Sangre pobre para venas ricas

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"Esto es un parche para detener la hemorragia. Cuando sales te queda un agujero y te ponen esto para detener la hemorragia". Martín Durante es un joven mexicano de unos 35 años que ha contado en el reportaje de Jorvi Évole, 'Mr. Trump, disculpe las molestias', una experiencia personal que es compartida por miles de sus compatriotas.

Martín es de Ciudad Juárez y conduce 5 horas hasta llegar a la ciudad fronteriza de El Paso, donde un enjambre de empresas estadounidenses le pagan entre 20 y 75 dólares por una donación de plasma sanguíneo. "Las tarifas varían mucho. Si vienes muy seguido o si te traes a algún amigo te pagan más", asegura. Martín va a gastarse el dinero que ha recibido hoy en comprar pañales para su hijo en Walmart, uno de los mayores minoristas de los EE.UU. "Aquí son más baratos que en México", concluye.

Su caso no es una excepción. Las grandes corporaciones farmaceúticas han encontrado en la frontera con el país centroamericano un provechoso nicho de mercado que atrae cada día a miles de personas de los estratos más desfavorecidos. Martín accede a los Estados Unidos con un visado temporal de visitante, y por tanto, según la legislación, no puede recibir remuneración alguna. Sin embargo, como él mismo asegura, "en la clínica saben cuál es mi situación y nunca han puesto ningún problema".

Cada día, centenares de mexicanos cruzan la frontera para vender su plasma sanguíneo en los Estados Unidos

Las empresas argumentan que los pagos no pueden considerarse un salario sino una "compensación" por el desplazamiento y los largos tiempos de espera, pero la cadena ARD German TV ha sacado a luz los testimonios de un grupo de ex empleados donde recomiendan a los clientes mentir a los agentes de aduanas sobre el propósito de su visita.

Oficialmente, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los EE.UU advierte que "no se puede usar la visa para vender plasma o corren el riesgo de perder el documento", pero las cifras demuestran que no están haciendo lo suficiente para detener este tipo de tránsito.

En el caso de las empresas resulta todavía más complejo dilucidar su responsabilidad legal. El Servicio de Ciudadanía en Inmigración de los Estados Unidos asegura que podrían estar cometiendo irregularidades si participan en una "práctica de contratar, con conocimiento de causa, a extranjeros no autorizados". Por contra, la Plasma Protein Therapeutics Association, la patronal que representa a las farmacéuticas productoras de plasma en América del Norte y Europa, argumenta que los donantes no son empleados y que solo admiten "a las personas que entrar legalmente en los Estados Unidos". 

Los expertos consideran que se trata de un "área gris" en la ley federal de inmigración. Trump llegó a la Casa Blanca con la promesa de construir un muro para frenar el flujo migratorio que "pone en peligro la seguridad de nuestra país" y acusó particularmente a los mexicanos de ser "malas personas, vendedores de drogas y violadores que vienen a aprovecharse de nuestra sistema". Como dice el periodista Jordi Évole, resulta paradójico que "en Estados Unidos mucha gente considera a los inmigrantes como parásitos y ahora me encuentro que son ellos los que os están chupando la sangre, literalmente".

Si son constantes y cumplen con las condiciones impuestas por las empresas pueden ganar hasta 400 dólares al mes

Los donantes acuden atraídos por anuncios en Facebook y promesas de conseguir importantes cantidades de dinero, con el señuelo caritativo de estar haciendo una buena acción que contribuye "a salvar las vidas de miles de personas". Si son constantes y cumplen con las condiciones impuestas por las empresas pueden ganar hasta 400 dólares al mes, unos 7.700 pesos, una cantidad mayor que el salario medio mexicano (5.420 pesos).

La mayoría de los países prohíben o limitan este tipo de transacciones, debido a los problemas de salud que pueden acarrear. Donar plasma con demasiada frecuencia es un factor de riesgo para el sistema inmunológico. Según la normativa de la administración sanitaria estadounidense, el nivel de anticuerpos de inmunoglobulina G de un donante debe analizarse cada 4 meses. Sin embargo, los donantes pueden vender plasma hasta 104 veces al año.

Como Martín Durante, muchas de las personas que se ven obligadas a hacerlo, empujadas por la necesidad económica, aseguran padecer síntomas como el entumecimiento de las extremidades, migrañas e incluso episodios de pérdidas momentáneas de consciencia. Las empresas se defienden y aseguran que cuidan la salud de los donantes, con una monitorización "exhaustiva" de sus índices vitales, tal y como exige la normativa sanitaria.  

Organizaciones en defensa de los derechos humanos han denunciado en numerosas ocasiones este tipo de prácticas que consideran "degradantes", pero reconocen la dificultad para luchar contra un negocio millonario. Estados Unidos es el mayor proveedor de plasma mundial en un mercado que mueve 21 mil millones de dólares al año. Disponen de una red de 805 centros de donación, de los cuales 43 están ubicados a la largo de la frontera sur del país y son los más productivos. Si bien la media general es de 1.000 donaciones por semana, en los centros fronterizos la cifra se dispara hasta las 2.300.

Los donantes aseguran padecer síntomas como el entumecimiento de las extremidades, migrañas e incluso episodios de pérdidas momentáneas de consciencia

La mayoría de estas clínicas están en manos de tres grandes empresas: la australiana CSL, la británica BPL y la española Grifols, con sede en Barcelona y propietaria de 17 clínicas, lo que la convierte en la compañía dominante en este territorio. Calcular el número exacto de donantes que cruzan cada día la aduana es prácticamente imposible, pero empleados de Grifols consultados por ProPublica calcularon que entre el 60% y el 90% de su clientela son ciudadanos mexicanos. La empresa no ha accedido a las peticiones de entrevistas, pero en una declaración escrita aseguran que "todos los donantes, independientemente de su procedencia, deben cumplir con todos los requisitos de salud, reglamentarios y legales necesarios para donar. No hay excepciones".

Génesis tiene 21 años, estudia medicina y dona plasma dos veces a la semana en El Paso. Cuando los investigadores de ProPublica le pidieron hacerse una analítica de sangre, los resultados revelaron un nivel peligrosamente bajo de inmunoglobulina G. El médico que le realizó la prueba le recomendó dejar de donar, a los que Génesis contestó que "eso es un lujo que no me puedo permitir". 

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