Somos la cuarta ola; 8M: Repolitizar el feminismo

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El 9 de marzo muchas feministas despertamos con la misma pregunta: ¿y ahora qué? Sabíamos que el 8M de 2019 había sido otro día histórico, porque fuimos más y porque el gobierno y los partidos que quisieron controlar al movimiento feminista no tuvieran más remedio que claudicar, aunque sigan tratando de usarlo electoralmente. Muchas mujeres experimentaron, algunas por primera vez en su vida, la complicidad en la mirada de una mujer desconocida que está luchando a su lado, la fuerza y la energía esperanzadora de la unión con otras mujeres, la sensación inolvidable de sumar tu voz a otras voces gritando como una sola: "Que no, que no, que no tenemos miedo".

¿Y ahora qué? El 8 de marzo de 2019 nos sentimos fuertes, orgullosas de las niñas, chicas y mujeres de cuatro o cinco generaciones que nos rodeaban. Juntas nos sentimos una, invencibles y gigantes, y al día siguiente muchas nos preguntamos junto a nuestras amigas, hermanas y compañeras: ¿y ahora qué?

Ahora tenemos que seguir luchando para que se materialicen las demandas de los millones de mujeres que hicimos huelga y salimos a la calle el 8M. A muy corto plazo hay una forma inmediata de hacerlo: no dar un cheque en blanco a los partidos y candidaturas que se presentan a las elecciones generales y pretenden chantajearnos con el viejo "que viene la derecha", reciclado en "que viene el fascismo", sin comprometerse antes con una agenda feminista. El voto femenino se logra ganándote el respeto y la credibilidad de las mujeres trabajadoras, ya no basta con ser "el mal menor". No vamos a dar más cheques en blanco.

El voto femenino se logra ganándote el respeto y la credibilidad de las mujeres trabajadoras, ya no basta con ser el mal menor.

Las mujeres seguiremos luchando en las calles, en las organizaciones, en las redes sociales y en todos los frentes de batalla que sean necesarios para exigir la inclusión de la agenda feminista en los programas electorales. ¿Por qué no pueden dirigirse específicamente a nosotras los señores candidatos a la presidencia del gobierno? ¿Qué les impide comprometerse ante las mujeres a derogar la ley mordaza y dotar de fondos económicos al pacto de estado contra la violencia machista? ¿Qué les impide reformar el Poder Judicial, un órgano franquista, el brazo punitivo del patriarcado y el capital concebido contra la mujer y la clase trabajadora?

¿Y ahora qué? La mayoría de medios han destacado que la gran presencia de chicas jóvenes en el 8M, incluso menores de edad, pero no se fijaron demasiado en los carteles que exhibían. No destacaron que sus frases reclamaban, sobre todo, libertad. Exigían poder ejercer los derechos que solo tienen sobre el papel, tan elementales como caminar por la calle sin sufrir acoso o violencia sexual. Los medios no destacaron que muchos lemas se dirigían a los varones, exigiendo respeto a nuestros cuerpos y a nuestra soberanía, o de padres y madres que reconocían sentirse hartos de pasar miedo cada vez que sus hijas salían de noche.

¿Y ahora qué? Insistir, hasta que sea una realidad, dotar de medios y hacer efectiva la ley y el pacto de estado contra la violencia machista. Los derechos de las mujeres tienen que estar blindados para que los partidos no pueden mercadear con ellos a cambio de un puñado de votos, misóginos y machistas.

¿Y ahora qué? Conocer la historia del movimiento feminista, su teoría y sus luchas, dentro y y fuera de la arena parlamentaria. Sabemos mucho de partidos, de electoralismo, de marketing, pero muy poco de la política y la tradición de los movimientos feministas y obreros. Historias silenciadas porque los movimientos políticos, con estrategia y apoyo popular, son realmente peligrosos para la dictadura patriarcal del capital.

