'Sofia' reflexiona sobre las solteras embarazadas en Marruecos y su compleja realidad social

Resulta difícil de creer que en un país como Marruecos, en pleno siglo XXI, las mujeres vayan a la cárcel por tener relaciones fuera del matrimonio. Increíble pero tan cierto como que es la realidad de un país donde este delito penal se convierte en un estigma social para la mujer marroquí. Un país en el que cada día hay 150 mujeres que dan a luz fuera del matrimonio y dónde se realizan de 600 a 800 abortos clandestinos al año. 

El documental de Lorenzo Benítez ‘Madres invisibles’ (2016), rodado íntegramente en Marruecos, retrataba con valentía la soledad de las mujeres solteras y embarazadas que  quedan en un absoluto desamparo frente a una sociedad que, desde la cúspide de su conservadurismo, las sentencia con la mirada del desprecio. Su enfoque incidía en el factor social como el arma arrojadiza dirigido hacia esas madres que se encuentran en una situación de permanente vulnerabilidad.

Desde el mundo del cine se van sumando más miradas críticas hacia esta penosa condición, y tanto es así, que hoy llega a nuestros cines Sofia, una obra de ficción dirigida por Meryem Benm’Barek, una prometedora cineasta nacida en Rabat, que en su primer largometraje abre el objetivo de su cámara para contar la historia de una chica de 20 años, que después de negar el embarazo, se encuentra en la ilegalidad al dar luz a un bebé fuera del matrimonio. La joven vive con sus padres en Casablanca y el hospital le da 24 horas para comunicarles la identidad del padre de la niña antes de alertar a las autoridades.

La negación de un embarazo en Marruecos se debe a prohibir que la mujer soltera tenga relaciones sexuales extramatrimoniales. La realizadora entiende que la problemática implica al conjunto de la sociedad y quiere lanzar una reflexión a su país para que se pregunte lo mismo que ella: cómo dicha tragedia pone en evidencia los problemas de dicha sociedad, revelando las grietas y las brechas en la manera como funciona.

Su lente va más allá de la situación de las mujeres y se dirige al complejo entramado que forma el marco social-económico, que es lo que realmente define la posición de la mujer en la sociedad marroquí. La directora lo resume de esta manera: "Hay que entender que en Marruecos el matrimonio es todavía un símbolo de éxito al que todo el mundo aspira. Te permite establecer tu posición social, por lo que las bodas deben ser tan fastuosas, ostentosas y lujosas como sea posible. Es una sociedad de apariencias, donde la imagen que tú ofreces de ti mismo y tu familia es muy importante. Los padres de Sofia están mucho más preocupados por la clase social baja a la que pertenece el padre de la criatura que por el bebé en sí".

Benm’Barek también habla sobre las divisiones sociales en Marruecos refiriéndose a que son tan profundas que impiden cualquier forma de progreso para los jóvenes de origen humilde, pues están aprisionados por su clase social. Según ella, no tienen esperanza para el futuro ni perspectivas de mejora, independientemente de su motivación, energía o compromiso personal: "Hay un techo de cristal que les fuerza a quedarse en una posición social, la misma en la que nacieron. De hecho, el futuro de la gente está totalmente atado a sus orígenes. El sistema educativo tampoco está diseñado para revertir la situación y acabar con esta separación social". La cineasta asegura que las mejores escuelas son privadas y muy caras mientras que las escuelas públicas están seriamente desatendidas: "Como resultado, los jóvenes de clase alta y baja nunca se encuentran; todos crecen en un u otro lado de la brecha social". 
 
Otra de las intenciones del filme es cuestionar la condición masculina en la forma de que aún siendo patriarcal, el sistema ejerce una presión social que está por encima de los propios hombres a los que se les requiere que se hagan cargo de su familia. Para la autora de la película, Sofia es el retrato de un país en la actualidad. Por ello, quería incluir ambas perspectivas la femenina y la masculina, pues en sus palabras siempre se representa a las mujeres como únicas víctimas del patriarcado social.

La responsable de la cinta se aseguró de que no tuviera nada que pudiera ser objeto de censura. Afirma que para ella era importante que llegara a tanta gente como fuera posible para generar un debate real acerca de los problemas que se señalan, esperando que el público marroquí encuentre elementos con los que identificarse.
 
En relación al plano estético, Meryem Benm’Barek usa un encuadre de planos con la idea de enmarcar a la sociedad en sus diferentes versiones. Para ello, compuso las escenas usando marcos dentro del encuadre de la cámara y después aplicaba el zoom para dejar atrás el marco y centrarse en los personajes. Quería que la puesta en escena fuese muy directa y que se notase en cada plano la presión impuesta por una sociedad que no puede concebir que un niño nazca fuera del matrimonio. En esta línea, la directora se ve reflejada en maestros como Asghar Farhadi y Cristian Mungiu de quienes reconoce su influencia en el uso del fuera de cámara para representar a una sociedad a través de las emociones de sus personajes.

 

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