La sanidad pública en EE.UU. es más barata y efectiva que la privada

Se llaman Charles y David Koch, pero en los estratos más selectos del establishment estadounidense se les conoce como los 'Big Brothers'. La fortuna de estos dos hermanos conforma la tercera más importante de los Estados Unidos, solo por detrás de Bill Gates y Warren Buffett, gracias a un imperio petrolero que heredaron de su padre y que factura cada año más de 100.000 millones de dólares.

Desde su cuartel general en Kansas han conseguido extender su influencia hasta los círculos de la política en Washington, a través de  una serie de fundaciones con las que han canalizado unos 200 millones de dólares al servicio de las causas más conservadoras.

Siempre en un discreto segundo plano, los hermanos Koch han negado reiteradamente injerencia alguna en asuntos de la vida política, pero lo cierto es que su holgada billetera sufragó los gastos de la campaña mediática contra la Ley del Clima de California, que pretendía reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera, o la reforma sanitaria del ex presidente Obama, la conocida como Obamacare.

Precisamente, a raíz del debate sobre el modelo sanitario en los EE.UU., los 'Big Brothers' han vuelto a cargar las tintas contra los defensores del sistema público, ahora que, a dos años vista de las elecciones presidenciales, los demócratas han renovado sus intenciones para recuperar el Obamacare y hacerlo extensible a todos los ciudadanos. En este sentido se ha manifestado en repetidas ocasiones el veterano Bernie Sanders, futurible rival de Donald Trump en 2020, que de llegar a la Casa Blanca pretende pertrechar un sistema de cobertura sanitaria universal financiada mediante impuestos federales.

El bautizado como Medicare for All representa una seria amenaza para un negocio que  mueve cientos de miles de millones de dólares cada año, razón suficiente para que los grandes industriales y mercaderes de la salud hayan abandonado la comodidad de las sombras para tratar de imponer su relato en la opinión pública.

Esta misma semana, el Mercatus Center de la Universidad George Mason de Virginia, un think tank ultraconservador que se presenta con una cobertura de instituto de divulgación de ideas sin ánimo de lucro, hizo público un estudio en el que fija el coste del Medicare for All en 32,6 billones de dólares durante los próximos diez años. "Es groseramente parcial y engañoso. Es la respuesta de los hermanos Koch al creciente apoyo popular al Medicare for All", declaró Bernie Sanders. El líder demócrata acusa a Charles Blahous, asesor económico del ex presidente George W. Bush, y autor del informe, de inflar deliberadamente los números, y si bien es cierto que la calculadora puede haber sumado algún cero de más, el propio Sanders parece haber caído en la trampa del titular. Si la intención de los Koch era desacreditar el proyecto de los demócratas apelando a la espectacularización de los números, deberían haber afinado un poco más el tiro, porque todavía quedan miradas indiscretas dispuestas a bucear en la letra pequeña.

People´s Policy Project es un centro de ideas independiente fundado en 2017 que se financia con micro donaciones de usuarios particulares. Según su página web, su misión principal es "publicar ideas y análisis que ayuden en el desarrollo de un sistema económico que sirva a muchos, no a unos pocos".

Matt Bruenig es uno de sus investigadores, y el encargado de sacar a la luz aquello que el informe del Mercatus Center pretendía ocultar entre la densa maraña terminológica. "Según este estudio, EE.UU. podría dar cobertura a 30 millones de estadounidenses y ahorrar 2 billones de dólares en el proceso", escribe Bruenig. "Aunque a primera vista pueda parecer extraño que el Mercatus Center publique un informe positivo sobre el Medicare for All, el verdadero juego es enterrar el ahorro de dinero mientras encabezas el estudio con la impactante cifra de 32,6 billones de dólares para engañar a los periodistas". Una estrategia que, como señala Bruenig, ha resultado "bastante exitosa", a juzgar por el tratamiento que han dado a la noticia algunos de los más importantes medios de comunicación.

Si nos alejamos de los grandes titulares, la conclusión de un informe que pretendía demostrar la inviabilidad de la cobertura sanitaria universal es precisamente la opuesta: "Incluso si tomas las cifras del informe al pie de la letra es una verdadera ganga. Conseguimos asegurar a cada persona de este país, eliminamos el coste compartido y salvamos a todos del infierno de cambiar constantemente de seguro de salud, al mismo tiempo que ahorramos dinero. Tendrías que ser tonto para dejar pasar una oferta así", concluye Bruenig.

En 2016, según datos del portal Common Dreams, Estados Unidos gastó 3,4 billones de dólares en atención medica. Si proyectamos esa cifra a lo largo de la próxima década, el coste total es de 34 billones, o sea, 1,4 billones más que la propuesta de Sanders. Todo ello, asumiendo, que los costes no aumentarán, aunque según las previsiones oficiales para el año 2025 el sistema sanitario supondrá un gasto de 5,4 billones de dólares para las arcas públicas estadounidenses.

Además, el país norteamericano invierte en atención médica el doble que la media de los estados más industrializados, y sin embargo, sus resultados son mucho peores. Atendiendo a un estudio de la Escuela de Salud Pública T.H Chan de la Universidad de Harvard, donde se analizaron los servicios sanitarios de 11 países (entre ellos Inglaterra, Francia, Japón o Reino Unido), los Estados Unidos tienen la esperanza de vida más baja (78,74 años) -en España es de 83,38 años- y la mortalidad infantil más alta (5,8 por cada 1.000 nacimientos) -en España es de 3,3 por cada 1.000 nacimientos-.

A pesar de que la frialdad de los datos equilibra la balanza en favor de un sistema de gestión pública, la transformación no será sencilla. Los seguros privados son uno de los grupos de presión más poderosos del país, y por ende, su influencia en la política estadounidense puede condicionar cualquier decisión.

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