Soledad Gallego-Díaz; una golondrina no hace verano en El País

Resulta difícil escribir estas líneas. Soledad Gallego-Díaz es una periodista a la que admiro. Era, y a buen seguro continúa siendo, uno de los grandes referentes en mi facultad, cuando toda una generación de futuros plumillas, de los que apenas quedamos unos pocos en ejercicio, soñábamos con trabajar en El País

Por aquel entonces, el diario del grupo PRISA todavía lucía orgulloso bajo el brazo de la clase trabajadora, era un referente internacional de las buenas maneras de hacer periodismo, y nosotros, un grupo de imberbes con aires de grandeza, fantaseábamos con protagonizar el derrocamiento de un gobernante corrupto desde la redacción de Miguel Yuste. Recuerdo que había guantazos por conseguir una plaza de prácticas en los meses de verano, y aunque pasé el duro estío madrileño trabajando de madrugada, a un crío de 19 años se le inflaba el pecho henchido de orgullo cuando decía "estoy trabajando en El País".  Mi madre, hija de un trabajador de astilleros y de una pinche de cocina, aún conserva en su casa, colgada en la pared con un marco de relumbrón, el primer artículo que publiqué allí.  

Soledad Gallego-Díaz es la nueva directora de El País, la primera mujer en ocupar el cargo, la mejor baza para intentar recuperar la credibilidad que su predecesor, Antonio Caño, le robó al periódico a golpe de infamias. Desde entonces, ha tomado algunas decisiones acertadas; la más importante es recuperar el consenso de la redacción, el 97% de los trabajadores votó a favor de su nombramiento, y la no menos importante ha sido el despido de los periodistas afines a Caño, o lo que es lo mismo, se ha deshecho de los colaboracionistas que destrozaron el legado del que un día fue el gran estandarte de la prensa española. David Alandete, antiguo adjunto a la dirección, ha sido el cese de mayor relumbrón; por su nulo sentido del ridículo cuando se erigió en abanderado contra una supuesta injerencia rusa, nunca demostrada, en el referéndum soberanista de Cataluña, o por sus comentarios en Twitter, más propios de un abusón de patio de colegio, contra Inna Afinogenova, una de las caras visibles del canal RT en España y Latinoamérica. En algún momento, Alandete se convirtió en una caricatura de sí mismo, y por ende, contribuyó a convertir El País en la grotesca viñeta que es hoy en día.  

Aunque los inicios están siendo prometedores, Gallego-Díaz no dispone de las herramientas necesarias para arrancar las malas hierbas que han germinado en las entrañas del periódico. Hace mucho que PRISA se arrima al sol que más calienta. El nombramiento de Antonio Caño fue una respuesta al escenario político de aquellos años. Con el PP en el Gobierno, la economía del grupo necesitaba hacer buenas migas con  los gestores de lo público, los únicos que podían sostener los pilares de un emporio en rompan filas. Las turbulencias comenzaron a finales de 2007. A meses vista de la caída de Lehman Brothers, Juan Luis Cebrián, sempiterno Consejero Delegado, lanzó una OPA del 100% a Sogecable, cuando las acciones cotizaban en máximos históricos. Desembolsó 3.870 millones de euros, un lastre demasiado pesado que fue, en plenas crisis económica, la mayor amenaza para la viabilidad del "imperio del monopolio", que decía José María García. Además, El País llegó tarde a la transición hacia lo digital, y por tanto, a la actualización de un modelo de negocio que ya estaba empantanado. Cuando Cebrián comenzó a recorrer el camino de salida ya había decenas de medios online que estaban a mitad de la maratón. 

PRISA necesita llevarse bien con el Gobierno de turno y así lo dijo, negro sobre blanco, Hernández Mancha, durante una entrevista con Pepa Bueno en mayo del 2015: "La estabilidad de usted como periodista y la de esta casa (PRISA), y la de España, depende de que siga gobernando después de noviembre Mariano Rajoy", advirtió el ex presidente de Alianza Popular. 

