Morir por estudiar, la amenaza a las niñas en Pakistán

El 9 de octubre de 2012, Malala Yousafzai solo tenía 15 años. Aquel día un insurgente talibán asaltó el autobús escolar en el que viajaba y le descerrajó tres tiros en la cara. Cuatro años antes, cuando solo era una preadolescente, comenzó a escribir un blog para la BBC donde detallaba su vida bajo el yugo de los radicales islamistas en el valle del rio Swat, al noreste de Pakistán. Malala se convirtió en una precoz activista por los derechos humanos, sobre todo en los referidos a la infancia y a la educación de las niñas, que los talibanes habían prohibido desde que se hicieron con el control de la región. Los disparos intentaron acallarla, pero milagrosamente logró sobrevivir y hoy en día su voz resuena con más fuerza en los foros más importantes del mundo, tras ser galardonada en 2014 con el Premio Nobel de la Paz.

Aunque su trabajo y el de otros muchos activistas anónimos continúa desafiando el integrismo yihadista, la educación en algunas zonas de Pakistán, especialmente para las niñas, sigue estando en el centro de la diana. Esta misma semana, un grupo de radicales atacaron de madrugada y de forma coordinada doce escuelas de la región  de Gilgit Baltistan, la mitad de ellas femeninas y el resto mixtas. Abdul Waheed, comisario al frente del caso, anunció en declaraciones a la televisión india NDTV la apertura de una investigación para localizar a los asaltantes, tarea que hasta la fecha en la que se escriben estas líneas ha resultado infructuosa.

Los terroristas prendieron fuego a los colegios de madrugada, entre las 2:30 y la 3:00, causando importantes daños en el mobiliario que han obligado a suspender la actividad escolar. "Realmente no sé quién está detrás de esto. Aunque la mayoría de la gente está a favor de la educación de las niñas, hay algunos pocos en contra. Puede haber un grupo o más detrás de esto", explicó Waheed.

Unos 3.500 estudiantes recibían clase en estos centros, ocho de los cuales son de titularidad estatal, mientras que los otros cuatro están administrados por las diferentes oenegés. La reconstrucción y reapertura son ahora mismo las máximas prioridades de autoridades y organizaciones, y es que la región soporta una de las tasas de alfabetización más bajas de todo el país.

No es la primera vez que las instituciones tienen que hacer frente a este tipo de ataques en un territorio donde la influencia wahabista persiste en establecer los márgenes de la moralidad y los castigos a los que se enfrentan aquellos que se atreven a desafiarlos. El episodio más reciente ocurrió a principios de este mismo año, cuando dos centros educativos para niñas fueron destruidos en un atentado con artefactos explosivos.

Según un informe de Human Rights Watch, alrededor de 1.500 escuelas han sido destruidas en los últimos 10 años en el llamado cinturón tribal de Pakistán.

De acuerdo con los datos oficiales facilitados por el gobierno del país, el 47% de las mujeres paquistaníes son analfabetas y el 53% de las niñas no acuden regularmente a clase. 

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