El patriarcado en la justicia marroquí

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Cada vez son más las mujeres marroquíes conscientes de su opresión y de la discriminación intrínseca que sufren por su sexo. A menudo me preguntan desde fuera qué implica ser una mujer marroquí y el sentimiento que asoma es siempre agridulce. En primer lugar, parte del profundo orgullo que siento por mis raíces, mi familia y mi recorrido. Sin embargo, en la otra cara de la moneda, hay una gran decepción por una situación social, legal y política, que produce enfado e indignación.

El enfado y la indignación son los principales motores de cambio; los pilares de la revolución. Lo que no te enfada ni te molesta ni te duele, no es tu causa, al menos no una causa con un futuro real. ¿Debemos reafirmar nuestro enfado? Sí. ¿Es correcto hacerlo? Y si no es ahora, ¿cuándo?, y si no somos nosotras, ¿quiénes lo harán?. Alzar la voz y denunciar la miseria de nacer mujer en el patriarcado marroquí nos hace antagonistas del discurso machista donde intentan encajarnos.

Creo que sería erróneo por mi parte teñir la realidad con mentiras para convencerme de que no pasa nada. Vivir en el extranjero y gozar de una serie de derechos que me permiten escoger no puede hacerme cómplice silenciosa de lo que les ocurre a tantas mujeres de mi país, sin descartar que yo formo parte de esas mujeres y también estoy sujeta a la misma discriminación legal por mi nacionalidad.

El patriarcado en la justicia

La templanza es el veneno que el patriarcado nos inyecta a las mujeres para no parecer nunca enfadadas ni molestas. Pasé muchos años de mi vida intentando acallar la furia que me hacía arder en ese malestar constante. Sin embargo, una vez adulta, esa misma furia me enseñó a entender el sentido verdadero de la justicia y de la igualdad, porque no hay justicia sin la igualdad real entre hombres y mujeres. Con el tiempo entendí qué es lo que quiero para mi país y para las mujeres, desde la voluntad de un cambio positivo. Siento rechazo hacia las opiniones extremistas: a los que llaman a quemar las instituciones y también a los que intentan vendernos que crecer en Marruecos siendo una niña es un camino de rosas porque “en Arabia Saudí se está peor”. Me niego a seguir escuchando los discursos que infantilizan a una ciudadanía que ha abandonado a las mujeres, que asume el papel de víctima al que están condenadas y que emite juicios de valor sobre su honorabilidad y su decencia.

La templanza es el veneno que el patriarcado nos inyecta a las mujeres para no parecer nunca enfadadas ni molestas

Sobre la coacción a las menores en los matrimonios infantiles y la concesión de la voluntad matrimonial al padre

La Mudawanna es el código de familia marroquí que rige los puntos cruciales de las relaciones familiares, conyugales, materno y paterno filiales. Muchos de sus artículos son discriminatorios con respecto a las mujeres y las niñas, debido a que la desprotección comienza desde que somos menores de edad.

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Foto: Fátima Zohra Serri

El artículo 19 establece la “adquisición de la capacidad matrimonial” a los 18 años para mujeres y hombres, pero el artículo 20, sin embargo, arroga la potestad a un juez de familia para que, sin claras indicaciones ni criterios objetivos, pueda autorizar matrimonios de menores.

Por su parte, el artículo 25 rige que la mujer mayor de edad podrá concertar personalmente su matrimonio o delegar en su padre, que no en su madre, o en uno de sus allegados, dando a entender que las mujeres nunca viven situaciones de coacción por presiones familiares. Si el padre ha fallecido, la potestad para el casamiento pasa a ser adquirida, en muchos casos, por los hermanos varones. ¿Quieren las mujeres ofrecer la voluntad de su matrimonio a sus padres o a sus hermanos? Muchas de las que así lo han hecho ni siquiera podrían responder.

