Mucho más que un beso

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Una imagen está dando la vuelta al mundo. De un lado, los que aplauden la normalización de un gesto que debería ser cotidiano. Del otro, la resistencia medievalista de parietales tan estrechos como el ojal de una aguja. La fotografía de la nueva alcaldesa de Bogotá besando a su pareja, también mujer, es un gesto que ayuda a visibilizar al colectivo LGTB, y aunque los gestos en política son necesarios, su orientización sexaul es con toda seguridad un aspecto irrelevante entre los muchos que definen la determinación política de la regidora de la ciudad más importante de Colombia.

Sí, Claudia López es lesbiana. Sí, es un hecho noticioso que miembros de colectivos tradicionalmente discriminados ocupen puestos de responsabilidad. A buen seguro que su orientación habrá sido un hándicap en su vida personal y política, circunstancia que hace todavía más valiosa una victoria individual que también es colectiva; apenas el 15% de los cargos electos en Colombia son mujeres: "Soy consciente de que recibo el fruto del trabajo y las luchas de muchas generaciones, de muchas mujeres que han defendido no solo a las mujeres, no solo a sus hijos, sino a toda la sociedad". Pero los motivos por los que López se ha convertido en la segunda autoridad del estado van mucho más allá que unas meras condiciones aleatorias.

Los motivos por los que López se ha convertido en la segunda autoridad del estado van mucho más allá que su orientación sexual

Hija de clase obrera y criada en uno de los barrios más humildes de Bogotá, su historia es un largo recorrido de superación que comenzó en la época de estudiante. Licenciada en Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales en la Universidad Externado de Bogotá, maestría en Administración Pública y Política Urbana por la Universidad de Columbia en Nueva York y doctora en Ciencias Políticas por la Universidad de Northwestern de Chicago, su impresionante currículum es fruto de la consecución de una serie de becas que permitieron a la hija de una maestra acceder a centros de enseñanza tradicionalmente reservados a los bolsillos más pudientes. "Hoy Bogotá eligió por primera vez a la hija de una familia como la suya, de las familias hechas a pulso, que con amor y tenacidad logran superar día a día todas las dificultades. Que salen adelante trabajando duro, siempre tratando de hacer las cosas bien y confiando en que su trabajo, sus ilusiones, sus impuestos, no se pierdan en la corrupción, la violencia y el abuso", señaló López en su discurso ante medios de comunicación y seguidores.

Candidata por los ecologistas de Alianza Verde, ha hecho de su fama de incorruptible la bandera de la campaña electoral en un país donde la corrupción ha parasitado todos los estratos de la política y el funcionariado. López cuenta que su activismo comenzó cuando solo tenía 18 años: "En 1990 yo iba a votar por primera vez y mataron a mis tres candidatos: Carlos Pizarro, Bernardo Jaramillo y Luis Carlos Galán". Ha sido contra el hijo de este último, asesinado por las redes del narcotráfico de Pablo Escobar, con quien ha mantenido la pugna por la alcaldía hasta el último instante. Carlos Fernando Galán era el favorito en las encuestas, pero finalmente cayó derrotado ante una rival a la que calificó como "una contendiente admirable".

Fue aquella masacre la que le empujó a tener un papel protagonista en el movimiento estudiantil 'Séptima Papeleta', cuyo apoyo fue fundamental para la aprobación de la Asamblea Constituyente de 1991. Desde entonces, el activismo en las calles y en las instituciones ha jugado un papel protagonista en su vida. En 2004 regresó a Colombia para ejercer como periodista e investigadora, actividad que le reportó cierta notoriedad cuando elaboró un informe llamado 'Parapolítica', donde destapó los nexos entre grupos armados de extrema derecha y un sector de la clase política que perseguía imponer con las armas una "refundación de la patria".

En 2004 elaboró un informe llamado 'Parapolítica', donde destapó los nexos entre grupos armados de extrema derecha y un sector de la clase política

En 2014 consiguió representación en el Senado y ese mismo año impulsó una consulta anticorrupción con la que pretendía endurecer las leyes contra los cargos públicos que se beneficiaban ilícitamente de su posición, bajar los salarios de los congresistas y limitar los periodos de funcionarios en corporaciones públicas. Más de 11 millones de personas participaron en el referéndum, pero no logró superar el umbral de los 12 millones de votos que le habrían otorgado carácter vinculante. En la práctica fue una derrota. En la teoría, una novata en el parlamentarismo logró quebrantar la cómoda singladura de una clase política acostumbrada a utilizar el desempeño del servicio público para servir a sus propios intereses.

Sus mayores detractores la apodaron "López la gritona", un descalificativo de tintes sexistas para burlarse del coraje de una mujer que había alzado la voz contra los poderes fácticos que subyugaban la vida pública del país. "He sido directora de acción comunal, he sido investigadora, he sido periodista. He manejado miles de millones de pesos, ¿y todo lo que tienen que decir es que soy gritona? Yo no robo, yo gobierno bien, yo lidero, yo produzco resultados", respondió.

Aquella mujer de constitución menuda a la que la oposición tildaba de "populista", "guerrillera" y "loca" ha recibido la confianza  de 1,1 millones de bogotanos. Ahora, las esperanzas de muchos ciudadanos se centran en el cumplimiento de un programa electoral donde López promete la mayor inversión en educación pública en la historia de la ciudad, nuevos modelos de movilidad respetuosos con el medio ambiente, una lucha inquebrantable contra el desfalco de los poderes públicos y políticas de igualdad para impulsar el empoderamiento de la mujer.

"A través de la cultura ciudadana, de la educación de calidad y de la igualdad lograremos derrotar al machismo, al racismo, a la xenofobia, al clasismo y a la homofobia". Justo después de pronunciar estas palabras se fundió en un beso con su pareja, la senadora Angélica González. Un símbolo que ha dado la vuelta al mundo, una imagen de esperanza para millones de personas, pero que nunca debería eclipsar la lucha infatigable de una mujer de orígenes humildes que ha logrado alcanzar uno de los puestos de mayor responsabilidad del país sin abandonar el discurso de clase. Ahora tiene tres años por delante para llevar a la práctica el sueño de su utopía. 

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