¿Y ahora qué? Hay que mirar a medio y largo plazo, o el feminismo caerá en un cortoplacismo errante y sin estrategia. En 2019 debería ser motivo de escándalo que una educación feminista, en las aulas y en el seno de las familias, nunca sea una prioridad en la agenda política. Nos repiten hasta el hastío, como una letanía adormecedora, que "aún queda mucho por hacer". Las mujeres en pie somos soberanas y el 8M preguntamos: ¿cuándo empezamos a hacer ese "mucho queda por hacer"? Gobierno central y autonómicos, oposición, partidos, iglesia, autoridades educativas: dejen de escurrir el bulto y pongamos una fecha límite. Dejémonos de mantras estériles y topicazos para quedar bien cada vez que una mujer es asesinada; una educación con perspectiva feminista es una necesidad apremiante.

Hay que mirar a medio y largo plazo, o el feminismo caerá en un cortoplacismo errante y sin estrategia

En un artículo publicado en la revista Science, las investigadoras Sarah-Jane Leslie, Andrei Cian y Lin Bian señalan que los roles y estereotipos asociados al género influyen desde los seis años de edad. Las pruebas se hicieron con niñas y niños de entre 5 y 7 años, la edad a la que cristalizan estos estereotipos. En primer lugar, se les contaba una breve historia sobre una persona "muy, muy inteligente", sin pistas sobre su sexo. Con 5 años, tanto las niñas como los niños tenían la misma probabilidad de pensar que se trataba de alguien de su mismo género, pero a los 6 y a los 7 años, las niñas tenían muchas menos probabilidades que los niños de asociar la genialidad con su propio género, evitando las actividades que se interpretan como de un elevado nivel de dificultad, tanto física como intelectual. El estudio muestra lo pronto que permean los estereotipos de género en las niñas y cómo asocian por defecto que cuando se habla de una persona "brillante" se está hablando de un niño. Las coautoras afirman que estos factores condicionarán su carrera de por vida.

La investigación confirma lo que las teóricas feministas llevan medio siglo señalando: una sociedad equitativa ha de abolir el género, porque estos estereotipos, o roles asignados en base al sexo, perjudican a las mujeres. Este análisis se suma a los aportes de la psicología del desarrollo, que han mostrado que en torno a los cuatro años, niñas y niños han vinculado juegos, juguetes y roles a un género determinado: camiones y soldados al masculino; muñecas y enfermeras al femenino. A través del juego, las niñas y los niños construyen su percepción del mundo e incorporan las ideas sobre su funcionamiento. A edades en las que la mente no ha alcanzado aún un desarrollo completo, niñas y niños van acumulando experiencias asociadas a uno de los dos géneros: masculino y femenino. El género no se elige, es el rol sexual estereotipado adjudicado a cada sexo debido a la observación de un entorno sexista y patriarcal, donde se muestran modelos sociales y de relación que incorporan el mismo tipo de sesgos: la sociedad está partida en dos y las mujeres tienen un papel subordinado. De esta forma, se asocia a las mujeres a tareas tan trascendentales como el trabajo doméstico o los cuidados de seres queridos, pero que no tienen reconocimiento social ni valor económico. Tareas que, por imitación de sus madres y sus abuelas, las niñas asocian al rol del subordinado género femenino.

Una sociedad equitativa ha de abolir el género, porque estos estereotipos, o roles asignados en base al sexo, perjudican a las mujeres

¿Y ahora qué? Exigir a las autoridades que el porno no sea la escuela donde nuestros jóvenes y nuestras jóvenes se eduquen en la sexualidad. Una sociedad que pretenda ser equitativa no puede dejar la educación afectiva y sexual en manos de la industria pornográfica, cada vez más violenta y humillante para la mujer, y al que pueden acceder menores de muy corta edad. Las consecuencias de vivir y maleducarse en una sociedad pornificada no se han analizado en profundidad, con la excepción de autoras feministas como Andrea Dworkin ('Pornography: men possessing women') o Gail Dines ('Pornland: How the Porn Business has Hijacked our Sexuality'), y algunos estudios científicos.