La Mudawanna encierra la trampa de estar diseñada para dos tipos de mujeres: las que tienen posibilidades de alzar la voz y negarse ante las imposiciones, y las que no pueden hacerlo y sufrirán las consecuencias

La Mudawanna encierra la trampa de estar diseñada para dos tipos de mujeres: las que tienen posibilidades de alzar la voz y negarse ante las imposiciones, y las que no pueden hacerlo y sufrirán las consecuencias.

El escándalo del artículo 148: el caso de Tánger

Hace unos meses se revivió el debate del artículo 148 de la Mudawanna, por la demanda que interpuso una mujer en el Tribunal de primera instancia de Marruecos donde solicitaba que el padre de su hija reconociera la paternidad y con ello el deber de afrontar la manutención. La prueba de ADN confirmó la relación parental y el tribunal sentenció en favor de la demandante, pero en segunda instancia la decisión de la justicia fue diametralmente opuesta.

El artículo 148 del Código de Familia (Mudawanna) establece que: “La filiación ilegítima en relación con el padre no producirá ninguno de los efectos de la filiación legítima”, es decir, que es ilegítima con respecto al padre siempre que no pueda establecerse de conformidad con alguno de los criterios del artículo 152, que no prevé las relaciones sexuales extramatrimoniales.

La prueba de ADN fue refutada por parte del tribunal como reconocimiento de la filiación entre el padre y la hija, diferenciando de forma discriminatoria a hombres y mujeres. Según el tribunal, las madres no pueden negar su maternidad porque dan a luz, pero los padres sí, porque la ley islámica (Sharía) que compone el Derecho marroquí, es clara sobre este asunto y presume de “extranjeros de su padre”, traducción literal a los hijos concebidos extramatrimonialmente.

Desde 2004, los hombres marroquíes no pueden abandonar el hogar sin afrontar consecuencias penales, pero también les otorga la potestad exclusiva de ser los tutores legales de sus hijos, lo que expone a las mujeres a la pérdida de la custodia si deciden volver a casarse.

Ser feminista en 2021 ante la reforma del 2004

La reforma de la Mudawanna del año 2004 fue considerada un salto adelante en favor de la igualdad, pero avanzar no significa alcanzar la meta. Las feministas del 2021 tenemos una responsabilidad inmensa para concienciar a la sociedad de que no basta con mejorar, hace falta que la realidad social y legal vayan de la mano. No despreciamos los logros anteriormente conseguidos, pero las violencias y la discriminación que sufren las mujeres marroquíes son una realidad y la construcción de un país igualitario, un deber.

Las feministas del 2021 tenemos una responsabilidad inmensa para concienciar a la sociedad de que no basta con mejorar, hace falta que la realidad social y legal vayan de la mano

No somos desagradecidas, somos justas. Y lo justo es tener los espacios, los derechos y las oportunidades que se les conceden a los hombres. Lo justo es reclamar protección contra la violencia que sufrimos por haber nacido mujeres.

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Foto: Fátima Zohra Serri

No somos atemporales, sino conscientes de que la ley es el único mecanismo real que tenemos para ser libres. Sabemos que una justicia igualitaria no salvará a las mujeres del patriarcado, y que tras el trabajo de legislar, hay una ampliar labor social de información. Pero a título personal, la ley les permitirá vivir en un marco de protección para denunciar las opresiones que padecen.

Sabemos que en 2004 se luchó para conseguir avances, pero hoy estamos proyectando un futuro más igualitario para nosotras y para las nuevas generaciones. Desde la admiración a las que consiguieron modificar el estatus inferior explícito de las mujeres, no podemos seguir tildando de progresista aquello que nos oprime. Se lo debemos a todas las que han sufrido y siguen sufriendo a causa de un Código de Familia que los sectores más conservadores han elevado a “intocable”, para evitar desarrollar una nueva legislación que permita la emancipación de las mujeres, fundamento de gobernanza de la misoginia del partido islamista PJD.

Hace 17 años de la última reforma y no vamos a esperar 17 años más. La revolución feminista es también una revolución jurídica.

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