La "misión imposible" de encontrar piso en Madrid

El otro día abrí una de mis redes sociales y pude leer el siguiente mensaje:

-Hola, soy Helena. 
-¿Estudias o trabajas?
-Trabajo.
-¿En qué?
-Busco piso en Madrid. A jornada completa. 

Esta ingeniosa simulación de una conversación introductoria es la simplificación de lo que para muchas personas se ha convertido en una auténtica odisea: buscar piso de alquiler en Madrid. 

Ya poca gente duda de la existencia de una burbuja que infla los precios al alquilar una vivienda completa o una habitación en piso compartido en la capital. Bajo las llamas de la especulación inmobiliaria, yacen las cenizas de las cartas (miles de e-mails, llamadas o mensajes a través de plataformas virtuales) de quienes se están dejando la piel en el intento de conseguir un hogar. Le pregunto a Helena por su búsqueda y me habla de Badi. Es una aplicación que te conecta con otras personas que buscan u ofrecen habitaciones en pisos compartidos. Algo así como un Tinder para compañeros de piso con los que poder hacer “match” o contactar. Existen otras aplicaciones con anuncios, algunos de lo más curioso u horripilante, cuyo nombre omitiré por ser de sobra conocidas. 

Recuerdo que hace poco una amiga me habló de que había encontrado su piso de Granada el verano pasado gracias a un papel en la propia puerta del portal. Me empecé a preguntar si lo analógico o los contactos podrían ser la clave para encontrar un piso con condiciones razonables en una gran ciudad en los tiempos actuales. Cuando en un lugar se encuentra vivienda antes gracias a conocidos que por los medios tradicionales, suele ser porque la gentrificación y la especulación inmobiliaria han desplegado allí sus largas alas. 

José Luis, que ya ha pasado los treinta, relata su búsqueda veraniega de piso junto a su pareja. “Nos cuesta 900 Euros, aunque el piso es pequeño pero bien situado, no creo que llegue a 65 metros cuadrados. En mi anterior piso (en Lavapiés, un barrio “de moda” del centro de Madrid) pagábamos 750 euros y ahora los del piso de abajo han pedido 1.100 por un piso similar al nuestro”. Ellos han tenido suerte porque eran amigos del hermano de la anterior inquilina y eso fue factor decisivo para que la propietaria les eligiese. 

Quienes ya son veteranos en la capital comentan las diferencias que aprecian respecto a la búsqueda de vivienda hace pocos años. Alfredo Aller es abogado y activista por la vivienda en el Sindicato de Inquilinas de Madrid. “En algunos pisos ahora se hacen auténticos castings o procesos de selección como si fueses actor o te presentases a una oferta de empleo. Anteriormente con demostrar que tenías algún ingreso era suficiente. Ahora te piden contratos indefinidos con un año de antigüedad, nóminas de 1800 euros, que te avalen tus padres, además de los gastos de inmobiliaria, 2 ó 3 fianzas, lo cuál es ilegal, o seguros de impago”. 

Encontrar piso actualmente dentro de la M-30 madrileña es una tarea ardua y para la que se necesita tiempo, precisamente lo que no suelen tener aquellos a quienes indirectamente se expulsa de sus anteriores domicilios a través de una gran subida de precios. La Ley de Arrendamientos Urbanos, modificada en 2013, limita la duración de los contratos a tres años, en los que sólo se puede incrementar el precio del alquiler mediante el IPC (Índice de Precios al Consumo) en cada ejercicio. Después ya interviene el libre mercado. Antes de la reforma, la duración de los contratos era de 5 años. La flexibilización de los contratos de arrendamiento en ciudades grandes como Madrid supone que la inestabilidad se perpetúe entre los arrendatarios. “Otro problema es la ausencia de vivienda pública. Las familias con pocos recursos no pueden acceder a un alquiler a precio de mercado y se ven abocados a la okupación. También ha fracasado el programa ALMA (Alquila Madrid), ya que es muy difícil poder cumplir el requisito de que sólo se destine un 35 %  de los ingresos al pago del alquiler. Ya no hay pisos a esos precios. Antes por un piso de 80 metros cuadrados se pagaban en torno a 600 euros y ahora piden desde 900 euros en adelante”, cuenta Alfredo Aller. 

Según los datos de Idealista (los que ofrecen las propias instituciones, que no cuentan, en general, con datos públicos sobre vivienda), el distrito más barato para alquilar un piso en Madrid es Valdecarros. A 9,71 euros por metro cuadrado, una vivienda de 70 metros costaría unos 680 euros mensuales. Si se suma un mes de fianza, el mes en curso y la provisión (un mes más que la inmobiliaria pide por su gestión, sin posibilidad de ser retornable al abandonar el inmueble), el inquilino debería hacer un desembolso inicial de 2.040 euros al entrar a vivir en el domicilio. En la zona más cara de Madrid, que según los mismos datos es Tribunal, sus 15,77 euros de media por metro cuadrado hacen que el alquiler de una vivienda del mismo tamaño suponga inicialmente 3.312 euros. 

Sara lleva más de dos meses buscando piso, preferiblemente por los barrios cercanos a Madrid Río, su zona de residencia hasta ahora. A pesar de tener un buen trabajo y un sueldo de más de 2.000 euros mensuales, el hecho de que su contrato no sea indefinido hace mucho más difícil la búsqueda. “El otro día fui a ver un piso y el casero lo sorteó entre 12 personas a las que nos vio muy desesperadas. No me tocó. En otra vivienda la propietaria me contó que había recibido 130 llamadas en un día y medio, lo que hizo que tuviese que quitar el anuncio. Sobre cosas raras que he visto al ver las casas, recuerdo un piso en el que la bañera estaba en el salón, cosa que incumple totalmente la normativa, porque decían que no les cabía una ducha en el baño por ser abuhardillado. En otro, también abuhardillado, me dijeron que yo podría tener una “buena relación con el espacio” por ser bajita. En su punto más alto medía 1,60 metros”, relata. 