Dworkin escribió: "La pornografía establece el estándar de la sexualidad femenina, de los valores sexuales femeninos, de las niñas que crecen, de los niños que crecen y cada vez más, de la publicidad, películas, videos. Además: la pornografía dice que las mujeres son putas, coños; la pornografía dice que los pornógrafos definen a las mujeres; la pornografía dice que los hombres definen a las mujeres; la pornografía dice que las mujeres son lo que los hombres quieren que sean. Además: la pornografía muestra a las mujeres como partes del cuerpo, como genitales, como hendiduras vaginales, como pezones, como anos, como labios, como heridas abiertas, como trozos. Además: la pornografía utiliza mujeres reales. La pornografía está hecha por hombres que aprueban, usan, celebran y promueven la violencia contra las mujeres. Además: la pornografía adormece la conciencia, nos vuelve cada vez más insensibles a la crueldad, a la imposición del dolor, a la violencia contra las personas, a la humillación o degradación de las personas, al abuso de las mujeres, niñas y niños. Además: la pornografía no nos da futuro, la pornografía nos roba la esperanza tanto como la dignidad. La pornografía aniquila nuestra oportunidad de libertad". 

Analía Iglesias y Matha Zein son las autoras de 'Lo que esconde el agujero. El porno en tiempos obscenos', un ensayo sobre cómo la pornografía se ha apoderado de nuestra sexualidad y del imaginario erótico, y sobre cómo el porno reproduce las relaciones del modelo económico capitalista. Iglesias y Zein explican las consecuencias de esta práctica en las relaciones sexoafectivas y la falta de empatía del varón para con la mujer. "El ciudadano ha incorporado como derecho la explotación sin moderación de su erotismo, sus fantasías y hasta de la intimidad ajena. La educación sexual de los adolescentes también pasa por el porno, gratuito, variado y disponible veinticuatro horas al día a través de la red gracias a unos algoritmos que definen su sexualidad y les ofrecen más (de lo mismo). Entretanto, la cifra de negocio de la industria del entretenimiento y el placer aumenta sin cesar. ¿Qué esconde el agujero negro del porno? ¿Vamos a resignarnos a los estragos de la pornografía o queremos encontrar otras maneras de relacionarnos y expresar nuestra sexualidad?".

La pornografía se ha apoderado de nuestra sexualidad y del imaginario erótico y reproduce las relaciones del modelo económico capitalista

¿Y ahora qué? Exigir la aprobación de leyes abolicionistas de la prostitución a nivel estatal y europeo porque, como dice Anna Prats: "Es un hecho constatado por datos oficiales de los mismos gobiernos que la trata y la prostitución disminuyen donde se han aprobado leyes abolicionistas, conocidas como modelo nórdico por su origen sueco, donde el cliente es penalizado y, como consecuencia, la oferta y la trata de personas se desplazan a países donde es legal ejercer. Por este mismo motivo, es importante que se apliquen leyes abolicionistas a nivel europeo, para que la oferta no se traslade de los países abolicionistas hacia los regulacionistas. Esto lograría un doble objetivo: disminuiría la trata de mujeres en la prostitución y cada vez sería menos "aceptable" pagar para tener acceso al cuerpo de una mujer".

Según Åsa Regnér, Ministra de Igualdad de Suecia: "Los jóvenes en Suecia ya no aceptan pagar por sexo. Las leyes abolicionistas son promotoras de un importante cambio de mentalidad: la prostitución no es un oficio, es explotación y es responsabilidad de su clientela. Además, otro de los objetivos del “modelo nórdico” es proteger a las prostitutas, que en los países donde se aplica tienen acceso a Seguridad Social, baja por maternidad, ayudas para salir de la prostitución y formación para incorporarse en un empleo".

