¿El ensañamiento sobre Rousseff fue mayor por ser mujer?

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Ver O processo ahora, el magnífico documental de María Augusta Ramos sobre el proceso de destitución de la presidenta de Brasil Dilma Rousseff en 2016, nos hace ver como la regresión histórica se extiende sobre nosotros a pasos agigantados. No es casualidad que uno de los personajes secundarios de este auténtico drama sea Jair Bolsonaro, entonces un excéntrico diputado y hoy presidente ultraderechista del gran país sudamericano. En meses ha pasado de un lugar marginal a ocupar la centralidad en un mundo donde los sujetos como él cada vez tienen más peso en la política internacional.

Hay más cosas en las que podemos reconocernos en el film. Básicamente, la película habla de una inaudita perversión de la democracia. Cuando algunos líderes políticos brasileños, entre ellos el presidente de la cámara de diputados, se vieron implicados en un escándalo de sobornos por parte del lobby petrolero, su única salida fue huir hacia adelante, y tras ver que la presidenta de la república no iba a apoyarles, iniciaron el proceso de destitución. Como está ocurriendo en Europa, sectores políticos se agarraron a dudosas causas para mantenerse en el poder y desviar la atención de sus propias miserias. Y se encuentran con colaboradores necesarios más destructivos que constructivos. El hartazgo de los conservadores tras cuatro presidencias de izquierda - Rousseff sustituyó a Lula - hizo que se sumaran a una maniobra política más que turbia. Todo valía para echar a la izquierda, incluso apoyar algo de dudosa ilegalidad, unas prácticas hacendísticas hechas por el gobierno, que nunca pudieron ser llevadas a juicio, al revés que los sobornos de los líderes que impulsaron la defenestración de Rousseff. Una mezcla de intereses espurios se pusieron de acuerdo para convertir la democracia liberal en un lodazal. El todo vale que está suicidando en nuestro mundo todo lo conseguido desde la Segunda Guerra Mundial, donde las mentiras, fake news y demás artimañas adquieren carta de naturaleza y se legitiman como arma política. Es por ello que la película de Ramos más que ser un aviso, es desgraciadamente la constatación de una realidad que ya está entre nosotros. El cortoplacismo de echar a la presidenta a cualquier precio llevó a un descrédito del sistema parlamentario en plena reacción mundial ultraderechista, lo que fue  a la larga letal para Brasil.

La directora grabó a lo largo de meses el proceso político que culminó en la caída de Dilma Rousseff el verano de 2016. Con una pasmosa habilidad para colocar la cámara en el sitio preciso, nos lleva por las reuniones políticas, las votaciones, los enfrentamientos, el fracaso de la racionalidad frente a la manipulación sentimental - otro signo de estos tristes tiempos - , con el tempo y el crescendo que muchos dramas de ficción envidiarían. Muestra de ello es el momento en que la presidenta tiene que abandonar el cargo, rodado con un sentido de la derrota épica digna del mejor John Ford. Es de destacar que Dilma Rousseff aparece muy poco en este documental que cuenta su propia historia y siempre en actos públicos. Es una estrategia que aumenta su valor iconográfico como "personaje" y centra su foco en el proceso político en sí, con sus miserias y alguna grandeza destinada al fracaso. Aunque se abre un dilema interesante. Como se queja la presidenta en un momento dado, la acusan de ser una mujer dura. A los hombres que lo rodean nadie les echa en cara eso, aunque viendo el film, haberlos haylos y son grandes depredadores. ¿Acaso el ser mujer hizo que el ensañamiento contra ella fuera mayor? El debate queda abierto, aunque viendo las políticas antifeministas de Bolsonaro, parece claro que tuvo que jugar su papel.

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