se mostró preocupada por el futuro del periodismo en Internet, pues "la gente lee muchas cosas que no son periodismo" y respecto a esto estimó que uno de los retos de los medios convencionales es no repetir los rumores de la desinformación, "se tienen que limitar a ofrecer fuentes de información para que el público elija".

Fréderic Martel, sociólogo e historiador, consideraba que en el fondo de las noticias falsas reside el periodismo mal pagado: "Hay gente obligada a escribir muchos artículos sin poder investigar". Coincidía con Helen Boaden en que sólo una minoría o élite formada se interesa por el periodismo en profundidad y pagan por ello, pero que siempre ha sido así, pues "solo hay que ver el caso del New York Times que tiene ahora más suscriptores que hace 20 50 años".

Jennifer Rauch, profesora de periodismo en la Long Island University Brooklyn, hace una comparación metafórica de la prensa de los últimos tiempos con lo que ocurre en el sector de la alimentación. Dice que la profesión "se quema, el planeta también y que el sistema político arde, así que estamos en  el momento de tomar medidas radicales y no conformarnos con un mundo donde las cosas sean menos malas. Hay que pensar a lo grande". Esto nos conduce a una de las reflexiones más lúcidas del documental: el binomio periodismo rápido y calidad no funciona, hay un irremediable conflicto, pues no se puede estar en misa y repicando. 

Alison Y. Smith, profesora de lengua y literatura en The Citadel, Sur de California piensa que "la receta para el Slow News debería ser como el Slow Food: productos de calidad, limpio e imparcial". Y Aurelie Herbelot, profesora Semántica Computacional, añade: "Es una cuestión de dar las herramientas a la gente para que investigue y no disponemos de esas herramientas ahora".

En los últimos años han ido apareciendo, desde distintas partes del mundo, medios digitales independientes creados por periodistas, no por empresarios. La mayoría acabaron montando sus propias empresas porque anteriormente habían trabajado en medios convencionales y reconocen en el filme su abandono de los grandes navíos por el estrés y la frustración que les acarreaba producir tantos textos a un ritmo descontrolado y con una calidad tan baja.  

Está ocurriendo como una revolución silenciosa en el periodismo, pero desde abajo. Gran parte de los proyectos que se desarrollan tienen la misma consigna: cocinar un periodismo a fuego lento, donde se imponga la calidad por encima de todo. En el documental aparecen diferentes ejemplos de ello.

Rob Wijnberg. editor CEO de ‘The Correspondent’ (Amsterdam) cuenta que intentó cambiar el concepto del 'hoy' de las noticias que daban en el periódico impreso tradicional donde trabajaba, porque no comulgaba con esa forma de hacer periodismo, y lo despidieron. Fue a la TV  para contar su idea y cómo ayudarle a través de un crowdfunding. Con 1,7 millón de dólares pudieron lanzar 'The Correspondent': "El periodismo pretende contarte lo que está sucediendo en el mundo. Pero hace lo contrario, te cuenta lo que no sucede todos los días, porque lo habitual, lo no sensacionalista, lo ordinario, no interesa. Por esta razón, los temas que más influyen, la parte de la sociedad relevante, los factores que explican los sucesos inusuales en las noticias, se quedan totalmente fuera. Usamos una analogía: el periodismo te cuenta el tiempo, no el clima".

Rob Orchard y Matthew Lee trabajaban juntos en la revista 'Time Out' y ya vislumbraban el terrible panorama mediático que se cernía sobre ellos, entonces fue cuando usaron por primera vez el término 'periodismo lento' y supieron que lo que querían lanzar era una revista enfocada a artículos largos. "Uno de los canales aquí abandera el lema 'Somos los primeros en las noticias' Sí, vale, pero nosotros no queremos eso. Preferimos la verdad a ser primeros, y optamos por ser los últimos en dar las noticias urgentes", comentó Orchard. 

Fundaron 'Delayed Gratification' con una filosofía donde la narración fuera clave: "Un buen artículo tiene un arco narrativo que incluye el desarrollo de una trama y un final. El problema del periodismo rápido es que no te da la parte del medio ni del final". Piensan que tal vez puedan formar parte de un movimiento que ayude a abrir el apetito por el tipo de periodismo que quieren crear y promover y están convencidos de que pueden llegar a más gente que no ha oído hablar de su proyecto, y que esto del periodismo lento les gustaría. 

Las socias fundadoras de 'Zetland' (Dinamarca) se dieron cuenta que para que sobreviviera la tradición del periodismo de calidad, que se ha asociado con los medios impresos, alguien tenía que empezar a hacerlo en versión digital. Dejaron sus trabajos e impulsaron un periódico digital que publica solo dos o tres artículos al día. Cubre lo que está sucediendo en el mundo, la actualidad, pero yendo más allá. No solo cuentan que algo ha sucedido, sino por qué ha sucedido. 

Arianna Ciccone es fundadora de 'Valigia Blu'. Consiguió la rectificación de una noticia falsa emitida en la RAI sobre Berlusconi con una recabación de firmas vía Facebook. Después de esto, mucha gente la animó a montar su revista actual, que constituye en Italia un medio de control de la política y del periodismo.

El neoliberalismo representa un papel clave en este juego, ya que en los últimos veinte años ha terminado por copar todos los sectores que son providenciales para construir una sociedad sana. Los medios de comunicación no iban a ser menos. 

Julia Cagé, economista y autora del libro 'Salvar a los medios de comunicación', brinda un testimonio que es oro molido. Piensa que hay que darse prisa: "Lo que ocurre con el periodismo lleva tiempo sucediendo y es como el cambio climático, por eso hay que actuar ya, cuanto antes". Apuesta por la democratización de los medios, por la creación de unos nuevos medios de comunicación independientes de los accionistas, donde los ciudadanos sean quienes participen, y solo se responda ante estos y los periodistas. Incide en que es interesante analizar si la crisis informativa es un síntoma o una causa del populismo, ya que "es como un círculo vicioso". También arremete duramente contra Google y Facebook y los culpabiliza en gran medida de los males del periodismo, pues se hactan de ser los salvadores de los medios tradicionales con sus importantes donaciones, cuando se están lucrando a través de los contenidos de esos medios. Cagé defiende que esto se soluciona obligando a que paguen muchos más impuestos y derivarlos al periodismo. "Tienen que pagar muchos más impuestos en EE.UU y en Europa. Hay que gravar duramente a estas empresas".

Lo que hacen Google y Facebook no es muy distinto al deporte que practica el matrimonio Gates o la familia Ortega, propietaria de Inditex, que es donar una milésima parte de su fortuna a causas justas de las que se aprovechan para decorar un porche que atrae al público más miope y de paso desgravar impuestos. Todo esto ya no es ningún secreto para nadie, pero lo aceptamos.

Este documental nos ha mostrado que otro sistema mediático es factible. En su epílogo, queda plasmado el objetivo del director con unas imágenes en las que Francesca Bettelli, especialista de prensa del consulado italiano en EE.UU, conoce a Peter Laufer y lo invita a su distrito consular a dos mesas redondas en la que participan los diarios La Stampa y Il Corriere della Sera. Se arroja esperanza sobre el periodismo, pero el cambio no sólo provendrá del movimiento independiente de periodistas profesionales, los directivos de las grandes rotativas tendrán que desplazar su alfil para ganar la batalla del periodismo que resta por librar.

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