La competitividad por conseguir una vivienda a un precio medianamente razonable llega a límites insospechados. Lucía Pascual es estudiante y este verano se sumergió, junto a un par de amigos, en la vorágine de encontrar piso en Madrid. “Cuando llamábamos a los pisos preguntábamos en primer lugar qué requisitos necesitaban. Lo que más nos costó es encontrar un piso que tuviese condiciones razonables en cuestión de fianza y de agencia. Hubo pisos que llegaron a pedirnos hasta cuatro meses por adelantado. La agencia se queda con un mes en concepto de comisión y el resultado es nulo, casi se han querido aprovechar de nosotros. Nos alquilaron un piso en muy mal estado y no hemos tenido la posibilidad de hablar con los propietarios, porque no viven aquí. Pero era lo único que podíamos pagar. Todo nuestro contacto es con la agencia y es mucho más difícil porque cuando hay un problema se pasan la pelota entre propietarios y agencia y quienes salimos perdiendo somos nosotros”. 

Cuando se habla de cambiar la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) para controlar estos abusos inmobiliarios, salen a relucir las voces que dicen que los arrendadores están desprotegidos. Revisando la ley se demuestra que no es así. Alfredo Aller explica que la LAU “no cuenta con ningún precio que regule las subidas, por lo que éste puede aumentar ilimitadamente una vez que se cumplen los tres años de contrato. El inquilino no tiene ninguna vía de defensa si el arrendador le quiere echar cuando vence el contrato. A veces se piden varios meses de fianza, cuando lo legal es que pidan uno y el propietario está obligado a depositar esa fianza en el IVIMA (Instituto de la Vivienda de Madrid). Otra vía de presión para echar al inquilino es no efectuar las reparaciones que las casas necesitan. Si el inquilino no acepta las condiciones que el arrendador impone, no se le alquila esa vivienda”. 

La desprotección de las personas arrendatarias es tal, que muchas no conocen el derecho de tanteo y retracto. El tanteo es la preferencia que tiene el inquilino, en igualdad de precio y condiciones de pago, para comprar el piso si el propietario decide ponerlo a la venta. El retracto se usa cuando el propietario ya ha vendido la vivienda a otra persona sin habérselo notificado previamente a su inquilino. En ese caso hay 30 días para que ejecute su retracto, es decir, que anule la compraventa y permita que el inquilino la adquiera por el mismo precio y en las mismas condiciones que el comprador inicial. “La trampa es que la renuncia al derecho de tanteo y retracto, como puede pactarse, está estipulada en casi todos los contratos”, dice Alfredo. 

El estrés inmobiliario produce consecuencias en la salud de las personas. Es una conclusión a la que han llegado diversos estudios, como el efectuado por la asociación Provivienda. A través de su proyecto, “La vivienda, una cuestión de salud pública”, que será presentado recientemente, han investigado la incidencia médica de la inestabilidad habitacional. 

“La búsqueda de piso me ha generado muchísima ansiedad”, cuenta Sara. “Tienes que estar todo el día mirando las aplicaciones y los anuncios de las páginas web. De la prisa que te des en responder depende que puedas aspirar a ese piso o incluso sólo a poder verlo. Si además tienes otros problemas en tu vida, esto te destroza emocionalmente. Hay que evitar los abusos. Un casero me dijo que él lo alquilaba por 600 euros, pero que una gestoría le había ofrecido el triple si se lo alquilaban a ellos y ellos lo alquilaban después en Airbnb”. 

Al preparar este reportaje llamé a un número de teléfono en el que un supuesto particular decía que buscaba piso para comprar en mi zona y que pagaba al contado. Sorprende que, con los precios actuales, un particular pueda pagar en efectivo una vivienda en Madrid. Me encuentro casi a diario en mi portal con estos carteles escritos a mano, fotocopiados. “Da igual estado”, dicen. A veces incluso ofrecen hasta 500.000 euros. Contacté con Ramón (llamémosle así) y le ofrecí mi piso, explicándole sus características. Me dijo que trabajaba para una inmobiliaria que compra pisos para luego alquilarlos (ahí comienza la especulación). “Date cuenta de que la gente que busca piso en esta zona tiene un presupuesto medio-alto”, me dijo. “Yo visitaría tu casa y luego le haría unas fotos, que enseñaría a la inmobiliaria y en base a eso te hacemos una oferta. Si no te interesase la oferta, podemos anunciar tu piso en la inmobiliaria para que puedas alquilarlo”, explicaba Ramón. Si el propietario accede a alquilar su piso a través de esta inmobiliaria, ellos ya reciben la comisión de un mes de alquiler, por lo que intentan que se alquile  a un precio lo más elevado posible. “Es verano, yo te aconsejo esperar mínimo hasta septiembre, ya que irán subiendo los precios”, me aconseja Ramón. Por lo que me cuenta no parece que se vayan a estabilizar ni tampoco a descender. 

Tras más de 9 años de lucha, el Congreso de los Diputados ha admitido a trámite la ley de vivienda de la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca (PAH). Sus cinco medidas comprenden la dación en pago retroactiva, el alquiler asequible y estable, la paralización de los desahucios, aumento de la vivienda social (España tiene un parque público de menos del 2 % de las viviendas) y garantizar suministros energéticos. Medidas que, con voluntad política, pueden dejar de ser una utopía

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