Para ser justos, el nombramiento de Gallego-Díaz es previo a la moción de censura que aupó a los socialistas al poder. Si en los despachos de PRISA sabían lo que se estaba cociendo entre las bambalinas del Congreso es una incógnita difícil de despejar. Lo cierto es que, tal y como se desarrollaron los acontecimientos, la más perjudica ha sido la propia Gallego-Díaz, que a ojos de la opinión pública ha quedado desdibujada como si del primer nombramiento de Pedro Sánchez se tratase. A pesar de sus indudables cualidades profesionales, la elección servirá a los accionistas para satisfacer las posaderas que calientan la silla de La Moncloa. 

A buen seguro que con ella al frente, El País será un periódico más legible, al menos desde el punto de vista intestinal. Por el momento ya tiene a la progresía de este país bebiéndolo los vientos, un logro de primera pantalla -también se fueron a una tetería de Malasaña para celebrar la elección de Pedro Sánchez- pero no hay que olvidar que las clases medias ilustradas son ahora el nuevo caladero de la izquierda, para la política y para el periodismo. 

Ningún progre de carnet siente más admiración profesional por Soledad Gallego que el que escribe estas líneas, y precisamente por eso, por la honestidad que tantos periodistas hemos aprendido de ella, no puedo obviar que tendrá que desempeñar su labor en un enjambre de intereses cruzados que limitará en gran medida su capacidad de decisión. 

Los dueños de la imprenta

"Desde de que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta". Esta cita tan manoseada, atribuida a Rafael Correa pero de inspiración marxista, es un análisis certero del negocio de la prensa. 

En el caso de PRISA, los propietarios son un variopinto retrato del heterogéneo mercado capitalista y su afán por controlar los medios de comunicación. El principal accionista es Amber Capital. En teoría, un fondo de inversión con sede en Nueva York. En la práctica, un fondo buitre cuya actividad gira en torno a la adquisición de compañías con problemas financieros para imponer un programa agresivo de ajustes hasta alcanzar el  beneficio neto. En España, Amber Capital fue socio del Atlético de Madrid en la operación de compra del Lens, un equipo de fútbol de la Segunda División francesa, tiene presencia en ACS y Abengoa, y en el pasado también extendió sus tentáculos sobre Antena 3 y SOS Cuétara, entre otros. Joseph Oughourlian, un especulador libanés de origen armenio, es su fundador y CEO,  y artífice de la caída de Juan Luis Cebrián tras 42 años en los que pasó por todos los cargos de la empresa. "Su gestión no ha sido mala, sino lo siguiente. Su exceso de protagonismo ha sido el cáncer de esta compañía", dijo Oughourlian. 

Oviedo Holdings, un conglomerado de empresas salpicado por los Panama Papers, son la segunda mayor fuerza accionarial del grupo, seguidos muy de cerca por HSBC. El banco británico, tercera entidad financiera más importante del mundo, es la protagonista del escándalo de la llamada "lista Falciani" y en 2012 fue condenado por lavar 800 millones de dólares procedentes del narcotráfico. El fondo catarí Internacional Media Group, el Banco Santander, Telefónica, el grupo israelí Ader, el empresario mexicano Roberto Alcántara Rojas, o la familia Polanco, "padres fundadores" que se han visto obligados a disminuir su poderío a medida que aumentaban las deudas, son los otros grandes comensales que se reparten el pastel de PRISA. Todos ellos, muy diferentes entre sí, tienen, sin embargo, tres cosas en común: el control del mensaje, los beneficios económicos y el desinterés más absoluto por la veracidad y la calidad de la información. 

Para los inversores, el periodismo es un elemento secundario, prescindible, una herramienta para la consecución de un fin, y aunque Soledad Gallego-Díaz ha dedicado su vida a dignificar esta profesión, en el tablero de ajedrez donde se juega la partida de El País, los galones del oficio cotizan a precio de peón. Ojalá tenga suerte y pueda trabajar con libertad y ojalá sea capaz de marcharse si se lo impiden.

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