¿Y ahora qué? Elaborar una estrategia a corto, medio y largo plazo, en lugar de debates inútiles que siguen la lógica patriarcal y se alejan de las mujeres trabajadoras. Presionar para que se cumplan las leyes vigentes contra la violencia machista, exigir que se aprueban otras tantas y acabar con aquellas que castigan a las mujeres. ¿Qué hacer? En la historia encontramos las respuestas: agitación y propaganda (hoy también en las redes sociales), huelgas, toma de universidades, separatismo feminista, la lucha común de las madres, de las mujeres lesbianas y racializadas, la creación de espacios no-mixtos, seguros y de confianza, la lucha feminista dentro de los partidos, sindicatos y otros colectivos sociales, culturales y políticos.

Ahora que la igualdad de derechos entre hombres y mujeres comienza a ser una idea hegemónica, debemos pelear para que otras demandas obtengan el mismo estatus: erradicar la violencia contra niñas y mujeres, una educación sin estereotipos de sexo o el derecho a vivir en libertad.

¿Y ahora qué? Ahora hay que repolitizar el feminismo para evitar que se convierta en un movimiento inofensivo para el poder, un feminismo desorganizado y caótico “donde cabemos todas”, sin carga revolucionaria ni una base material. El feminismo ha de volver a ser un movimiento bien organizado y claramente político, con una teoría feminista sólida, objetivos definidos y estrategia para lograrlos. El feminismo ha de rearmarse políticamente, conocer y difundir la teoría feminista, junto a la historia del feminismo y sus luchas. Todo esto forma parte de la larga tradición del movimiento de mujeres.

Hay que repolitizar el feminismo para evitar que se convierta en un movimiento inofensivo para el poder, un feminismo desorganizado y caótico “donde cabemos todas”, sin carga revolucionaria ni una base material

Si se nos enseñara nuestra historia, nuestra genealogía, sabríamos que la lucha feminista encarnada en un movimiento político fue llevada a cabo por miles y miles de mujeres que nos antecedieron, en tiempos mucho más difíciles. Sin acceder al gobierno, la primera ola del feminismo (el sufragismo) logró que el voto femenino y otras leyes igualitarias fueran extendiéndose por todo el mundo. Las mujeres han tenido una gran influencia en el comunismo y el anarquismo. Fueron pioneras, instauraron derechos para la mujer que posteriormente fueron reconocidos en la mayoría de países (guarderías públicas, bajas laborales, divorcio, aborto…).

Los movimientos de mujeres son organizaciones políticas que han intentado, y en muchos casos conseguido, influir en el poder para hacer efectivas sus demandas. El gran peligro para un movimiento político es que sea institucionalizado, que pierda su carga transformadora y revolucionaria, hasta convertirse en una caricatura que no sea capaz de inquietar al poder patriarcal.

El feminismo debe tener una relación dialéctica con el poder, y ha de tener dos alas que se retroalimenten entre sí: una reformista, que se ocupe de lo más urgente, y otra revolucionaria, que nos acerque a la liberación de la mujer de toda opresión por su sexo, su clase o su raza. Las feministas tenemos hermanas y compañeras en todos los poderes y hemos de apoyar las luchas que están librando desde las entrañas del sistema patriarcal.

Andrea Dworkin, que afirmó sin tapujos que "el Movimiento de Mujeres es revolucionario" decía: "Las mujeres que están comprometidas con el logro de diferentes tipos de reformas y mejoras en la vida de las mujeres, en lugar de cambiar la estructura completa, son muy importantes". Dworkin pensaba que las feministas reformistas también eran necesarias: "Tengo creencias políticas muy sólidas y hago las cosas como las hago, de manera que otras mujeres tengan algún tipo de protección. Pero también tengo mucho respeto por lo que pueden lograr las personas que hacen las cosas de manera diferente. Creo que las personas que trabajan en la parte reformista del movimiento tienen muy poca tolerancia hacia las personas que trabajan en la parte radical del mismo. En otras palabras, no entienden que somos necesarias para ellas, pero creo que muchas de nosotras entendemos que ellas son necesarias para nosotras. Cada vez que una mujer ayuda a prolongar la vida de otra mujer de alguna manera, nos da a todas nosotras, así como a ella, más oportunidades".

