¿Quién se acuerda de las mujeres detenidas en Arabia Saudí?

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En mayo de 2018, las fuerzas de seguridad del régimen de Arabia Saudí llevaron a cabo una redada contra un grupo de activistas por los derechos de las mujeres a las que el estado había catalogada de subversivas y peligrosas para los intereses de la nación. Nadie conoce con exactitud el número de detenidas, aunque las organizaciones en defensa de los derechos humanos cifran en al menos una decena.

A pesar de que en Arabia Saudí, las mujeres han sido privadas de casi la totalidad de sus derechos, cada vez son más las que se atreven a desafiar el yugo del statu quo. Activistas feministas que se juegan la vida para romper el férreo control de la tiranía wahabita, como las profesoras universitarias Hatoon al-Fassi e Iman al Nafjan, la académica Aziza Yusef y la escritora Nuf Abdelaziz. O Maya al Zahrani, Hatun al Fassi, Nasema al Sadah y Amal al-Harbi, que junto a un grupo de hombres que apoyan su causa llevan 9 meses detenidas en la prisión de Dhahban.

Entra rejas permanece también Samar Badawi, reconocida con el Premio Internacional del Coraje Femenino, a cuya ceremonia asistieron personalidades de la talla de Michelle Obama y Hillary Clinton, que han optado por mantenerse en silencio tras conocerse su arresto.

Human Rights Watch ha podido constatar las graves violaciones de los derechos humanos que están sufriendo durante la estancia en prisión, tales como descargas eléctricas, latigazos e incluso abusos sexuales que se llevan a cabo durante los interrogatorios perpetrados por hombres enmascarados. "No está claro si las torturas tienen como objetivo forzar a las mujeres a firmar confesiones o simplemente eran un castigo por su actividad física", asegura Michael Page, vicepresidente de Human Rights Watch .

Human Rights Watch ha podido constatar las graves violaciones de los derechos humanos que están sufriendo durante la estancia en prisión, tales como descargas eléctricas, latigazos e incluso abusos sexuales

Según la organización, los malos tratos, unido a un estricto régimen de aislamiento ha llevado a una de ellas a intentar suicidarse en repetidas ocasiones. "No solo han sido privadas de libertad durante meses, simplemente por expresar sus opiniones, sino que además son objeto de un terrible sufrimiento físico", denuncia Lynn Maalouf, directora de Amnistía Internacional en Oriente Medio.

A las torturas y vejaciones hay que sumar una campaña de descrédito que está llevando a cabo la prensa del país. Las principales cabeceras, controladas por la censura, acusan a las detenidas, sin ningún fundamento sólido, de mantener "contactos sospechosos con extranjeros" relacionados con el espionaje. Para Human Rights Watch se trata de un intento calumnioso del gobierno saudí con el que pretende construir un argumentario que justifique los arrestos, pero lo cierto es que estamos ante un nuevo episodio de represión contra las figuras, todavía minoritarias, que han mostrado públicamente su rechazo a la dictadura.

Las detenciones causaron un sonoro -pero domesticado- revuelo internacional que empujó al régimen liderado por el príncipe Mohamed bin Salman a levantar, tan solo unas semanas después, el veto que prohibía a las mujeres conducir; una operación de lavado de cara para acallar las voces discordantes. Es una estrategia habitual que se ha repetido tras el caso de Yamal Jashogyi, el periodista asesinado por agentes de la dictadura y cuya polvareda han intentado aplacar nombrando por primera vez a una mujer como embajadora oficial, y además en un lugar de tanta relevancia como los Estados Unidos.

El crudo saudí juega un papel importante en el mutismo de la comunidad internacional, tan elocuente cuando se trata de denunciar las injusticias en otras latitudes. "Los líderes mundiales deberían pedirle a Mohamed bin Salman que ponga fin a la persecución contra los críticos nacionales", concluye Page.

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