Muere Katherine Johnson, la mujer que llevó a la humanidad a la luna

Katherine Johnson era mujer y negra. Su vida estaba condenada a sobrevivir en los márgenes del relato, de no haber sido por el impulso del movimiento feminista y su lucha para empujar las historias de grandes mujeres al centro del discurso. Puede que ahora, con calculadoras en los móviles capaces de resolver complejas operaciones matemáticas en milésimas de segundo, nos resulte difícil imaginar que hubo un tiempo donde la percepción lúcida de los seres humanos arrojaba claridad sobre los lugares todavía oscurecidos para la tecnología.

Katherine necesitó poco más que un lápiz, una regla y una de las mentes más brillantes de la historia de las matemáticas para deducir la trayectoria que permitió la llegada del Apolo 11 a la luna y su posterior regreso a casa, después de que Neil Armstrong diera "un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad".

Antes, su trabajo ya había sido crucial para planear el vuelo de Alan B. Shepard Jr, el primer estadounidense en viajar al espacio allá por 1961. Al año siguiente colaboró en otra misión exitosa cuando John Glenn se convirtió en el primer astronauta de Estados Unidos en orbitar la tierra. "Usted me dice cuándo y dónde quiere que aterrice, y yo le diré dónde, cuándo y cómo lanzarla", dijo una vez esta científica ahora honrada por la NASA, pero que pasó muchos años relegada a los espacios para "mujeres de color" de la agencia espacial estadounidense.

Katherine Johnson ha fallecido a los 101 años, una edad longeva que le ha permitido disfrutar del reconocimiento que otras grandes mujeres nunca llegaron a ver. Su vida es conocida por el gran público gracias a la película 'Hidden Figures' ('Figuras Ocultas'), una cinta sobre un grupo de tres científicas afroamericanas que trabajaron en la NASA en plena contienda por la carrera especial. Basada en el libro homónimo de Margot Lee Shetterly, narra los más de 30 años de desempeño laboral de Katherine Johnson durante una época donde, como ella solía decir "las computadoras llevaban faldas".

"Computadoras" o "máquinas de escribir" eran los términos peyorativos que se utilizaban para calificar a las mujeres que realizaban sus tareas en estancias de segunda; las mujeres separadas de los hombres y las mujeres negras separadas de todos.

Hasta el final de sus días, Katherine se afanó en restarle importancia a sus logros: "Solo estaba haciendo mi trabajo", dijo cuando el presidente Barack Obama le entregó la Medalla Presidencial de la Libertad, la mayor condecoración civil de los Estados Unidos.


La realidad, sin embargo, fue mucho más dura para una niña nacida en 1918 en White Sulphur Springs (Virginia Occidental), un lugar donde las personas negras no podían estudiar más allá del 6º grado. Sus padres tuvieron que trasladarse para que sus hijos pudieran continuar con el aprendizaje.

Tras graduarse Summa cum laude en matemáticas y francés, Katherine se topó con la siguiente gran barrera en el camino profesional de los afroamericanos. Trabajó durante un corto periodo como profesora de escuela, hasta que se casó y tuvo hijos. Como era habitual en aquellos tiempos se vió obligada a abandonar cualquier ambición personal para dedicarse durante una década a la crianza de los niños.

En 1952 logró acceder a Langley, el centro más antiguo de la NASA, gracias a un programa para impulsar la "integración racial". Allí, desde una mesa reservada para las "mujeres de color", con la categoría de subprofesional y un sueldo más bajo que sus homólogos masculinos, Katherine fue superando todas las trabas hasta convertirse en una persona crucial para el buen devenir de los Estados Unidos en su batalla por la conquista del espacio. "Si ella dice que los números son buenos, adelante", dijo John Glenn antes de subirse a la nave Friendship 7 para orbitar la tierra.

En 2017, la NASA puso su nombre al Centro de Investigación Computacional de Langley. "Katherine Johnson ayudó a nuestra nación a ampliar las fronteras del espacio", aseguró Jim Bridenstine en un comunicado tras conocerse la noticia de su fallecimiento.

Encumbrada ahora como una de esas figuras ocultas que hicieron posibles algunos de los avances más importantes para la humanidad, su legado debe servir para arrancar de las sombras a todas esas mujeres que a día de hoy todavía permanecen olvidadas en el rincón más oculto de nuestra desmemoria colectiva.  

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