¿Y ahora qué? Profundizar en el análisis del sistema patriarcal y del capital. El movimiento feminista no puede ignorar la base económica y material sobre la que descansa la opresión de la mujer por su sexo, por su clase o por su raza. La sociedad capitalista no podría existir sin el trabajo gratuito de las mujeres en su casa, sin la maternidad obligatoria, sin la apropiación de la capacidad reproductiva de las mujeres, sin la explotación de las mujeres trabajadoras y de las mujeres racializadas en las metrópolis y en los países recolonizados. Somos nosotras las que tenemos que ocuparnos de todo el proceso reproductivo, tanto antes como después del nacimiento.

Los trabajos de Christine Delphy sobre el modo de producción doméstico son fundamentales en este campo. Delphy aplica un enfoque materialista a las relaciones de género y analiza las desigualdades entre mujeres y hombres como enraizadas en una base económica material, específicamente las relaciones domésticas de producción. Para Delphy, el género es una posición en el modo de producción doméstico, por lo que el principal enemigo de las mujeres no es el capitalismo sino el patriarcado.

¿Y ahora qué? Pensar, conocer, aprender, debatir y decidir qué sociedad queremos construir. El feminismo tiene objetivos que las mujeres trabajadoras jamás debemos olvidar: la creación de una sociedad donde vivamos libres, con una economía feminista que no nos explote, sin sufrir opresión por nuestro sexo o raza y con conciencia medioambiental. El feminismo no es solo un movimiento que dice no al patriarcado y al capitalismo, sino un movimiento creativo, fecundo, afirmativo, positivo, fértil, que busca crear otra sociedad en la que las mujeres no estén subordinadas a los hombres.

El feminismo es un movimiento creativo, fecundo, afirmativo, positivo, fértil, que busca crear otra sociedad en la que las mujeres no estén subordinadas a los hombres.

Como muchas otras áreas de la vida, en una sociedad patriarcal, los varones han dominado la economía. A lo largo de la historia, millones de mujeres han estado sujetas a sistemas y estructuras que privilegian las perspectivas patriarcales. La economía feminista desafía esta versión de la realidad, presente actualmente en las economías capitalistas y neocoloniales.

En los inicios de la Segunda Ola del feminismo, en 1970, Ester Boserup publicó 'El papel de la mujer en el desarrollo económico', donde explora la asignación de tareas entre mujeres y hombres y las cargas económicas que recaen de forma desproporcionada sobre la población femenina.

Las políticas económicas capitalistas nos afectan muy negativamente, en especial a las mujeres trabajadoras y racializadas. Lourdes Benería escribe: "La economía feminista ha hecho visible la subvaloración del trabajo de las mujeres en las estadísticas laborales, tanto del tiempo trabajado como de su valor monetario. Un aspecto fundamental de la economía feminista es la construcción de una visión alternativa de la economía".

¿Y ahora qué? Nos quedan muchas cosas por hacer; a las mujeres que queremos ser libres, y también a los hombres, que tienen que  aceptar que la Cuarta Ola ha llegado para quedarse. El siglo XXI será el tiempo de la liberación de las mujeres o no será, porque de lo contrario, el capitalismo racista y patriarcal, encarnado en varones poderosos, destruirá a la especie humana. 

 

  • Nota de la autora

Sobre los límites del reformismo feminista escribí en 'Somos la Cuarta Ola; feminismo de la liberación'. Otros peligros que tiene el movimiento feminista son abordados por Jo Freeman en 'La tiranía de la falta de estructuras' y 'Trashing: el lado oscuro de la hermandad de mujeres'.

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